martes, 3 de noviembre de 2009

Entrevista: José Massaroli (primera parte)

José María Massaroli (1952) es un dibujante de historietas con una inmensa trayectoria, muy amplia y variada en cuanto a los estilos de dibujos que trabaja, editoriales del país y el exterior en las que publicó y autores con los que trabajó. Esta es la primera parte de la entrevista al autor.


Massaroli

Usted se mueve en un registro gráfico muy amplio (dibujo humorístico, dibujo estilo Disney, estilo realista). ¿Cómo pasa de un estilo a otro, se retroalimentan entre sí?
Bueno, No ha sido fácil... Lo que ocurre es que he ido cambiando de estilo a través del tiempo, sumando distintas influencias y de acuerdo a la necesidad del momento; es decir, que no salto de un estilo a otro en el mismo día, sino que esa variedad se ha dado en un período de muchos años de trabajo en distintas ramas del dibujo. Es verdad que hay una retroalimentación, ya que me es imposible tener “compartimientos estancos” estilísticos en mi cabeza, así que, por ejemplo, en mis dibujos “estilo Disney”, si los miran bien, encontrarán líneas, manchas, enfoques, que me vienen del dibujo realista, de mis épocas de Columba; lo mismo cuando hago dibujo “serio”: siempre hay un toque humorístico ...

¿Qué temas y estilos de dibujo es en los que más le gusta trabajar?
Lo que me hace sentir totalmente feliz es dibujar mis propios guiones... y con temas nuestros, es decir, de acá: guapos, gauchos, temas históricos, como cuando dibujé “Juan Moreira” o mi personaje Orquídeo Maidana. basado en una milonga de Borges. Siempre estoy dándole vueltas a esos temas y tengo varias ideas para llevar a cabo en cuanto disponga de un poco de tiempo, y muchas ganas de volver a publicar en mi país!


Dennis Martin dibujado por Massaroli, en la vieja Columba.

¿Cómo fue trabajar con grandes autores del guión de la historieta nacional, como Oesterheld, Robin Wood, Ferrari, Ray Collins? Cómo era la forma de trabajo de cada uno? ¿Con alguno se sentía más cómodo?
Dibujé guiones de Oesterheld y Robin Wood en mis comienzos, primero, haciéndolos a lápiz para Lito Fernández, un dibujante fuera de serie y un ser humano excepcional, que luego los pasaba a tinta, y más adelante, con mi propia firma. Fue una experiencia maravillosa: tenían una magia especial, que hacía que yo visualizara inmediatamente lo que describían. Recuerdo haber ido al estudio Nippur 4 a mostrarle a Robin mi primer Dennis Martin... allí conocí a Ferrari, cuando él recién empezaba. Me gustó mucho también hacer Encuentros Cercanos con Ferrari, alguien con el que me gustaría volver a trabajar. Pero nunca tuve mucho diálogo con ellos. Columba atendía por separado a dibujantes y guionistas y había pocas posibilidades de encontrarse.

Fue distinto con Armando Fernández, con quien desarrollamos Los Intrépidos, como un proyecto independiente, para vender en Europa: ahí sí dialogamos bastante. Lo que me gustaba de los guiones de Columba es que dejaban mucha libertad al dibujante; no lo agobiaban con pesadas y minuciosas descripciones como era común en los guiones europeos o yankees.




¿Cómo era la forma de trabajo en Columba (El Tony, D´Artagnan, Fantasía, Intérvalo, etc)?
En esa época no era fácil imponer un estilo propio y había que imitar a algún “consagrado”; era una ley inexorable; o la aceptabas o no entrabas. Y Columba era la Meca del dibujante de historietas! Era una forma de facilitar el que uno realizara un material publicable, hoy lo comprendo; lo más inteligente era tomarlo como una escuela donde encima te pagaban por hacer los deberes! Comencé dibujando historietas de guerra imitando a Chiche Medrano (que firmaba John Lawrence), pero pronto pasé a trabajar en la línea de Fernández; me copaba mucho más su estilo, acorde con mi pasión por el dibujo y el manejo de la narración de Hugo Pratt y Frank Robbins. Aquellos Dennis Martin de la revista en colores me fascinaban con esa síntesis y esa fuerza que le daba Lito a todo lo que dibujaba! Así que traté de dibujar e interpretar las historias como si fuera él, aunque al poco tiempo ya estaba metiendo cosas mías.
Finalmente, después de dos años de trabajar así, hizo crisis la dicotomía entre imitación y creatividad y terminé alejándome de Columba, prefiriendo la aventura de buscar mi propio estilo aunque eso significara la inseguridad económica; de todas formas, fue un período en el que aprendí mucho, ahora lo veo.

¿Cómo llegó a ser discípulo de Lito Fernández y cómo era hacer el lápiz de varias de sus series?
Yo trabajaba en Producciones García Ferré y sentía una gran necesidad de hacer historieta realista. Llevaba muestras a Columba y un buen día me conectaron con Medrano, que me dio trabajo como ayudante en su estudio de la calle Perú. Estuve poco tiempo allí; mi lugar lo ocupó después Quique Alcatena. Un amigo, Santiago Scalabroni, me pasó el teléfono de Lito, lo llamé, me citó en la esquina de Record, charlamos y a los pocos días yo ya estaba trabajando a su lado en una vieja casona de la calle Zapiola en Belgrano. No lo podía creer! Hacía menos de 4 años que había llegado a Buenos Aires buscando dónde estudiar dibujo y de pronto me encontraba dibujando y pasando a tinta los fondos de Dennis Martin y Precinto 56 codo con codo con su creador! La primer historieta que hice allí fue una de Grace Henrichsen: el episodio se llamaba Triángulo, me acuerdo.




¿Era común que los dibujantes de Columba y Record (Skorpio, Tit Bits, etc) trabajaran con ayudantes, que les realizaran el lápiz o el entintado, todos lo hacían?
Muy común, dada la gran demanda de producción por parte de las editoriales. Cada dibujante tenía su forma propia de trabajar, claro; algunos, como Lucho Olivera, tenían un ayudante que les dibujaba los fondos y nada más. Otros, como Trigo o los Villagrán, montaban verdaderas fábricas de historietas con multitud de pasadores a tinta, fondistas, etc. En el caso de Lito, lo que le resultaba más fácil era agarrar una historieta ya interpretada a lápiz por Szilagyi, Mandrafina, Merel o Balbi, y convertirla en “suya” con la magia de su pincel; prácticamente, no leía el guión.

¿Cómo era el trabajo en el estudio Géminis, quiénes lo integraban y para dónde y en qué trabajaban? Por lo que se ve en el video de You Tube, el ambiente era muy distendido y entre amigos. ¿Se extraña esa etapa?
Claro que se extraña! Ahí se respiraba dibujo, historieta, bohemia... Gaspar, uno de sus fundadores, lo llamó “refugio de creadores” y era así nomás! Iban y venían los dibujantes; a veces, hasta el extremo de que ya no se podía trabajar y terminábamos tomando mate o jugando al ajedrez. Lo principal era la amistad y la solidaridad: se compartían los trabajos, se le daba un lugar al que lo necesitaba y si no podía pagar, no había problema... Traté de reflejar todo eso, movido por la nostalgia, en el video al que te referís. Hay tantas anécdotas inolvidables que ya estoy pensando en escribirlas, para que no se pierdan.
Se trabajaba para todas partes: Columba, Record, Mopasa. Inglaterra, Italia... Hubo una época de dibujo animado con el estudio de Jaime Díaz, y también con la serie nacional Nikol que no prosperó. Allí, en “la oficina”, como la llamábamos, hicimos Rambo, entre Gil, Gaspar y yo, y para la misma editorial (Perfil), abastecíamos a la revista Historietas Sex de un material que hoy hasta podría pasar por inocente... También se hacían trabajos para clientes poco comunes: dibujo de figurines (Gaspar), un manual de Taxidermia (yo), historietas religiosas para la revista Pan y Trabajo (Caliva, a veces con la ayuda de Gil o alguno de los que andábamos por ahí). Cada tanto llegaba Mulko con las páginas de Nippur de Lagash todavía frescas para dar los últimos retoques antes de entregar en Columba y nos poníamos todos a darle una mano, o aparecían jóvenes principiantes como Zaffino o Miguel Rep en busca de consejo... y lo encontraban!


Página de Juan Moreira

Realizó historietas de carácter histórico. ¿Cómo fue que llegó a esa temática y cómo las abordaba?
Siempre me interesó la historia y sobre todo la nuestra. Estaba publicando Juan Moreira en el diario La Voz, con guión propio basado en la novela de Gutiérrez, que ya trata un tema histórico real, y al terminar se me ocurrió proponer la vida de Manuel Dorrego; aceptaron y me sumergí en pilas de libros como el de Pavón Pereyra y viejos ejemplares de la revista Todo es Historia, para poder escribir el guión. Descubrí que la historia argentina, la verdadera, es cruel, injusta, heroica y fascinante como fuente de inspiración para un artista. Sentí casi la obligación de comunicar todo lo que iba descubriendo. Y lo hice, en la medida de mis posibilidades, con Dorrego, con una Vida de Facundo que duró casi un año, a razón de una página por día, y finalmente con El Chacho Peñaloza, que quedó inconclusa.

Continúa la próxima semana.