lunes, 20 de marzo de 2017

MARTHA BARNES La primera dama de la historieta argentina. Por Germán Cáceres

de Marcelo Bukavec con la colaboración de Felipe R. Ávila

(Los libros de Rebrote, Buenos Aires, 2016, 110 páginas)




Este ensayo propone un enfoque cálido y emotivo: se nota que surgió a través de charlas entre Martha Barnes y los autores –que también son historietistas – tomando café con medialunas en algún bar de Caballito o en el living de la casa de ella, como se señala en las últimas páginas. Asimismo hay numerosas fotos desde que era una beba hasta nuestros días. No obstante este acercamiento nada solemne, Bukavec y Ávila han realizado un exhaustivo trabajo de investigación empleando una prosa segura y elegante. Da placer leer el trabajo porque, además de informar sobre la trayectoria artística de la dibujante, constituye una historia de vida.


Las páginas del libro tienen una diagramación muy particular, con líneas rectas en su interior que se cruzan formando rectángulos, como si la editorial se hubiese inspirado en la obra del pintor Piet Mondrian.
A Martha Barnes, mientras estudiaba en la Academia Nacional de Cuyo, los profesores le decían acerca de su pasión por las historietas “que eso no era arte”/ “no es profesión para mujeres”. Hoy en día nadie se animaría a emitir estas opiniones aunque las piensen en su intimidad.


Bukavec y Ávila destacan la belleza y delicada sensualidad que exhiben sus dibujos de mujeres, como su destreza para representar los gestos de los personajes mostrando sus sentimientos. También sobresale en el dibujo de animales y en las magníficas ilustraciones para chicos. “…su capacidad abierta siempre a nuevos conceptos, texturas, formas de encuadre…” /”Por ejemplo: Martha ´rompe´ la hoja, las figuras escapan. Es decir: diagrama siguiendo la premisa de dibujar dentro de los cuadritos y armar la secuencia, pero ella deja que algunos personajes se salgan del cuadro…” y “…terminan como envolviendo el centro de la escena…” El libro trae numerosas páginas con imágenes de sus creaciones.


Marta Barnes trabajó como ilustradora de las más importantes editoriales argentinas. Colaboró en el suplemento infantil del diario La Nación y graficó historietas para Europa, Australia y Estados Unidos. Fue también actriz de teatro y participó en el programa televisivo Telecirco de los Domingos, en el que realizó dibujos en vivo. Entre otras distinciones, la Biblioteca Nacional y la CONABIP le otorgaron en 2012 un reconocimiento por su contribución a la Historieta argentina.


En la entrevista que le hacen los responsables del texto, Martha Barnes manifiesta que la profesión de historietista “Es una manera de vivir distintas vidas, es como actuar”, y proclama su admiración por el dibujo animado en 3 D.
.No hay mejor forma de concluir esta nota que con una frase de otro grande, Quique Alcatena, sobre la obra de la homenajeada: “…detenerse en la exquisita labor que vuelca en cada página es gratificarse con la vida y emoción de sus figuras, la elegancia y soltura de su entintado, la clara y a la vez compleja diagramación (que nunca, nunca, distrae del hilo de la narración)”.


Martha Barnes/ La primera dama de la historieta argentina no puede faltar en ninguna biblioteca de un amante del género.
  


Germán Cáceres

lunes, 13 de marzo de 2017

AMULETO de Kazu Kibuishi, por Germán Cáceres

(La Editorial Común, Buenos Aires, 2016)
Libro uno: «El guardián de la piedra» (192 páginas)
Libros dos: «La maldición del guardián de la piedra» (224 páginas)




El dibujante César Da Col sostiene que si una historieta para chicos es buena, gusta a toda la familia y da como ejemplos a Asterix el Galo y Las aventuras de Tintín.
Es el caso Amuleto, cuyo guión posee un poder hipnótico sobre el lector, que una vez que empieza la novela gráfica se obsesiona con su historia y permanece ajeno a la vida que está transcurriendo a su alrededor.


El plan de trabajo de Kibuishi (nació en Japón en 1978 y se mudó a los Estados Unidos en 1982) consta de nueve libros, de los cuales ya se publicaron unos siete tomos desde 2007 y en 2016 fueron editados en español los que se comentan en la presente nota. El consagrado historietista japonés también se hizo famoso porque en 2013 le confiaron las ilustraciones de las nuevas tapas de la saga de Harry Potter.


Su historieta debe mucho a íconos como El señor se los anillos, Matrix y Star Wars. De esta última particularmente recrea el mundo de robots al estilo de R2-DR (entre nosotros “Arturito”), pero haciéndolos más antropomorfizados, como los casos de Miskit, Cossley, Morrie, Ruby, Botella y Teodoro, a quienes se los ve actuar y se los aprecia como auténticos seres humanos.


La fantasía de Kazu Kibuishi carece de límites e imagina el extraño mundo paralelo de Alledia por el que debe desplazarse la heroína Emily Hayes con su hermano Navin para salvarle la vida a su mamá y adquirir gracias a un mágico amuleto (la llamada piedra) un superpoder glorioso.
Y de este modo desfilan monstruos increíbles como un pulpo gigantesco y gelatinoso, caracoles con ojos, elfos, casas de piedra que pueden caminar, la ciudad portuaria de Kanalis en la que una maldición provoca que los pobladores parezcan animales, árboles pensadores y parlantes, anteriores guardianes de la piedra que se convirtieron en colosos monstruosos. Y –como diría Cortázar – el Bestiario continúa.


En cuanto a la gráfica, asombra el virtuosismo y la audacia de Kibuishi. Su dibujo humorístico es simpático, tanto en la creación de personajes como en la representación de objetos, paisajes e interiores. Su composición de página presenta cuadritos de diferentes formas, ángulos y planos ensamblados con suma originalidad. Hay viñetas de página entera que son ilustraciones hermosas y dignas de figurar en una galería de arte. Sus globos adquieren diversas formas adecuándose a la situación de la trama: es frecuente su funcional encadenamiento. Las escenas de acción –por ejemplo los combates de un insólito avión – son increíbles por su dinámica, a la que contribuye la variedad de imaginativas onomatopeyas. Y el colorido recorre infinidad de gamas, todas ellas brindando auténticos ejemplos de belleza visual y una atmósfera de misterio.
No queda otro camino que recurrir a un lugar común: Amuleto es una excepcional novela gráfica para toda la familia.





Germán Cáceres 

domingo, 26 de febrero de 2017

Entrevista: Andrés Accorsi, por Germán Cáceres

Nació en Buenos Aires en 1968. Es Licenciado en Ciencia Política pero se desempeña en el ámbito de la historieta desde 1987.
Dirigió fanzines, revistas y convenciones; brindó charlas y seminarios en congresos y en universidades de la Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia, Perú, México, España, Portugal y EE.UU.
En 1994 fundó la revista Comiqueando; trabajó en las publicaciones Skorpio, El Tajo, Cóctel y Comic Magazine; también en el diario Clarín, la radio Rock & Pop y en el canal de televisión TV Sports; fue curador del Espacio Historieta del Centro Cultural Recoleta; colaboró en Fierro, Puertitas, Comicology, The International Journal of Comic Art y Dentro de la Viñeta.
Fue traductor oficial de la DC Comics entre 1990 y 1995; organizó numerosos proyectos editoriales, y entre 1997 y 2006 se desempeñó como Coordinador Académico de la Escuela Argentina de Historieta, donde dictó cursos, talleres y seminarios.
Actualmente dirige el sitio web Comiqueando Online, escribe el blog 365 Comics por Año, realiza videos para YouTube y trabaja en la organización de eventos culturales, entre los que se destacan la Jornada de Historieta de la Universidad de Palermo y el festival internacional de historieta Comicópolis.

Andrés Accorsi. Foto: Sebastián de Caro


Germán Cáceres: Andrés, llama la atención tu versación, los cuantiosos conocimientos que tenés acerca de las historietas: fechas, títulos, dibujantes, guionistas, revistas, editoriales. ¿Vos dormís?
Andrés Accorsi: Duermo bastante, unas nueve horas por día.

G. C.: ¿Y cómo podés hacer tanto?
A. A.: Porque aprovecho el tiempo. No me enganchan el cine ni la televisión y tampoco los video juegos. Todo ese espacio lo aprovecho leyendo historietas y un poco de literatura, y escribiendo. Además, me apasiona la calle. También viajo. Nunca bajo películas ni series.

G.C.: ¿Qué raro que no te enganche el cine: narra en imágenes, como la historieta?
A.A.: En el cine no puedo controlar el tiempo: si un director enfoca a un personaje tomando un café durante veinticinco minutos, no tengo más remedio que aguantarme. En cambio, si una novela o una historieta se ponen pesadas me puedo pasar velozmente las páginas hasta encontrar algo interesante. Me resulta ridículo que en una película me cuenten en dos horas y media un argumento que podrían haberlo volcado en cuarenta y cinco minutos.



G.C.: ¿Entonces algo parecido te pasará con el teatro?
A.A.: No creo en el teatro como un soporte válido para la ficción. No me permite suspender la incredulidad que debe posibilitar toda narrativa. No me satisface la convención compartida por todos de que en la sala estamos en Buenos Aires 2016 y enfrente, en el escenario, en Inglaterra en el siglo XV: para mí siempre estamos todos, actores y público, en el mismo lugar. No creo que estén en distintos planos de la realidad, y para mí eso resulta insostenible. Terminé de convencerme asistiendo a funciones de stand-up, que no posee ficción. Un cómico se pone a hablar de vivencias que ha tenido y eso me fascina porque es real. Por supuesto que mi posición es sumamente personal.

G.C.: Yo tengo la impresión –que es bastante compartida– que la historieta está pasando un momento difícil y se ha vuelto minoritaria, es decir, se ha achicado su mercado. Vos en una entrevista de La Tinta dijiste que estaba pasando por una época de oro. ¿Afirmás esto porque circula en las redes sociales y en festivales, o por la calidad?
A.A.: Principalmente por la calidad: se está produciendo mejores obras que en ninguna otra época de la historieta. Acordate además que antes para detectar buenas historietas nuestros radares estaban puestos en siete u ocho países. Hoy te puede aparecer una obra maravillosa en Malasia, en Perú, en Uruguay, en Polonia, en Portugal, en China, en Noruega. Hay un acceso inmediato a todo un mapa del mundo a través de la tecnología y la circulación de material en las redes sociales, más allá de la potencia económica de los distintos mercados: hay tres o cuatro fuertes y en el resto el autor se esfuerza por subsistir lo mejor que puede.

Comiqueando 1


 G.C.: ¿Hay un historietista actual de la talla de Milton Caniff o de Alex Raymond?
A.A.: Yo creo que sí, incluso que han sido ampliamente superados. Por supuesto que mucho de lo que se está haciendo se debe a creadores como Caniff, Raymond, Hogarth, Herriman. Nadie le va a discutir la chapa a los grandes maestros. Pero las historietas que se hacen hoy son mucho más atractivas y tienen mayor potencial para ser releídas en el futuro. Creo que podrán seguir gustando dentro de cuarenta años y a un público más diversificado. Por ejemplo, a Raymond hace veinticinco años que no se lo lee porque  una chica de dieciséis años, no digo de Kenia, sino simplemente de la Argentina, no se puede identificar con la estética de Flash Gordon. En cambio, ahora hay historietas que por nivel de dibujo no tienen nada que envidiarle a Raymond pero pueden apasionar a esa chica.

G.C.: Sucede que cada lectura tiene su fecha, como decía Ernst Fischer. No es posible leer Don Quijote si uno no se pone en onda y se ubica en el siglo que se lo escribió. Si logra hacerlo, va a encontrarse con una de las obras más bellas de la historia de la Literatura.
A.A.: Entiendo que hoy la forma de concebir la historieta es más amplia y existen autores conectándose con otra sensibilidad. En cambio, la historieta que dio cátedra en los años treinta estaba dirigida a un lector varón blanco de quince a treinta años, y de allí no salía. Y el mundo es más vasto y se necesita captar más gente que se apasione por la historieta


G.C.: ¿Podés citar a algunos de esos historietistas actuales?
A.A.: Perfecto. Las canadienses Jillian y Mariko Tamaki, Jiro Taniguchi, Jorge Pérez Ruibal, Shaun Tan, David Rubin, y hay muchos más.

Jillian y Mariko Tamaki


Jorge Pérez Ruibal

Jiro Taniguchi


Shaun Tan


G.C.: Dentro de esa lista de maestros clásicos que mencionaste, ¿incluís a Hugo Pratt?
A.A.: Hugo Pratt tuvo un punto de vista más moderno que sus maestros. Hoy puede ser leído por un adolescente. Fue el primer posmoderno antes de que existiera esta palabra. Le bajó un cambio a la epopeya y la combinó con una cierta mirada de cinismo o de ironía. En medio de una guerra terrible le interesaba más contar una historia humana, en la cual había margen para que el amor no fuera tan amor, el bueno no fuese tan bueno ni el malo tan malo. Relativizó la epopeya.


G.C.: ¿Por cuál estética de la historieta te inclinás? ¿Por la de superhéroes?
A.A.: No tengo una formación por género ni por país. Siempre leí todo tipo de historietas. En ese sentido soy un lector omnívoro.

G.C.: Creo haberte escuchado decir que leías cuatrocientas revistas por mes. ¿Era así?
A.A.: Entiendo que sí. Repito que soy un omnívoro. Ahora leo unos veinticinco libros de historieta por mes. Nunca me casé con ningún género. Si bien me interesaron los superhéroes, es porque en ese entonces no se escribía sobre ellos.

G.C.: ¿Quiere decir que no estás ceñido a ninguna estética?
A.A.: Exacto, es cuestión de analizar cada tendencia, encontrar sus valores y abandonar los prejuicios.
Te advierto que a mí me atrae más el guión que el dibujo. Una historieta con buen guión tiene ya ganado el 75% de la seducción. Y si cumple esta condición cualquier tema me atrapa.

G.C.: ¿Vos escribiste guiones?
A.A.: Poquitos y no por placer, sino por urgencias o pedido de alguien a quien no podía decirle que no.
G.C.: ¿Entonces no te interesa?
A.A.: No es lo que me surge naturalmente. Si escribí seis guiones es mucho. Sí me encanta cuando un autor me trae una novela gráfica y me pide mi opinión: allí me meto de lleno. Entonces le sugiero y propongo ciertos cambios. O sea, me motiva más trabajar sobre ideas de otros que sobre las mías. El único guión propio que me satisfizo lo escribí junto con mi hermano: tuvimos la herejía de reescribir en doce páginas nada menos que a Oesterheld porque en el origen de Nekrodamus había inconsistencias y contradicciones. Se ve que Oesterheld andaba con poco tiempo y escribía los capítulos sin leer los anteriores. A Horacio Lalia le gustó y lo dibujó.

Sección a cargo de Accorsi, en revista Skorpio, 1991.


G.C.: ¿Qué me podés decir de tus preferencias literarias?
A.A.: Más que nada leo a autores que estén vivos y que escriban en castellano, en una proporción de 75% de argentinos y 25% de españoles. Y algún otro país de Latinoamérica. Sintonizo sobre todo con escritores como Rodrigo Fresán, Juan Sasturain, Sergio Bizzio, Guillermo Martínez, Leonardo Oyola, Fabián Casas. 

G.C.: ¿No te interesan las traducciones?
A.A.: Fui traductor durante muchos años y me consta cómo trabajan las editoriales respecto a las traducciones. Es un tarea mal paga, se hace en poco tiempo, y muchas veces se prioriza lo barato sobre la calidad, y así se traiciona el original.

G.C.: ¿Cómo surgió en vos esa pasión tan intensa hacia la historieta?
A.A.: Mi viejo tenía un catálogo de la Bienal Mundial de la Historieta del Di Tella de 1968. Era abrir ese libro maravilloso en el cual las ochenta o cien páginas mostraban un panorama internacional. Luego me impactó la Historia de los comics de Toutain, que dirigió Javier Coma. Ambos libros me detonaron la cabeza. En los años ochenta no circulaba información, por eso fue tan importante la aparición de tu ensayo Charlando con Superman. ¿En qué año salió?

G.C.: En 1988.
A.A.: Había intelectuales prestigiosos que trataban sobre Popeye y Mafalda, justamente sobre todo lo que yo amo. Y entonces me convertí en un difusor de la historieta. Algo que también me sacudió fue la “Lectura de Steve Canyon” que hizo Umberto Eco en Apocalípticos e Integrados.

G.C.: Con tanta producción periodística, ¿nunca se te ocurrió publicar un libro?
A.A.: No me interesa. Yo en realidad tengo dos libros, pero no escribí ninguno, sino que me lo publicaron con la promesa de pagarme. Fueron los primeros 365 cómics por año, de  2011, y se editaron en dos tomos. El tema de publicar libros no me llama la atención. No me convencen los compromisos a largo plazo, sino que aprecio la inmediatez de los artículos y comentarios que se leen rápidamente, en los momentos libres. Por eso me encanta el dinamismo de un blog, en el que intervienen también los lectores y cuyas respuestas son rápidas. Es más ágil. Me han dicho que recopile las entrevistas que hice a gigantes de la historieta. Y me niego: ¿sabés por qué? Porque son viejas. Están clavadas en otras épocas y esos mismos autores se superaron a sí mismos y algunos de ellos murieron.

Comiqueando versión años 90

G.C.: Me enteré de que rechazás el celular ¿Qué raro siendo tan entusiasta de las redes sociales?
A.A.: Lo rechazo porque me parece nocivo, invasivo y adictivo.

G.C.: De las historietas que tradujiste para DC Comics, ¿cuál te dio mayor satisfacción?
A.A.: La que más me interesó, la que hubiese incluso pagado por hacer, fue The Killing Joke, de Alan Moore y Brian Bolland. Otra con la cual me divertí fue Liga de la Justicia, de Keith Giffen y J.M. De Matteis.
Pero la que fue más leída y que más recuerda la gente es La muerte de Superman, de Dan Jurgens, Roger Stern, Louise Simonson, Jerry Ordway y Karl Kesel, un boom editorial de 1993.

G.C.: Nombrame algún historietista argentino de tu predilección.
A.A.: El viejo Breccia fue el mejor dibujante de toda la historia.

G.C.: ¿De la historia mundial?
A.A.: Sí, de la mundial. Lo único que le faltó fue escribir sus propios guiones. Realmente era un genio; un narrador perfecto.

G.C: ¿Y de los nuevos?
A.A.: Muchos: Lucas Varela, Sáenz Valiente, Diego Parés, Liniers, Jok, Salvador Sanz, Renzo Podestá… Como guionista Diego Agrimbau me parece un capo a nivel mundial.

G.C.: ¿Te interesan las artes plásticas?
A.A.: Cuando no me narran nada me cuesta un poco más. La imagen por sí sola, si no tiene un contexto narrativo, me llama un poco menos. Pero hay muchísimos pintores que admiro.



G.C.: La pintura es una narración congelada –como podría haber llegado a decir Goethe–. Hemingway declaró que había aprendido a escribir en el Louvre porque los cuadros resumen toda una serie de hechos y acciones, como por ejemplo en la pintura de una batalla. Por eso describía con pocas palabras toda una escena.
A.A.: Estoy de acuerdo con la belleza y la perfección de numerosos cuadros, pero más me llama la atención la música.

G.C.: ¿Qué tipo de música?
A.A.: El rock y el pop de los ochenta de cualquier país.

G.C.: ¿Y la música clásica o académica?
A.A.: La escucho y me agrada, pero no me apasiona.

G.C.: Supongo que debes contar con varios proyectos de viajes, festivales y convenciones.
A.A.: El año que viene cumplo treinta años de trabajo profesional sobre las historietas y he decidido festejarlo concurriendo a eventos. Quiero hacer uno propio y depende de que se realice Comicópolis, porque si se hace me voy a integrar a la organización y no es sano ni ético estar realizando dos eventos al mismo tiempo. Después es probable que empiece un blog sobre música de los ochenta.

Accorsi, en foto de Daniel Mordzinky


G.C.: ¿De los ochenta qué grupo te gusta más?
A.A.: Hay muchos. Casi todo tiene que ver con la revolución de la New Wave de fines de los setenta. ¿Conocés la New Wave?

G.C.: La única que conozco es la que surgió en la ciencia ficción de los años sesenta hasta los setenta de la mano de la revista británica New Words, con autores de la talla de Brian W. Aldiss, J.G. Ballard, John Brunner y el propio director, Michael Moorcock. Pero esto no tiene nada que ver con la música que vos citás.
A.A.: Es la corriente principal del post punk y la que más ramificaciones tiene y que se vincula con el rock gótico y el dark. Y su banda emblemática es The Police y, luego, Sting como solista. Aquí, en la Argentina los músicos absorbieron estas influencias y las emplearon todas a la vez.

G.C.: Es un proyecto muy importante y seguramente te brindará tantas satisfacciones como Comiqueando Online y 365 Comics por Año.
A.A.: Otro proyecto confirmado es que en 2017 vamos a organizar con la Universidad de Palermo el festejo del Día de la Historieta.

Nota para la revista Cóctel, principios de los años 90.


G.C.: ¡Buenísimo! ¿Qué hacés para Youtube?
A.A.: Hago videos sobre historietas, en los que hablo directamente a la cámara mostrando libros y a veces originales de dibujantes. Duran unos seis minutos.

Y siguiendo con los proyectos continuaré leyendo, escribiendo y viajando para asistir a festivales. Y tratando de encontrar  nuevos valores, sobre todo de descubrir a autoras, a mujeres que hacen historietas. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Algunos de los libros más recientes de LA DUENDES



AQUELLO INSÓLITO, de STANI


Un libro que mediante la historieta y el humor gráfico reflexiona sobre la vida y las costumbres de los humanos. Con un dibujo por momentos surrealista, se inscribe en las nuevas tendencias gráficas que se destacan a nivel nacional e internacional. 

88 pags., formato apaisado.



Yerbudín, de PACE

109 páginas. Un día, Dios creó al hombre en la Tierra y vio que era bueno. Otro día, Dios creó a los Verdes en el sistema solar de Zeta Reticuli y vio que era bueno. Pero un día el Hombre se encontró con los Verdes y Dios… vio que era malo… para él.

Presentación de Yerbudín
 Para leer nota de Germán Cáceres sobre Yerbudín, en Periódico Irreverentes



LIbro ALFREDO GRONDONA WHITE


Esta segunda edición ampliada (en contenido y tamaño) de ALFREDO GRONDONA WHITE, funciona como homenaje al autor. Presenta una selección de historietas, chistes unitarios y tiras cómicas que publicó en las revistas Humor, Humi, El Péndulo, Súperhumor y Berp (Uruguay), entre ellos la serie BESPI. Incluye muestras de originales y sus últimas actividades. Participan a modo de homenaje los autores Toto, Fer Calvi, Diego Parés y sus colegas de la revista Humor: Meiji, Lar, Tomás Sanz, Parissi, Tabaré y Barale. 110 páginas para disfrutar de uno de los grandes autores de la historieta y el humor gráfico argentino de las últimas décadas. En tamaño grande, 20 x 29 cm.


El libro ALFREDO GRONDONA WHITE, en Radar de Página12





Libros ¡Bairoletto! de Juan Dalfiume (segunda edición), Alfredo Grondona White (segunda edición, ampliada) y Yerbudín, de Pace
Nota sobre la segunda edición del libro ¡Bairoletto!, en LaBitácora de Maneco


Reimpresión de la segunda edición de Homenaje Malvinas.


"Patagonia Fantástica" (segunda edición) de Alejandro Aguado



Nota – entrevista realizada por la Agencia de Noticias TELAM, referida a  “PATAGONIA FANTÁSTICA”. Fue publicada en diarios de todo el país. La nota y muestras de dos diarios: El Patagónico y el Río Negro. Muchas gracias a Jorge Boccanera.

Para leer la nota de TELAM

jueves, 13 de octubre de 2016

Entrevista a DIEGO PARÉS. Por Germán Cáceres

Nació en 1970 en Haedo, Provincia de Buenos Aires.
Comenzó a publicar a los catorce años en la revista CantaRock.
Se recibió de maestro de plástica en la Escuela de Bellas Artes Rogelio Yrurtia en 1987.
Entre 1987 y 2006 publicó en las revistas Humor, Sex-Humor, Humi (infantil), La Urraca, Billiken (infantil), Gente, Recreio de Brasil (infantil) y otras. Y para los diarios La Nación, Clarín y Página 12, de la Argentina.
Asimismo trabajó en publicidad como free-lance para diversas agencias y marcas.
En 1993 apareció el libro Buscando a Charly, material recopilatorio de la revista Humor.
En 1995 co-editó la revista de historietas ¡Suélteme!
Lanzó una veintena de libros para niños, entre los que se destacan los de Superbúsquedas 1 y 2.
En 2002 publicó Literatura Latinoamericana para principiantes junto a la escritora Florencia Abatte.
En 2007 presentó el libro de historietas El sr. y la sra. Rispo y lo expuso en el Centro Cultural Recoleta.
En 2008 publicó con destino al público infantil la colección de libros Monsterville y, para adultos – reuniendo material de la revista Barcelona –, La esperanza fue lo último que se perdió.
En 2011 apareció el libro de historietas Correrías del sr. y la sra. Rispo.
En 2014 salió el libro 500 dibujos.
Desde 2006 a la fecha colabora en la revista infantil Genios.
De 2010 a 2014 participó en la Agencia de noticias Télam, junto a Esteban Podetti.
En 2015 fue el turno de su libro Humor Petiso. Las mujeres y los niños primero.
Actualmente publica Humor Petiso en el diario La Nación. También desde hace diez años lo hace en la revista Barcelona, y desde hace diez en la revista Fierro.



Germán Cáceres: Diego, en tus trabajos mostrás una extraordinaria versatilidad, tanto en los de humor, como en los de historietas. Pero en ambos casos sos eminentemente tributario del mejor grafismo. ¿Fuiste influido por tus estudios de Bellas Artes?


Diego Parés: Los estudios, durante la secundaria, me sirvieron para encontrar estructura en el dibujo, supongo. No se si en cuanto a la versatilidad. Eso de no tener un único estilo es algo que me pasó, no algo que busqué.



G. C.: Ví diseños de tu padre cuando ejercía de arquitecto entre 1972 y 1998. Son magníficos e, indudablemente, como vos señalaste en tu blog, se muestra como discípulo de Frank Lloyd Wright, ese genio de la arquitectura del siglo XX. ¿De qué manera esta disciplina repercutió en vos como artista?

D. P.:  Lo fundamental del laburo de mi viejo y cómo repercutió en mi fue el estar en contacto con gente que dibujaba, con tableros, rotrings, esas cosas, por un lado, y por el otro el contacto con la obra, la construcción, acompañarlo a las obras y estar con la gente que laburaba, los obreros, maestros mayores de obra, etc. Eso me sirvió para no ser tan mariquita y curtirme un poco. La arquitectura me gusta, me gusta dibujar y mirar casas, edificios y ciudades, toda esa cosa de los planos, sus luces y sombras.



G. C.: Observo que los cuadritos de Humor Petiso tienen un colorido plano muy original y llamativo, de indudable belleza. Los veo cercanos al cartoon, entendido como chiste de cuadro único. Los de Europa Oriental expresan un humor lunático y en su gran mayoría carecen de texto y giran hacia la plástica más que hacia la gráfica. Entiendo que en vos se dan todas las condiciones para transitar esta vertiente. Sería bueno que lo intentaras, total probaste con tantas búsquedas que una más no estaría fuera de lugar. ¿A vos qué te parece?

D. P.: Lo que pasa es que en general yo abrevé en la tradición yanqui, la española y la argentina de hacer humor. Los rusos y todos esos me gustan pero son más artísticos y en general menos graciosos. Siempre hay una pata oscura y grave detrás de sus chistes, algo que les quita gracia. Lo artístico no lo entiendo, ese es mi límite. Cada vez que pretendo hacer algo artístico no me lo creo ni yo. Me parece que lo artístico, lo elegante y lo bello son un poco enemigos de lo humorístico, si lo que uno pretende es causar gracia o que la gente se ría. Steinberg sí que me gusta.



G. C.: Siguiendo con Humor Petiso (recuerdo que en La Duendes se comentó que “es uno de los mejores libros de humor gráfico de 2015”) hay muchos chistes desopilantes que tienden al disparate, como en el cuadrito en que está cayendo una bomba y la gente, en lugar de huir y protegerse, le saca fotos con el celular. O el de la mariposa que escribe sus memorias y expresa: “Fue un día hermoso. FIN”. Son propios de esos cartoons europeos que te mencioné y – ¿por qué no? – de los Hermanos Marx. ¿Tuviste oportunidad de ver sus películas?

D. P.: No muchas. Recuerdo que una vez llevé a mi hermano menor, cuando el tendría once, doce años, a ver alguna de los Hermanos Marx a Hebráica, pero son de ese tipo de cosas que siempre uno escuchó lo buenas que son, pero no les dio demasiada bola. Puedo rescatar del cine de Chaplin o de los Hermanos Marx la cosa gestual y exagerada de actuar, artificial, que es algo que trato de aplicar al humor y las historietas.

De Revista Barcelona


G. C.: Si bien se insiste en que abrevaste en el arte de varios grandes del humor, como Calé, Quino, Fontanarrosa, Divito, Lino Palacios y Mazzone –lo cual comparto –, creo que cierta candidez que destilan tus chistes –inclusive los más corrosivos – evoca más a Héctor Torino  y al citado Adolfo Mazzone. ¿Estás de acuerdo o sólo se trata de una apreciación personal?

D. P.: Ojalá. Torino creó ese mundo tan humano del conventillo y eso no es fácil. Es como Tabaré, que todo lo que dibuja está vivo. Ojalá yo pueda llegar a ese grado de vitalidad en mis creaciones. Mazzone es un excelente dibujante, exquisito en sus mejores momentos, pero no lo leí tanto.

G. C.: En las colaboraciones que hacés para Barcelona, empleás un dibujo cercano al realismo, como en el que anuncia “¡Martinez de Hoz es el nuevo Papa!” ¿Te resultó difícil adaptarte a la óptica provocativa y audaz de esta publicación tan especial?

D. P.: No, para nada, con Barcelona se dio una casualidad inusual. Yo venía, allá por el 2001, 2002, haciendo un tipo de laburo político para mí, catártico más que nada, porque ya había cerrado la Humor, y cuando sale Barcelona ví que lo que yo hacía era muy parecido a lo que era la revista, así que fui a verlo a Mariano Lucano, su jefe de arte, y cuajé al instante. El realismo ya lo hacía a los dieciséis, diecisiete años, y lo cultivé bastante, de la mano del bebe Ciupiak, que era de allá de Haedo.



G. C.: Los retratos de Van Gogh, James Dean y William Bourroughs que aprecié en tu blog, ¿pertenecen al libro 500 dibujos? Por otra parte, los encuentro vinculados a la ilustración clásica: ¿lo ves así?

D. P.: Eso fue para una tira de homenaje a personajes clásicos del diario Clarín, que nos pidieron para la revista Ñ. Yo elegí a Clodomiro, el personaje de Sendra, que salía no en la página de los chistes, sino del otro lado de esa página, o sea en la anteúltima del diario, y lo relacioné con algunos outsiders como Bourroughs, etc. No están en 500 dibujos, en ese libro metí casi todo material no publicado en medios. Ese estilo viene de Crumb, del Crumb más realista, que a su vez es alumno de Thomas Nast, un dibujante yanqui del siglo XIX.



G. C.: La tapa de Fierro Nº 114 impresiona por su alucinante registro de cuatro freaks. También la del Nº 100  –en la cual contaste con la ayuda de Lucas Nine –, donde un monstruo que bien podría considerarse un alienígena está leyendo la misma revista escondido en una heladera. ¿Tenés alguna explicación de por qué se produce esta adhesión al feísmo tan común entre los historietistas y animadores cinematográficos actuales?

D. P.: Bueno, eso del feísmo es otra tradición, en la cual podemos nombrar a Napoleón, a Langer, a Podetti. No fue mi intención en esas dos tapas ser feísta. Tal vez las dos remiten a ser un freak, un bicho raro, un enfermito, un tipo medio despreciado o poco adaptado o algo así. Pero no son feístas, se quedan a medio camino. La verdad es que trabajar para Fierro es un dolor de cabeza por lo que implica Fierro y la mayoría de lo que hice para la revista no me deja satisfecho. La ayuda de Lucas, vamos a aclararlo de una vez por todas, fue ponerle un colorcito plano a cada loguito de las revistas que están dibujadas. Un detalle, pero que era necesario.

Cuadrito de Los 5 del Plumín


G. C.: El episodio de «El hombre elefante» en Chumbo (que realizás junto a Esteban Podetti) presenta una troupe de circo estrafalaria que desencadena una catarata de chistes. Sus diálogos son notables y sus colores de una delicadeza encantadora. Algo similar ocurre en la historieta en blanco y negro El origen de la CGT de los Argentinostambién con Podetti, que resulta comiquísima porque plantea que el discurso que preparó en esa oportunidad Rodolfo Walsh para Raimundo Ongaro en realidad se lo dictó un plomero que entró por casualidad a su departamento. ¿De qué manera trabajan en dupla? ¿Quién hace el guión y quién lo dibuja? ¿O se turnan? ¿Cómo se produjo esta empatía?

D. P.: Esteban hace los guiones, yo los dibujos. No hicimos nunca una mezcla, excepto en Los 5 locos del plumín, dónde la primera página que existió la dibujó Esteban y yo tomé el diseño de los personajes.
Con Podetti nos conocemos hace años, yo lo admiré en Fierro, luego lo conocí, luego hicimos la revista ¡Suélteme! y fuimos amigos, así que laburamos con cierto entendimiento. Yo creo que siempre estoy lejos de lo que los guiones de él piden, y me esfuerzo por entender cuál es la mejor manera de dibujar lo que es preciso, pero Esteban es un bocho y tiene muy clara la cosa, así que es difícil dibujar sus guiones.
Me resulta sorprendente que tanto en Humor Petiso como en Chumbo llamen la atención los colores, porque la verdad es que de color no sé nada y es la parte del laburo que menos me interesa. A mi me gusta dibujar.



G. C: Me parece que no te dedicaste al dibujo de aventuras para adultos. ¿Estoy en lo cierto? Porque es algo que se da en la historieta argentina contemporánea, sobre todo por parte de los talentos jóvenes. A mi me parece que el relato de aventuras (sea en cine, en novela, en televisión o en historietas) posee una magia que lo mantiene vigente. Hay un libro que pondera esta maravilla: La infancia recuperada, de Fernando Savater. ¿A qué se debe esta actitud –totalmente respetable, por cierto –de desapego hacia el género aventurero?

D. P.: Bueno, con Esteban tratamos de hacer algo. Dibujé unas páginas, pero la verdad es que no me da el cuero para dibujar aventuras como me gustaría que estuviesen dibujadas. El dibujante realista de historietas (Pratt, Del Castillo, Altuna, Enrique Breccia, Mandrafina, Otomo) o quien sea, es para mi un superdotado, un mago, algo a lo que nunca voy a poder acceder. Porque dibujar con un par de fotos es relativamente fácil, pero ya cuando tenés que hacer setenta páginas y rápido, la cosa cambia, ahí no te queda otra que saber. Por otro lado, no puedo dibujar si lo que hago no tiene algo de humor, me aburro, no le encuentro la gracia. Ese es otro de mis límites, lo artístico en el humor y lo realista en las historietas.



G. C.: Entiendo que la historieta para chicos potencia tu veta artística. Eso resulta evidente en Monsterville, con guión de Jorth, en la que se lucen las composiciones abigarradas, la espléndida gama cromática y la creación de personajes y de paisajes deslumbrantes. ¿Te pasó lo mismo ilustrando libros infantiles, por ejemplo con las Superbúsquedas que hiciste con Oche Califa?

D. P.: En Monsterville me puse el desafío de hacer un tipo de historieta humorística clásica, así como europea, aunque la principal influencia fue el Tío Rico de Don Rosa. Y laburé mucho. Recién había nacido mi primera hija y tenía más tiempo para cada cosa que hacía. En general en los laburos en los cuales no se espera de uno que haga arte, o dónde no hay que gustarle a otros dibujantes, sino al lector, yo me siento más relajado, sin tener que demostrarle nada a nadie.
Los libros de Superbúsquedas están bien, pero a medio camino. Después hice cosas muy superiores en eso de las búsquedas, laburando con más tiempo y a conciencia.



G. C.: En Literatura Latinoamericana para principiantes de alguna manera ensayaste un género didáctico ya que tus dibujos completan las explicaciones del texto de Florencia Abatte. Creo que este desafío posibilita un edificante ejercicio de imaginación. ¿Lo ves así?

D. P.: Para serte honesto, todo lo que dibujé ahí es lo que el guión pedía. Los textos vienen con descripciones de qué cosas dibujar, muy puntuales. El dibujante allí es completamente una herramienta de lo que el texto pide. Distinto creo que fue el caso del primer libro de esa colección, el Kafka de Crumb, dónde por fuerza deben haber laburado más a la par con el guionista. Creo que el de Bourroughs que hicieron Langer y Mira es otro ejemplo de un laburo hecho entre los dos mancomunadamente.
Es un libro al que le tengo aprecio porque fue mi primer libro editado después de mucho tiempo. Pero tiene algunos dibujos feos, debería redibujarlos.
Creo que de los libros que hice el que me deja más o menos contento es Correrías del sr. y la sra. Rispo.



G. C.: Algo infaltable en cualquier reportaje es preguntar ¿qué planes tenés para el futuro?

D. P.: No tengo planes. Tengo tres años metido en Autónomos porque me sacaron del monotributo justo ahora que tengo menos laburo que antes, así que los planes son ver como voy a hacer para pagar ganancias cada año sin que me rompan demasiado el traste. Así que un buen plan podría ser laburar en negro durante un tiempo. Tengo dos hijos, una niña de nueve y un pibe de tres, a los cuales deberé alimentar durante los próximos once y quince años cómo mínimo, o sea hasta mis sesenta y un años, con todo amor.

La idea es seguir dándole al parche con Humor Petiso, hacer libros y esas cosas, y todo lo que sea que hacemos hoy día los dibujantes de historieta, como sacar libros e ir a charlas y convenciones y todo eso. Y seguir intentando aferrarme al recuerdo medio nebuloso del tipo que quería aprender a dibujar y a hacer humor, y no pegarme un tiro y permanecer vivo o al menos aparentarlo.