martes, 23 de junio de 2009

Recuerdos comiqueros: SUPERHUMOR

Súperhumor
Historietas en la tradición de “la realidad aventurable”
Por Alejandro Aguado

La revista de historietas Súperhumor se comenzó a publicar en julio de 1980, con periodicidad trimestral, para luego transformarse en mensual desde el número 5. Como su nombre lo indica, nació como una extensión de la revista Humor, publicación que por entonces era un éxito de ventas. Presentar en la tapa el nombre “Humor”, era el gancho que aseguraba su venta.

El contenido de los textos de la revista resultaba muy original por lo poco acostumbrado en la época. Presentaba entrevistas a grandes autores nacionales de las artes plásticas, a dibujantes de historietas para adultos y del humor gráfico, hoy míticos. Como así también incluía notas sobre diversos personajes y temas relacionados con la historieta (nacional) a cargo de Juan Sasturain y una sección llamada “Lo bueno, lo malo y lo feo” (hasta el número 9) donde se criticaba sin piedad a libros, cine e historieta. Las críticas hacia las historietas que editaba la competencia (editoriales Columba y Record) eran sumamente ácidas y descarnadas, y no se salvaban ni personajes míticos como Nippur de Lagash. Entre las notas y entrevistados se cuentan los autores y artistas José Luis Salinas, Alberto Breccia, Carlos Alonso, Horacio Altuna, Limura, o personajes y temas como Mafalda, Ernie Pike, la oficina como tema en el humor gráfico, Inodoro Pereyra, etc.


En el plano historietístico y del humor gráfico, desde el prólogo del número uno la revista se presentaba inscripta en la tradición de las viejas revistas de Oesterheld (época de oro de la historieta nacional: años 40 a 60). La línea de la revista, como se lo aclaraba en el prólogo, era “la realidad –nacional- como materia aventurable”. En las páginas de Superhumor, esa premisa se cumplió y de un modo magistral, al menos durante los primero veinte números, dado que la gran mayoría de las historietas estaban ambientadas en el país y de un modo que resultaba natural y atractivo, nunca forzado. Hasta las historietas ambientadas fuera de los límites nacionales, se presentaban con una mirada netamente argentina. El humor gráfico, tradicionalmente atado a la realidad, también seguía dicha línea, aunque muchas de las historias estuvieran ambientadas en mundos ficticios, cuyo propósito era disimular las referencias a la realidad nacional. Se debe tener presente que Súperhumor se editó durante la última Dictadura Militar, por lo que los autores debían agilizar el ingenio para sortear la feroz censura que imperaba por aquellos años.

Vista en el tiempo, Superhumor fue un lujo por el staff que la integraba y el material que presentaba. En sus páginas se destacaban los guionistas Carlos Trillo, Guillermo Saccomanno y Carlos Sampayo, los dibujantes de historietas para adultos Horacio Altuna, Enrique Breccia, Patricia Breccia, Alberto Breccia, José Muñoz, Solano López, Sanyú, Trigo, Cacho Mandrafina, Macagno, Dose, Saborido, Dalfiume, Garibaldi, Oswal, Juan Jiménez, Zoppi, Peiró y los humoristas gráficos Limura, Fontanarrosa, Tabaré, Ceo, Ferro, Grondona White, Fortín, Colazo, Marín y Cilencio, entre otros, o el ilustrador Scafatti. Los humoristas gráficos provenían del staff de Humor. En Superhumor también dio sus primeros pasos Carlos Nine, autor hoy reconocido a nivel mundial.
También contaba con material extranjero, de franceses y españoles: Claire Bretecher, Tardi y Carlos Gimenez. Los textos, notas, relatos, estaban a cargo de autores como Juan Sasturain, Carlos Trillo, Fontanarrosa y Alejandro Dolina, entre otros.



Series
Por sus páginas pasaron series memorables, hoy algunas consideradas clásicos de la historieta nacional:
“Un tal Daneri”, de Trillo (guión) y Alberto Breccia (dibujos), una historia oscura, dura, ambientada en el barrio de Mataderos.
Una serie de historias cortas sobre la Conquista del Desierto, de Enrique Breccia, realizada con una estética de grandes contrastes entre negros y blancos, visualmente muy impactante. En la actualidad fueron compiladas en libro. Es una obra magistral.
“Los enigmas del Pami”, de Trillo y Enrique Breccia (dibujos), una serie de tono humorístico – fantástico, que era protagonizada por los propios autores, dibujados como ancianos. En este caso, el dibujo de Enrique Breccia es de línea clara y sintética, mostrando la gran variedad de registros en los que el dibujante se mueve con naturalidad.
“Buscavidas”, de Trillo y Alberto Breccia (dibujos), es una serie dibujada con grandes claroscuros, en un estilo grotesco, en la que el personaje principal se dedica a coleccionar historias que le cuenta la gente. Esta serie fue compilada en los años noventa en dos fascículos.
“Los misterios de Ulises Boedo”, de Trillo y Mandrafina (dibujos), es una serie de aventuras fantásticas ambientada en las noches de Buenos Aires. Se trata de un gran trabajo de la dupla, pero poco recordada. Se podría inscribir en la tradición de lo fantástico inserto en el ámbito urbano, estilo que seguiría Alejandro Dolina en sus textos de “Crónicas del ángel gris”.




Una serie de historietas mudas, precursora en su tipo en el país, de Trillo – Mandrafina. Algunas de las historias de la serie fueron compiladas en libro.
“Merdichesky”, de Trillo y Horacio Altuna (dibujos), una sátira de las series policiales norteamericanas, donde su protagonista es un joven enclenque, torpe y medio cobarde. Fue compilada en libro a fines de los años 80 por editorial La Urraca.
“Sol de noche”, de Saccomanno (guión) y Patricia Breccia (dibujos), una serie que podría catalogarse de tono existencial – psicológica, donde el personaje principal es una mujer que vive sus historias de noche, en la calle Corrientes de Buenos Aires.
“Triste Solitario y Final”, se trata de una gran adaptación realizada por Sanyú, de la novela de Osvaldo Soriano, serie que quedó trunca y que fue terminada por el autor hace pocos años, para ser compilada en libro.
“Charlie Moon”, de Trillo y Altuna (dibujos), es la historia de un adolescente en la sociedad racista del sur de Estados Unidos, en los años 30-40. Se trata de un gran trabajo de la dupla que daría vida al memorable Loco Chavez.
“Bosquivia”, guionada alternativamente por Saccomanno – Trillo y dibujada por Tabaré – Fortín, con un dibujo humorístico que disimulaban guiones que eran una reflexión del contexto político del momento (dictadura militar – transición democrática)
El clásico y magistral “Boggie el Aceitoso”, de Fontanarrosa.
“Fuerte Brigitte”, de Limura. Se trataba de una serie humorística, publicada de a cuatro páginas individuales, ambientada en un fuerte de La Legión extranjera, durante el contexto de la guerra con los árabes. Pese a ello, los guiones hacían referencia a temas y formas de ser del argentino. Un gran trabajo, tanto en dibujo como en guión.
También se incluyeron episodios aislados de grandes series publicadas en otras revistas, o que se continuarían en otras como Fierro, tal es el caso de “Marco Mono” de Trillo y Enrique Breccia, “El último recreo” de Trillo y Altuna o “Evaristo”, de Sampayo (guión) y Solano López (dibujos).



Por una desavenencia con el director de la editorial, el jefe de redacción de Superhumor, Juan Sasturain, abandonó la revista en el número 10. Entre los números 11 y 16, Laura Linares fue la jefa de Redacción, cargo que luego ocupó Carlos Trillo.
Al alcanzar la veintena de números, la revista comenzó a presentar en sus tapas una estética cercana a su hermana mayor, la revista Humor. A su vez, la realidad política del momento, año 1983, comenzó a colarse a través de una cada vez mayor número de notas periodísticas. La revista de historietas, como tal, comenzó a desvirtuarse y Carlos Trillo abandonó el cargo de jefe de redacción. Entre los números 25 y 40 (junio de 1984), la historieta comenzó a ocupar un segundo plano y la revista dejó de ser exclusivamente del género. Hacia el final de su existencia, Súperhumor era una especie de revista Humor, pero con algo más de historietas.
Ese mismo año, Sasturain regresó a la editorial para dar vida a una nueva revista de historietas, la que marcaría un antes y un después en la historieta nacional: Fierro a Fierro. Hoy Súperhumor es considerada la precursora de lo que sería la revista Fierro. Si Súperhumor no trascendió más en la memoria se debe posiblemente a que nunca fue una revista de grandes ventas, como lo fue Humor, su revista madre. Sin embargo, por sus páginas pasaron obras de una calidad excepcional, con historietas cuyas tramas eran netamente nacionales y muy diferentes a lo que se publicaba en revistas tradicionales del género y en diarios.