miércoles, 23 de mayo de 2018

HISTORIA PARA LAGASH, por Germán Cáceres


de Robin Wood (guión)–Lucho Olivera (dibujos)

(Planeta DeAgostini, Barcelona, 2018, 90 páginas)



Es sumamente auspicioso que se reedite la saga completa de Nippur de Lagash, una de las más notables historietas argentinas. Resulta imprescindible rescatar de un posible olvido estas colosales obras maestras a la que deben tener acceso las generaciones más jóvenes. Se trata de publicaciones lujosamente impresas en papel ilustración y con tapa dura a color. El proyecto editorial ha decidido que sus páginas saldrán en blanco y negro o en colores de acuerdo a las tiradas originales. Su precio por ejemplar es bastante accesible.


Si bien Robin Wood y Lucho Olivera fueron los creadores del personaje, en la extensa serie intervinieron talentos como los guionistas Ricardo Ferrari, Armando Fernández, Manuel Morini y Nésto Barron, y dibujantes de la talla de Sergio Mulko, Ricardo Villagrán, Gómez Sierra, Jorge Zaffino, Carlos Leopardi, Eduardo Barreto, Walther Taborda, Daniel Müller y Sergio Ibañez, entre otros.


En Historia para Lagash (revista D´Artagnan, mayo de 1967), se inicia el ciclo. Como en los otros cuatro episodios presentados en este Volumen 1 de la colección, Robin Wood escribe textos extensos con una prosa excelente. Y compone un guión vigoroso y de interesantes alternativas, narrado en la primera persona de Nippur.
El estilo de Lucho Olivera se compone de líneas sencillas, relevante sentido de la síntesis, soltura en el trazo y un profundo conocimiento de la anatomía humana. Adquiere un intenso brillo visual en las cruentas luchas cuerpo a cuerpo entre guerreros que utilizan espadas, hachas y cuchillos. En el último tramo, el artista recurre con idoneidad al negro pleno tanto en las caras como en las siluetas.


El héroe da una definición de sí mismo en esta primera entrega: “No tengo rey, ni ciudad, ni techo, ni fuego. Soy nadie de ningún lugar. Me iré a recorrer el país de los grandes ríos y quizá las tierras del papiro hasta sanarme el dolor.”
En Nofretamón (revista D´Artagnan, agosto de 1967) el grafismo de Lucho Olivera adquiere matices de tono gris, destacándose cuando dibuja espléndidos caballos negros. Y luce una de sus tantas virtudes: las figuras esbeltas de sublimes mujeres.
La escritura de Robin Wood acentúa su carácter elegante, en el cual apela a radiantes imágenes y cuyo sentido hiperbólico se vuelve poético. Otra característica que adquiere la historieta es la aparición de una situación romántica.


Hay una magnífica e impactante viñeta de una página que muestra un plano general lejano de la construcción de una pirámide:”Miles de hombres se arrastraban como hormigas, luchando con enormes bloques de piedra (…) y, por fin, muriendo alrededor de la tumba real.”
El dibujante se luce con las aplicaciones de pincel en Las lanzas y la arena (revista D´Artagnan, octubre de 1967).
En los enfrentamientos bélicos, Robin Wood se ocupa de que Nippur no tenga compasión con sus enemigos.


A medida que transcurren los episodios, los autores crecen en calidad y oficio, como, por ejemplo, Minotauro (revista D`Artagnan, enero de 1968). Robin Wood recrea estupendamente el famoso mito, y la gráfica que utiliza Lucho Olivero con sus múltiples recursos alcanza un refinado preciosismo.
El mirlo voló primero (revista D`Artagnan, febrero de 1968) es el último capítulo de este libro y, como es habitual en la serie, las aventuras violentas y las beldades femeninas son los imanes que atraen al lector.



Continuamente la historieta cambia de planos recurriendo a los más aptos para apoyar el clima y el ritmo de la narración. Cuando la escena los necesita, Olivera trabaja con fondos blancos dejando de lado su destreza para diseñar ambientaciones. Resultan impresionantes los batallas entre combatientes montados a acaballo.
Disfrutar de los prodigios que presenta la colección es un deleite imperdible para los amantes de este venerado noveno arte.


Germán Cáceres

martes, 1 de mayo de 2018

Charla de Germán Cáceres


El próximo martes 8 de mayo, a las 15:00 hs., Germán Cáceres, escritor – periodista especializado en el análisis de la historieta, dará una charla titulada "Una vuelta al mundo en historieta" en la Biblioteca Popular Ciudad Jardín, ubicada en Finca 6579, Palomar.


viernes, 20 de abril de 2018

LA ESPADA, por Germán Cáceres


(La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2017, 88 páginas)




En la página inicial, un epígrafe advierte: “Dicen que Atila, el azote de dios, encontró esta espada donde la había dejado Wey porque Marte, el Dios de la guerra, se la trajo del futuro.”
Este libro totalmente guionado por Oenlao lo componen un cuento ilustrado y quince historietas.

Las narraciones se caracterizan por las escenas de acción y la ambientación fantástica, con predominio de monstruos, dragones, jaurías de demonios y gladiadores gigantescos. Oenlao posibilita que los dibujantes brillen empleando con frecuencia cuadritos sin texto y viñetas página.  Otro de sus recursos es la elipsis, que condensa y enriquece los relatos. De allí que abundan por parte de los artistas tomas en picada y contrapicada y planos detalle que posibilitan su lucimiento gráfico.


Las imágenes se centran en la crueldad y violencia despiadada de las luchas guerreras (pululan las mutilaciones y las decapitaciones), por ejemplo en los tres episodios de Kahr, un huno rival de Atila. 
También son personajes recurrentes Wey (un viajero del espacio) y los triciclicos (seres con tres cabezas). La imaginación de Oenlao parece no tener límites y aporta en sus breves historias curiosas invenciones sobre el futuro, incluso varias no carentes de humor. Otros temas son los saltos temporales y las naves espaciales.


 En ese escrito inaugural se informa que los dibujantes de los tres episodios de «Kahr» (las primeras cuarenta páginas) fueron Adríán Vaillasciani, Máximo Auricchio, Carlos Benitez y Nico Andrizzi. De «La Espada de Marte» el responsable es Hernán Conde de Boeck. En las aventuras de los cuatro exploradores a bordo de la cosmonave X2 (las últimas cuarenta páginas) la responsabilidad artística corresponde a Kundo Kunch, Alfredo Retamar, Juan Vasquez, Luciano Giraldez, Sergio Castro, Fernando Matoldo, Maxi Dall´o, Cristian Bevacqua, Mario Carper y Germán Genga. El diseño y la portada corresponden a Gustavo Lucero. Y la última historieta («Pájaros transparentes») fue ganadora del concurso del Museo de Humor Gráfico Diógenes Taborda 2015.


Oenlao (Carlos Scherpa) vive en la ciudad de Bosques del Sur del conurbano bonaerense. Es editor y guionistas de libros con antologías en las que colaboran varios dibujantes. Entre sus títulos figuran Zona 2011, El facón de Almanegra, Tehuelches, Clones y Laberintos, Legionarios, Los Perros de Roma y Leyendas del Norte argentino.




Germán Cáceres

martes, 10 de abril de 2018

LUCHO OLIVERA. La imaginación al poder, por Germán Cáceres


La imaginación al poder
de Felipe Ricardo Ávila

(Los libros de Rebrote, Buenos Aires, 2017, 122 páginas)



Ávila se propone en este ensayo no sólo analizar la producción gráfica de Ricardo Luis “Lucho” Olivera (Corrientes, 1943–Buenos Aires, 2005), sino también sus méritos en su condición de guionista. Hace hincapié en la que considera su obra capital, Gilgamesh, el inmortal, que articula el primer poema de la humanidad con una visión del futuro a través de la ciencia ficción. Y señala las obras que influyeron en ella: la novela Los amos del tiempo (1956), de Wilson Tucker, y los filmes Espartaco (1960) y 2001: Una odisea del espacio (1968), ambos de Stanley Kubrick, del que tomó el diseño de los trajes y las naves espaciales que le fueron facilitados por la N.A.S.A.


En la sección de papel ilustración y a color se publica El delator, primer episodio de la serie Legión Extranjera, con guión y arte de Olivera, que según Felipe Ávila apareció en el Nº 826 del 19/9/1964 de la revista Misterix, que dirigía Hugo Pratt, y cuya influencia en la historieta es innegable. Allí también se pueden apreciar del dibujante algunas de sus portadas de las revista Hora Cero, El Eternauta y Ernie Pike, y un cuadro de 1974 titulado Soldados en guerra esperando para comer a la hora del Rancho.


Más adelante, en blanco y negro, aparece Madeleine (Bull Rocket Nº 1, alrededor de 1962, según Ávila), sin mención del guionista pero sí del dibujante, que testimonia su dominio del pincel.
Se enumera en el ensayo los guiones de las historietas Legión Extranjera, Los teutones, Ojo por Ojo, Doce Hombres, Esperanza en Sirio, Los Senderos del Tiempo, Superpoblación y algunos episodios de Gilgamesh, el inmortal.


En todo momento Felipe Ávila expresa su intenso cariño por “Lucho” como persona y su admiración incondicional hacia su creativa y dinámica composición de página, su peculiar narrativa y el ritmo visual de la combinación de viñetas. Elogia el alto nivel técnico de su estética. Explica su utilización de plumas, pinceles, collages (pegando ilustraciones extraídas de diccionarios), salpicados de témpera blanca y texturas. Se debe recordar cómo admira esta creativa ejecución un talento de la talla de Quique Alcatena.
Continuamente se resalta la pasión que sentía Olivera por la civilización Sumeria y la calidad de su figuración en la saga Nippur de Lagash (1967).


Hacia el final hay comentarios sobre otras historietas dibujadas por Olivera, como Dick, el artillero; Yo, Cyborg; Ronar; Galaxia Cero; Planeta Rojo y Las amazonas de Clitomarkan.
Lucho Olivera, La imaginación al poder es un investigación exhaustiva y sagaz sobre este maestro de la historieta argentina.


Germán Cáceres

lunes, 2 de abril de 2018

ESPECIAL HISTORIAS DE PATAGONIA, por Germán Cáceres


de AA.VV.

(La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2018, 98 páginas)




La tapa de Viginia Nahuelanca y la contratapa de Pablo Burman aluden al sentido telúrico de las historias contenidas en el libro.
En La luna que ilumina el tiempo. Cautivos, conquistas y venganzas en la Patagonia, 1820-1890, el guión de Alejandro Aguado señala con pequeños y certeros diálogos estos sucesos de luchas intensas, y se luce, a través del trabajo de planos, el dibujo a pluma de Esteban Resano.


Daniel E. Varela (guión y dibujo) desarrolla en La pasto verde un valioso rescate de la vida de Carmen Funes de Campos (“Doña Carmen”), una mujer ejemplar que se caracterizaba por su sentido humanitario y aventurero: gracias a que encontró kerosene en el agua, se descubrió petróleo en la región y se realizaron en 1915 las primeras perforaciones en Plaza Huincul.


Un dibujo de amplias viñetas de fondo gris y sentido decorativo traza Stani (también responsable del guión) para plasmar un dulce y poético relato: La leyenda de Koonek.


Un viaje solidario –guión de Alejandro Aguado y arte de Lisandro Pejkovich–, aunque despliega extensos globos de texto, se apoya en cuadritos mudos para ofrecer situaciones lindantes con lo demoníaco. Sugestivo el guión por sus constantes  alusiones, y convincente la gráfica de fuertes contrastes de blancos y negros.


Muy original Florencia Paccela (texto y dibujo) al presentar con Igual existo breves historias sobre un posible extraterrestre y la famosa luz mala.


Encuentro en Cholila (Chubut) plasma un homenaje a los historietistas Carlos Casalla y Hugo Pratt al hacer intervenir a los personajes Cabo Savino, Corto Maltés y Rasputín  en una aventura junto a tres integrantes de la famosa banda Wild Bunch (Butch Cassidy, Sundance Kid y su novia Ethel Place). José Massaroli vuelve a demostrar su maestría tanto en los textos como en la gráfica. 


Dante Giovanni, que trabaja como animador, desarrolla en Dinos (de la que es responsable en su totalidad), una página humorística sobre los dinosaurios.


Turismo mitológico describe un paseo de dos parejas por la zona patagónica, en la que se van evocando historias de la región: Los hermanos Pincheira, el cacique teuhelche Casimiro, el famoso marino Luis Piedrabuena y los senderos recorridos por malones con sus cautivas. Gezzio recurre a siluetas negras para enriquecer el creativo guión de Oenlao.


Alejandro Aguado (texto y arte), con un estilo de dibujo emparentado con el humorismo, revela en Historias breves de Patagonia reseñas jugosas, únicas y sorprendentes, como si las hubiera extraído de un libro que bien podría titularse Las mil y una noches patagónicas.



El Don Casimiro. Episodios que abordan Alejandro Aguado (guión) y Juan Dalfiume (dibujos) es Casimiro Szlápelis, entre otras virtudes un pionero de la aviación. Hay calidad en el grafismo límpido y fulgurante de Dalfiume, mientras que Aguado difunde con solidez narrativa distintos episodios de la multifacética trayectoria de esta personalidad que realizó proezas como piloto, fundó varios aeroclubes, y habilitó y explotó una mina de cobre y hierro. Inteligente el uso de la planificación y soberbias las viñetas mudas.




Germán Cáceres 

sábado, 10 de marzo de 2018

PASIONES de Martha Barnes. Por Germán Cáceres


(Los libros de Rebrote, Buenos Aires, 2017, 84 páginas)




Comienza con un elogioso prólogo sobre la trayectoria de Martha Barnes a cargo del prolífico guionista de historietas Armando S. Fernández. También hay una presentación de Marcelo Bukavec que enumera las virtudes de la artista en las cinco historietas que componen el libro.

Día siniestro en Bombay (1966), adaptación de Kurt Singer y Jane Sherrod, muestra interiores de intensos negros que contrastan con pequeños fondos blancos. Muy sólido este guión de espionaje: se trata de una historieta en la cual la función gráfica consiste en ilustrar la narración de los textos superiores, inferiores y laterales.
En Stella Maris (1981), versión de Rafael Dante, su trazo ágil otorga ritmo y vibración al relato. Asimismo se luce en el empleo de grises. El guión sigue la orientación didáctica de la revista católica que la publicó: Esquiú.

De los famosos Cuentos del Emir se seleccionó el episodio Nº 39: «Una vez, un maestro» (1996), con textos de José Luis Arévalo. Abunda en ornatos que aparecen en las vestimentas árabes, en los cortinados de las habitaciones y en las mantas que cubren los lomos de camellos y dromedarios. Resulta audaz la planificación así como la composición de página. El guión exhibe un romanticismo propio de las revistas femeninas edulcoradas, pero está bien estructurado.


A Virginia Lang (seudónimo de Armando Fernández) pertenece el guión de Pasional, 1993. En el episodio Nº 1, «Cuando encontré a Favio», la belleza femenina es un pilar; hay, además, planos audaces que se ensamblan, hermosas filigranas, refinadas aplicaciones de grises y una inteligente distribución de diálogos en off. Es también una convencional historia de amor, pero, sin embargo, el guionista se ingenia para que atrape. En el episodio 2 de idéntica serie, «No pienses en mañana», los desnudos están plantados con soltura. Los planos alejados de la pareja besándose son magníficos; cada viñeta es una bella imagen. En «De los cuerpos y las almas», episodio Nº 3, llega el esperado final feliz.


Una sorpresa la constituye Crónicas de una policía argentino en Nueva York, episodio 1: «Balas que matan el Alma» (1987). Lo interesante es que fue dibujada para Estados Unidos, pero sus textos se perdieron, y el Grupo Rebrote urdió un ingenioso guión en 2014. La dibujante  abandona las fiorituras para brindar un estilo despojado.
Se trata de un libro para disfrutar el arte de Martha Barnes.


Germán Cáceres

viernes, 16 de febrero de 2018

General Ingeniero ENRIQUE MOSCONI Una historia de novela, de Alejandro Aguado. Por Germán Cáceres

(Editorial Universitaria de la Patagonia, Comodoro Rivadavia, 2017, 92 páginas)




Instructivo y emotivo el prólogo del Doctor Alberto Ayape, Rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
Alejandro Aguado (guión y dibujo), en una suerte de advertencia a esta segunda edición, informa que la gráfica se orienta al realismo para reflejar la ambientación del período en que Mosconi (1877-1940) tejió su histórica epopeya. Y en la introducción comenta: “La historieta, al combinar textos e imágenes, presenta la ventaja de resultar más atractiva que un texto extenso. Por eso también se la conoce como “el cine barato”`.


Debe destacarse la intensa investigación realizada por el autor acerca de la carrera militar de Mosconi  y sus programas industriales en su carácter de ingeniero civil, así como de su férreo pensamiento nacionalista. Para ello diagrama una imaginativa página en cuadritos que se despliegan en abanico.


También subraya las conversaciones que mantuvo con el pionero de la aviación Jorge Newbery, cuyas opiniones  tanto influyeron en  su ideología (“Estoy convencido de que se debe desarrollar una industria nacional. A la vez, desde el Estado, se debe cuidar que en el país no se formen monopolios de empresas privadas extranjeras.”) Y, más adelante, un globo de diálogo de Mosconi afirma: “Estoy convencido que no habrá emancipación económica de Argentina sin la de América Latina.”


Aguado impregnó a sus dibujos de un toque de humor gráfico y mezcló en las viñetas personajes famosos de esta vertiente, como el Coronel Cañones, Don Fulgencio, Lupin, Fallutelli, Don Nicola, Agapito, Maneco, Sarrasqueta, Carbajo y Evaristo (este último es de historieta). Más allá de la versación y calidad visual del libro, su lectura resulta sumamente agradable.




Una viñeta página da cuenta de sus proyectos innovadores respecto a la aviación y otras dos explican las transformaciones económicas que trajo aparejada la explotación de petróleo en la Argentina. Además, se mencionan las distintas comisiones directivas, hasta que, en 1922, al crearse YPF, se lo nombró Director General.


Aguado utilizó su arsenal de recursos gráficos para ensalzar la figura relevante de Enrique Mosconi. Así, es excelente la recreación de época, especialmente los automóviles que en cierta forma decoran los cuadritos. Son muy eficaces los negros plenos y notables las representaciones de las edificaciones, de las destilerías (en especial las de La Plata y de Comodoro Rivadavia), de las torres de perforación y de la red de surtidores de aquel momento.


Lograda por su dramatismo es la sucesión de viñetas –en su mayor parte mudas– que dan cuenta del golpe de estado del 6/9/1930, que llevó al poder a José Félix Uriburu.


Al final se acompaña una bibliografía sobre Mosconi y la temática petrolera, a la que en el futuro deberá agregarse este valiosísimo aporte de Alejandro Aguado.



Germán Cáceres 

jueves, 8 de febrero de 2018

Entrevista a CARLOS AMORIN, por Germán Cáceres

Carlos Amorin (Carlos Alberto da Costa) nació en Río de Janeiro en 1964 y comenzó a publicar en 1984 sus trabajos de humor gráfico en el semanario Pasquim. De 1989 a 1998 colaboró como caricaturista en el Jornal dos Sports. Actualmente también realiza ilustraciones e historietas.
Es autor de Canastra Suja, un libro de cartoons.
Realizó trabajos para importantes empresas brasileñas. Obtuvo numerosos premios internacionales y fue invitado a participar en exposiciones en Francia, Bélgica, Bulgaria, Polonia, Portugal, México, Macedonia, Rusia, Turquía, Irán, Israel, Hungría, Italia, Cuba y Japón. Asimismo, fue disertante en varias de ellas.
Muestras individuales suyas se presentaronen el Museo Nacional de Bellas Artes de Río de Janeiro (1999) y en el Museo de Ingá (Niteró, Brasil, 1993). Actuó como jurado en concursos de su país y del exterior.
Ilustró libros infantiles y dirigió cursos de Diseño, Humor Gráficoe Historietas en instituciones de Río de Janeiro.




Germán  Cáceres: En su mayor parte tu obra está compuesta por humor gráfico de cuadro único, es decir por cartoons, y un gran número de estos son mudos. Yo tuve la oportunidad de visitar festivales de esta especialidad en Europa Oriental, más precisamente en Budapest (Hungría) y en Skopie (Macedonia), y me llamó la atención el fervor que existe en estos países por este arte. Además, muchas viñetas están pintadas al oleo o con acrílico y podrían pasar –si no se aclarara que son cartoons– por exhibiciones plásticas. ¿Influyó esta orientación en tus dibujos?

Carlos Amorin: No mucho. Uso básicamente papel, lápiz y tinta china en mis trabajos. Prefiero hacerles en blanco,  pues empecé a publicarlos en diarios que no tenían el color. No está conectado a tintas y técnicas variadas. Para mí lo importante es llegar al lector de la forma más simple y rápida posible. El aceite o el acrílico tardan. No me creo un artista plástico. Desde el principio me considero un cartoonist que ha aprendido a producir con la urgencia de un periodista.




G.C.: Me parece que tu grafismo se inclina por la gama cálida (a veces con grises y detalles en azul). ¿Esa preferencia la motiva algún criterio estético?
C.A.: El único criterio es captar el momento. Si el asunto es grave, creo que no caben colores alegres, por ejemplo. Pero no se trata de un protocolo que sigo rígidamente.

G.C.: Observo que en ciertas viñetas –como en la que aparece la ciudad de Davos en llamas y se repite la palabra crisis– hay una intencionalidad política. ¿Este objetivo es frecuente en tu humorismo?
 C.A.: Si, claro. No hay humor que no sea político. Incluso el cartoon aparentemente no comprometido tiene una tensión a ser explorada. El rico, el pobre, el capaz, el incapaz, el arrogante, el prepotente. Esta es la materia prima del humor. Muchas veces confundimos lo "político" con el "político partidario".



G.C.: Representás a tus personajes a través de trazos sintéticos, sin sombreado y con propensión al feísmo. ¿Qué razón te inclinó hacia esta gráfica?
 C.A.: Vamos desarrollando el estilo a través de los años, dibujando y viendo lo que funciona. Creo que el trazo del dibujante NECESITA ser único. Todos los cartoonists saben dibujar una silla, por ejemplo. ¿Para qué perder el tiempo si se hace igual a miles de otras? Nuestro trabajo sobrevive si el lector conoce la diferencia. Si no sucede, tú eres uno más perdido entre miles. Cuando afirmo que el rastro del dibujante NECESITA ser único, no digo que sea fácil. Esto es una demanda que generalmente dura toda una vida, sin la certeza de que vamos a conseguir algo.

G.C.: En algunos cuadritos tus personajes guiñan un ojo. ¿Por qué?
 C.A.: Sólo un afán de acentuar alguna expresión facial, sin una segunda intención.




G.C: Noto que abordaste varias veces el deporte. ¿Encontrás en esta actividad inspiración para desplegar tu humor? ¿O fue porque incidieron en tu profesión los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016?
 C.A.: Trabajé varios años como caricaturista del extinto Jornal do Sports (1989/1998), en Río de Janeiro, y me dio muchas satisfacciones. Lógicamente, es más fácil diseñar el fútbol que apreciarlo. Desde pequeño iba a ver partidos en el Maracaná. El juego es siempre árido, pero como cualidad humana es muy valioso hablar sobre fútbol, sus falsas glorias, sus falsos fracasos, sus errores y aciertos.

G.C.: ¿Buscás que el lector participe y se esfuerce en interpretar el chiste? Por ejemplo, en «Antidoping» los tres ganadores que integran el podio exhiben vasos de cerveza de mayor a menor tamaño de acuerdo a su clasificación.
 C.A.: Este es un cartoon sin palabras, sólo utilizo las imágenes para transmitir el mensaje. No me hago ilusiones de que todos los lectores lo entiendan, las interpretaciones de cada uno de ellos son libres. Pero busco, sí, facilitar al máximo el entendimiento. Cuánto menos interpretación haya, mejor.


G.C.: También están presentes en tus cartoons tanto el absurdo, como lo surreal o lunático. ¿Te ubicás con comodidad en este ámbito?
 C.A.: Sí, cuando la idea va más allá de lo usual y sigue siendo pertinente. El humor es siempre un lente de aumento, que expande y aumenta de tamaño algunas situaciones críticas. La exageración sirve para ver mejor y llegar a la síntesis.

G.C.: ¿Admirás a algún cartoonist?
 C.A.: Sí, al brasileño J. Carlos (1894-1950).




G.C.: ¿Seguís haciendo caricaturas?
 C.A.: Sí. El mercado ha cambiado bastante sobre lo que se entiende por una caricatura personal. Confunden retrato distorsionado con una caricatura. Veo trabajos bellísimos erróneamente llamados caricaturas. Pero la caricatura va a sobrevivir a esa fase, sin duda.
 G.C.: ¿Te atraen las historietas de género?
 C.A.: Sí. Publiqué decenas de títulos. Pero en Brasil se produce una masacre con los periódicos que publican historietas. La mayoría están extintos y los que sobreviven están en las ediciones digitales. Los cómics en Brasil resisten bravamente en librerías mediante ediciones de pequeñas tiradas. En internet, entre varios títulos, actualmente republicaron  Rua Paraiso en la dirección https://www.facebook.com/RuaParaiso/


G.C.: ¿Probaste dibujar historietas que no son tiras cómicas como Rua Paraiso?
 C.A.: Dibujé el álbum Aconteceu na Lapa (novela carioca en historietas), texto de Luis Pimentel y algunos otros proyectos menores. Me gustaría producir más en el futuro.


G.C.: Me parece que en la actualidad los lectores se inclinan más por el humor gráfico que por las historietas. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
 C.A.: Cada uno de ellos tiene su público específico. Lo que pasa es que el humor gráfico es ideal para las redes sociales, dada su comunicación y la facilidad de divulgación. Esto no sucede con las páginas de una historieta.


G.C.: Entiendo que seguirás las actividades de los humoristas argentinos, cuya lista es interminable y su calidad indiscutible. ¿Podés comentar tus impresiones sobre sus trayectorias?
 C.A.: Siempre he acompañado a los maestros. Fontanarrosa, Crist, Sábat. La revista Humor se recibía aquí esporádicamente. Todo era muy difícil de llegar por aquí. Y si lo hacía era con retraso. Lo que veo hoy es que con internet hubo una explosión de excelentes cartoonists. Muchos de ellos terminaron teniendo contacto de inmediato y editan y yo los sigo en tiempo real. Y son decenas con excelentes trabajos de crítica y humor.


G.C.: Hablemos ahora sobre tus ilustraciones para libros infantiles, que exhiben un diseño sumamente simpático y pleno de ternura.

C.A.: Esta es otra vertiente que me gusta hacer. El poder concentrarse en la ilustración, sin la acidez cotidiana, es casi una purificación mental.



G.C.: ¿Ves películas de animación? ¿Te interesaste alguna vez por esta categoría cinematográfica?
 C.A.: Veo poco. Sólo las creaciones personales. Pero en su esencia es una actividad industrial.

G.C.: ¿Frecuentás exposiciones de pintura o de arte conceptual?
 C.A.: A veces caminando por la calle, acababa entrando en alguna puerta incorrecta y cuando percibía esto ya estaba dentro de una galería. Solo hago  excepciones para las exposiciones de grandes maestros que pasan por Río de Janeiro.

G.C: ¿Tenés algún proyecto en vista?
 C.A.: Sí. Pagar mis cuentas al día.

http://amorimcartoons.com.br/quemeamorim.html