martes, 7 de abril de 2009

Recuerdos comiqueros: Skorpio

Ediciones Record y Skorpio
Panorama de una historia

Por Alejandro Aguado

En la década del ’70, la gran novedad de la historieta argentina vino de la mano de editorial Record. El nacimiento en 1974 de su revista Skorpio representó la apertura de un nuevo espacio donde se comenzaron a canalizar a grandes autores nacionales, con series y personajes que se transformarían en clásicos de la historieta. La propuesta amplió el panorama del mercado de las revistas de historietas para adultos, el que por entonces estaba por monopolizar editorial Columba (El Tony, Fantasía, D`Artagnan, etc). Atrás había quedado la llamada “época de oro de la historieta argentina”, y Skorpio trataba de recuperar algo de aquel espíritu, adoptando una visión revisionista por medio de la edición de álbumes compilatorios. Reeditaron en formato libro, bajo las series “de oro” y “coleccionistas” algunos en ediciones de lujo, obras de José Luis Salinas, Pratt, Breccia, Del Castillo, Solano López, etc. Se leían como si fueran trabajos nuevos, pese al tiempo transcurrido desde su publicación original.
En los ‘70 la historieta debía competir con la televisión, que se encontraba en pleno auge, y la proliferación en los quioscos de revistas, con publicaciones mexicanas de historietas, que presentaban material de sindicatos norteamericanos. Las nuevas opciones de entretenimiento, como era básicamente considerada la historieta por aquellos años, provocaron el cierre de dos colosos de la historieta nacional: Rico Tipo (1973) y Patoruzú –formato tabloide- (1977).

Aunque Record y Columba, tenían en común que respondían a un sistema industrializado de producción de historietas, temáticamente volcado hacia la aventura, se diferenciaban en varios puntos. Record nació ligada a una publicación italiana, donde se republicaba todo el material. Ello le permitía una solvencia económica que no la llevaba a depender únicamente de las ventas en Argentina. Dicho esquema, que mantuvo hasta su cierre en los años 90, fue el que lo sostuvo económicamente durante años.
La reventa del material en Europa, permitía que no se priorizara la cantidad por sobre la calidad, con lo cual los autores le podían dedicar más tiempo de elaboración a sus trabajos. Por su parte, Columba, para sostener su maquinaría productiva, apuntaba a la cantidad, a una constante y renovada presencia en los quioscos de revistas. Skorpio le permitía a su staff de colaboradores una mayor libertad creativa y trabajar con dibujos más personales, comparado con los rígidos esquemas utilizados en editorial Columba. Recuperó a grandes talentos que andaban dispersos, muchos en una etapa de madurez creativa: Juan Zanotto, Hugo Pratt, Arturo del Castillo, Roume, José Luis Salinas, Alberto y Enrique Breccia, Oesterheld, Solano López, Lito Fernández, Lucho Olivera, Ernesto García Seijas, Horacio Lalia, y varios guionistas que son los que aportaron las principales tramas: Eugenio Zappietro (Ray Collins), Carlos Albiac y Alfredo Grassi.




En poco tiempo, gracias a la buena repercusión entre lectores y las reventas de material en Italia, el proyecto editorial dio lugar a nuevos títulos: Tit Bits, Corto Maltés, Pif Paf y Skorpio Extra. Sin embargo, dichas publicaciones no lograron sostener una calidad homogénea, como Skorpio, la publicación madre. Gran parte del material que presentaban dichas revistas, tal vez a excepción de Skorpio Extra, era de lo que podría llamarse “de relleno”: una o dos series con guiones y dibujos elaborados, y material para completar 80 o 90 páginas, o bien con material extranjero de agencias. Hacia fines de la década del 70 se sumaron varios guionistas, como Carlos Trillo, Ricardo Barreiro y Guillermo Saccomanno, quienes realizaron algunas de las más recordadas series de la revista Skorpio. Para entonces en el staff se contaban los dibujantes Cacho Madrafina, Gustavo Trigo, Carlos Casalla, Juan Giménez, etc.


Trillo y Saccomano, a su vez, escribían “El club de la historieta”, una sección dedicada a la historieta argentina a lo largo del tiempo. Los textos posteriormente fueron recopilados en libro, con modificaciones, para dar lugar al libro “Historia de la Historieta”. Fue un trabajo precursor, en la hasta entonces muy escasa bibliografía referida a la historieta nacional.
Dicho espacio, a mediados de 1982 lo heredó el guionista Alfredo Grassi, al que sumó la sección “Asi los conozco”, esta última dedicada a repasar la trayectoria de autores del género. Por las páginas de Skorpio transitaron series como Corto Maltés, Precinto 56, Henga y Hor, Bárbara, As de Pique, Nekrodamus, Loco Sexton, El Eternauta, El Condenado, Alvar Mayor, El Peregrino de las Estrellas, etc





Cambios
Cuando apareció Fierro en 1984, Skorpio, que era la que por entonces publicaba parte de los trabajos de mayor calidad gráfica, quedó “vieja”. Skorpio aún giraba en torno a la fórmula de aventuras clásicas con la que se había iniciado 10 años atrás.
Fierro presentaba lo mejor del material extranjero de la época, rescataba historietas de autores nacionales que, por su temática y tratamiento gráfico no pasaban el filtro de la censura imperante durante la por entonces reciente Dictadura militar y se abría a nuevas propuestas estéticas, experimentales. Asimismo, Fierro abordaba temas “fuertes” de la historia nacional, lejana en el tiempo y reciente, y fomentaba el debate y participación de los lectores.
La diferencia entre ambas se evidenciaba a primera vista desde las ilustraciones de las tapas. Mientras Skorpio mantenía ilustraciones que eran colages coloreados con acuarela de alguna historieta del interior de la revista, Fierro sacudía con una estética impactante, de la mano del ilustrador Chichoni; hoy ícono de la estética “fierrera” de los 80.




Skorpio, en cierto modo empujado por los lectores que lo requerían a través del “correo de lectores”, se vio empujada a introducir cambios, a tratar de adaptarse a los nuevos tiempos. A fines de los 80 sumó una sección de noticias y notas sobre historieta y autores, a cargo de Diego Accorsi, al que posteriormente se sumaría Andrés Accorsi, durante al menos cuatro años.
Las tapas comenzaron a presentar una estética emparentada a Fierro, con la fórmula: máquinas, hierros y mujeres desprovistas de ropa. Eduardo Santellán, quien también realizaba tapas para Fierro, se transformó en el principal protagonista de las portadas de esta nueva etapa. En el plano de las historietas, se dio lugar a nuevos autores que ya contaban con cierta trayectoria, entre los que se destacaron Rubén Meriggi y un consagrado Enrique Alcatena, con un dibujo sumamente personal, por momentos cercano al barroco y de exuberante imaginario. En 1991 promovieron un concurso en busca de nuevos talentos, que no tuvo la fuerza ni el impacto del organizado por Fierro años antes. Los seleccionados fueron publicados en contadas veces. En el plano temático, la revista se mantuvo dentro de la aventura clásica. Realizó cambios de forma, sin moverse de su tradición.



Durante los años 1990-1991, la editorial protagonizó una especie de resurgimiento. Por un lado trató de competirle a Fierro publicando un nuevo título: El Tajo. A la nueva publicación la integraban series de autores que se habían abierto camino en Fierro, como los talentosos Pez, Ignacio Noe o Santellán, y algunos extranjeros ampliamente conocidos, como Moebius y Richard Corben. Pese a ello la propuesta no gozó de la aceptación de los lectores como para sostenerla en el tiempo y cerró en el número diez.


También se volvieron a publicar algunos números de la revista Tit Bits y editaron en formato álbumes algunas series previamente publicadas en la revista, ya sea como libros o en fascículos. Los llamaban “suplementos” y se rescataron grandes series: “Alvar Mayor”, de Trillo y Enrique Breccia, “Bárbara” de Zanotto y Barreiro, “Tagh” de Alfredo Grassi y Zanotto, “Yo ciborg” de Grassi y Lucho Olivera, “Henga y Hor” de Shnell – Navarro y Zanotto, “Nueva York año cero”, de Barreiro y Zanotto, “El Cimarrón” de Barreiro – Dose y de la dupla Barreiro-Alcatena los títulos ”El Mago”, “La fortaleza móvil” y “El mundo subterráneo”. También volvieron a reeditar en formato libro, ahora en blanco y negro, “El Eternauta II”.
Aquellos años también coincidieron con una abundante oferta de revistas nacionales de historietas. Además de Fierro y editorial Columba, se contaba Meridiana y sus revistas Puertitas, Puertitas Sexy y sus álbumes. Antes que ser competencia, Meridiana era un complemento, ya que el material que presentaba tenía poca relación con Fierro y Skorpio.



Hacia 1992 el resurgir de Record se apagó y sólo continuó publicando Skorpio. La revista no volvió a introducir grandes cambios, a excepción de publicar nuevamente en 1993 “El eternauta II”, ahora como parte de la publicación.
Una característica de Record respecto de su staff, fue que entre el primero los últimos números mantuvo de forma permanente a una serie de autores: Zanotto, Lalia, Enrique Breccia, Lucho Olivera y desde su incorporación, a Meriggi y Alcatena.
Al estar atada a la reventa de su material en Italia, Record quizás no pudo o no quiso introducir mayores cambios, ya que el mercado Europeo era el que le permitía sostenerse económicamente. Un cambio abrupto le hubiese supuesto perder el mercado exterior. Sumado a ello la entrada indiscriminada de publicaciones extranjeras en el mercado nacional y un profundo cambio, una fragmentación, en el gusto de los lectores de historietas, la revista se vio forzada a cerrar sus puertas en enero de 1996. Así concluían casi 22 años de historia.




Recuerdos y legado
Hoy el recuerdo de editorial Record y su emblemática Skorpio, se ve un tanto ensombrecido por factores que exceden al plano estricto de las historietas. Con el correr de los años se hizo pública la larga disputa entre la editorial y los herederos de Oesterheld y Solano López por los derechos sobre El Eternauta, lo que impidió durante años que el personaje fuera continuado. Como así también a los editores les permitió seguir obteniendo dividendos, por medio de reediciones del mayor clásico de la historieta nacional. También hoy es de conocimiento público que la editorial revendía en Europa gran parte del material sin pagar a sus autores. Es decir, les pagaba por publicar en sus revistas, en Argentina, pero no por lo que se publicaba en el exterior.
Pese a ello, Skorpio fue una gran revista que, con sus altibajos, presentó a grandes autores y obras que hoy forman patrimonio de la historieta nacional. Aunque su línea editorial se pueda creer extinta con el cierre de sus revistas, continúa viva en Italia, donde publican la mayoría de los autores que integraban su staff. Hoy es una línea gráfica casi invisibilizada en el país, pero que sigue viva.
Como fuente laboral, Skorpio resultó muy significativa, en particular para una serie de autores que formaron parte de su staff estable a lo largo de toda su historia. Del mismo modo, a varios autores les sirvió para dar sus primeros pasos o formarse un nombre como “profesionales”.

Fuentes:
revista Skorpio.
De Santis, Pablo. 1992. Historieta y política en los `80. Edic, Letra Buena, Bs. As.
De Santis Pablo. 1998. La historieta en la edad de la razón. Paidós, Bs. As.
Gociol, Judith; Rosemberg, Diego. 2003. La historieta argentina. Una historia. Ediciones de la Flor, Bs. As.
Sasturain, Juan. 1995. El domicilio de la aventura. Colihue, Bs. As.
Scolari, Carlos. 1999. Historietas para sobrevivientes. Comic y cultura de masas en los años 80. Colihue, Bs As.

2 comentarios:

Victor Hugo Rotaheche dijo...

A fines de los 90 hubo un intento de resurgir Skorpio incluyendo historietas como "la mascara espectral", y capítulos ineditos a color de Nippur de lagash dibujados por Sergio Ibañez.

Victor Hugo Rotaheche dijo...

Muy buena nota!! En la ultima decada de los 90` creo, salieron varios numeros como intento de reflotar Skorpio, en las que se incluian historietas como "La mascara Espectral". "Nippur de Lagash" (De Robin Wood y Sergio Ibañez)..entre otras. Saludos!!