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viernes, 17 de marzo de 2023

A 30 años de “El Espejo. De los dibujantes del sur”. La publicación de cabecera de la movida patagónica de historietas y humor gráfico de los años '90


 

Durante la primera mitad de los años '90 los que en su mayoría éramos un grupo de veinteañeros vivimos una linda aventura editorial y creativa. Trabajando en conjunto concretamos el primer movimiento grupal historietístico y de humor gráfico de Patagonia. Existía el antecedente de autores publicando en medios gráficos de la región desde hacía décadas, pero de forma individual. Tales como Horacio Marras, Roberto Guerrero, Khato, Pelayo (todos de Chubut), Carlos Riela en Bariloche, Tornillo en Neuquén o el maestro “Chingolo” Casalla (patagónico por opción), por sólo citar a algunos de los más conocidos en diferentes regiones de Patagonia. Los antecedentes de las primeras viñetas publicadas en la región por autores residentes se remontaban a mediados de 1917, al menos en el sur de Chubut.



Entre fines de los '80 y principios de los '90 se publicaron en Patagonia las primeras revistas dedicadas íntegramente a la historieta y el humor gráfico: “Alquitrán” (Neuquén), “El Sistema” (Allen, Río Negro), “El Humor de la Semana” (Caleta Olivia, Santa Cruz) y “Duendes del sur” (Chubut).




Una exposición en 1992 de integrantes de la Duendes en la ciudad de Neuquén propició un afortunado encuentro con los locales de “Alquitrán”. Fue el puntapié que dio inicio a la movida, cuando surgió la idea de trabajar en conjunto. Como la revista “Duendes del Sur” había quedado chica para dar cabida la cantidad de autores que se iban sumando, se presentó la propuesta de una publicación nueva de más alcance y frecuencia al director del diario Crónica, Diego Zamit. Ya nos conocían debido a difundían las actividades que se realizaban desde La Duendes. El diario era el de mayor tirada en la región centro de Patagonia (sur de Chubut y norte de Santa Cruz) y se estaba modernizando al incorporar nuevas tecnologías, a la vez que expandía su tirada, sumaba cantidad de páginas y suplementos semanales de elaboración propia. A la reunión asistí con una carpeta que desbordaba de trabajos de muchos autores, para mostrar que se contaba con abundante material. Aceptó la propuesta de inmediato. Luego me llevó al sector de diagramación (contaba con algunas de las primeras computadoras Mac introducidas en el país) y me dijo: "Estas son las computadoras que tenés que usar para armarlo". Tuve que aprender su uso durante la marcha ya que aún eran una novedad. Pese a que contaban con lo que era tecnología de punta, los originales de la publicación se armaban de forma artesanal. Se diagramaba el original en la computadora, se imprimían las páginas maestras y se le pegaban textos e imágenes mediante fotolitos. Finalmente se enviaban las páginas al área de impresión. 




En marzo de 1993 el diario inauguró una nueva rotativa a color con “El Espejo. De los dibujantes del sur”, concretando la publicación de historietas y humor. El salto en la distribución, difusión y repercusión fue enorme. De tiradas reducidas pasamos a 15 mil ejemplares semanales (se calculaba que a cada ejemplar lo leían entre 4 y 6 personas, por lo cual la cantidad de lectores rondaba los 60 mil). Una parte se distribuía por correo al resto del país y el exterior. Por aquellos años no existía Internet y toda la información y entretenimientos se concentraba en los medios de comunicación tradicionales (Tv, radio, diarios). La repercusión entre los lectores se sentía.




En lo específico a la historieta, en el país el 90 por ciento de lo que se leía era de producción de autores y editoriales nacionales y en los quioscos de revistas se podía acceder a una veintena de títulos mensuales. Por aquellos años, aunque en declive, Argentina aún era una de las siete potencias del mundo en la creación de historietas (en los otros países-potencia sigue vigente). De la mano del menemismo con sus políticas privatizadoras y de apertura indiscriminada de la economía hacia fines de los ’90 se destruyó la industria nacional, entre ellas la industria editorial de historietas.





El disponer de un espacio semanal propició que se sumaran los autores de otras publicaciones de la región y muchos que trabajaban de forma independiente. El 1993 el Gobierno de Río Negro organizó la primera Bienal de Arte Joven de la Patagonia en la ciudad de Bariloche. Participaron autores de toda Patagonia y La Pampa, que previamente fueron seleccionados por concurso en cada provincia. Los tres primeros premios en el rubro historieta los obtuvieron integrantes de El Espejo. El evento también sirvió para sumar más autores. En 1994 El Espejo organizó en Comodoro Rivadavia el primer Festival de grandes dimensiones de historieta y humor con autores de Patagonia. Otras actividades fueron un concurso de historietas y humor gráfico destinado a estudiantes colegios de la provincia del Chubut y muestras itinerantes por los colegios, etc. El Espejo también contaba con secciones dedicadas a difusión de eventos y entrevistas a autores nacionales y regionales. Para el primer aniversario sucedía algo impensado para una publicación patagónica: autores de todo el país enviaban sus trabajos para que se publiquen. Entre ellos autores de la revista porteña El Tripero, integrada por los alumnos de Alberto Breccia. Lo acostumbrado en Argentina siempre fue que se tratara de publicar en medios de Buenos Aires. Por un instante habíamos invertido el proceso. Lo más inesperado fue que nos escribieran desde una revista emblemática de España: El Víbora.




En 1994 se produjo una crisis a nivel mundial de faltante de papel. Afectó a medios gráficos de todo el país, grandes y chicos. Los obligó a reducir la cantidad de páginas y desprenderse de personal. Debido a ello la mayoría de los suplementos del diario fueron cancelados. El Espejo murió en el número 89. Para entonces se habían publicado a más de 60 autores de toda Patagonia. Pocas semanas antes de la cancelación se iba a sumar Roberto Fontanarrosa, que había aportado páginas del personaje Inodoro Pereyra. No pudo ser.

Transcurridas las décadas, los hoy mayorcitas/tos podemos decir que sin proponérnoslo fuimos pioneros en la región. No éramos conscientes de ello. Aún no existía Internet y la comunicación e intercambio entre los que estábamos lejos era por medio del teléfono fijo, por correo o de forma presencial, viajando. Todo costaba más que ahora, pero no lo sabíamos. Lo hacíamos con gusto, motivados por el entusiasmo. Transcurridos los años, de los que fuimos protagonistas, varios continúan/ron publicando a nivel regional, nacional e internacional. Otros se dedicaron a otros rubros artísticos o lamentablemente dejaron de dibujar.

La historia se retomaría y continuaría entre 2007 y 2022 con la editora La Duendes, con dos sitios en Internet (con el aporte de más de 200 autores del país y el exterior) y la publicación de cerca de 70 títulos en papel.

 

RESCATES

En 1997 se publicó un libro llamado “Tinta Densa Patagónica” que rescató la historia de la movida historietística de los años ‘90. El libro fue reeditado en 2008 como PDF, para su descarga gratuita desde Internet y finalmente en papel en 2009, ampliado.

El primer rescate-valorización de la movida patagónica de los años ’90 surgido desde el propio ámbito de la historieta se dio en España, en el año 2003. Se publicó una nota en el sitio TEBEOSFERA, especializado en el estudio, análisis y difusión de la historieta.  Para leerla



La siguiente nota rescatando y valorizando la movida fue publicada en abril de 2007 en el número 6 de la revista SACAPUNTAS, publicada por la ASOCIACIÓN DE DIBUJANTES DE ARGENTINA, Buenos Aires. Para leerla

En el año 2010 se publicó un libro de 112 páginas titulado “El Espejo. De los dibujantes del sur”, que rescató la historia y compiló material de los autores que tuvieron mayor presencia en la publicación. Se distribuyó a nivel nacional y está agotado.

En el año 2015 se publicó en España el libro “Historia del humor gráfico en Argentina”, de Judith Gociol y Diego Rosemberg. Le dedicó varias páginas a la movida patagónica, ampliado el contenido con el regreso a partir del año 2007 con la editora “La Duendes”.

Hoy, afortunadamente, la colección completa de “Duendes del sur”, “El Espejo. De los dibujantes del sur” y las más reciente “La Duendes”, se conserva en el archivo de historietas del PROGRAMA NACIONAL DE INVESTIGACIÓN EN HISTORIETA Y HUMOR GRÁFICO ARGENTINOS, DE LA BIBLIOTECA NACIONAL. De no existir ese espacio tan importante para la manifestación cultural que es la historieta, posiblemente todas esas publicaciones se hubiesen perdido.

Páginas de fotonovela realizada y protagonizada por varios dibujantes.


En marzo de este año se cumplieron 30 años de la joven aventura que fue “El Espejo. De los dibujantes del sur”. Aunque cuando se habla o escribe sobre “historieta nacional” mayormente se refiere a la publicada en Buenos Aires, desde el sur hicimos nuestro aporte.


Publicaron: Mario Tondato, Jorge Alderete, Carlos Vilche (El Ink), Diego López de Murillas, Manuel Gutierrez, Marcelo Candia, Martín Chirulo, Gabino Tapia, Di Silvestro, Juan Marchessi, Liliana y Marcela Ostrovsky, Carlos Riela, Walter Cazenave, Marcelo Pifarré, Daniel Lapetina. Adriana Muñoz, Marcelo Noriega, Francisco Palacios, Gustavo Morichetti (Tavo), Ramón de la Fuente, Horacio Marras, Quique González, Juan Carlos Moisés, Karolli Williams, Rodrigo Gorosito, Ricardo Macías, Roberto Guerrero, Aguado, Marcelo Martinelli, Son, Antonio Reus, Cristian Huberty, Luka, Mario y Gustavo Morón, Ignacio Stankewitsch, Vanesa Sosa, Olie Mayorga, César Hernández, Juan Barria, José Luis Tuñón, Sergio Miranda, Coffe, Maximiliano Melinchuk, Sebastian Bravo, Lisandro Ruiz, Fabio Aguilar, Dolores Morón, Marcelo Gavilán, Diego Fonseca, Marcos Di Tullio, Mario Mendonca, Leonardo, Eduardo Gallardo, Manuel Coronel, Lautaro Fiszman, Sandra Lavandeira, Ezequiel García y Jorge Gallardo.

jueves, 24 de marzo de 2022

HUGO PRATT el tano, por Germán Cáceres

                                          (Buenos Aires, libro artesanal, 2021, 256 páginas)




A manera de introducción hay una frase de Hugo Pratt: “Yo tengo un antiguo pacto con el futuro, porque trato de alcanzar ciertas cosas que sé que no tendré jamás.”

Este libro tan bien escrito está inundado de datos sobre el artista. No creo que Pratt haya sabido tanto sobre su propia vida y obra  como este ensayista que realizó a partir de 2004 una investigación ciclópea.

Pratt nació el 14/6/1927en Playa del Lido entre Ravena y Rímini – aunque él se consideraba veneciano–y falleció en Grandvaux, Suiza, el 20/8/1995. Se casó dos veces, tuvo cuatro hijos y, además, reconoció a dos naturales.

Pravia es sumamente minucioso al detallar los pormenores de la vida de Pratt. Opina que “…se ha definido como un autodidacta dotado por la naturaleza, con un permanente interés innato por el dibujo y dueño de un universo propio surgido de su imaginación…”

El libro se da el lujo no solo de enumerar la obra completa de Pratt, sino de aquellos historietistas que fueron sus amigos y de sus compañeros de trabajo. Admiraba a dibujantes de la talla de Milton Caniff, Alex Raymond, Noel Sickles. Alex Toth y Will Eisner. Además, el volumen menciona innumerables historietas y revistas.

Pratt siempre demostró una vocación aventurera que no puede dejar de evocar a otro grande: Robin Wood.

Hugo Pratt el tano cuenta con muchas fotos y dibujos suyos y también de otros sobresalientes maestros del grafismo.

Pratt siempre ha manifestado que no quería tener casa propia porque no podía estarse quieto en un mismo sitio: fue un trotamundos insaciable Y así, el texto intenta captar todos los aspectos de su personalidad: gestos, manías, las salidas con amigos, sus mujeres y, especialmente, sus comilonas. Se lo percibe excéntrico, vital, anárquico.

Fue uno de los tantos integrantes del equipo artístico que se aglutinó alrededor de la figura de Oesterheld  –al que consideraba el más grande guionista de historietas– cuya casa “…fue un verdadero semillero de arte”.

Sobre la evolución del estilo de Pratt a partir de El Sargento Kirk –el guión pertenecía a Oesterheld– en el cual exhibía excelentes primeros planos y usaba pincel en las manchas, Pravia señala que más adelante adopta una figuración que lo llevaría al “…más puro concepto cinematográfico de narración”. También indica que “…trabajaba en sus originales al doble del tamaño de publicación.” El mismo artista se definió como “un escritor que dibuja y un dibujante que escribe.”

Se señala a la recordada Escuela Panamericana de Arte, fundada por los hermanos Enrique y David Lipszyc y en la que ejerció Pratt como profesor. También  nombra a otros maestros que ejercieron la docencia allí.

En cierta forma, con sus abundantes datos, mientras habla de Pratt comenta una parte importante de la historia de este noveno arte. Por ejemplo, la Editorial Frontera y sus famosas revistas Frontera y Hora Cero. Allí nació uno de sus tantos hitos: Ticonderoga Flint, con guión de Oesterheld. El mismo dúo dio origen a Ernie Pike, un cronista que relata los sufrimientos y desastres que origina la guerra.

Pravia enuncia que Ann y Dan (1959) fue la primera historieta que realizó en forma integral Hugo Pratt, asistido por Gisela Dester en dos episodios.

En 1967  Pratt escribe y dibuja La Balada del Mar Salado, en la que aparece su personaje más logrado y que le dio fama internacional: Corto Maltés. Éste recibió el Yellow Kid en el Festival de Lucca de 1970 y fue premiado en el Festival de Angouleme en 1976. La lista completa de distinciones que obtuvo es inagotable. Según el guión de Pratt, el Corto Maltés nació un10 de julio de 1887 en Malta, hijo de una gitana sevillana y un marinero inglés. El héroe se sumerge en aventuras de todo tipo, lindantes con la fábula: es un bohemio, un soñador que viaja a los lugares más insólitos del planeta.

Al final del libro hay un artículo de apenas cuatro páginas –«Orígenes de la Literatura Dibujada»– donde se resume con un poder de síntesis poco común la historia de este género en la Argentina.

Hugo Pratt el tano es un libro excelente e imprescindible: debe figurar en la biblioteca de todo amante de la historieta. Juan Sasturain enfatizó: “Qué envídia. Muy pocas veces un libro nos produce una sensación así. Gracias por eso.”

Aldo Pravia (Buenos Aires, 1947) trabajó como dibujante publicitario. Desde muy chico fue un fanático de las historietas y cursó un año en la Escuela Panamericana de Arte. Asimismo, estudio dibujo y pintura con distintos maestros. Escribió artículos, colaboraciones y producciones de cine y TV. para Argentina e Italia.

Germán Cáceres

domingo, 6 de septiembre de 2020

Libro de FANZINES, Por Germán Cáceres


(Temperley, Tren en movimiento, 2018, 192 páginas)



En la «Introducción» Schmied aclara que el libro encara una “…búsqueda de producciones que ya se hayan interesado en el tema de la microedición a la vez que plantea el desafío por encontrar nuevos abordajes, e incitarlos, si es posible.”
En «Fragmentos de una historia de la microedición» se aclara que los “…textos acompañaron la muestra curada por Alejandro Bidegaray y Alejandro Schmied en el Centro Cultural Rojas de C.A.B.A. entre el 4 y el 28 de agosto de 2017”, de la cual se incluyen algunas imágenes de tapas y publicaciones. En ellos se destaca la existencia de nuevos activismos. Este movimiento de revistas subterráneas (revistas subte) fue importante en la época del Proceso por referirse en gran parte a una problemática vedada por la censura. Aquí se habla mucho de contracultura al proclamar de que “El fanzine es herramienta, vehículo, medio. También recurso estético, elección productiva. La autogestión como afirmación.” Debe aclararse que fanzine surge de la conjunción de dos vocablos ingleses: fan, admirador, fanático, y magazine, revista. Se trata de ediciones no profesionales realizadas con medios rudimentarios (fotocopias especialmente, por las cuales los fans estaban fascinados como medio de divulgación) y con escasa circulación dado su carácter no comercial.


A continuación figura la entrevista que  en enero de 2013 Melina Dorfman y Alejandro Schmied le realizaron a «Patricia Pietrafesa», responsable del famoso fanzine Resistencia. Allí menciona que en su formación fue fundamental el libro de Juan Carlos Kreimer Punk, la muerte joven (1978). Pietrafesa se consideraba punk, movimiento musical sinónimo de resistencia, y por eso le puso ese nombre a su publicación. En uno de sus números aparece una nena que está saltando y comenta “quien dijo que no hay futuro si por cada policía muerto nacen mil niños”. Fue detenida  por esta frase pero aclara que en ese momento no fue maltratada. Más adelante, declara que: “Sentíamos el poder de la libertad individual, el poder que da la realización, decir ´yo acá pongo lo que yo quiero cuando yo quiero´. Es re fuerte. Me di cuenta del poder que tenía.” Patricia Pietrafesa tocaba en un conjunto de rock, hacía festivales y le encantaban manifestar sus puntos de vista sobre libros y películas: de allí su fascinación por el fanzine como medio de comunicación y de expresión estética. Reivindica al punk como una cualidad que había surgido en todo el mundo, y que representaba “un montón de cambios y de ideas para poner en marcha.”  


Rafael Aladjem, creador de «Homoxidal» en 2001, relata la evolución de ese fanzine, que empezó a enrolarse en la corriente queerpunk y cuestionando “cualquier esbozo de dogma en la órbita glttb, y el uso de la provocación y la introspección como ejercicio vital, anterior a cualquier definición o etiqueta”. Los fanzines, más allá de sus diferencias y propósitos pueden considerarse revulsivos y cuestionadores de todas las prácticas sociales.
«Los fanzines en la historieta argentina (1979-2014)», por Julián Blas Oubiña Castro y Roberto Barreiro,  es un informe muy erudito, fruto de un titánico trabajo de investigación. Comienza con una queja porque los ensayistas entienden que no obstante haber tenido una presencia constante en la historieta argentina durante más de treinta años y su importancia “para cualquier estudioso que aprecie la cultura popular y, en especial, el noveno arte”, carecen de una reseña histórica. Además, señalan que no pocos cultores del género tienen un desprecio por esta manifestación de jóvenes que no son profesionales y carecen del andamiaje técnico necesario como para llevar a cabo una producción comercial de calidad. Se considera que el primer fanzine apareció en 1972 y se llamó Archivo de la historieta. Más allá de su edición rudimentaria (en papel entintado, con pocas páginas y escasos números fotocopiados) traían valiosa información sobre el medio y todo tipo de historietas, entre ellas no pocas “raras, extrañas, de un humor absurdo y de estilos poco convencionales”. Otros dos términos de la jerga que deben aclararse son el inglés fandom, que señala a un grupo de entusiastas de algún producto o acontecimiento. Otro es prozine: se trata de un fanzine con ambiciones de plasmar un producto de gran calidad artística. Entre los fanzines destaca Comiqueando lanzado en 1986, y centrado en la investigación, que cita continuamente los comic-books norteamericanos, que tuvieron tanta influencia en nuestro medio, sobre todo a través de los superhéroes. La figura descollante de esa publicación –que actualmente es virtual– es Andrés Accorsi. Los responsables de esta nota se preguntan si “…si en realidad los fanzines no han sido otra cosa que la punta de lanza de un proceso que ha trocado comercialidad por apertura estética”. Debe destacarse que varios colaboradores o directores de fanzines lograron incorporarse al profesionalismo como dibujantes, ilustradores y guionistas, tanto en el país como en el exterior. Ya en los noventa las posibilidades de los autores de fanzines eran prácticamente imposibles debido a las crisis económicas.




 “Así, el fanzine ya no fue una paso previo e inicial, sino que era la única posibilidad de publicar”. Sin embargo, en abril de 1994 se desató con Catzole, cuya tirada llegó a dos mil ejemplares, un nuevo torrente de fanzines. El Tripero, realizado por el taller de alumnos de Alberto Breccia luego de su fallecimiento, que sacó ocho números entre 1994 y 2003, se destacó por el “claroscuro, o sea, expresionismo de luces y sombras, con una tendencia ´feista´”. Falsa modestia publicó ocho números entre 1996 y 1999 en Mar del Plata. Fue un trampolín para la consagración de un artista como Gustavo Sala, cuyo humor absurdo está plagado de exabruptos cuestionadores. RAN (Robot Argentino Nipón), que entre 1993 y 1999 emitió dieciocho números, estuvo dedicado al manga y al animé. Mención aparte merece la revista Fierro que salió en setiembre de 1984 con pretensiones de renovación y ser reconocida por un público adulto. Traía el “Subtemento Óxido”,  con una estética cercana al fanzine, parte de cuyo plantel de autores terminó colaborando en la misma Fierro. Esa década fue testigo del derrumbe de históricas revistas de historietas. 


Así Fierro en 1992, Skorpio en 1996 –tras una trayectoria de veintidós años–, y la poderosa Editorial Columba en 2001, que marca la desaparición de la historieta industrial: todas las editoriales del rubro habían cerrado o suspendido sus publicaciones. En estos años se produjo una revolución en el mundo adolescente con la historieta Cazador, en la que trabajaron Jorge Lucas, Sergio Ramirez, Ariel Olivetti y Renato Cascioli, que se transformó en revista, con un humor zarpado y audaz. Lápiz Japonés fue un proyecto autogestionado con afán experimental a cargo de profesionales prestigiosos que se inspiraron en la famosa revista Raw de Art Spiegelman. De Hacha, producto de una cooperativa, aparecieron seis números entre 1996 y 2000. Entre el 23 y el 25 de mayo de 1997 tuvo lugar el «Historietazo», acontecimiento a partir del cual, según Andrés Accorsi, se inicia el período que denominó Primavera de los fanzines, por el nacimiento de numerosas publicaciones independientes. Pero, lamentablemente, en 2003 salen por última vez productos de la escena independiente de esa década. Un evento importante para el mundo de los fanzines fue la organización en 2008 y 2009 del festival «Viñetas Sueltas».  Sobreviviendo aún está Rebrote (surgió alrededor de 2004), que tiene por ídolo al dibujante Lucho Olivera (1942-2006), cuya dirección integran, entre otros, Felipe Ávila (falleció en 2018) y Marcelo Bukavec. Remarcan Oubiña Castro y Barreiro que “hubo varios emprendimientos similares de artistas agrupados en blogs comunitarios”, pero que “debido a las tradiciones y costumbres (…) solo se ven legitimadas en el objeto, es decir, cuando son impresas en papel. Esta búsqueda de legitimización  es la que promueve la continua aparición de fanzines.”  Y agregan que la historieta dejó de ser popular y hoy es un arte para minorías y, por consiguiente, las ediciones son de muy bajas tiradas. Por consiguiente el fanzine comienza a mirar el circuito comercial como un igual. Como corolario de la nota sus autores reflexionan que la participación femenina –antes casi inexistente– enriqueció el género. Y razonan así: “Puede que la industria haya desaparecido o se haya reconvertido en un mercado pequeño y diversificado, tan segmentado que pocos artistas y editores pueden vivir de este; pero la historieta argentina, como arte y tradición, nutrida en buena medida por los fanzines y las revistas autoeditadas, ha demostrado aptitudes excepciones para su supervivencia, y las nuevas creaciones no tienen nada que envidiarles a las de antaño.”                             


Otro artículo es la entrevista realizada por Julián Blas Oubiña Castro a «Diego Arandojo», que además de guionista de historietas es periodista, escritor, dramaturgo y –con el seudónimo de Dearand– dibujante. Lafarium Cuatiquis (que significa algo así como «Habitación sin tiempo ni espacio») fue un fanzine que fundó en 1997 junto a su amigo periodista Maximiliano Ramos. Querían dar un espacio al género gótico en todas sus manifestaciones. A partir del 2000 se transformó en una website, es decir una revista digital en formato horizontal. Actualmente la publicación usa el lema “La mirada invisible del arte”, “con lo cual intento transmitir ese concepto de algo que no está ceñido o atrapado en un límite espaciotemporal.” En la actualidad Arandojo trabaja más como guionista de historietas que como dibujante, en razón de que ahora es autor de televisión y de teatro. Entre las entrevistas que realizó se destacan las de Edward Packard, creador del concepto de los libros «Elige tu propia aventura»,  y la de Makoto Uchida, creador de famosos videojuegos como Golden Axe y Altered Beast.  


Carlos Abraham –que cuenta con una extensa obra sobre literatura de género, de la que se puede mencionar La editorial Tor: medio siglo de libros populares, 2012–  escribió la nota «Los fanzines argentino de ciencia ficción y fantasía». Y comenta que Hugo Gernsback publicó en 1926 y en Estados Unidos la primera revista profesional del género: Amazing Stories. Y a partir de ese hecho se fue formando un numeroso fandom. En el artículo indica que la primera manifestación argentina fue la revista Más Allá (1953-1957), que publicó editorial Abril, y cuya sección de correo denominada “Proyectiles dirigidos” se erigió en “un hervidero de opiniones, polémicas y propuestas”. Después destaca la figura de Héctor Raúl Pessina (1937-2016), como el máximo cultor en el país del fanzine. En 1961 fundó el Club Argentino de Ficción Cientifica y en 1962 empezó la publicación de The Argentine Sciencie Fiction Review, que reunía textos en español y también en inglés para acceder a la amplia bibliografía anglosajona. La nota distingue entre hard science fiction –por la formación científica de sus creadores– y soft science fiction –por el enfoque humanista  y social–. En 1975 se fundó el Club de Ciencia Ficción de Buenos Aires, que dio origen a un fanzine. El 1982 se organizó el importante Círculo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía, que contó con una publicación propia denominada primero Boletín y luego CACyF Boletín. Otros famosos fanzines fueron Sinergia, Nuevomundo –dirigida por Daniel Crocci–, Cuasar y Gurbo. En 1989 apareció Axxón en formato electrónico, dedicada a todas las manifestaciones del género: su director principal fue Eduardo Carletti.  Concluye Carlos Abraham afirmando que “aparecieron alrededor de sesenta fanzines argentinos de ciencia ficción a lo largo de una cantidad casi idéntica de años. (…) tales publicaciones no hubiesen existido sin un interés concreto por parte de los aficionados”. Y, asimismo sostiene que en el presente un aficionado al género no crea un fanzine, sino un blog o un grupo de Facebook.


Finaliza Libro de Fanzines con una entrevista realizada por Abraham a «Héctor Raúl Pessina» el 22 de mayo de 2004, en la cual éste habla de su deambular solitario por el género, pese a su perseverante fundación de fanzines. Cita la época que leía solamente revistas en inglés para estar al tanto de lo que se escribía últimamente en el mundo. Por el eso fue apodado “El alienígeno solitario” o “The lonely alien” dado que la mayoría de sus revistas las escribía en inglés. Participó de muchas convenciones internacionales de ciencia ficción y formó una muy rica amistad con Forrest Ackerman, del cual afirma que a pesar de haberse visto personalmente solo tres veces “es uno de mis mejores amigos”. (…) “la ciencia ficción me permitió conocer muchísima gente que, de otro modo, no habría conocido, hacer grandes amistades, pasar hermosos momentos, no sentirme solo”.


Germán Cáceres

miércoles, 8 de julio de 2020

DIARIO DE UN HIJO de Tute, por Germán Cáceres


(Sudamericana, Buenos Aires, 2019, 168 páginas)





Se sabe que Juan Matías Loiseau (1974), conocido artísticamente como Tute, no necesita ser citado como hijo del gran Caloi (Carlos Loiseau, 1948-2012), creador de Clemente, sino que hace años que ha adquirido vuelo propio. Desde 1999 colabora los domingos en el diario La Nación  Ha publicado numerosos libros en el país y en el exterior. También es músico y dirigió cortometrajes de animación. En 2012 recibió el Premio Konex y en 2018 presentó el proyecto audiovisual de videoclips Canciones dibujadas, con títulos de su autoría, intérpretes prestigiosos e ilustradores reconocidos. En 2014 Quino opinó sobre él en el prólogo de su primera novela gráfica Dios, el Hombre, el amor y dos o tres cosas más: “Lo digo así, de sopetón: Tute es para mí, sin duda alguna, el mejor dibujante de humor gráfico argentino surgido en los últimos años.”


La que se comenta aquí es una catarsis de Tute para superar el duelo por la muerte de su padre, a quien reconoce que idealizó: en una página lo representa como un gigantesco Superman. En un reportaje que le realizó el 23/7/2019 Sergio Sánchez para Página/12 sostuvo: “Pero creo que el duelo es el aprendizaje de una cosa muy importante: convivir con esa ausencia”.
Tute presenta un estilo de dibujo que impera en el humor gráfico de esta época: sintético al máximo, apenas unas líneas que sugieren personajes y ambientes. Es como si la imagen fuera tributaria de los diálogos ocurrentes y agudos del libro. El blanco de la página opera como un signo opresivo que anuncia que algo malo pasará, en este caso la muerte de Caloi.


En resumen, el Diario de un hijo es una suerte de autobiografía del autor, desde su nacimiento hasta el fallecimiento de su padre. Esta narración es nostálgica y desborda poesía: su emotiva impronta impacta en la sensibilidad del lector.
Así se narra el diálogo que sostiene él con su inconsciente, que por momentos vuelan juntos como si fueran pájaros y observaran la ciudad desde el aire.
Tute diseña una suerte de filigrana con ambas aves  sobrevolando con un fondo blanco que opera como un foco cegador. Con frecuencia no usa viñetas, las que debe imaginar el lector porque los personajes se desplazan por la ciudad.


Un aura onírica sobrevuela en las consultas con la analista y sus conversaciones con el inconsciente. Es evidente que en la vida personal de Tute tienen mucha importancia sus sesiones de terapia y no deja de protestar por esa dependencia en el libro (hasta le da una patada a un psicólogo).
Por tramos los textos son los verdaderos protagonistas y parecería que la simplificación tiene por finalidad que se luzcan las frases y los diálogos inteligentes. Como si Tute hubiese seguido el consejo que le dio Sendra: “Dale a los juegos de palabras”.


Surgen afirmaciones contundentes: “(…) uno siempre llora por las mismas dos o tres cosas”. / “¡La verdad no existe! (…) ¡Indagar es el único sentido de la vida!”. O diálogos memorables como el siguiente:
Tute: Llega un momento en el que pasa todo.
Inconsciente: ¿Para qué tan rápido?
Tute: El tiempo no sabe de burocracia…Los días se agolpan…El tiempo es como el amor…
Inconsciente: ¿Profundo?
Tute: Pasajero.


Hay numerosos cuadritos en silencio que otorgan un clima a esta novela gráfica. No pocas veces se engarzan entre ellos y en ocasiones dan lugar a una admirable figuración abstracta. También hay viñetas de página entera repletas de múltiples líneas y colores propios de cuadros  de pintura experimental cercana al absurdo; un desarrollo delirante que parece pertenecer al universo de las pesadillas. Así, después de la muerte de su padre (8/5/2012), el personaje que representa a Tute desciende a las tinieblas del Leteo, en un alarde gráfico de gran virtuosismo y extrema belleza. Un gran final, como merecía este libro maravilloso.


Gerrmán Cáceres

martes, 2 de junio de 2020

CORAZONES DESATADOS de Jorge Fernández Díaz. Ilustraciones de Liniers. Por Germán Cáceres


CORAZONES DESATADOS
de Jorge Fernández Díaz




Es una colección de veinte cuentos modernos, creativos, que se leen con placer debido a su prosa esmerada y de extrema soltura. Todos los títulos desbordan humor e ironía y algunos presentan desarrollos y desenlaces que rodean el absurdo. La mayoría de los protagonistas tienen conductas estrafalarias y disparatadas.  Las ilustraciones de Liniers complementan a las maravillas la escritura, que a tramos se vuelve alucinatoria, lo cual se puede observar en algunas de las sorprendentes metáforas de Fernández Díaz: “Yo también sigo queriendo a mi ex mujer. La carne siempre queda cruda. Recién se cocina en el horno de la próxima relación”.
En Corazones desatados se puede deducir que no son fáciles los encuentros sinceros y profundos entre el hombre y la mujer, como si el sexo fuera un tabú insoportable. Resulta desopilante y paradójico que entre todas estas historias de amores contrariados, la única pareja que se lleva bien y vive feliz es la que ha decidido no tener sexo («En busca del amor perfecto»).
« Jorge Fernández Díaz (Buenos Aires, 8/7/1960) es periodista y escritor de crónicas, cuentos – Te amaré locamente – y novelas – Mamá, La segunda vida de las flores, El Puñal, La herida –. Dirigió la revista Noticias y el suplemento ADN Cultura. Es columnista de La Nación y conduce el programa Pensándolo bien por Radio Mitre.  Desde 2016 es académico de número de la Academia Argentina de Letras. (G.C.)

(Alfaguara, Bs. As., 2019)




INTRODUCCIÓN


Se ha hablado mucho –y elogiosamente– del jazz fusión, es decir de su unión con otros estilos musicales, entre ellos el tango. Así, se pueden citar los encuentros de Gerry Mulligan con Astor Piazzolla, Gato Barbieri y Osvaldo Tarantino.
Dado que el Jorge Fernández Díaz escribió Corazones desatados, una colección de veinte cuentos, cada uno de los cuales lleva su título con una ilustración de Liniers, ¿por qué no hacer una nota que abarque las dos disciplinas artísticas, es decir la literatura y el humor gráfico? Allí vamos.



CÓMO IMAGINA LINIERS LOS CORAZONES DESATADOS

Ricardo Liniers Siri (Liniers), Buenos Aires, 15/11/1973, estudió publicidad y se hizo célebre por su tira Macanudo (2002). En 2012 recibió Diploma al Mérito en Artes Visuales por la Fundación Konex, fue declarado en 2014 Personalidad destacada en el Ámbito de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires por la Legislatura Porteña y en 2018 recibió el Premio Inkpot Award, y por su libro Buenas noches, Planeta el cotizado Premio Eisner. Se dedica también a la pintura y a la edición (junto a su esposa Angie Erhart Del Campo fundó en 2011 La Editorial Común). Participó en el documental El trazo simple de las cosas (2010), de Franca González, muy aplaudido y reconocido tanto en el país como mundialmente. Su personaje Enriqueta es un éxito absoluto que se erigió en la insignia de #Ni una menos.


En Corazones desatados Liniers emplea una gráfica tipo naif, donde los personajes adquieren facetas propias de los títeres. Asimismo pueden asociarse con muñequitos o robots que, junto con los objetos, tienen distintas proporciones, como si pertenecieran a un conjunto variado de viñetas que se yuxtaponen. Sus narices estilizadas son una especie de marca de fábrica del artista. Por momentos parece desarticular la historia narrada en los cuentos y volcarla sobre el papel a través de audaces composiciones.
Utiliza una amplia gama de grises y sus dibujos son sencillos, sin ornatos. Pueden asimilarse a una versión actualizada de tantas ilustraciones que se realizaron de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. 


El arte de Liniers es tan amplio, rico y creativo que puede dispararse y adquirir múltiples direcciones, una de las cuales hasta podría optar por el revolucionario action-painting de Jackson Pollock.


Germán Cáceres




lunes, 23 de septiembre de 2019

PATAGONIA Tierra adentro de Alejandro Aguado, por Germán Cáceres


EN BUSCA DE PANGEA.
(La Duendes editora, Comodoro Rivadavia, 88 páginas)



El libro lleva como subtítulo «Crónicas ilustradas del territorio desconocido», que resume magistralmente su contenido. En la «Introducción» añade: “…habla desde miradas que podrían ser emparentadas con la antropología, la etnología, la historia, la geografía, la arqueología y la geología.”


Es texto es muy emotivo y, entre otros recuerdos, relata los viajes que hacía de niño junto a sus padres por la Patagonia y rescata la historia de poblaciones olvidadas. Su prosa es segura, no intenta lucirse sino informar con precisión y claridad. Exhibe un vocabulario amplio y ajustado sobre las características de la zona. Varias veces realiza una sugerencia diáfana y profunda:”Un paisaje inalterado desde hace miles de años y el rastro de antiguas presencias humanas, nos hicieron concluir que no hace falta una máquina para viajar por el tiempo”. / “Como varios de los cerros del centro sur de Chubut, se originó 340 millones de de años atrás en el continente conocido como Pangea”.


Aguado no solo escribió las crónicas: también el material fotográfico y los dibujos sobre este panorama telúrico son suyos. Las fotos resultan valiosas porque registran paisajes, edificaciones, manifestaciones del arte rupestre y cementerios indígenas que la mayoría de los lectores, incluso los patagónicos, desconocen. Las ilustraciones poseen un registro realista a veces entrelazado con rasgos de humor gráfico; en ellas prevalece el negro con zonas y detalles en blanco que transmiten un contraste no exento de armonía. En «El último viaje a Cañadón Lagarto», una estampa de bellísima factura muestra un sector del pueblo –prácticamente desaparecido– con vecinos, autos de principios del siglo XX, carretas, caballos y una locomotora. Además, en sus comentarios demuestra poseer una enorme sensibilidad hacia los animales.


A lo largo del libro interviene una visión fantástica de la realidad porque refiere, por ejemplo, que se vieron aparatos con luces que podrían ser helicópteros militares u ovnis. Hay varias historias de duendes, espectros, gauchos fantasmas, la célebre Luz Mala y demonios, muy propias de la Patagonia. Así, señala que “Llevaba años conociendo tehuelches y había aprendido a aceptar que existen prácticas y ritos que conectan con lo esencial. Un entendimiento que en la culturas occidental se extravió en alguna etapa…” Y también tiene la certeza de que el pasado nutre la realidad contemporánea.


Un encuentro con el escritor y guionista de historietas Guillermo Saccomanno no podía dejar de derivar en una charla sobre el género, ya que Aguado es un dibujante reconocido y responsable de un blog y una página acerca del arte de los globos y los cuadritos y también es director de la editorial La Duendes-Historieta Patagónica.
El autor puede definirse como un explorador, un viajero incansable, un émulo patagónico de los famosos Stanley y Livingston.


Patagonia/Tierra adentro se completa con una extensa «Bibliografía general».
Alejandro Aguado (Comodoro Rivadavia, 1972) fue nombrado “Vecino destacado” de su ciudad natal y “Socio Honorario Nº 1” de la Sociedad de Historia y Geografía de Aysen, Chile. Expuso en muestras individuales y colectivas en Argentina, Ecuador, Colombia, Brasil, España y Alemania. Obtuvo el 1er. Premio en el rubro historieta en la Primera Bienal de Arte Joven de la Patagonia. Participó en el libro Malvinas. El sur, el mar, el frío, que obtuvo el primer premio en los Premios Nacionales Banda Dibujada 2017. Su obra fue difundida a través de entrevistas y notas en medios regionales, nacionales y extranjeros.


Germán Cáceres