jueves, 18 de noviembre de 2010

Entrevista: Jorge Morhain (primera parte)

Jorge Morhain es uno de los grandes guionistas de la historieta argentina. Comenzó su carrera en 1960 y desde entonces publicó en los medios más importantes dedicados a la historieta. Aunque trabaja todo tipo de géneros, sus textos dieron contenido a exitosos y recordados personajes del gauchesco, como Martín Toro, Cabo Savino, Pehuén Curá, etc.
En esta entrevista, Morhain cuenta con lujo de detalles el modo de trabajo en las extintas editoriales Columba y Record, su modo de trabajo, su colaboración con los grandes nombres del dibujo nacional –los valorizados y los relegados de las valorizaciones- o expone su amplia visión sobre la historieta argentina, exponiendo y analizando sus fortalezas y falencias. El suyo es un testimonio que aporta otra mirada, la que hace pensar la historieta desde otra perspectiva, necesaria, amplia.

A contnuación la primera parte
Por A. Aguado


Morhain y Massaroli (foto de Massaroli)

Lugar de nacimiento, edad, residencia
Ciudad de Buenos Aires, 68, Máximo Paz (Provincia de Buenos Aires)

¿De dónde el gusto por la historieta, a qué edad y por medio de qué lecturas?
Oesterheld
. Oesterheld. Oesterheld. Tenía 5 ó 6 años y ya leía Bolsillitos, y buena parte escribió Héctor Germán Oesterheld. Luego leí Gatito, y El Diario de mi Amiga. De Oesterheld. Luego compré Más Allá, donde casi todas las notas nacionales, las al pie, etc., y quién sabe cuánto más ("lo hacía casi todo", dijo don Boris Spivacow) eran de HGO. Luego cambié los libritos de Marcial Estefanía por los de HGO. Luego leí sus historietas en Hora Cero y Frontera. Y ahí, a los 13, decidí a qué me iba a dedicar en la vida: a tratar de escribir como ese hombre. Cuando fui ganando un manguito (porque éramos MUY pobres), y sobre todo camino de la secundaria, me compraba Tarzán de Editorial Tor, y luego la serie mayor de Tor, con Féval, Dumas, Scott, Haggard. Siempre fui estimulado, desde la primaria. Y siempre confundían mi habilidad con el dibujo con mi habilidad con la palabra. Aún ahora. Y, sí, un día Oesterheld me firmó un libro de El Eternautaal colega y amigo”. ¿Ven por qué lagrimeo?

¿Cuándo comenzó escribir guiones?
A los once, creo, hice el guión de "El Capitán Sagitario", publicado en un pre-fanzine (calcado con carbónico) para la barra del barrio, en Máximo Paz. En 1971 lo reharía para "El Clan de McPerro".


Martín Toro, con dibujos de Magallanes, en El Tony.

¿Cuándo comenzó a publicar y en qué medio? ¿Cómo se dio la posibilidad de publicar?
1960, 18 años, en Gente Joven, como se llamaba entonces la editorial de José Alegre Asmar (luego sería MOPASA, Tynset y otros nombres) La revista era "Cascos de Acero", dirigida primero por Andrés Cascioli, luego por Roberto Giormenti, y más tarde por Mut Ribas. Paré entre 1968 y 1970. Y dejé de vender guiones regularmente en enero de 2002.

Uno de los lugares donde publicó fue en la mítica y breve Turay, con la serie "Manuscritos Apócrifos de la Conquista" ¿cómo se dio la posibilidad y cómo fue publicar allí?
Conocí a Enrique Meier, en alguna de esas editoriales chicas que frecuentaba, y me propuso ayudarlo para editar una revista en cooperativa, avalado por la editorial de Julio Korn. Meier quería un nombre nativo, de fuerte significado, y también que rastrease manuscritos antiguos para tomar modelos de letras para el título. Me fui a la Biblioteca Nacional (considérese que no existía Internet, que hoy me acaba de refrescar el nombre de Enrique), y busqué en muchos libros hasta encontrar "hermano", "Turay", que le propuse entre otros nombres. Luego fui al fichero de incunables y empecé a buscar algún manuscrito. Entre las fichas encontré una cuyo autor era Abdul Al-Azred, y se llamaba "Necronomicón". Juro que el corazón me dio un salto. Y ese día estaba muy ocupado, no podía pedirlo. Fui al mostrador del referencista y le dije "¡Acá tienen el Necronomicón, ¿sabías?!" Me respondió "¿Y eso qué es?" El referencista. De la Biblioteca Nacional. Me fui, frustrado. Bastante tiempo después pude volver, y, ávido, acompañado de Meier, fui al fichero de incunables. La ficha no estaba. Y, desde luego, nadie sabía que hubiera existido, por la sencilla razón de que nadie tenía idea de lo que era. Esto parece una historia bonita, para dar "color". Pero YO TUVE LA FICHA ENTRE MIS MANOS. Qué pasó. Ah, pregúntenle a Lovecraft. Yo, en realidad, le hubiera preguntado al conocido travieso Jorge Luis Borges, que SÍ sabía lo que era, y que fue director de esa biblioteca.
Un poco a consecuencia de esas investigaciones y otra de que me gustaba recorrer librerías de viejo donde había conseguido un antiquísimo y amarillo libro de Enrique De Gandía sobre mitos de la conquista americana, que estaba buenísimo. Le propuse a Enrique un personaje que, justamente, presentara esos mitos de la conquista, pero como nuevas investigaciones que echaban luz sobre aspectos inquietantes, pero que los expertos habían declarado "apócrifos". De allí y de De Gandía surgió, en primer lugar, el supuesto relato del grumete de Colón, que presentaba varias teorías sobre viajes anteriores del Almirante. El segundo episodio, que por un error apareció a nombre de Diax, era más obvio: la historia de un chasqui que corría por el camino del Inca para cubrir el tesoro de Atahualpa. Los episodios siguientes hablaban de las Siete Ciudades de Cibola, del patagón que encontrara Magallanes, de la Ciudad de los Césares. Pero la revista duró cuatro números. También publique allí algunos relatos de ciencia-ficción



Krantz, con dibujos de Horacio Lalia, en la revista Skorpio

¿Cómo se dio la posibilidad de ingresar a Columba?
Mi forma de empezar a trabajar en las historietas fue tomar las direcciones de las revistas en los quioscos e ir a las editoriales. Así como estuve en Frontera donde, obviamente, fui rechazado, también estuve en Columba. Allí me dieron las instrucciones para los guionistas, que tenían impresas, y llegue a publicar dos guiones, ilustrados por Vogt y Altuna. Entre 1968 y 1970 no hice historietas. En 1970 me recomendó Eugenio Zoppi y ya no abandone el editorial hasta su cierre, en 1994.


¿Cómo era la forma de trabajo en Columba?
Columba era una productora industrial de historietas. A lo largo de los casi 90 años de vida había desarrollado un método muy aceitado. Entregaban a los guionistas, como dije, una cartilla con las instrucciones, que iban desde consejos comunes, como respetar la concordancia, colocar tres puntos y no 25, etcétera., hasta consejos sobre censura y temática, como lenguaje “normal”, restricciones en sexo, etcétera. Las otras restricciones eran verbales. El guionista presentaba su trabajo, en hojas que ellos mismos facilitaban, con el esquema de presentación de guión, que también se incluía en la cartilla. Ese guión era leído por el personal de lectura, encabezado por Jorge Vasallo, más conocido por los lectores como Balbastro. Este era el paso principal de toda historieta.
Columba publicaba historias. “Historias” quiere decir relatos coherentes, armados de acuerdo a las reglas de la cuentística, que presentasen siempre una "vuelta de tuerca", algo inesperado, un giro curioso, etcétera, dentro de los relatos comunes. La teoría de la empresa era que el lector debía llevarse por su dinero un paquete de historias que lo entretuviesen la mayor cantidad de tiempo posible (menos de un mes, claro, para adquirir la revista siguiente) Una vez aprobado el guión, que podía pasar por varias correcciones antes (siempre a cargo del guionista), iba a un archivo. Luego otro departamento decidía las necesidades de historietas terminadas, porque las revistas estaban perfectamente balanceadas en géneros y contenido de las historias. En base al tipo de guión, y a la calidad del escritor, se elegía el dibujante, absolutamente apartado de toda opinión del guionista, salvo casos excepcionales. A los dibujantes se le entregaba el guión, y otro departamento controlaba el dibujo. Pero en realidad sin poner demasiado énfasis en ese control, puesto que lo importante era la historia "contada".
Siempre fueron reacios a decir que se hacían" historietas", y se publicitaban como, " historias ilustradas", O " novelas gráficas". Desde luego, había historias que interesaban mucho a los directivos, sobre todo porque les gustaban como lectores, y éstas tenían generalmente dibujos cuidados. Aún así, no me consta que se controlase demasiado a los dibujantes. El hecho es que tanto de dibujantes como los guionistas preferidos, como Robin Wood, cobraban MUY bien, de modo que trabajaban BIEN. Luego había un equipo de letristas, a máquina. En un principio se hacían las letras con máquina de escribir común, luego, con máquina de escribir eléctrica, y, finalmente, por computadora. El resultado era siempre un enchastre bastante desastroso. La empresa tenía su propia imprenta, y su propia distribución. Esta abarcaba toda la Argentina y Latinoamérica.


Pehuén Curá, con dibujos de Castro, en revista D`Artagnan, 1986.

¿Cuántos guiones realizaba por mes para Columba, cuánto fue el máximo de series que realizó por mes?
Para poder " sobrevivir" tenía que tratar de llegar a diez guiones por mes. Generalmente hacía cinco o seis, pero trabajaba en varios otros lugares. También hacía para Columba muchas traducciones, casi todas del inglés, y unas pocas del francés. Mi récord fue, entre guiones y traducciones, de 60 en un mes. Tuve hasta dos chicas pasando a máquina mis trabajos grabados.

¿Usted realizó los guiones de varios personajes míticos, como El Cabo Savino, Martín Toro, Pehuén Curá, etc. ¿Cómo fue realizar los guiones, se lo sentía como una responsabilidad?
Absolutamente. Si bien ninguno de los tres eran personajes míos, tanto éstos como cualquier otra cosa que hice en mi vida la tomé con absoluta seriedad y responsabilidad. Investigué muchísimo, tengo una biblioteca de historia y temas gauchescos e indígenas. Me ayudaron también mis otros estudios: soy maestro, bibliotecario y museólogo. Y tengo un master en Cultura Argentina. Por otra parte, cada vez que me daban un personaje Investigaba su historia anterior. Así hice con el Cabo Savino, personaje de Carlos Casalla que había sido (y es) guionado por mucha gente, profesionales, o escritores conocidos de "Chingolo". Martín Toro fue más fácil, porque era un personaje "calcado" de Savino. En lo que hace a Pehuén Curá, el trabajo previo a mi intervención fue grandioso. Los guiones de Julio Álvarez Cao y los dibujos de Juan Arancio crearon una historia extraordinaria. Me habían dado la historia completa, publicada, y se la presté a un dibujante, error imperdonable. Julio Álvarez era amigo de la familia Columba, por su padre. De modo que sus guiones "estaban bien": nadie se los leía, se aceptaban como venían. Cuando tomé la historia, que dibujó Juan A. Castro, seguí los lineamientos de la ficción original. Hasta que presenté un episodio donde Juan Manuel de Rosas trataba a Pehuén de vos, y hacía algunas chanzas. Fui "reprendido" por Vasallo, que me preguntó si estaba loco. En el ejército, me dijo, nadie se tutea con el jefe. Le expliqué que tal como lo había puesto Julio, el personaje era un miliciano, del pago de San Miguel del Monte, y que Don Juan Manuel tenía un trato de patrón de estancia, de mucha confianza, unas de las razones de la adhesión incondicional de su gente. En el argumento original de Julio, Curá se quejaba a Rosas de que los milicianos lo maltrataban porque al ser baqueano tenía más libertades, y Don Juan Manuel le dijo “desde hoy sos teniente”. Y quedó teniente. Vasallo me dijo que no importaba. Que el teniente Asensio del Pino (Pehuén Curá) tenía que haber llegado a ese grado como militar de carrera (!), y que en lo futuro me ateniense al "sí señor, no señor". Esa clase de confusiones risibles eran comunes en Columba, como cuando me obligaron a ponerle "General" a San Martín en una historia que sucedía en Mendoza, antes del Cruce de los Andes, cuando San Martín aún era Coronel. Pero hay un punto para aclarar. Cualquiera de estos personajes, cualquier personaje de Columba, por más histórico, por más documentado que fuera, era una visión parcial y lavada de la realidad. Nunca puede describir, en las primeras épocas de Columba (como sí hice en su última época en el personaje "Gualicho") las injusticias, la corrupción, las torturas, la discriminación, el desprecio, los rebusques, las agachada, la angustia, el desprecio, la mezquindad, la corrupción, la explotación, la traición… En fin, la realidad de esos gauchos esclavos del ejército, peleando contra los verdaderos dueños de la tierra, por oscuros y desconocidos mandatos detrás de los cuales estaban, por cierto los poderosos y los extranjeros.


Historieta con dibujos de Balbi, en Skorpio 69, 1981.

¿Cómo definiría la personalidad de cada uno de esos personajes?
La primera gran emoción que me produjeron estos personajes fue en una reunión en Paraná, por un tema ajeno, como Museos, cuando, en una charla de café, un fan del cabo Savino me describió como era: un hombre sencillo, de pueblo, de ideas claras, solidario, abierto y generoso con todos. En absoluto subido a su rango, ni a su condición de militar. Me emocionó, porque estaba describiendo mi propia forma de pensar. De modo que mis gauchos, más allá de sus historias anteriores o posteriores, eran eso: yo. Y creo que además esa “forma de ser” estaba en el espíritu de Casalla, y de Julio Álvarez. De Toro no hablo, porque, ya dije, era una copia. Pero, cierto, uno pone todo de sí. Y uno tiene una ideología, a manera de ver el mundo. Y eso pasa, se transmite entrelíneas. Por más censura, por más disfraz, está allí. Hay que saber verlo, o ni eso: sentirlo.



El cabo Savino, en versión dibujada por Furlino, revista Fantasía.

¿Con cuántos dibujantes trabajó para realizar esas series, los elegía o eran sugeridos por la editorial? ¿La forma de trabajo con cada uno de ellos era la misma o diferente?
Empecé a hacer gauchos directamente para Carlos Casalla. Luego me dieron Martín Toro, que había guionado Sergio Almendro, e ilustraba (muy mal) un tal Reler. Después Casalla decidió dejar de dibujar a Savino (y a Álamo Jim, que estaba las mismas condiciones) y lo hizo Horacio Merel, y Rubén Furlino. Lo mismo pasó con Martín Toro. Pehuén Curá vino con Juan Castro incluido. Y en la última época lo tomó Ascanio. Lo decidía la editorial. Y yo para todos trabajaba igual. Excepto en la época n que me dibujaba Reler: allí tenía que sobreabundar en textos y descripciones, porque Reler NO dibujaba NADA. Sólo caritas mal hechas.


Pehuén Curá, con dibujos de Ascanio

Continúa la próxima semana