lunes, 6 de junio de 2011

Pedro Pereyra, Taxista, de Oesterheld y Durañona, por José Massaroli

Pablo Pereyra

Las historias que contaba ese gran artista y maestro que se llamó Pablo Pereyra durante las clases en el IDA, allá por los años 70, fueron tan importantes para mi destino de dibujante como sus enseñanzas de dibujo. Sólo necesito mencionar que en gran medida fueron las innumerables anécdotas de su época de director de arte en la legendaria Editorial Frontera, y que tenían como protagonistas a genios como Hugo Pratt,Alberto Breccia, Francisco Solano López, y muchos más, las que me hicieron cambiar de rumbo y dejar por unos cuantos años de intentar hacer dibujo humorístico, para dedicarme a seguir aquellos modelos y dedicarme al dibujo "serio" o realista, fascinado por la atmósfera de aventura y bohemia que creaba Pereyra en sus relatos.

Narciso Bayón, Pablo Pereyra, Marta Ayala y José Massaroli, exponiendo en Villa Ramallo, 1977

Un día, le llegó el turno de ser él mismo fue el protagonista de una historieta. Según narraba Pereyra ante la fascinación de sus alumnos, un día el quiosquero de la esquina lo felicitó por su aparición en la Hora Cero. En el camino hacia la revista recibió varias felicitaciones más. Intrigado, llegó a la redacción de Frontera y ahí lo esperaba la sorpresa: Jorge Mora (el guionista, hermano de Héctor Oesterheld) y el joven dibujante Leopoldo Durañona habían tramado una cargada al ilustrador santafesino: aparecía, caricaturizado un poco, como un atribulado taxista porteño, llamado Pedro Pereyra.

La tapa del Hora Cero Extra, con el Cayena de Haupt, en que encontré al fin aquella historieta

Pereyra solía sugerir a los historietistas que pusieran como protagonistas a seres comunes, de barrio, como un taxista, por ejemplo, capaz de conocer mucha gente y vivir historias que, partiendo de la cotidianeidad de su trabajo, lo llevaran naturalmente hacia el mundo de la Gran Aventura. Bueno, esta vez, le habían hecho caso. ¡Y debo decir que El Indio, como lo llamaban sus amigos, lo contaba con inocultable orgullo!

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Massaroli publicó previamente esta nota en su blog Imborrables