lunes, 7 de febrero de 2011

Entrevista al dibujante JUAN BOBILLO realizada en 2007 por los alumnos de Diego Aballay, para el fanzine de historietas HYBRIS.

Esta breve entrevista fue realizada gracias al entusiasmo de un increíble grupo de alumnos del taller de historieta, en el año 2007, para lo que fue un hermoso ejercicio grupal: el fanzine HYBRIS. Allí, los alumnos pudieron volcar sus estupendos trabajos y darse el lujo de conocer parte del pensamiento y el trabajo de reconocidos artistas como Juan Bobillo, Enrique Alcatena, Robin Wood y Ricardo Ferrari.
Juan Bobillo es un notable artista reconocido tanto a nivel nacional como internacional. A continuación, se podrá disfrutar de lo que por aquel entonces nos contaba...
(Arriba: Ilustración del cuento "EL HOMBRE DE LA MÁSCARA DE HIERRO" para la colección GRANDES CLÁSICOS de GENIOS)
Juan, ¿a qué edad empezaste a dibujar? ¿Qué recuerdos tenés de esa etapa?
Dibujo desde que tengo memoria. El dibujo es una actividad que se
nos cruza ya de muy chicos. Prendió en mi y le sigo dando hasta hoy.

¿Leías historietas de chico? ¿Los trabajos de qué artistas te gustaban?
No tenía el hábito de comprar historietas. Quiero decir, no seguía
ningún titulo en particular. Pero si caían en mis manos, las leía. Me
llamaban los dibujos, claro. De chico leía Mafalda, Tintín, Asterix,
Snoopy, Pepe Sánchez. Después, ya más grandecito me llegó la Fierro a
través de mi hermano mayor y se me rompió la cabeza. Por ese canal me
entraron Moebius, Manara, Trillo, Fontanarrosa, Enrique Breccia,
Risso, Barreiro, Serpieri, Bernet, Giménez....muchos autores, de ahí
adelante fui siguiendo sus obras. Lo de Frank Miller me pegó mucho en
su momento. También me empezaron a gustar mucho las ilustraciones.
Chichoni, Nine, Olivetti, Noe, sus trabajos me volvían loco. Frazetta
y Rocwell eran otros dos ilustradores que admiraba de pibe (y no
tanto). Pero la verdad es que me voy dando cuenta de cuanto me
influenciaron unos y otros a medida que pasa el tiempo. Quizás alguno
que no esta en esta lista me haya influenciado mucho y todavía no lo
se.

(Arriba: Ilustración de "SICK BIRD", con guión de Carlos Trillo)

¿En qué momento sentiste que querías y podrías llegar a vivir de tu arte? ¿Fue por algún hecho puntual?
Dibujaba mucho (mi hermano mayor y yo nos poníamos a dibujar
seguido), entonces le ponía ganas, lo hacia bien. Y en el colegio, sí
había que hacer alguna cosa relacionada con el dibujo, la hacia yo.
Por esto podría decir que siempre me sentí dibujante. Pero claro,
vengo de una familia sin artistas ni nada parecido entonces no se me
ocurría que el dibujo podía ser una profesión a considerar. Para mí,
ser dibujante equivalía a ser linyera o algo así.
Pero un día como que me puse las pilas, ME DESPERTE. Lo extraño es
que lo recuerdo muy bien. Estaba todavía en el secundario, me había
peleado con mi novia y de pronto me agarro un arrebato de
caradurismo: empecé a sacar fotocopias a mis dibujos y a mostrarlos
por cualquier lado. ME ARME UNA CARPETA CON MIS DIBUJOS. Como a
jugarla en serio. Por ejemplo, recuerdo que un amigo conocía a un
tipo que vendía posters y yo fui y le mostraba mi carpeta. El tipo
solo compraba los posters no se donde y los vendía, no había visto
jamás a un dibujante ni le interesaba. Pero yo iba igual y le rompía
las bolas. Me dijo que estaba vendiendo posters de los Tiny Toons
entonces yo le llevaba un dibujote de los Tiny Toons... Hacia cosas
así. Me prendía en cualquier cosa que me hiciera dibujar. Me anote en
concursos y los perdí todos. Nunca pasaba nada, pero solo con moverme
ya me iba sintiendo profesional, trabajador.
Me desperté y empecé a comprometerme con esta maravillosa actividad.
Me lo tome en serio. Yeah.

(Arriba: diseño para escultura del personaje PREDATOR)

¿Tuviste algún buen docente, profesor o maestro que te haya incentivado en tu camino como estudiante?
Sí. En ese sentido soy un tipo con mucha suerte. Siempre estuve
rodeado de incentivos. Mis viejos me mandaban a dibujo con Beatriz
Gambert, y después con Elizabeth Manzan. Dos tipas bárbaras. Pero yo
era muy chico... estaba en otra.
Pero todo cambio cuando conocí a Ariel Olivetti. Ese tipo a mí me
cambio la vida. Terminado mi secundario, cursando en la UBA Diseño
Grafico (para papi y mami) y con esas pilas de las que te hablaba se
me cruza el curso de Olivetti en el camino. Voy y listo, LA EMPIEZO A
VER. Ariel es un fenómeno. Es de esos tipos que te aviva, que te
hacen despertar, justamente. Mas que técnica o lo que se dice dibujo,
en sus cursos aprendí a generar un camino para ser dibujante. Vi un
modo de vida a través del dibujo que nunca hubiese imaginado. El
chabón es un genio, si se lo cruzan, este atentos.
Otro profe que me partió la cabeza es Zechin, que enseña Tecnología
en la UBA. No tuve ninguna relación mas allá de ser su alumno, pero
verlo enseñar para mí fue una revolución.

Juan, hiciste de todo, ¿cuáles son los trabajos que recordás con más cariño? ¿Por qué?

(Arriba: Ilustración de "ANITA, LA HIJA DEL VERDUGO")

Recuerdo a Anita con mucho cariño, claro. Fue un momento mágico
para todos los que la hicimos. Ahí nos salió algo rarísimo. Mucho
pulmón, muchas ganas, muchas puteadas, mucho mucho trabajo. Chocolate
con Fritas es otro de mis favoritos, ahí me salió un trabajo muy
natural en mi que pocas veces hago. Tendría que repetir la
experiencia de ambos proyectos. Quiero.


(Arriba: "CHOCOLATE CON FRITAS", con guión de Carlos Trillo)

¿Nos contás un poco de la experiencia grupal en “Anita, la hija del verdugo”?
Un hermoso quilombo.

(Arriba: Poster de "ANITA...")

¿Cómo nació tu escuela “Sótano blanco”?
El Sótano Blanco es otro hermoso quilombo. Con Sosa compartíamos
estudio, dábamos clases juntos y con Brito siempre nos unía algún
proyecto a algún espacio donde dar clases. Luego se suma Sanabria al
quilombo. En pocas palabras, uno va a procurar conectarse con gente
con metas parecidas y le da para adelante. Compartir un espacio es un
excelente compromiso para asociar dibujantes, para sumar fuerzas. Les
recomiendo a todos que empiecen a imaginar y proyectar un lugar de
trabajo y a sus compañeros o compañeras... abarata los costos del
alquiler y es más llevadero.
Bien, hoy contamos con muchos docentes, se han multiplicado las
materias, y por ahí circula muchísimos alumnos, personajes, gente
interesante, pelotudos, hay de todo. Se producen cosas, dibujos. Crece.

(Arriba: ilustración para la colección GRANDES CLÁSICOS de GENIOS)

A tus clases le ponés todas las pilas, ¿Qué significa para vos ser docente?
Tener la voluntad de que el alumno aprenda.

¿Tenés una rutina o metodología a la hora de trabajar en tus historietas? ¿ Y en ilustración?
No. Trato desesperadamente de encontrar un orden de trabajo y no
lo logro. Los métodos me cambian tan seguido que ya no se los puede
llamar métodos. No me gusta el orden del reloj o el calendario, pero
es necesario para trabajar. Así que me tengo que poner las pilas.

¿En qué crees que tienen que hacerse fuertes los pibes que están empezando a transitar el camino de esta profesión, Juan?
Tienen que hacerse fuerte en voluntad, como en todo. No tanto
porque el mundo sea bravo para los dibujantes, que lo puede ser, sino
que es uno quien se deja estar. Nos rendimos a esos laburos de mierda
en locutorios de mierda, cosas que nos hacen infelices, y no
invertimos en nosotros... eso es lo que verdaderamente atenta contra
nuestro camino. Hay que estudiar y dibujar para siempre. Procurar ser
buen alumno, dibujar mucho.
Sentir, Pensar, Hacer. Hay que trabajar en estos tres campos, sobre
todo en este último. HACER, HACER Y HACER.
Después todo se ira acomodando.
Considerar el sentir, el pensar y el hacer como un modo de vida. Por
más ridículo que suene, eso es trabajar.

(Arriba: Tira de "COCA, RAMÓN Y FERNET", para el blog de 4 segundos.)

¿En qué estás trabajando actualmente?
Estoy haciendo una historia con el mismo grupo de Anita. Gabriel
Bobillo la escribió, Yo la dibujare, Sosa entintara y Néstor Pereyra
coloreará. Veremos como sale.

¿Imaginás un cambio en nuestro mercado editorial, con respecto a la historieta?
Al mercado editorial lo estamos haciendo nosotros. Soy de los
que cree que nuestra decadencia editorial empieza con los artistas.
Si nosotros, como dibujantes, cambiamos... este mercado es una
fiesta. Ya vez, tengo mucha imaginación.

El blog personal de Bobillo: http://bobillojuan.blogspot.com/
El blog grupal donde aparece la tira humorística “Coca, Ramón y Fernet”: http://www.4segundoscomics.com/
El blog de historietas del sótano: http://historietasdelsotano.blogspot.com/
La web de la Escuela de ilustración Sótano Blanco: http://sotanoblanco.com.ar/

(Arriba: Ilustración de Francisco Sótano, para el blog HISTORIETAS DEL SÓTANO)
Nota: TODAS LAS IMÁGENES QUE APARECEN SON COPYRIGHT DE JUAN BOBILLO Y SUS GUIONISTAS, COMO ASÍ TAMBIÉN DE LAS RESPECTIVAS EDITORIALES EN LAS QUE FUERON PUBLICADAS.


Próxima entrevista: RICARDO FERRARI.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Desprolijas opiniones desde el campo de juego (segunda parte)

Por Gerardo Álvaro Canelo
El siguiente texto, escrito por Canelo, fue publicado en 1986 en el catálogo de la "Sexta Bienal, 100 años de humor e historieta argentinos", editado por la Municipalidad de Córdoba, Argentina.
La siguiente es la segunda parte.


Alan Braddock, con guión de Ray Collins y dibujos de Canelo, en revista Fantasía, 1981.

Qué somos los que hacemos historieta
Nuestra función social

Cuando, al comienzo de este escrito, relato algunos puntos que van decidiendo mi profesión, creo que ese recorrido es común a casi todos los que hacemos la historieta.
No hay “varita mágica” ni condiciones innatas que determinen nuestra profesión. En general, nuestra personalidad de corte creativo y sedentario, encuentra en la historieta campo fértil para desarrollarse.
El ser humano, en general, transcurre su vida en busca constante de afecto y de una buena recepción a sus actos. Y cuando me refiero a que siendo aún niño, yo recibía la aprobación de los que me rodeaban cuando veían los dibujos por mí copiados, creo que ahí está la clave. Me parece que así, se van volcando las personas hacia las profesiones llamadas “vocacionales”.
Hoy, por supuesto sin copiar, hago lo mismo, pero ahora desde las páginas de revistas de historieta me dirijo no ya a gente cercana y conocida, sino al amplio espectro de lectores que tienen esas publicaciones.
Aquí quiero intentar una opinión personal con respecto a la función social de los que hacemos historieta.
Está claro para mí que la historieta estimula en el lector su capacidad de fantasía, por lo menos en primera instancia. Es claro también que los que la hacemos, salimos del “campo popular”, o sea, del que más adhiere a la historieta. Eso quiere decir que por nuestra habilidad circunstancial, recibimos de parte de ese grupo social el estímulo para cumplir con la tarea de ayudarlos a fantasear.



Carbajo Ganzúa & Cía, con guión de Julio Alvarez Cao y dibujos de Canelo, en D`Artagnan. Serie ambientada en la Buenos Aires de los años 30.

La sociedad hace lo mismo con sus músicos, deportistas, artistas de cine, escritores, etc..
Todos pueden realizar estas actividades, pero aquéllos que se destacan en ellas son rescatados, recibiendo el apoyo del resto.
¿Por qué en Argentina hay tantos hacedores de historieta?.
En nuestros países del sur sojuzgados por los del norte, muchos chicos se dedican al dibujo, aún sin tener condiciones para esa tarea.
Son muchos y tal vez sea porque encuentran allí terreno para, por medio de su fantasía, salir de la triste realidad que los (nos) rodea. Crean un mundo imaginario y seguramente bello.
Quizá nunca hayan leído un libro y vean poco o nada de televisión. Quizá tampoco historieta. Y aunque sin darse cuenta, es posible que la estén inventando.
Sus sueños los traducen a dibujos. Y sueñan mucho.
Argentina es un país cosmopolita, que tiene una burguesía elitista a ultranza y adueñada de la alta (¿?) cultura occidental. Europa es fuente de esa cultura y de los inmigrantes que poblaron nuestro territorio. La inmensa mayoría de ellos eran proletarios en sus patrias, donde no tenían comida, pero sí una aceptable aproximación a la antigua cultura europea, de la cual son indudablemente autores. Allí, la música, el dibujo, la pintura, la escultura, la literatura, están tradicionalmente al alcance de buena cantidad de personas.
Cuando se instalan en nuestro país, descubren que todo eso está aquí, en poder de unos pocos. Tratan de mantener sus tradiciones, pero al irse éstas mezclando entre sí y con otras corrientes inmigratorias y nativas, derivan en nuevos productos. Luego esos productos van formando la cultura popular. Nuestra joven cultura popular.
Como dijimos antes, la historieta es de amplia penetración y nace al mundo simultáneamente con esa joven cultura que la adopta y adapta inmediatamente. Es adoptada por todos pero adaptada, como corresponde, por unos cuantos. Esos adaptadores, son los padres de nuestra historieta argentina.


Port Douglas, con guión de Robin Wood y dibujos de Canelo, en revista Fantasía, 1991.

Resumen: toda personalidad apta para el dibujo, la pintura o la escultura, si desarrollara su vida en Europa, quizá se encaminaría hacia esas disciplinas; pero desarrollándose en Argentina, encuentran en la historieta el cauce de su personalidad, ya que la gran (¿?) cultura, sigue en manos de los “mismos pocos”.
Cosa que quizá no esté mal, ya que nos permitiría a nosotros manejar la evolución de esa parte de nuestra cultura popular.
Pero, ¿estamos los historietistas argentinos en condiciones de realizar esa tarea?.
Argentina es un país capitalista dependiente, que, para colmo de males, tiene una población, casi en su totalidad y por diferentes motivos, carente de conciencia de clase. Creemos ser, individual y grupalmente, lo que realmente no somos. Aún a pesar de los velos que descorre la actual crisis.
Médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, técnicos y profesionales en general están disputando tareas laborales propias de proletarios, o recibiendo salarios indignos, tanto para ellos como para cualquier trabajador. Sin embargo, no se quiere aceptar que no hay diferencia importante entre los que trabajamos para poder vivir. Creemos que por sobresalir culturalmente, ya pertenecemos a otros niveles.
Y los historietistas no estamos al margen de esa realidad.
“Allí, en Nueva Pompeya, cerca del Puente Alsina, barrio donde casi no había asfalto y en una casa de inquilinato de chapa y madera, un negrito hacía volar su fantasía”.
Ese era y soy yo. Haciendo esfuerzos para ir contra la enajenación que pretende desvirtuar el sentido que debe tener mi paso por la vida, me aferro a aquella imagen de infancia para reconocerme. Sé de mis contradicciones e incoherencia. Algunas puedo evitarlas, otras no.


Carbajo Ganzúa & Cía, con guión de Cao y dibujos de Canelo. En esta página se destaca el notable diseño, basado en contrastes entre negros y blancos, para acentuar el clima de dramatismo.

Creo haber mejorado algo en la dignidad de mi lugar de vida y quizá haya avanzado intelectualmente. Pero, por esos simples hechos, ¿yo he dejado de ser aquel negrito?.
Espero que mi historieta supere el nivel intelectual de las que yo leía de niño. Y que algún chico que hoy lee lo que hago, si algún día llega a ser historietista, me supere. De esa manera, evoluciona la cultura popular junto con el hombre.
Por eso estoy seguro de que la clave es mejorar, si somos capaces, lo que nos dejó una generación de verdaderos maestros intuitivos.

En resumen: no conozco a ningún historietista que no sea de origen proletario o “casi proletario” y creo que allí puede estar la mayor virtud de la historieta. Entonces, ¿por qué al trabajar, generalmente, no pensamos en nuestro origen para dirigir hacia allí nuestro esfuerzo?.
Clarificando los objetivos y unificando las intenciones, se consigue trascender al resto de las clases sociales.
Podemos poner un ejemplo: nuestro tango, nació bien abajo. Se hizo fuerte en su cuna. Trascendió así clases sociales y también países. Pero entró en crisis cuando se olvidó de su origen, perdiendo fuerza, brillo y significado. Tiene que volver a su cuna para darse un baño de autenticidad.
¿Puede la historieta necesitar lo mismo?.
Sólo se opone nuestra limitación, la que a casi todos los argentinos, nos impide aceptar ser lo que realmente somos.
Limitación nuestra que tiene como beneficiarios a quienes la promueven.



Rocky Keegan, con guión de Pietro Zanga y dibujos de Canelo, en revista D`Artagnan, 1998.

Los editores
Son los que ponen la plata y se valen de directores, para conseguir un mejor rendimiento de la misma.
Por otro lado, hay que reconocer que ha habido y espero que siga habiendo editores que crean en las posibilidades de beneficios económicos que sí puede dar la historieta.
Pero es evidente que no aparecen directores que puedan llevar adelante y con éxito esa empresa, fijando una línea editorial con aceptación de los lectores. Desde el último gran suceso editorial, que fueron “Frontera” y “Hora Cero”, en los finales de la década del 50, todos los proyectos naufragaron. Se creyó que agrupando buenos dibujos y buenos guiones era suficiente. Y no es así.
Los ejemplos de los grandes títulos en Argentina, demuestran que lo que se impone es su línea editorial, y a veces, por sobre las calidades gráficas.
No se puede dejar de reconocer la coherencia de: “El Tony”, “Patoruzito”, “Misterix”, “D’Artagnan”, “Hora Cero”, “Frontera” y “Nippur Mágnum”.
Y esos son los ejemplos que hay que estudiar y no los de revistas europeas que, además, cierran después de pocos números, o se mantienen gracias a ventajas editoriales y de comercialización que dan en sus países. En última instancia, sí se pueden analizar los fenómenos, que también allí los hay. ¿Cómo es posible que se siga la receta de los fracasos?.
Y, atención, no estoy proponiendo copiar los “mensajes” que imponen las historietas que publican los ejemplos dados.



Página del primer episodio de Carbajo Ganzúa & Cía.

Los lectores.
Es bastante difícil encontrarlos, pero que los hay, los hay. Lo demuestra la “tirada” de algunas revistas.
De todas formas, esto no indica que la historieta ande por el camino ideal. Es evidente que hay una enorme cantidad de posibles lectores que están esperando “su” historieta.
Además, hay que reconocer que los que siguen la historieta, son tan fanáticos que hasta pagan dinero para leerla. Esto, teniendo en cuenta que para disfrutar de un momento de fantasía, sólo hace falta apretar suavemente una teclita del aparato de televisión. Sin embargo, van hasta el kiosco del diariero, eligen y pagan su revista preferida.
Una de las características para destacar de nuestros lectores, es que distinguen y prefieren la historieta argentina por encima de la extranjera.
Y aquí hay algo llamativo: la trama de casi todas nuestras historietas, no transcurre en ambientes argentinos. Pero aún así, se prefiere un “western” realizado en Argentina a otro realizado en EE.UU.. Lo mismo pasa con las historietas de “gangsters” y las de aventuras en general.
El lector parece “olfatear” cuándo un trabajo está hecho para él por su “representante” y cuándo no. Eso da lugar a que el editor, algún día, deje de titubear y dedique más atención a los temas cercanos a nosotros. Ya que es evidente que lo que el lector rescata es a “sus” historietistas y no a los ambientes que se le proponen.
Tengo la certeza de que somos leídos por individuos de todas las clases sociales. Por supuesto por motivos diferentes. Pero donde tenemos lectores fieles y que se entregan abiertamente a la fantasía que les proponemos, es justamente en la clase baja. Y vuelvo a repetir: nuestra clase.
Resumen: el lector es simplemente nuestro complemento; formamos con él lo que es la historieta.


Sector 5, con guión de Mazziteli y dibujos de Canelo, en revista Skorpio 140, 1987.

(Lo que sigue es un párrafo que tuve que cortar al original de la nota que antecede ya que me pidieron que acortara la extensión de la misma por falta de espacio).

Los “críticos” e historiadores
Por las “críticas” que he leído, creo no equivocarme si digo que no son serias.
Es evidente que los espacios dedicados a ese género cumplen simplemente con dos objetivos:
1-
Poner en conocimiento de los lectores de la nota la posición política del autor de la misma.
2-
Darle “prensa” a su grupo de amigos hacedores de historieta.

Eso pasa aquí en Argentina y por lo que tengo leído, también en cualquier lugar del mundo donde el tema historieta interese.
Debe haber alguna excepción, la que lamentablemente no conozco.
No puedo omitir aquí una observación:
Al usar los espacios dedicados a la crítica con fines personales y poco útiles a la profesión, se corre un real riesgo ya que, esas “críticas” son leídas ávidamente por los aficionados, posibles futuros profesionales. Ellos creen en esos “críticos” formadores de opinión e incorporan a sus inquietudes lo que allí se dice. Tengo, personalmente, ejemplos patéticos de lo que estoy diciendo donde intervienen profesores universitarios que tratan el tema de historieta en sus cátedras, que están convencidos que lo que leyeron en esas “notas críticas” es la verdad esclarecida respecto a ese tema. Luego lo pasan a sus alumnos y etcétera.
De todas formas creo que sería importante que aparezca un buen observador (crítico de verdad) para ayudarnos en nuestra tarea y para encaminar también a los hoy aficionados y mañana posibles profesionales.
Alguien que cumpla la tarea que alguna vez cubría, en parte, la excelente revista “Dibujantes”.



Página de Rocky Keegan. En esta página se destaca el notable diseño de la misma.

A los que han intentado e intentan recopilar la historieta argentina, les pido que no olviden en lo posible a ninguno de los que, con esfuerzo, han hecho que, a pesar de todo, exista una historieta argentina con sus virtudes y defectos.
Es evidente que son pocas las personas que alguna vez no se hayan entusiasmado con esos cuadritos con un dibujo y su correspondiente globito y otro cuadrito al lado y otros más. Y más de una vez, se trataba y se trata de trabajos aislados y que aparentemente, para los “exigentes”, no poseen virtudes rescatables.
Creo que nadie, salvo el lector puede decidir cuándo un trabajo está correcto o no.
Por eso cuanto menor sea el número de hacedores de historieta que quede fuera de la historia escrita, menor va a ser el riesgo de cometer un acto de injusticia por simple omisión.

Para leer la primera parte

domingo, 30 de enero de 2011

Desprolijas opiniones desde el campo de juego (primera parte)

Por Gerardo Álvaro Canelo
El siguiente texto, escrito por Canelo, fue publicado en 1986 en el catálogo de la "Sexta Bienal, 100 años de humor e historieta argentinos", editado por la Municipalidad de Córdoba, Argentina.
La siguiente es la primera parte.



Auto caricatura de Gerardo Canelo.

-Papá, ¿qué dice aquí?
¡Cuántas veces habré hecho esa pregunta!

Yo, que nací en 1940, tendría cuatro, cinco o seis años, y lo que me empujaba a hacer esta pregunta eran los inquietantes dibujos que aparecían en la página de historietas del diario “El Día” de la ciudad de La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires), donde vivía. Recuerdo que allí publicaban el Pato Donald, Mandrake, Patoruzú y creo que también el mudo Carozo (el Henry norteamericano y el Pibe Tachuela en el diario “Noticias Gráficas”).
Aquellos dibujos hacían que me interesara en comprender bien lo que allí sucedía. De allí, el tener que recurrir a algún mayor para que me leyera lo que decía el “globito” de texto.
¿En qué medida incidió la historieta en mi aprendizaje de lectura?. No lo sé, pero se me ocurre que fue muy importante.
La historieta, por supuesto, no me enseñó a leer. Simplemente me aguijoneó para aprender con más ganas. Yo tenía que saber qué decía cada personaje. Y aprendí a leer. Y vino “Billiken” con Batuque, Superman, Ocalito y Tumbita y la Familia Conejín.
Luego, cuando mi edad rondaba los diez años, leía “Intervalo Extra”, que compraba mi papá.




Al acercarme a los once años, ya era yo el que compraba el “Pato Donald” y “El Gorrión”. Eran excelentes revistas, pero había otra que conocí, quizá gracias a que me la prestó algún pibe del barrio: “Misterix”.
Por aquel entonces, ya nos habíamos mudado de La Plata al barrio Nueva Pompeya de la Capital Federal. Y allí, apareció otra insistente pregunta:

-Papá, ¿por qué no me dejás comprar “Misterix”?.

Y su repetida respuesta:

-Porque allí hay mucha violencia, negrito.

Después de cumplir los once años, conseguí que me dejaran comprar “Misterix”.

¡Qué maravilla!.

Allí, en Nueva Pompeya, cerca del Puente Alsina, barrio donde casi no había asfalto y en una casa de inquilinato de chapa y madera, un negrito hacía volar su fantasía.
Esperaba expectante el día en que llegaba “Misterix” al kiosco. Lo leía y releía. Guardaba en pila y ordenadamente mi colección.
Luego, yo mismo los encuadernaba, bajo las indicaciones de mi papá, que justamente tiene esa profesión.
En los dibujos para los deberes de la escuela, comprobé que tenía una cierta habilidad para hacerlos. También descubrí que podía, copiando textualmente algunos dibujos sencillos de historietas que leía, recibir la aprobación de gente cercana a mí.
La revista “Misterix”, tenía historias y dibujos sencillos y desbordantes de creatividad.
También, y por varios medios, llegaban a mí: “Patoruzito”, “Intervalo”, “El Tony”, “Poncho Negro”, “Ping – Pong”, “Bucaneros”, “Sabú”, “Pimpinela”, “Superhombre”, “Puño Fuerte”, “Fantasía”, “Tit – Bits”, etc.



Canelo y parte de sus personajes

Había para todos los gustos. A mí, me gustaba “Misterix”.
Cuántos buenos momentos de fantasía les debo a Solano López, Pratt, Campani, Zoppi, Faustinelli, Ongaro y Oesterheld. Y cuánto les agradezco, el que, sin ellos saberlo, me hayan ayudado a encontrar el camino de la que hoy es mi profesión.

Camino que se fue haciendo más sólido cuando llego a los diez y siete años y aparecen en el kiosco dos títulos que abrirían el período más brillante de la historieta argentina: “Frontera” y “Hora Cero”.
Desde hacía un tiempo, yo venía leyendo con atención la excelente revista que fue “Dibujantes”. Así, me enteraba de los pormenores de la historieta.
Lo que allí fui aprendiendo me sirvió para animarme a copiar textualmente una buena cantidad de páginas de “Frontera” y “Hora Cero”. Solano López, Pratt, Breccia y Moliterni, fueron mis más consecuentes “blancos”. Páginas y más páginas. No tenía los materiales adecuados, pero con lo que estaba a mi alcance, trataba de arreglarme.
Vino luego el famoso aviso de la Escuela Panamericana de Arte.
Por ese entonces yo ya estaba empleado y terminando el colegio secundario comercial.
Me anoté para la clase de los sábados en la Panamericana. Un año de curso básico. Otro de historieta con Daniel Haupt.



Página de Port Douglas, con guión de Robin Wood, en revista Fantasía, 1991.

Allí, disfruté de la mayor virtud que tienen estas escuelas: agrupar a gente con inquietudes comunes. En nuestro curso nos encontrábamos Jorge Gemelli, Lucho Olivera, Yaco Scanone, Luis García Durán, los hermanos Lohidoy, Aldo Cruz, Prujel Ruí Díaz y algún otro que no recuerdo.
Formando un grupo, en lugar de continuar en la escuela, alquilamos una piecita por el barrio de Palermo.
Eran los años 61-62. La historieta junto a “Frontera” y “Hora Cero”, se caía.
En tres o cuatro años, se había incorporado al panorama de la historieta un alto número de aspirantes a profesionales. Al achicarse el panorama, muchos quedamos desorientados.
En nuestro grupo, entre todos, preparamos muestras. Buscamos dónde trabajar, pero las puertas no se abrieron.
Esto duró un año y medio, luego el desparramo. Cada uno por su lado.
Yo me metí durante tres años a estudiar en la Facultad de Ciencias Económicas de la ciudad de La Plata. Nada que ver. En los ratos libres, en lugar de estudiar, comencé a hacer dibujos de publicidad casera. Unos cinco años.
A los veintiocho años, además de casarme con Hebe, publiqué mi primera historieta en la editorial Columba. Trabajaba como empleado administrativo durante el día y dibujaba de noche. Eso hasta los treinta y cinco años, cuando mi primera hija, Paula, tenía ya dos años y dejé el empleo para dedicarme íntegramente a la historieta. Al año, llegó mi segunda hija, Brenda.




Vivo por lo tanto desde hace unos diez años la profesión, plenamente. Con sus correspondientes altos y bajos.
Aquí cierro lo que puede ser un resumen de mi trayecto en el panorama de la historieta.

¿Por qué lo conté, quizá, con exceso de detalles?. Porque estoy casi seguro de que este relato se corresponde con el de casi todos los dibujantes que hoy andamos por los cuarenta y pico, que somos varios.
Son ya casi veinticinco años de rondar editoriales, de entusiasmarnos con aperturas de nuevas fuentes de trabajo, así como entristecernos con sus correspondientes cierres. De vivir las venturas y desventuras de nuestra querida historieta.
Quizá por comenzar tarde, tuve que esforzarme por recuperar el terreno perdido. Tuve que buscar la manera de que mi trabajo tuviera significación frente a los lectores, editores y colegas. La necesidad de ganar un lugar hizo que el tesón y la investigación frente al trabajo, se convirtieran en método. Por supuesto que muy primitivo, pero método al fin.
Tenía también que sobreponerme a mis limitaciones personales. Soy un dibujante poco habilidoso. Me cuesta mucho esfuerzo cada dibujo.
Me hice cargo de mis limitaciones y traté de apoyarme y mejorar en las habilidades que tenía. Ese fue, creo, un buen punto de partida. Luego, había que pensar. Nada más y nada menos.
De todas maneras, me voy a animar a anotar algunas observaciones.


Alan Braddock, con guión de Ray Collins, en revista Fantasía, 1981.

Qué es la historieta.

Es un medio de comunicación utilizado generalmente para contar historias, basado en el dibujo ya que puede o no llevar texto.
Por basarse en el dibujo para obtener un relato, podemos decir que los mismos pueden “leerse”. Por lo tanto la historia narrada, puede ser comprendida por alfabetos y no alfabetos. Eso coloca a la historieta, dentro de los medios gráficos, en ventaja sobre la palabra escrita. Atención, que eso no quiere decir que sea mejor, sino que la convierte en un medio de mayor espectro de penetración.
Además, puede pasar por sobre los idiomas, ya que la historia, basada en dibujos puede se entendida, con las variantes de interpretación correspondientes, por cualquier hombre de nuestro planeta.
Todo esto y mucho más, hacen de la historieta una herramienta que funciona de acuerdo a la intención de quienes la realizan.
Esa intención, sumada al oficio o habilidad que se obtiene al trabajar, son determinantes. Pero también, estoy seguro que adolecemos de una falta casi total de estudios técnicos sobre el manejo de las enormes posibilidades que tiene la historieta. Cada punto, cada raya, cada mancha, tienen valor y significado. ¿Sabemos cómo manejarlos?.
Quizá, justamente esta falta de reglas escritas, haga de la historieta un territorio apasionante. Hacer una historieta es como tirar al mar una botella con mensaje. ¿Quién recibirá ese mensaje?, ¿cómo, cuándo, dónde?.
Pero, a pesar de que la improvisación es apasionante, creo que es indispensable estudiar profundamente las leyes naturales que indudablemente gobiernan la historieta.
Y allí, tenemos un lugar para la acción mental los que hacemos la cosa.



Página de Rocky Keegan, con guión de Pietro Zanga, en revista Nippur Magnum, 1983.

En el transcurso de esta semana se subirá el texto restante.

jueves, 27 de enero de 2011

Massaroli y Juan Moreira en Tigre - muestra Osde (Nos tocó hacer reir)

3 tigres (Massaroli, Moreira y la localidad del norte bonaerense) y la reconquista
Por Oenlao (Carlos Sherpa)



Los hechos principales de esta historia, la presentación del libro y la reconquista, están separados por 2 siglos. El más cercano a nosotros sucedió el 27 de noviembre de 2010.

El museo de la reconquista esta frente al lugar donde el 4 de agosto de 1806 desembarcó Santiago de Liniers para reconquistar la ciudad de Buenos Aires, en manos de las tropas británicas. Hay varias salas, dedicadas a la Reconquista, a la historia de Tigre y al Tigre Hotel. En él se pueden ver armas, documentos, retratos, réplicas de uniformes, cartas, objetos testimoniales, fotografías y cuadros que nos cuentan del pasado de este lugar.




Ahí llegamos desde distintas direcciones para la presentación. Este Juan Moreira, versión historieta (con algo de Pratt), tiene tantas presentaciones como vidas parecía tener ese gaucho matrero o desacatado, tan difícil de matar por sus enemigos. Las anteriores presentaciones fueron en Lobos (pago de Juan Moreira, donde su autor, Massaroli, fue recibido con una alfombra roja) y en la mismísima Biblioteca Nacional. Ahora estábamos en la coqueta ciudad de Tigre. Allí estaba José y parte de la tribu Massaroli.

Ramón Ángel Gil, (historietista y animador sanjuanino. Alumno de Alberto Breccia. Hizo su primer trabajo como historietista junto a Cacho Mandrafina en la revista Patoruzito. Y después en las editoriales Columba y Récord. Colaboró con proyectos de Telefé (Mi familia es un dibujo) y Disney (Timon & Pumba y Winnie the Pooh) parte de la tribu, había traído unas ilustraciones propias que enriquecían la mesa donde estaba la revista gaucha de la editorial de los duendes patagónicos.



Caliva, Gil y Massaroli

De los personajes famosos del ambiente de la historieta, se sumaban Rubén Meriggi, Alberto Caliva y Jorge Morhain. De esta historieta ya han opinado algunos de los más importantes periodistas de historieta, como Andrés Valenzuela , Germán Cáceres y Andrés Accorsi.

Una pequeña escaramuza inicial fue protagonizada por uno de los concurrentes, amante de la historieta, que no podía disimular su epidermis política. Era un antik irascible. Nuestros amables anfitriones eran indudablemente oficialistas. Tragamos saliva en una charla en ronda, en el patio colonial, mientras pensábamos que decir para impedir los choques verbales, aburridos y que arruinaban la reunión. Todavía no había empezado la presentación en ese hermoso sitio y por un momento pensamos que podrían volverse a empuñar los viejos sables de las vitrinas. La calma volvió e ingresamos a la vistosa sala de conferencias.

Presentó el anfitrión, Director Coordinador del Patrimonio Cultural de Tigre y secundó Morhain para que Massaroli primero nos cuente la historia de la historieta de Moreira y después nos lleve de las narices con su ingeniosa teoría sobre la similitud del Eternauta con Moreira. Hasta los protagonistas tienen el mismo nombre de pila, agregó Ariel Aviléz. Podíamos habernos quedado charlando del tema un largo rato pero el museo tenía más actividades ese día. Enseguida tocaba un grupo musical, José propuso que nos quedáramos a dormir ante tantas invitaciones.



Reunión tras presentación: Morhain, Massaroli, Oenlao, Aviles, Gil y Caliva.

Los que recorrieron mas km. (Distancia que se agiganta por el hecho de cruzar la ciudad) para llegar fueron los representantes de la zona sur bonaerense, no eran de lo más selecto pero se quedaron incluso para la picadita con que los tigreros agasajaron al dibujante de patos, gauchos y malevos.

En la charla de esa pequeña degustación también hubo un momento tenso. Por un momento se dividieron, como si fuera casual, de un lado de la mesa los guionistas (y/o escribas) y del otro los dibujantes. Finalmente fue otra batalla ganada por la diplomacia.




En ese sitio que se conmemora la valentía de Liniers (el que encabezó la reconquista (y por qué no la del historietista de pingüinos filósofos)) y la de las tropas criollas, también recordamos la de Moreira (y a Gilgamesh, yo pensé en la relación de ese rey como precursor de Moreira y del Eternauta) pero también hablamos de otros valientes: Dago y Martin Toro.

A Dago lo estaba dibujando Alberto Caliva. Jorge Morhain fue y volverá a ser el guionista del sargento Toro.

Finalmente nos fuimos cada cual a su lugar de pertenencia, como hicieron una vez terminada la batalla, ese rejunte de gente que echaron a patadas a los ingleses.


Muestra en Osde (Nos tocó hacer reir)



La muestra de la historieta aragentina que se presenta en Osde, en la ciudad de Buenos Aires, es la misma que se presentó en la Feria del Libro de Frankfurt, Alemania. Allí La Duendes - Historieta Patagónica estuvo participando.




Una chica Divito






Judith Gociol (organizadora), junto a un original de nuestro colega Chelo Candia.




Un original de El Eternauta