jueves, 24 de marzo de 2011

Arturo del Castillo

Por Germán Cáceres

Nació en 1925 en Concepción, Chile, con el nombre de Arturo Pérez del Castillo, pero luego abandonó el apellido paterno, y falleció en Buenos Aires en 1992.

Fue un grande de la historieta, y tal vez la mejor manera de empezar a abordar sus creaciones sea mencionando una afirmación concluyente de Juan Sasturain: “uno de los artistas más exquisitos de la historieta universal (me hago cargo)”.



Arturo del Castillo tras recibir el premio Yellow Kid, en Italia, a principios de los años 80. El premio, por entonces, era considerado el "Oscar" de la historieta.

En 1948, empujado por su hermano Jorge –que también era dibujante- se trasladó a la Argentina y comenzó a trabajar como letrista en Columba; después pasó a adaptar novelas clásicas en la revista Intervalo de esa misma editorial. Allí descuella su versión de El hombre que ríe, de Víctor Hugo, que tanto elogios cosechó en el país y en Europa. En esa línea, a fines de los cincuenta, emprende para la Fleetway inglesa Los tres mosqueteros y El hombre de la máscara de hierro, ambas de Alejandro Dumas. Se trata de empresas mayúsculas, en los que Del Castillo se entregaba por entero con el propósito de concretar obras de arte. Sus viñetas desbordan en detalles preciosistas y en recursos gráficos, que lo sitúan al nivel de ilustradores de la talla de Frederic Remington (colaborador de Collier´s y Harper´s), Anders Zorn, Howard Pyle, Charles Dana Gibson, Norman Rockwell –artista oficial de The Saturday Evening Post-, James Montgorey Flagg y John H. Crosman (ambos publicaron en Collier´s y The Saturday Evening Post).



Delegación argentina en el festival de Lucca, Italia. De pie: Marcchionne, Cataldo, Mandrafina, Zanotto, Macagno, E. Breccia, Trigo, Juan Gimenez y Zerboni. Sentados: Caloi, Fontanarrosa, Solano López y Del Castillo.

En 1957, para la revista Hora Cero Semanal, de Editorial Frontera, inició un vínculo fecundo con el gran Héctor Germán Oesterheld, que guionó Randall, the killer, un western en el cual Del Castillo brilló con su arte y concretó tal vez su título más famoso, a la vez que se erigió en uno de los mayores dibujantes del mundo en temas del Oeste norteamericano. En esta historieta en blanco y negro –como casi todas las de Del Castillo- podemos encontrar paisajes de inusual calidad compositiva sólo insinuados con algunas líneas, que contrastan con la figura detallada del héroe montado a caballo. Es notoria la fuerte presencia del lenguaje cinematográfico, como el de John Ford, en especial a partir del registro de los perfiles de cowboys que observan a duelistas en una calle de tierra frente a un saloon. En los interiores –como la oficina del sheriff- diseña a la perfección el mobiliario (sigue)


Publicidad de la mítica Escuela Panamericana de Arte, dibujada por Del Castillo y publicada en la revista Patoruzito en 1961.

Además, resulta significativa su condición de retratista, pues cada personaje posee rasgos distintivos y gestos y arrugas particulares. Hay inesperados efectos de luces y sombras, como por ejemplo el fulgor de los disparos, un recurso mediante el cual el oficio y el talento del dibujante potencian la belleza plástica. Las peleas cuerpo a cuerpo muestran ritmo y convicción ya que las trompadas parecen querer desprenderse de los cuadritos. Otros eximios recursos son el grisado, las tramas y el uso magistral de la pluma. Su capacidad para representar la figura humana le permite dotar a sus criaturas de movimientos y poses expresivas. Y para plasmar esta estética abarcadora recurre a todos los planos.


Loco Sexton, con guión de Oesterheld, episodio publicado en Skorpio libro de oro 5, 1979.

Los historietistas que desarrollaron un realismo estilo ilustración e influyeron decisivamente en su obra fueron Harold Foster con su Príncipe Valiente (1937) y Frank Godwin con Connie (1927) y Rusty Riley (1948). Para Oscar Masotta, nuestro artista “combina las napas de líneas y el rayado de Godwin y Dana Gibson con tupidos enrejados que figuran grises que se contraponen a violentos blancos”. Y no se puede dejar de citar entre sus modelos a uno de los grandes de todos los tiempos: José Luis Salinas.




Ilustraciones de Del Castillo, de ejemplos de modos y técnicas del dibujo, realizados para el libro Técnica de la Historieta, editado por la Escuela Panamericana de Arte en 1967. Se trata de uno de esos libros claves en la historia de la historieta.

Randall es un duro y un solitario que sufrió la muerte de su amada Martine. Persigue a pistoleros y es astuto y observador. En determinado momento, se intentó (imitando la maniobra que procuró en vano realizar Conan Doyle con Sherlock Holmes) matar al justiciero, pero la reacción del público lector no se lo permitió. Oesterheld hablaba de “ese gran personaje que nadie aprovecha del todo que es la muerte”, por cuanto si se elimina a alguien importante, paradójicamente la narración da un giro revitalizador. Esta historieta se publicó también con el nombre de Don Rover y en Inglaterra se la conoció como Ringo.



Episodio de Garret, con guion de Ray Collins, publicado en Skorpio extra 3, 1978.

En 1961, dibuja Sharon, la primera vaquera de la historieta argentina, y en 1962, con guión de Ray Collins, nace Garrett, el Montaraz, otro cowboy que padece la soledad y busca justicia. Hay en esta saga mucha violencia, y descuella Del Castillo con sus aplicaciones de manchas negras, que no tienen nada que envidiar al Steve Canyon (1947) del maestro Milton Caniff.

En 1964 comienza a dibujar para Europa (sobre todo Italia y España) Ralph Kendall, otro western. En el episodio “Sheriff se necesita” solucionó el problema de los numerosos globos que podrían saturar las viñetas limitándose a colocar lúcidos primeros planos, planos medios y americanos.





Ilustraciones realizadas por Del Castillo para el libro Técnica de la Historieta.

En 1974 salió El Cobra, con guión de Ray Collins, un valiente que no está convencido del todo con su vida: posiblemente en su fuero interno sólo aspira a ser un hombre común. Así como en otras historietas empleó la viñeta página, aquí en muchas de sus composiciones prescindió de los bordes de los cuadritos para acentuar la acción. En su clasicismo realista se encuentran huellas del Alex Raymond de Rip Kirby (1946). Sus sombreados de negro puro contrarrestan y resaltan la intensa luminosidad del sol.



Episodio de Kendall, publicado en 1977 en Totem 1, editorial Nueva Frontera, Espeña.

En 1975 tuvo lugar el debut de una gran innovación dentro del western: Loco Sexton, con guión de Oesterheld. No se trata de las aventuras de un héroe, sino de un periodista que narra historias, en la línea de Ernie Pike (1957). Por ello las situaciones y finales no son para nada previsibles y los personajes abundan en contradicciones. Se luce su virtuosismo en las viñetas dibujadas a pura línea, sin ningún tipo de sombreado. Viñetas circulares se superponen a los cuadritos y les conceden más ritmo y dinamismo. Los interiores de los saloons, con los cowboys que beben desmedidamente, parecen láminas ilustradas. Una batalla nocturna en los tiempos de la Guerra de Secesión (“La historia de un harapiento”, con textos de Saccomanno) parece componer una serie de estupendos fotogramas. En los disparos de cañón la gráfica alcanza auténticos aciertos imaginativos. Además, la textura realza el vigor de la lucha. Los dibujos de mujeres bellas sumergen al lector en una ensoñación romántica: la historieta se destaca por su extrema delicadeza y refinamiento. Del Castillo es muy hábil al aprovechar los diálogos en off para exhibir una cabaña o un rancho notablemente dibujados. Ray Collins y Carlos Albiac guionaron otros capítulos de Loco Sexton.



Unitario publicado en Skorpio Plus 2, 1984.

Del Castillo dibujó estupendos unitarios y sagas breves con textos de Alfredo J. Grassi, Walter Slavich, Mazzitelli, Carlos Trillo, Roger King, Emilio Balcarce, Figueredo, O´Flannagan, Alberto Ongaro.

Grassi es el autor de los guiones de varias de sus historietas. El episodio “7º de caballería” de Comanchero muestra combates –de notable calidad- entre indios y soldados, cuyos atuendos y uniformes revelan una firme documentación. Y en “Ocaso” se destacan sus planos medios y generales de cuadritos mudos. A su vez está logrado el dibujo de carretas y es sorprendente el arsenal de onomatopeyas que despliega su inventiva. En La espada visigoda, donde sobresalen artísticas viñetas página, Rodrigo, su protagonista, recorre a caballo hermosos paisajes registrados con esmerada síntesis. Se comprueba una cuidada recreación de la época del Antiguo Egipto y un vestuario bien estudiado en Los idus de Kadeshi. Y en Kraken, vikingos de Escandinavia luchan contra un monstruo marino citado por la mitología nórdica. Las naves de los guerreros se deslizan sobre el mar hendiendo el aire con su solemne perfil.



Página de unitario con guión de Grassi, publicado en Skorpio 103, 1984.

Joe Cassidy, un domador aventurero, lleva guión de Ongaro, y la viñeta en la cual el protagonista amansa a un caballo, prueba la destreza de Del Castillo para dibujarlo en movimiento.

En Y María fue devuelta –una historia de pasiones y venganzas-, que guionó Roger King, las figuras silueteadas en negro y el cielo cubierto con infinidad de trazos crean una atmósfera nocturna de singular belleza. Asimismo, emplea con inteligencia narrativa el plano detalle y registra magistralmente las fachadas de las ricas mansiones del Oeste.



Loco Sexton, ilustrando tapa de Skorpio.

En el episodio “Ceniza en el amanecer”, de Bannof, en el cual triunfa el amor, con guión de Slavich, se aprecian los matices y primores que Del Castillo logra a través del manejo de las texturas.

En Frío, en la que Saccomanno trazó una historia sórdida de mezquindad y prostitución, cambia las formas clásicas de las viñetas por otras combadas e irregulares que otorgan expresividad a la trama.

Bannister, con guión de Ray Collins, es otro cowboy melancólico que recorre el Oeste huyendo de una persecución. La historia es relatada por Daniel O´Shea Patrick Hellman, que Del Castillo plasmó con rasgos simpáticos y cuyas facciones y porte evocan a Tom Sawyer.

Arturo del Castillo fue premiado en la Bienal Internacional de Córdoba de 1979, y un año después recibió el codiciado Yellow Kid en Lucca XIV por su trayectoria. Y expuso sus historietas nada menos que en el Louvre.


Página de unitario, con guión de Ongaro, en Skorpio 97, 1983.

Mauricio García lo califica como “Un hombre que deslumbró a miles con el trazo decidido de sus páginas que lo convirtieron en la leyenda que su nombre evoca”.

Germán Cáceres

Bibliografía

“Arturo Pérez del Castillo”, en http://es.wikipedia.org.

Freixas, Carlos, El Dibujo a Pluma. Sucesor de E. Meseguer, Editor, Barcelona, 1967.

García, Mauricio, “Apuntes sobre la Historieta Chilena: Arturo del Castillo”, en http://www.ergocomis.cl.

Gociol, Judith y Rosemberg, Diego. La historieta argentina/Una historia. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.

http://deskartesmil.blogspot.com.

http://eloficiodelplumin.blogspot.com.

http://peciosenunaplayacualquiera.blogspot.com.

http://tebeosycomics.blogspot.com.

http://www.juanjoseflores.com.ar.

http://www.planetacomic.net.

Masotta, Oscar, La historieta en el mundo moderno. Paidos, Barcelona, 1982.

Sasturain, Juan, “Randall, el killer de Del Castillo” en http://pagina12.com.ar.

Trillo, Carlos, “Héctor G. Oesterheld, un escritor de aventuras”, en Historia de los cómics, dirigida por Javier Coma, Toutain Editor, Barcelona, 1982-1983.

Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo, Historia de la Historieta Argentina. Ediciones Record, Buenos Aires, 1980.


La siguiente historieta, de 10 páginas y con guión de Oesterheld, fue publicada en Hora Cero Extra 17, de 1964.


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1 comentario:

serafin p g dijo...

realmente impresionante esas páginas de Randal! que gran dibujante.