jueves, 21 de marzo de 2019

UN SUPERHÉROE CONTESTARIO (Black Panther, T´Challa, Pantera Negra) Por Germán Cáceres


El hecho de que el filme con actores reales Black Panther (Pantera Negra, EE.UU, 2018), de Ryan Coogle, con guión propio en colaboración con Joe Robert Cole, y protagonizado por Chadwick Boseman, haya recibido no solo elogios de la crítica sino también nominaciones a los Premios Oscar, Globos de Oro y Bafta, ha estimulado a La Duendes  a subir una nota sobre este singular personaje tomando como base su versión en animación incluida en Marvel Comic Knights de la Plataforma Netflix.
Debe recordarse que su origen es un personaje de la historieta creada en 1966 por Stan Lee y Jack Kirby para la Compañía Marvel Comics, y es el primer superhéroe negro de la empresa.


Pantera Negra es T´Challa, el rey del ficticio estado africano de Wakanda, que confía en sus virtudes adquiridas con el entrenamiento físico y su pasión por la ciencia. Lo mismo que Batman y otros superhéroes, carece de súper poderes, que, en cambio, los poseen Supeman  y Spider Man (Hombre Araña).
La serie televisiva que se puede ver en Netflix consta de seis episodios, cada uno de alrededor de veinte minutos de duración. Mark Brook dirigió los capítulos 1, 2, 3, 6 y, junto con Jon Schnepp, los 4 y 5. El guión completo estuvo a cargo de Reginald Hudlin. Los datos de esta serie animada de 2010 se encuentran en IMDb.
Black Panther exhibe, en su esencia, toda la técnica y el espíritu gráfico de la historieta. Y así renace un concepto que proponía Maurice Horn cuando en vez de animación se hablaba de dibujos animados: este arte participa del cine solo en cuanto al soporte técnico, pero su sentido estético está cimentado en las historietas y en el humor gráfico. Más aún, la presente serie hace evocar los antológicos diecisiete cortos de Superman de 1942 de los hermanos Dave y Max Fleicher. Su figuración y sus trazos gruesos y contundentes  – no obstante su modernidad– se enrolan dentro del más puro realismo clásico norteamericano. Y la variada planificación, repleta de angulaciones y de primeros planos, remite al denominado noveno arte.


Wakanda es una nación muy poderosa por su deslumbrante tecnología –que tanto ha hecho avanzar a la farmacología– y la posesión de valiosos minerales, entre ellos el vitronio. En el último episodio el héroe recibe una gran ayuda por parte de Ororo, o sea Storm, la diosa mutante con súper poderes y que mantiene un romance con el protagonista. El Captain America (Capitán América), que fue enviado por su país para investigar qué fuerzas misteriosas convierten al estado africano en una potencia militar, resulta derrotado por Pantera Negra en una pelea cuerpo a cuerpo. Corresponde remarcar que el personaje sigue la tradición de The Phantom (El Fantasma, 1936), de Lee Falk (guión) y Phil Davis (dibujos), en el sentido de convertirse en inmortal porque su papel lo van asumiendo sus sucesivos descendientes. En la Argentina, Toni Torres, siguiendo el mismo modelo, guionó Caballero Rojo (2010), con dibujos de Mariano Navarro y la colaboración de consagrados artistas del género. En Pantera Negra, los reemplazantes surgen de una pelea en un ring entre el titular y un desafiante más joven que logra vencerlo.
El montaje del filme es sumamente dinámico. Excelente el diseño de palacios y mansiones de la curiosa Wakanda, con sus edificios monumentales que contrastan con guerreros semidesnudos. Logradas las abundantes escenas de acción debido a la celeridad que despliegan las imágenes en la pantalla. Una de las mejores es el combate aéreo entre Pantera Negra –al mando de una moto de impresionante velocidad–  y El Caballero Alado, que en determinado momento sobrevuelan los rascacielos de Wakanda. Una tonalidad refulgente –con numerosas armonías monocolor– enriquece esta narración sostenida por un guión creativo y original que además presenta diálogos inteligentes.
En todo momento la Casa Blanca está tramando planes secretos para invadir Wakanda. El último lo dirige un mercenario y asesino belga, Ulysses Klaw, con el apoyo de su propio país y de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Están equipados con armas y elementes de altísimo poder, incluso cuentan con un grupo de zombis.


A lo largo de los seis episodios, tanto Pantera Negra como otros personajes de Wakanda no dejan de enunciar ideales humanísticos y de mencionar que las grandes potencias oprimen y explotan salvajemente a numerosos pueblos. Por tanto, el gobierno y los habitantes del estado africano no están dispuestos a transmitirles sus descubrimientos  científicos, ya que no dudan que serían empleados con propósitos bélicos.
Finalmente la serie se inclina por la ciencia ficción y los efectos especiales, estos últimos tan espléndidos como los realizados en  las películas con actores reales.
Por último, el problema diplomático causado por la frustrada invasión ordenada desde la Casa Blanca es arreglado en una amable conversación telefónica mantenida entre Pantera Negra y el nuevo presidente norteamericano, que es negro y bien podría ser identificado como Obama.


Germán Cáceres


Bibliografía

-Aguilar, Elian, Cine Superheroico. Fan Ediciones, Buenos Aires, 2011.
-Albertoni, Carlos W., Santas Historietas. Catálogos, Buenos Aires, 2004.
 -Black Panther (TV Mini-Series 2010)-https://www.imdb.com/title/tt1441105.
-Cáceres, Germán, Entre dibujos, marionetas y pixeles. La Crujía Ediciones, Buenos
Aires, 2004.
-Cáceres, Germán, Evocando Viñetas 3. La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2017.
-Horn, Maurice (director), The World Encyclopedia of Cartoons. Chelsea House Publishers, New York, 1980.
-Horn, Maurice (director), The World Encyclpedia of Comics. Chelsea  House Publishers, New York, 1976.
-Valenzuela, Andrés, «Muerte y resurrección de los superhéroes».  Página 12, Buenos Aires, 21/01/2019.

lunes, 21 de enero de 2019

EL DEMIURGO CLAUDIO ABOY, por Germán Cáceres


Nació en 1959 en Avellaneda, Pcia. de Buenos Aires.
Es un ilustrador reconocido internacionalmente de imágenes hiperrealistas de amazonas y guerreras que han figurado en las portadas de importantes publicaciones norteamericanas y europeas dedicadas a la ficción para adultos.
Luego de cursar estudios en dibujo artístico y de historietas, se inició profesionalmente en el campo publicitario, trabajando para las principales agencias del país.


Pronto pasó a colaborar en el ámbito editorial en las revistas Noticias, PlayBoy, Conozca Más, Enciclopedia Popular Magazine, entre otras. También realizó marquesinas de teatro, afiches de vía pública y tapas de discos y CDs., como las creadas para el conjunto RataBlanca y otras bandas de Latinoamérica.
A la vez comenzó a trabajar en el rubro de la fantasía, el cómic y más adelante en historietas de superhéroes, llegando a publicar, entre otras, en editoriales y revistas del exterior como Heavy Metal, SQP y DC Comics, en esta última durante tres años.
Ejerció como profesor de ilustración por el término de ocho años en la reconocida escuela de dibujo de Garaycochea.
Últimamente realiza para Lucas Film/Disneypinturas al óleo sobre el universo StarWars.



GERMÁN CÁCERES: Se sabe que tuviste el privilegio de ser alumno de maestros como Oswal (Osvaldo Walter Viola) en historieta y de José Marchi en pintura. ¿Qué podés decir acerca de sus obras y de si repercutieron de alguna manera en la tuya?

CLAUDIO ABOY: Sin duda son dos referentes importantes para mí. Como profesionales, cada uno en su terreno, pero también como docentes. Cuando años después yo tuve la posibilitad de dar clases de ilustración pude valorar aún más los métodos y las formas en que ellos ejercieron la docencia conmigo.
Con Jose Marchi tengo el placer y el privilegio de seguir en contacto.  
G.C.: Claudio, siempre se te hace la misma pregunta, pero no se puede evitar porque algunos lectores de Laduendes pueden desconocerla y ella resulta increíble, propia del humor absurdo. ¿Cómo fue tu primer contacto con Lucas Film/Disney?

C.A.: Como siempre comento, hace aproximadamente dos años recibí un mail de la firma. En ese entonces Lucas Films estaba haciendo una convocatoria a distintos ilustradores de varios países, pero yo no lo sabía. Pensando que se trataba de una broma no le respondí, pero cuando meses de después envié un saludo navideño al contacto (que no sé cómo había quedado registrado) la respuesta y la reiteración de invitarme a participar me percataron del error cometido.
Allí si lo tome en serio, realice un boceto que fue aprobado y luego una pintura al óleo que fue comprada por la firma.   


G.C.: ¿Qué te impactó del maestro jedi Obi-WanKenobi para que fuera tu personaje preferido de la saga StarWars y lo dibujaras para Lucas Film/Disney?

C. A.: Al momento de estrenarse la primer película (episodio 4) yo tenía 18 años y ya era fanático de las artes marciales, y vi en el personaje de Obi-Wan la mezcla perfecta entere samurai y sensei (gran maestro). Creo que por esto se convirtió en mi personaje preferido.

G.C.: El 10/12/17 apareció en La Nación una entrevista a cargo de Damián Damore. Allí revelás que la musa inspiradora para tus ilustraciones de infartantes mujeres guerreras (Batgirl y Catwoman, entre otras) fue la modelo checa Denise Milani. En su momento estudiaron la posibilidad de hacer juntos un libro, pero no prosperó. Ahora que ella cambió de profesión y se dedica al fitness, ¿no podrías replantearle el tema dibujándola a partir de sus fotos en internet? Vi que con su imagen ya compusiste un bello plano americano estilohiperrealista.


C.A.: Si, para mi sorpresa un día Denisse se comunicó conmigo porque se veía reflejada en mis ilustraciones. Lejos de molestarse esto le resultaba halagador, y le propuse hacer un libro retratándola a ella como distintas heroínas, pero un problema legal que en ese entonces tenía con respecto al manejo de su imagen, no lo posibilitó. Creo que hoy en día está totalmente alejada de esa imagen de pin up y seria aún más difícil.

G.C.: En esa entrevista nombrás a Ricardo Villagrán y a Lucho Olivera como historietistas a los que admirás. Aunque vos afirmás allí que no hacés nada parecido a ellos, entiendo que respecto a Lucho te emparentan el carácter monumental de tus trabajos y la gran pasión que sienten ambos por la ciencia ficción. ¿Vos que opinás?

C.A.: Cuando menciono que no hago trabajos parecidos a ellos, solo me refiero a que nunca me dediqué a los interiores de las revistas, solo a las ilustraciones que sirven de portadas. Por supuesto, humildemente comparto con ambos la pasión por el cómic, la fantasía y desde ya la ciencia ficción.  


G.C.: Aparece en tus ilustraciones cierto titanismo que evoca al gran Jack Kirby. ¿Figura también entre tus historietistas preferidos?

C.A.: Si, desde ya, pero cuando me piden nombres de dibujantes que me gustan es un tanto molesto porque inevitablemente voy a dejar sin mencionar a un montón de profesionales que admiro. Siempre menciono que ante todo, yo soy un consumidor de dibujos y por lo tanto el campo de mis admirados es enorme.

G.C.: Hace unas décadas la historieta tenía un espacio laboral más amplio que la ilustración. ¿Qué ha pasado para que en la actualidad aparentemente se esté dando una relación inversa, más allá de la caída de ventas que viene padeciendo el noveno arte?

C.A.: No creo que sea así. Por el contrario muchos de los grandes historietistas de hoy en día se convirtieron también en ilustradores realizando ellos mismos sus propias portadas.
Por otra parte la ilustración, como es lógico, ha mutado con la incorporación del arte digital, el 3D, la composición digital de fotografías y para seguir vigentes muchos dibujantes también hemos tenido que aprender estas técnicas y utilizarlas.


G.C.: El pin-up con los personajes de la exitosa serie televisiva The Walking Dead es digno de un artista de formación académica. ¿Influyeron en vos los pintores y escultores hiperrealistas?

C.A.: Si, puede ser. Desde chico me gusto el realismo. Luego, al dedicarme a la publicidad, el trabajar de manera hiperrealista me abrió fuentes de trabajos.
Por esa época estaban de moda las imágenes realistas de pin up de las portadas de comics para adultos y sin duda eso fue lo que me posibilito los primeros pasos en las editoriales de Usa y Europa.


G.G.: Hay algunos dibujantes y lectores que no comparten las historietas de superhéroes, hasta las rechazan. Pero teniendo en cuenta su éxito actual, sobre todo en la juventud, y dado quesos un experto en el tema ¿qué nos podés decir al respecto?

C.A.: Creo que es una simple cuestión de gusto.
A mi entender no hay porque destruirlas ni ponderarlas exageradamente.
Cuando el producto es bueno es verdaderamente una notable expresión artística, desde el dibujo, el guion y fundamentalmente el correcto ensamble de los dos.
Si bien son el origen de todo el movimiento de convenciones de comics que se está viviendo hoy a nivel internacional, en la actualidad es el cine y las series televisivas las que han dado un revitalizador empuje a los comics. 
Como parte de la industria, pero aún más como fanático vivo el momento con alegría. 

G.C.: Mucho se ha escrito y argumentado sobre el género fantástico: un punto alto lo constituye Teodorov y su famosa Introducción a la literatura fantástica. Sería enriquecedor estar al tanto de tu opinión, ya que conocés el género desde adentro al colaborar para la saga StarWars. 

C.A.: Humildemente, solo puedo responder como dibujante y como fan.
Desvinculado totalmente de cualquier análisis técnico o académico que me superaría, soy de la idea de disfrutar de la fantasía por lo que es, sin análisis, "sin querer descubrir el truco".
En el caso de StarWars no tengo dudas, nunca pretendió ser ciencia ficción, es fantasía pura en muchos casos naif, pero funciona 


G.C.: Siguiendo con esta cuestión tan literaria, en La infancia recuperada Fernando Savater hace una fuerte defensa de los libros de aventuras que leíamos de chicos (Verne, Stevenson, Conan Doyle, etc.). ¿Cómo impacta en vos este retorno al mundo infantil que propone el escritor español?

C.A.: Si bien me encanta Verne, Stevenson y Conan Doyle, entre otros, te confieso que no he leído la obra de Savater, pero te voy a responder con algo muy simplista. Las antiguas historietas de DC Comics que de chico leíamos con mi hermano, nos las compraba una tía teniendo bien en claro que era una manera rápida y directa de introducirnos en el mundo de la lectura.Hoy, yo agregaría que nos aportaba una cuota fundamental de fantasía y un gran estímulo a nuestra imaginación. Valoro mucho todo eso. 



G.C.: Por último, la pregunta inevitable: ¿qué proyectos tenés para el futuro?

C.A.:Seguir dibujando, ensayar e incorporar nuevas técnicas, afianzarme en el trabajo con un par de licencias y tratar de seducir a otras.
Hago lo que me gusta y siempre intento hacerlo mejor.

lunes, 3 de diciembre de 2018

JOSÉ MARÍA CAO LUACES. Un gallego argentino. Por Germán Cáceres


Nació en Cervo, Lugo, Galicia, el 13/12/1862, y falleció en Lanús, Argentina, el 27/1/1916.


En 1886 emigró a nuestro país. Colaboró principalmente en la publicación El Sudamericano, por lo cual fue enviado a prisión durante ocho días (regía el estado de sitio y Roca era el presidente de la nación).

Caricatura de 1901

Caricatura de 1901

En 1887 comenzó a realizar caricaturas en Don Quijote, que motivaron que sufriera persecuciones y se intentara asesinarlo; la revista fue cerrada por el gobierno. Sucede que la caricatura era un arma política poderosa. Según Martín Fernández: “Leandro Alem diría después que la revolución de 1890 la hicieron las caricaturas de Sojo y Cao…” (Eduardo Sojo colaboró juntó a Cao en la nombrada revista). De acuerdo a Fernández, nuestro caricaturista recibió la influencia del eximio dibujante, escultor y pintor de la escuela realista Honoré Daumier (1808-1879). Y señala que su nieto Julio Álvarez Cao fue un notable dibujante y guionista de historietas que publicó en la Editorial Columba.

Caricatura de 1908

Historieta -ilustración de 1911

La emblemática Caras y Caretas había surgido en Uruguay como semanario humorístico en 1890 y fue creada por el español Eustaquio Pellier. Este renuncia y toman a su cargo la dirección de la revista Justo Sixto Álvarez (cuyo seudónimo era Fray Mocho) y el dibujante español Manuel Mayol. Cao participó activamente en ese medio, en el cual introdujo en 1900 la sección «Caricaturas Contemporáneas». Desde 1902 fue el primer director artístico del suplemento del diario La Nación.

Historieta de 1908



Historieta de 1910

En Caras y Caretas denunció a los políticos corruptos. Reflejó, además, la evolución costumbrista nacional. También satirizó a gobernantes extranjeros que actuaron en la Primera Guerra Mundial.

Ilustración de 1908.

En 1912 Cao participó de la fundación de la revista Fray Mocho, bajo la dirección de Carlos Correa Luna, que había ocupado ese cargo en Caras y Caretas.
Entre sus admiradores se destacaba el gran Alfonso R. Castelao (1886-1950), que está considerado como la figura más importante de la cultura gallega del siglo XX.

Ilustración de tapa de 1909

Cao bregó por la refundación del Centro Gallego de Buenos Aires, del que fue nombrado presidente en 1893.
En 1913 trabaja para el diario Crítica y entre 1915 y 1917 en la revista El Hogar.

Ilustración de 1901.

En 2014 el Club de Prensa de Ferrol (Galicia) publica el libro José Cao Luaces. Galego Universal na caricatura, escrito por Julio Neveleff y Siro López Lorenzo.
En la actualidad estamos alejados de las costumbres y de los grandes personajes de su época, pero podemos apreciar en sus trabajos auténticas expresiones plásticas, propias de un orfebre gráfico enraizado culturalmente en el arte pictórico. Debe tenerse en cuenta que cuando residió en Gijón (Asturias) se contactó con el escultor José María López Rodriguez, de quien aprendió técnicas de dibujo y de escultura. No solo se destacaba por su maestría en el color, sino por sus dibujos a lápiz y a pluma. Se puede aseverar que sus caricaturas en blanco y negro con cierta tonalidad sepia poseían rasgos goyescos. 

Ilustración de 1910.

Era un artista de vigorosa personalidad, autor de una obra única. Su grafismo potente, de impactante colorido, se inclinaba hacia las armonías, tanto de carácter cálido como frío, muchas de ellas cercanas al monocolor. No siempre se detenía en las caras de los personajes, sino que con frecuencia representaba sus cuerpos enteros, incluso su ubicación tanto en exteriores como en interiores. Y respecto a la vestimenta era un maestro en plasmar las arrugas de las prendas que llevaban. Hay un sentido artístico en su producción, como se puede apreciar en la caricatura en colores del paisajista Carlos Thays.

Ilustración para calendario, 1908.

Una de las características de sus representaciones era no respetar las proporciones del cuerpo humano. Asimismo, a sus personajes los hacía cabezones y narigones, de desmesurados bigotes y de orejas parecidas a las de los elefantes. Su imaginación para deformar alcanzaba extremos lindantes con el surrealismo.

Exposición de Cao, tras su fallecimiento.

En varios de sus trabajos se observan trazos propios de un historietista. Así, sus sombras proyectadas son manchas maravillosas.
Fue también un gran acuarelista, y en una imagen de un hombre que está en la cama brinda un ejemplo de diseño artístico y de empleo de tonalidades.
Como elogio final cabe refrendar que se lo considera nada menos que el padre de la caricatura política argentina.

Ilustración de tapa, de 1909.



 
Ilustración de tapa, de 1908.

Germán Cáceres

Bibliografía

-arnoldogualino.blogspot.com: José María Cao-Padre de la caricatura argentina.
-Columba, Ramón, Qué es la caricatura. Editorial Columba, Buenos Aires, 1959.
-Gutiérrez, José María, La Historieta Argentina, de la caricatura política a las primeras series. Ediciones Biblioteca Nacional y Página/12, Buenos Aires, 1998.
-https://es.wikipedia.org/wiki/José_María _Cao_Luaces.
-https://www.lavozdegalicia.es: “Cao Luaces, el dibujante de Cervo que elevó la caricatura a la categoría de arte”, por Martín Fernández.
-Neveleff, Julio y Di Lorio, Graciela, La argentina sin careta. Buenos Aires, Fundación OSDE, 2007.

jueves, 18 de octubre de 2018

Drácula en la Argentina (ÁNGEL ABOY) por Germán Cáceres

Aboy en 1956, tomada para la revista Dibujantes. Foto gentileza de Osvaldo Laíno.

Nació el 18 de junio de 1920. Comenzó su vida profesional durante 1954 en Pobre Diablo. Luego colaboró en Loco Lindo, Bomba H, Avivato, El Colegial, Tío Vivo, Tía Vicenta, Rico Tipo, Telecómicos, Patoruzú, Operación Ja-Ja y Can-Can (España). Firmaba como Drácula sus chistes de humor negro (también bautizó así a uno de sus personajes) y, además, los seudónimos de Roxan y (para sus escritos) los de Erik y Adrián. Otros protagonistas de sus tiras fueron Bochito, un niño superdotado, y Adrianita.




Página de Aboy en Tía Vicenta, 1960.


Su mayor fama la adquirió con Drácula, un individuo de figura desagradable, que vestía de negro, tenía poco pelo, orejas largas, abundantes arrugas y su nariz era una especie de pico de ave de rapiña. Este ejemplar provocaba con su malicia desenlaces funestos. Por ejemplo, llevaba un pájaro carpintero a un circo con el fin de que cortara a picotazos uno de los palos que sostenía la cuerda por donde se desplazaba el equilibrista.


Aboy en Patoruzú, 1975.

Pero a veces en la sección de humor negro aparecían personajes anónimos, como el que aparentemente se disponía a socorrer a un suicida que se había colgado de un árbol, pero en lugar de salvarlo tomaba sus piernas para sacudir las ramas de modo que cayeran frutas que recogía para comérselas. En otra tira, dos duelistas mataban a los padrinos y se reían de la humorada. Bajo esta línea mordaz, un chico había matado a su mamá con una flecha disparada desde su arco de juguete; sin embargo, el padre le perdonaba la travesura y solo le aconsejaba tener más cuidado la próxima vez. En otra secuencia de varios cuadritos, un hombre ponía una bomba con mecha en un arbolito de Navidad sin que la mujer –que estaba encendiendo las velitas–  se diera cuenta ni viese que él se disponía a huir hacia la puerta de calle.

Aboy en Patoruzú, 1967.

Aboy era un artista que dibujaba con soltura y cuyo grafismo respondía a la estética de su época. Así, un cuadrito representaba a un grupo de personas tan horribles que terminaba siendo encantador, o sea, a la manera de Oski, transformaba el feísmo en belleza ornamental a través del humor gráfico. Era capaz, además, de diseñar tanto mujeres viejas y con sobrepeso, como chicas jóvenes de silueta estilizada.


Aboy en Patoruzú, 1972.

A veces su sarcasmo era netamente visual, sin textos ni diálogos. Su concepción de la imagen apuntaba a la funcionalidad del chiste. En otras oportunidades se tornaba verbal, pero las conversaciones no se plasmaban en globos, solo señalaban con una mínima línea al personaje que las pronunciaba. También recurría a textos inferiores, como el que mostraba la buena presencia de una mujer obesa porque “Se la advierte desde cualquier distancia”. En una tapa de Patoruzú el peluquero gritaba: “¡San Cayetano me oyó!” y se veía su negocio repleto de individuos barbudos y con el pelo larguísimo. En otra secuencia tres familiares se peleaban por darle un nombre a un recién nacido y, al final, terminaban llamándolo con apodos convencionales: Pupi, Cuchi Cuchi, Pelusita.


Aboy en Patoruzú, 1968.

Algunas de sus ocurrencias eran desopilantes, como la viñeta en que se observaba a una chica embarazada que le estaba diciendo a su madre: “¡Y si vieras, mamita, qué caballero tan fino! Me besó la mano, me dijo: ´Perdón, madame…´y no lo volví a ver”.


En Patoruzú, 1972.

Sus escritos aún deslumbran por el ingenio y su comprensión de la naturaleza humana. Algunos son chistes buenísimos característicos del habla cotidiana. Pero asimismo se encuentran hallazgos como la recomendación para recibir con una gran sonrisa a las visitas, sobre todo a las inesperadas. La receta consiste en pensar que se trata de un inspector impositivo y cuando al abrir la puerta aparece una amistad o un familiar es imposible no reaccionar con alegría.

Ilustrando tapa de Patoruzú, 1974.

Desplegaba continuamente una ironía superlativa, a menudo con una intensidad feroz. Está muy lograda la nota «La mujer que trabaja»: los empleados proponían que una linda compañera los representara para pedir aumento. Y uno de ellos opinaba: “Yo creo que no va a resultar. Porque si bien es cierto que el jefe a ella no le puede negar nada, ella al jefe, sí.”

Original de Aboy, con indicaciones para su publicación en revista Patoruzú.

En «La pilcha» mostraba con agudeza cómo en los años setenta las mujeres y los hombres que orillaban los cincuenta se ponían neuróticos como en los tiempos que corren al tomar conciencia de que se alejaban de ese divino tesoro que es la juventud. Sus crisis las volcaban en las dudas filosóficas que urdían respecto a la vestimenta adecuada para quitarse años. Este artículo está acompañado por un chiste gráfico que presenta a un tipo que lleva una camisa con un extravagante estampado, mientras un amigo le pide cáusticamente: “Andá, prestámela que hoy tengo que hacer un papelón…”
La superlativa obra de Ángel Aboy constituye un valioso aporte a la historia del humor argentino, tanto gráfico como escrito.
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Germán Cáceres



La siguientes es una entrevista que le realizó Osvaldo Laíno para la revista Dibujantes, que se publicó en el número 20 de marzo/abril de 1956.


Gentileza de Osvaldo Laino.


Bibliografía

-Dibujantes, abril de 1956, Nº 20.
-http://siulnas-historiador.blogspot.com/2011/05/un-día-como-el.html.
-https://www.tebeoesfera.com/autores/aboy_angel.html.
-https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-174002-2011-0., «El regreso del Sr. Cateura», por Juan Sasturain.
-Siulnas, Diccionario del humor gráfico argentino (inédito), Archivo de historietas y de humor gráfico de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.
-www.museodeldibujo.com/obras_maestras/artistas.php?ida=1&a=aboy-angel.