martes, 8 de diciembre de 2009

Historietas en Colombia y entrevista a Sergio Mulko

En la actualidad, Colombia está viviendo una creciente movida comiquera, gestada de forma independiente por autores y aficionados a la historieta que residen en diversas ciudades del país.
Uno de estos emprendimiento es “Comic Road” un ezine (revista de lectura por Internet), editado desde Bogotá, Colombia por John Joven y Andrés Prieto. Llevan publicados cuatro números que se pueden leer en:
http://www.comicroad.net/
Otro ejemplo se encuentra en la revista Papel Ilustrado. Es una revista realizada por los tres eventos de cómic con más trayectoria en el país, como son: Calicomix, en Cali-Valle; Cartoon Rendón, en Rionegro-Antioquia y la Muestra de Cómic de la Corporación Cine Club BORGES en Pereira.
Más información en:
http://cineclubborges.googlepages.com/publicaciones
En Historieta Patagónica los lectores pueden disfrutar del trabajo de los colegas colombianos de Clan Nahualli, quienes se han integrado a nuestro grupo y nos deleitan con sus historietas, semana a semana.



Entrevista: Sergio Mulko (primera parte)
Sergio Mulko es un autor de una muy extensa trayectoria, publicando tanto a nivel nacional como en el extranjero. Su trabajo más conocido lo realizó para la serie Nippur de Lagash, el personaje que se ha transformado en uno de los principales referentes de la historieta nacida en Argentina. Es el autor que más capítulos ha dibujado del personaje. A principios de los años 90, llegó a dibujar casi 50 páginas mensuales, una cifra que marca un nivel de producción asombroso.
En esta entrevista, el autor se refiere a su extensa trayectoria, a su larga relación con la desaparecida editorial Columba*, la forma de trabajo en la editorial, a autores como Robin Wood, Altuna, Alberto Salinas, Ricardo Ferrari y Lucho Olivera y, para finalizar, brinda una serie de consejos para los dibujantes noveles (y no tanto).

Nació hace setenta años en General Roca, Río Negro, lugar donde residió hasta los 17 años.
El gusto por el dibujo y la historieta
Para mi suerte y desgracias, me impresionaron mucho los dibujos de Solano López, especialmente del Eternauta. Como fue hace muchos años, alcancé a agarrar el principio de El eternauta, leerlo semana a semana, y alguna otra que sacó Hora Cero, lo disfruté como lector. Lo que vinieron después, no tuvieron esa sensación de esperar una semana para ver la continuidad y asombrarse.
Como vivía en un lugar alejado, algo que hoy General Roca no lo es, es una ciudad pujante, pero en un tiempo era solitario, alejado. Para hablar por teléfono a Bahía Blanca, había que prepararse con medio día de anticipación. Entonces llegó a manos de mi mamá, que era profesora de dibujo, muy aficionada al dibujo, la revista Dibujantes. La revista traía direcciones de librerías donde había muy buenos libros de dibujo, como los de Lumi, y por suerte los compré todos los que pude y algunos más. Fuimos muy asiduos a estudiar con esos libros. Se los recomiendo a todos los dibujantes, los libros clásicos de Andrew Lumi: dibujo en todo su valor, dibujo a lápiz, dibujo de éxito, dibujo de cabeza y mano, el ojo del pintor, etc. Eramos una familia de lectores, de leer mucho. A veces leíamos bastantes macanas. Eramos muy lectores de Patoruzú, que salía semanalmente. En ese tiempo teníamos Mixterix, Patoruzito de Quinterno, Frontera y Hora Cero que publicaba Oesterheld. Estaba muy motivado, porque era una zona que había poco cine y la historieta era muy protagonista. Las comentaba todo el mundo, el más pobre, el más rico. El Pato Donal llegaba como soporte de las películas. Salía una película de dibujos animados, y hasta que aparecía otra, la historieta era el aguante. Historietas muy graciosas, que me gustaban mucho, eran las de Karl Barks, que dibujaba el Pato Donald. Entonces me decidí medio rápidamente por esta profesión.
Aparte tuve problemas familiares grandes, tuve que empezar a trabajar muy joven y al final recalé en el dibujo.

El dibujante Héctor Reinna y Sergio Mulko.

Arribo a editorial Columba
En esos tiempos Columba no era nada. Todavía no estaba Robin Wood. Fui con 19 años, llevé unas láminas enormes, como una mesa, de 59 x 80 centímetros. Se impresionaron mucho. Justo que hice el contacto con Columba y comencé a trabajar un poco, me tocó el servicio militar. Fui a parar a Zapala (Neuquén) y no pude hacer nada durante un año y medio. Durante ese tiempo me perdí los cursos de Breccia que daba en IDA o Panamericana de Arte, no recuerdo bien dónde. Alcancé a llevar una muestra, a tratar un poco con el Viejo (en el ambiente nacional de historieta se lo conocía respetuosamente como “El Viejo”, ya que también está su hijo Enrique, otro autor excepcional), pero justo me tocó el servicio militar. Y justo me tocó en el lugar donde mataron al soldado Carrasco (por su muerte el servicio militar obligatorio, en los años 90, dio paso a un ejército estrictamente profesional). Era un lugar alejado del mundo: un recinto y después la pampa. Igual no creo que yo hubiera hecho gran cosa, ya que no soy de estudiar y obedecer, soy anárquico en muchas cosas.
Ingreso del guionista Robin Wood a Columba
Lucho Olivera fue quien introdujo a Robin (Wood) en Columba, lo hizo entrar, lo hizo escribir, casi seguro que fue así. Nos potenció a todos, al renovarse la forma de escribir de Columba, que era medio arcaica, con esas novelas. Imaginate, adaptaciones de novelas de Balsac, por ejemplo, que estaban impresas en un color marrón horrible. Fue increíble que hasta entonces sobreviviera (la editorial). Lo máximo que sacaban eran historietas norteamericanas, como Flash Gordon. Bueno, con Robin se revolucionó todo. Comenzó a repartir guiones, y a los dibujantes les daba guiones fáciles de dibujar, no los atoraba de texto. Estudió en poco a los dibujantes y sacó algunos de una gran talla.
-Respecto de críticas que tiempo atrás se le hacían a Robin Wood respecto de sus guiones, opinó Mulko-: Pasa que criticar es fácil, hay que estar ahí con el trabajo. Robin hacía como treinta guiones por mes. El lomo que puso no se lo puede negar nadie. Hay gente que es muy cómoda y escriben un guioncito o dos por año y dicen: no, asi hay que escribir. Y de dónde salió Robin, de la nada, era un obrero, es decir, no era un intelectual. Se abrió camino solo, era impresionante, estudiaba alemán, estudiaba inglés, viajaba, escribía, charlaba con los dibujantes, daba conferencias. Un caso único.

Página de Nippur de Lagash dibujada por Mulko

Reingreso a Columba en los convulsionados setenta
Entonces en Columba de golpe me encontré con que había cambiado todo. Habían aparecido monstruos como Mandrafina y otros, técnicamente muy bien dotados porque habían estudiado con Breccia, Lito Fernández ya estaba de antes. Hice algunos guiones de Robin, bastante malos, pero fue una etapa de confusión muy grande. Entré con muy poco conocimiento técnico de impresión. Siempre le escapé a los que me querían explicar cómo era la cosa y tenía unos conflictos que me complicaban mucho.
Pero cuando ya casi había renunciado al dibujo, me llamaron de nuevo de Columba porque Robin y Lucho Olivera se habían ido a Israel, a unos kibuts. Entonces le dieron un poco a Villagrán una revista a color y otro poco a mí. Unos cuantos números anduve bien, pero después reconozco que me bandee un poco. Se vino todo el barullo del peronismo, yo vivía en Mar Del Plata, no tuve participación política, pero era un clima de miércoles, feo. Sumado a que el trabajo no me salía bien, se priorizó a otros dibujantes y guionistas. Antes que me rajaran estaba haciendo Nippur, hice 23, 24 capítulos y alguna que otra historieta suelta. Es una etapa medio sombría, porque yo experimentaba, pegaba cosas, quería hacerme el Durañona y no lo soy. Pero algunas historietas hasta me gustan, como una que se llama “Jinetes del Sol”, llena de colages, de repeticiones. No se si ha gustado, pero la han reimpreso como veinte veces.

Las "cabezas" de Altuna
Por ese mismo momento, me pasó una anécdota rara que tal vez un poco de vanidad de mi parte decirla. Estaba Presas recibiéndolo a (Horacio) Altuna, que hacía “Kabul de Bengala” (con guiones de Oesterheld), una historieta medio olvidada. Se me ocurrió comentarle que los hacía demasiado cabezones. Aparte que es un grande Altuna, te movía las figuras, donde había tres figuras te ponía quince. Nunca vi un tipo que metiera tanta gente como él. Entonces estaba ahí con Presas, y yo con toda la inconciencia le digo “están medio cabezones los personajes”. Presas lo mira fijo y le dice: “Che, tenés que hacer las cabezas más chicas”. Y sabés que de ese tiempo las empezó a hacer chicas las cabezas, lo tuvo en cuenta. No fue sin intención de bien o de mal, que le dije, me salió espontáneo.
Fragmento de la serie "Espartaco", con guión de Ricardo Ferrari y dibujos de Mulko

Otros trabajos y nuevamente en Columba
Después surgió la idea de hacer una sociedad de dibujantes, eran tiempos de Rucci (el principal dirigente gremial de los años 70, que fue asesinado) y Altuna me dijo que íbamos a hacer la asociación. Iba a ser como un sindicatito (con los años se transformó en realidad y se llamó Asociación de Dibujantes de Argentina –ADA- que tras varios impasses, sigue vigente). Las editoriales le tienen miedo a eso, a que los dibujantes se junten.
Entonces hice un poco de animación, trabajé para editorial Thompsom, para Espadari, que eran historietas deportivas y de Cowboys. También para Jaime Díaz, que hacía dibujos animados para Anna Barbera, muy bien pagados. Es un trabajo frío.
Me volvieron a llamar de Columba, empecé a hacer “El Samurai”. Les gustó. Lo increíble es que me salía solo, aparentemente era el que más trabajo llevaba y me salía sin ningún problema. Era con guión de Arévalo, un muy buen muchacho, desaparecido. Después tuve suerte y con Ferrari (Ricardo) hice “Espartaco”. Era un gran guión, y lo ilustre como pude, porque a veces estás con plazos de entrega... Es muy buen guionista, siempre te deja algo, el guión no muere ahí. Es gran rematador de finales, terminan gloriosamente, te dan ganas de continuarlos. Eso hizo con “Espartaco”, otra que se llamaba “El germano” y otras.




Página de Nippur, con dibujos de Mulko

Nippur de Lagash
Después los Villagrán agarraron un paquete grande de historietas para Norteamérica y me pidieron que hiciera Nippur, como si no hubieran pasado diez años de que me rajaron. Me largaron una tanda como de ciento y pico de guiones. Algunos los podía hacer bien, pero por ahí me daban plazos de dos o tres días para las entregas, y eran entre 10 0 12 páginas.
Hacía un tapa más o menos bien armada, todas las caras y después los cuerpos. Les gustó el sistema de trabajo y a los italianos les gustaba (por entonces el material se revendía en Italia). Era un tiempo en que había un plus, llevaba dos historietas y me pagaban cuatro, un caso rarísimo. Era viento a favor.
En Columba he hecho cuatro historietas por mes, entre las de Ferrari y Nippur, ponele 45 páginas por mes. Le había encontrado la vuelta (a la producción de historietas), que tiene su parte mala, porque uno hace la rutina: le pongo dos caritas lindas, una escena de lucha y chau, ya pasa. Algunos (lectores) puteaban, pero yo no tenía otro camino. Columba hacía todo asi, por ahí te entregaba un guión y te pedían que lo entregues en un año, o por ahí se precipitaba todo. Era la política de Columba.
Nippur era una aventura muy pura, con pocos objetos. No era un supermercado llenos de cosas. Eran individuos casi desnudos, cuerpos humanos, piedras, alguno que otro castillo, algunos ornamentos y no mucho más.



Fragmento de página de Dago, dibujada por Alberto Salinas.
Alberto Salinas y “Dago”
Salinas era organizado, palabra mayor, era un dibujante organizado. Hacía una historieta por mes, la de “Dago”. Le pagaban muy bien, pero se tomaba un mes para hacerlo. Hacía un gran trabajo, en una linea antigua, pero muy vendible, se vendía mucho. Asombraba como la gente reclamaba Dago, como se vendía y sigue vendiéndose. No era como Nippur, tenía más elementos históricos para manejar. Para un guionista es más rico de manejar, en costumbrismos, en ornamentación. Imaginate, el tiempo de Carlos V, de Solimán el magnífico y Federico Segundo, creo que es, el descubrimiento de América. Robin, a muchos guiones de Nippur los pasó a Dago, son casi copias, iguales.

La próxima semana la segunda parte de la entrevista.

* Nota: Para contextualizar a los lectores no argentinos, o los que aún conocen poco de la historia de la historieta nacional, Columba fue una editorial que publicó numerosos títulos a los largo de sus 75 años de existencia. Cinco fueron sus revistas emblemáticas: D`artagnan, Fantasía, El Tony, Intérvalo y Nippur Mágnum, de las que a su vez se publicaban números especiales y anuarios. La editorial vivió un momento de auge a partir de los años 70, y vendían cientos de miles de ejemplares, de sus revistas impresas a color, con un promedio de entre 80 y 100 páginas cada una. Representó una gran fuente laboral para numerosos autores nacionales, que se formaron un nombre en la editorial. Sus revistas se conseguían en todo el territorio nacional, de forma permanente y renovada, hasta en los pueblos más apartados. Una de las mayores virtudes de la editorial, fue la de formar lectores, tanto de historietas como en general y hasta los años 80 era común encontrar alguna de sus revistas en un hogar argentino. La leían personas de todas las clases sociales. También llegaban a países vecinos, como Bolivia, Paraguay o Perú.
En contrapartida, sus historietas solían ser muy estereotipadas y la calidad no era homogénea, ya que los cortos plazos de entrega para que trabajen los dibujantes, hacía que la calidad de su trabajo se resintiera. Era común ver trabajos de los mismos autores en otras editoriales, pero de mejor nivel. A partir de los años 90, las historietas de Columba comenzaron a ser revendidas en Italia, donde varios de los personajes se transformaron en un éxito y hoy se siguen publicando. Por errores de política editorial, cerró sus puertas en el año 2001. De no cometer esos errores, posiblemente hoy sus revistas se seguirían publicando ya que la gente las recuerda con mucha nostalgia. Se extraña en particular un tipo de historietas aptas para un público en general, no especialista en historieta.

5 comentarios:

el chueco Aballay dijo...

Que placer leer esta nota, Ale. Yo, de mi época de lector de Columba, recuerdo Espartaco, El germano, El samurai; las dos primeras con estupendos guiones de mi amigo Ferrari. Si el maestro Mulko pasa por aquí, le dejo un abrazo enorme y todo el respeto por tanto trabajo fabuloso, y tantas horas de recreo y aventura.

Gracias, Sergio.

Diego Aballay.

Fernando Sosa dijo...

Excelente entrevista Duendes,realmente disfruté mucho de ella.
Saludos

laduendes dijo...

Gracias por comentar Fernando. Hay muy buenos contenidos en tu blog, ni que decir de tus trabajos.

norberto dijo...

¡Qué buena nota y qué humildad!.Nunca había podido obtener comentarios sobre Mulko.Un grande.
Pero sobre todo, feliz por este blog que no había vuelto a recibir.
Muchachos, es asombroso lo que han crecido en notas, en materiales, en ediciones.Mis más sinceras felicitaciones. ¡Qué enorme laburo!
Norberto (de La Bañadera del Cómic)

Anónimo dijo...

que bueno poder leer todas estas cosas... para uno que creció leyendo las historietas de Columba, es un orgullo este blog.. mis mas sinceras felicitaciones... gracias!!!