viernes, 28 de mayo de 2010

Los maestros: RICARDO BARREIRO

RICARDO BARREIRO
(1949-1999)

Por Germán Cáceres

La obra de Ricardo Barreiro resulta inabarcable. Trabajos suyos aparecieron en EE.UU. (Heavy Metal, Echoes of Future Past y Eclipse), Francia (Pilote, Circus, Fantastik, Charlie y Echoes du Savanne), Italia (Lancio, Skorpio, L´Eternauta, Comic-Art y Orient Express) y España (Zona 84, Cimoc, Tótem y Comix International). También colaboró en revistas de Grecia, Dinamarca, Holanda y Alemania. En total sus historietas fueron publicadas en nueve países y traducidas a cuatro idiomas.


Página con foto y bocetos realizados por Ricardo Barreiro, en Fierro 98 –primera época-, 1992.

Nació el 12 de octubre de 1949 en el Barrio de Palermo. Debutó escribiendo guiones en 1973 para las revistas Sancho y Melificon. Su primera serie fue Slot-Barr (1977), arte de Francisco Solano López, con el que conformó una dupla artística insigne: las ideas narrativas de uno y los contundentes dibujos del otro se potenciaron mutuamente. Aquí el huazgo es una forma de vida del planeta Planka que se acopla a Slot-Barr, un sobreviviente de la nave-tubo Expreso Orion 4, y ambos forman una unidad simbiótica: Slot es de inteligencia limitada y, en cambio, Lim, el huazgo, superdotado. El trazo vigoroso se ensambla con la imaginación narrativa desenfrenada. Según Pablo de Santis “Barreiro explora las distintas entonaciones de la ciencia ficción (cf. dura, mitológica, satírica) mientras Solano prueba con cada parcela del espacio infinito distintos modos de representación”.


Slot Barr, de Barreiro y Solano López, en Skorpio.

As de pique (1977), con dibujos de Juan Giménez, es una suerte de continuación de Amapola negra (1958), de H.G. Oesterheld y F.S. López. El título de la historieta corresponde a un bombardero B-17 de los EE.UU. que combate durante la Segunda Guerra Mundial. El artista se luce en el diseño de los aviones (es un maestro de la machine fiction), mientras que la escritura se zambulle en los conflictos interiores de los soldados, que añoran a sus seres queridos o temen por su vida. Texto y grafismo se unen para brindar una narración eminentemente cinematográfica tanto por la planificación como por las espectaculares tomas.


Página de la serie Ciudad, con dibujos de Juan Giménez. En la página, del episodio final de la serie, se aprecia un homenaje de Barreiro a el personaje El Eternauta, en el que aparece Juan Salvo.

Bárbara (1979), con dibujos de Juan Zanotto, constituyó un éxito notable. Los guiones de Barreiro contienen textos extensos cargados de información sobre máquinas, naves espaciales y artefactos, que después compensa con una tanda de cuadros mudos. Él declaró que “Más que ficciones leo libros y revistas científicas y de tecnología (…) me apasionan temas como los ciborgs, la unión de máquinas con seres humanos, la cibernética”.Los paisajes selváticos permiten el lucimiento del grafismo de Zanotto, pero en donde más descuella su arte es en el dibujo de la casi desnuda y exultante heroína, que con su sensualidad cumple con otra faceta de la escritura del guionista: su perturbadora carga de erotismo. Bárbara es una historieta de ciencia ficción multifacética (imponentes naves espaciales, mutantes, guerras cósmicas, impresionantes ciudades futurísticas), que recorre todos los ciclos temporales y muestra una ciudad de Buenos Aires en ruinas e invadida por la jungla. Por último, la saga se impregna de una atmósfera maravillosa, pues la protagonista heredará otra Tierra y otro paraíso.


Página de As de Pique, con dibujos de Juan Giménez, Skorpio 39.

En 1980, radicado en París —antes, en 1978, se había exiliado en España—, crea Ciudad, con arte de Juan Giménez, otro hallazgo dentro del género de la ciencia ficción. “La ciudad no tiene un tiempo definido. Hay sectores que parecen ser del pasado y otros del futuro”, sostiene un personaje. Barreiro narra a través del virtuosismo gráfico del dibujante, que entrelaza viñetas con espectaculares onomatopeyas y, además, las superpone entre sí desplazando la acción de un cuadrito a otro.
En síntesis, Jean se pierde en un barrio de París y se encuentra con la hermosa Karen, una prostituta que lo acompañará en su deambular por esa insólita metrópoli de la cual no se puede salir, y donde ellos se asumen como náufragos.
En el episodio que lleva su nombre, un “Autosupermarket” controlado por una computadora central posee plantas de montaje autónomas que fabrican robots. En “Metro a ninguna parte”, predomina el blanco para dar idea del agobiante calor, y la pareja viaja en un vacío subterráneo durante el cual padece alucinaciones y es asaltada por imágenes del pasado, del presente y del futuro. Además, manda guiños sobre la ciudad con el letrero que indica estación Agüero y en una viñeta muestra una zona de Plaza de Mayo. En otro capítulo se ven edificios de la inconfundible Nueva York.
Ciudad contó con una segunda parte guionada también por Barreiro, pero con arte de Luis García Durán, en la cual aparece un nuevo personaje, Marlowe, en alusión al famoso detective creado por Raymond Chandler.



Página de Bárbara, de Barreiro y Juan Zanotto, en Skorpio 72, 1981.

En 1982 se instala en Roma y aparece Nueva York, año cero, con dibujos de Juan Zanotto, una serie de ciencia ficción que relata una guerra que se desarrolla en el planeta Venus y da lugar a un despliegue infernal de armas, soldados equipados, explosiones rotundas y cazas que despliegan velocidad y potencia. Tanto la narración como su registro gráfico son tributarios del lenguaje fílmico.
La batalla de Malvinas se comenzó a publicar en el Nº 1 de la revista Fierro, de setiembre de 1984, y fueron varios los dibujantes que la ilustraron (Alberto Macagno, Marcelo Pérez, Carlos Pedrazzini, Julio César Medrano), y en ella prevalece más el afán de opinar e informar sobre el hecho bélico que ficcionalizar.



Página de La Batalla de Malvinas, con dibujos de Medrano, en Fierro 5 –primera época-, 1985.

Hacia 1985 regresa a la Argentina y publica en Fierro, junto con Juan Giménez, War III, sobre una guerra atómica en el futuro, en la cual los soldados son estimulados con drogas: su entonación es apocalíptica. En ese año y en la misma revista sale Puesto avanzado, de ambos autores: es de ciencia ficción y tiene una óptica similar a la de As de Pique al poner su acento en la sensibilidad de los combatientes.
Ministerio (1986) es uno de los grandes logros del binomio Barreiro-Solano López. El universo se ha convertido en una inmensa oficina burocrática, cuyas costumbres y diálogos el guionista refleja con perspicacia. Por tramos el dibujo se limita a líneas y permite que el blanco inunde la página como una amenaza metafísica. Pero luego se torna enérgico, colosal y expresionista. El Ministerio es infinito (en una viñeta se menciona que tiene más de cinco mil pisos), una manera de representar el planeta Tierra como una abyecta sociedad inundada de papeles. También puede entenderse ese laberíntico megaedificio como un castillo kafkiano del futuro. El viejo señor Vozarra afirma que conoce “historias de cuando el mundo exterior aún existía”.
Carlos Pibe, el cadete, está enamorado de Susanita, una de las miles de telefonistas. Y un pelotón de “eseses” las secuestra para goce de los jerarcas, cuyo interventor general es un ciborg. En caso de rebelarse, son sometidas a través de electrolobotomías. Asimismo, desvitalizan empleados para dar sustento a esa jerarquía, y luego sus cadáveres se utilizan como alimentos envasados que consume el resto del personal: de esta manera, el Ministerio es un inmenso campo de exterminio. Barreiro concibe herramientas y aparatos de todo tipo, como si fuera un inventor extraído de una novela de Roberto Arlt.
Al final, Carlos Pibe emprende una rebelión contra sus superiores. Y en el cuadrito final de la serie aparece un grupo de las fuerzas armadas argentinas realizando un operativo de secuestro de personas. Ministerio es tanto una alusión al nazismo como a la última dictadura militar.



Página de Parque Chas, de Barreiro y Risso, en Fierro 39 –primera época-, 1987.

Navarrito (1986), con dibujos de Alberto Dose, lleva el nombre de un periodista que, al investigar extraños casos de mujeres asesinadas por un destripador, visita lupanares del Buenos Aires de principios del siglo XX, urbe recreada con un aura pintoresca que juega con la oposición blanco-negro. En la sección Redacción del diario Crítica, donde trabaja Navarrito, también aparece Roberto Arlt, y un titular del diario del 6 de setiembre de 1930 anuncia: “El general Uriburu: nuevo jefe de estado”.
Posiblemente Parque Chas (1987) resuma los ensueños de Barreiro, ese fabulador de mundos fantásticos en los que la lógica dejaba de funcionar, el tiempo alteraba su linealidad, terroríficas invenciones y ciborgs se erigían como protagonistas y el espacio se quebraba junto con las viñetas.
En un episodio el presidente Perón ordena construir un subterráneo secreto que conecta Plaza de Mayo con un depósito ubicado en Parque Chas, la estación final que, sin mediar ninguna explicación, desaparece junto con el subte y sus ocupantes. “¿Qué no puede pasar en Parque Chas, el domicilio de los desconocido?”, comenta un texto.
Un grupo de chicos, al buscar un autito perdido en una alcantarilla, se topa con el Cuco, que se define como “la suma de todos los desperdicios y materias putrefactas, todo lo negro y sucio que va a parar a las cloacas del barrio”, para añadir más adelante: “Hay lugares de gran armonía…y otros de absoluto caos…El lugar de máxima armonía del universo está (…) en una pequeña isla del planeta Trafalmadore. Parque Chas es el otro extremo”.
El notable dibujo de Eduardo Risso es fundamental en la valorización de la serie. De fuertes contrastes matizados por grisados, posee rasgos humorísticos a la vez que plantea enfoques insólitos y un registro onírico.



Página de Warr III, con dibujos de Juan Giménez, Fierro 4 –primera época- 1984.

Parque Chas tuvo una segunda parte, con los mismos responsables, que apareció en el Nº 86 de Fierro de octubre de 1991, y en la presentación del capítulo 1 se esgrimía que la serie “se convertía, de ese modo, en un Triángulo de las Bermudas urbano y nuestro”.
Risso también graficó los textos de Caín (1988), y su estilo se torna fantasmagórico al utilizar inusitados primeros planos, ángulos audaces en contrapicada y sombras proyectadas.
En el capítulo 9 hay una extensa explicación de la madre de Caín sobre su origen, para lo cual recurre a un flash-back que cita su segundo casamiento con un anciano sugestivamente llamado Bunge de Hoz, que, antes de morir y mediante un proceso novedoso de inseminación artificial practicado por el nieto del sádico doctor Menguele, consigue embarazarla. El plan del diabólico marido era transplantar su cerebro al niño recién nacido y de esta manera prolongar su existencia. Pero nacieron trillizos: dos varones y una nena. La madre de Caín —tan malvada como su esposo—, con el fin de cobrar la herencia combinó con su amante nazi hacer desaparecer a los dos mellizos, ya que por la niña no habría problema, pues el distinguido Bunge de Hoz era prejuicioso y jamás hubiera alojado su cerebro en el cuerpo de una mujer. Los hermanos varones fueron arrojados a un terreno baldío, pero Caín pudo salvarse.
Como siendo chico robó varias veces, el sobreviviente recaló en un reformatorio altamente represivo y vinculado con la policía: allí vendían drogas en forma clandestina los reclusos, y por intermedio de sus celadores el propio director general.



Página de La Fortaleza Móvil, de Barreiro y Quique Alcatena, en Skorpio 143, 1988.

En El Instituto (1989) otra vez la figuración de Francisco Solano López contribuye a crear una atmósfera de encierro de magistrales climas nocturnos.
Ambientada en la época victoriana, Lilian Cunnington ingresa a un instituto de señoritas en el cual se rinde culto a Ishtar, la diosa hembra. Allí se practica el lesbianismo, y, según el guionista, esta historieta es “ante todo un alegato contra el machismo, que no es sólo una característica de los hombres, sino también una particularidad de las mujeres. Además, traté de hacer una reivindicación del amor jugando con mis fantasmas eróticos”.
La directora del instituto le recuerda a Lilian varias etapas en las cuales las mujeres intentaron vanamente conquistar el poder: las amazonas, que fueron aniquiladas; las cortesanas, cuya dominación era efímera por el inevitable envejecimiento y las brujas, que terminaron quemadas en hogueras.
En El Instituto Barreiro eleva al máximo el voltaje: Lilian sorprendió a un monstruo con rasgos de bebé succionando los senos de la directora: era “Ghurko, el único macho en toda la hermandad de Ishtar”, dado que las discípulas sólo se cruzaban con retardados, en la convicción de que sólo así darían a luz mujeres inteligentes, ya que privilegiaban el talento como instrumento de poder.



Página de Buenos Aires, las putas y el loco, con dibujos de Oswald, en Hora Cero (ediciones La Urraca)

Idéntica dupla continuó la serie con El Instituto II y El Instituto III-El Imperio de Shet.
La colaboración de Barrerio con el eximio dibujante Enrique Alcatena dio obras de excepción, como, por ejemplo, La fortaleza móvil, su continuación: El mundo subterráneo, y El mago, las tres de fines de la década del ochenta. En ambas el escritor de cuadritos dio la posibilidad de que el artista brillara con sus proverbiales tinieblas insondables, refinadas filigranas y monstruos esotéricos: un descenso a los precipicios de un infierno espeluznante.

A mediados de esos años ochenta nuestro guionista fue nombrado miembro de la Societé des Auteurs y Compositeurs Dramatiques de La France (Sociedad de Autores y Compositores Dramáticos de Francia).


Página de El Protector, de Barreiro e Ignacio Noé (dibujos), revista El Tajo 10, 1992.

Oswald participa con su personalísimo estilo de trazos ágiles y espontáneos en Buenos Aires, las putas y el loco (1990). Las aplicaciones de pincel son exquisitas, y Barreiro impone un guión moderno y dinámico acerca de una lucha entre tratantes de blancas, en la que hay mucha acción y movimiento, en un alarde de imaginación gráfica.
En Yaguareté (1991) llama la atención la estética de Pablo Páez no sólo por lo suelta, fresca y creativa, sino también porque retrata a los personajes sórdidos con las caras de Martinez de Hoz, María Julia Alsogaray, Domingo Cavallo, y los hermanos Carlitos Junior y Zulemita Menem.

María Sánchez viaja desde el interior a Buenos Aires para trabajar como mucama en la mansión de la acaudalada familia Acuña Maldonado. Allí es considerada tanto “una negrita de mierda” como una “putita de mierda”.
Yaguareté —extraña mezcla de ser humano y jaguar en que se convierte María Sánchez— es una historia de venganza, en la cual el dibujante Páez tiene la posibilidad de mostrar sus estéticos recursos gráficos apelando a viñetas mudas de gran tamaño.
En 1999 Barreiro comenzó a guionar junto a Pablo Muñoz El Eternauta. Odio Cósmico, dibujada por Walter Taborda en lápiz y Gabriel Rearte en tinta, pero fallece el 12 de abril de ese año.



Página del unitario Tecnología, con dibujos de Marcelo Pérez, Fierro 4 –primera época- 1984.

Con Barreiro colaboraron otros consagrados artistas como Mássimo Rotundo, Marcelo Rodríguez, Ignacio Noe, José Sanabria, Melo, Lucho Olivera, Patricia y Enrique Breccia, y el equipo formado por Ariel Olivetti, Mauro Cascioli, Julian Aznar, Marcelo Sosa y Juan Bobillo (fue en la historieta Virus, de ciencia ficción, para Comic Press, de EE.UU.)

La obra de Ricardo Barreiro es tan rica y extensa que, en base a su temática, bien podría definirse como un mundo paralelo al que habitamos. Pero nuestro transitar por el planeta es efímero mientras que sus guiones enriquecerán a los seres humanos del futuro. No obstante, su dimensión artística escapa a toda definición. Tal vez la más acertada y aguda sea la que dio su hermano Enrique: “Ricardo escribió de todo, pero amaba más que nada la ciencia ficción. En este género brilló, pero no con el brillo apagado del metal, sino con el brillo efímero y enceguecedor de una supernova en una cálida noche de verano”.


Germán Cáceres



Página de Yaguareté, de Barreiro y Pablo Paez, en Fierro 91 –primera época-, 1992.

Bibliografía

Barreiro, Ricardo y Solano López, Francisco, Slot-Barr, Colihue, Buenos Aires, 2009.
Cáceres, Germán, El dibujo de aventuras, Editorial Almagesto, Buenos Aires, 1996.
Gociol, Judith, y Rosemberg, Diego, La historieta argentina/Una historia, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.
Moreno, Horacio, “Murió Ricardo Barreiro”, en
http://samizdat.com.ar.
http://axxon.com.ar: «Slot-Barr».
http://es.wikipedia.org: “Ricardo Barreiro”.
http://juanjoseflores.com.ar: “El inolvidable guionista Ricardo Barreiro”.