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lunes, 18 de octubre de 2021

Robin Wood (1944-2021)

Partió Robin Wood, el gran guionista de historietas que resultó fundamental para generaciones de lectores de Argentina, de Latinoamérica y varios países de Europa. De tiempos en que la historieta se leía de a cientos de a miles, cuando abundaban en todas las casas, se leían en los colectivos, en las salas de espera de peluquerías, médicos, etc.,etc. Dotado de gran sensibilidad y talento para construir personajes y series de notable inserción entre los lectores, sus obras gozaron de una notable repercusión a nivel popular. Por sólo citar algunos, asociados a su vez con los notables dibujantes con los que colaboró: Nippur de Lagash, Dago, Savaresse, Pepe Sánchez, Mi novia y yo, Or Grund, Mark, Gilgamesh, Jackore, Dennis Martin, El Cosaco, etc., etc. Series que aportaron para que la historieta popular gozara de enorme repercusión y circulación.

Nació en Paraguay y los últimos años residía en su país de origen, pero para todos los que fuimos sus lectores, siempre va a ser Argentino ya que es donde generó los personajes que lo hicieron trascender a nivel internacional. A fines de los ’90 le perdimos el rastro cuando de la mano de las crisis económicas se extinguió la industria de la historietas. Pero para entonces ya triunfaba en Europa con los mismos personajes nacidos en Argentina. Años después lo reencontramos por medio de libros recopilatorios de sus antiguas series, y las que nos actualizaban los personajes que nacieron en Argentina pero continuaron su vida en Italia. Tal es el caso de Dago, que hoy es uno de los principales de ese país.

Hablar de Wood es hablar de los tiempos en que se iba a un quiosco de revistas y habían más de una veintena de títulos de revistas de historietas para elegir, de buenos tiempos de una industria que fue robusta, con grandes editoriales de gran masividad. Como lectores, fuimos muchos los que tuvimos la suerte de disfrutar de su obra. Hoy, en las redes sociales y los medios se nota la importancia de su legado, en la repercusión de su partida. Su obra ya forma parte del patrimonio cultural del país.  

En el blog de LA DUENDES  se puede leer una entrevista a Robin Wood que publicamos en el año 2011, realizada por Germán Cáceres.

 

sábado, 6 de marzo de 2021

VIDEO sobre CARLOS CASALLA, el autor de El CABO SAVINO



El maestro CARLOS “CHINGOLO” CASALLA, fue uno de los grandes maestros de la historieta argentina. Su personaje más conocido, sumamente popular e ícono de la historieta argentina de sus épocas doradas, fue el Cabo Savino. Personaje creado en 1950, ostenta el record de ser el de género de aventuras que en el país se publicó más de medio siglo, más décadas que cualquier otro. Entre los personajes que dibujó, también memorables, se cuentan El Cosaco, Alamo Jim, El Capitán Camacho, Perdido Joe, Ronstadt, Memorias de un porteño viejo, etc. A lo que se suma una obra basada en historias y personajes de Patagonia, poco conocidos fuera de la región.  A Casalla lo conocí en Bariloche en 1993, cuando se realizó la Primera Bienal de Arte Joven de la Patagonia, de la que participaron 500 artistas y obtuve el primer premio en el rubro historieta. Desde fines de los ‘90, cada vez que pasaba por Bariloche lo visitaba en su domicilio. Casalla, era sumamente humilde, amigable, franco y de trato muy cordial. Tuve el gusto de dibujar un guión de él. Desde LA DUENDES se le editó en dos libros (entre ellos una versión del Cabo Savino) y un libro de homenaje al Cabo Savino del que participaron numerosos autores del país y el extranjero.

Pocas semanas atrás, en la ciudad de Sarmiento (Chubut), me hicieron acordar que tenía archivados videos fotos que le tomé durante algunas de las visitas, de los años 2007, 2009 y 2010. No tengo de años previos por carecer por entonces de cámaras digitales. Transcurrido el tiempo, tomo conciencia que estas fotos y videos, hoy son  un testimonio histórico. Lo muestran dibujando al Cabo Savino en el living de su domicilio, en su estudio y durante una muestra colectiva en Bariloche de la que participaron otros grandes maestros de la historieta nacional. Al volverlos a ver, me gustó que reflejan momentos de su vida cotidiana, ya que ninguna toma fue planeada. Surgieron mientras conversábamos, mientras él trabajaba o cuando simplemente se compartían momentos. Con ese material armé este pequeño video a modo de recordatorio y homenaje. Tanto él como sus personajes, fueron íconos de la historieta argentina, de la que disfrutaron tantos millones de lectores. Espero les guste.

Alejandro Aguado


sábado, 10 de octubre de 2020

POR AMOR AL CRIMEN Entrevista a Germán Cáceres

 Por Gustavo Bernstein




 

El policial puede pensarse también como una erótica criminal. Así, al menos, lo explicita el título del último libro de Germán Cáceres: Por amor al crimen (Moglia ediciones), volumen de relatos que oscilan entre el thriller y el noir para ofrecernos un variopinto paisaje de delitos que se despliegan a la vez como un fresco de la violencia cotidiana en la metrópoli contemporánea.

Autor de una vasta obra que incursiona en diversos géneros literarios: cuentos, novelas, la dramaturgia, las ficciones infantiles y juveniles y una copiosa ensayística que motivó el Premio Eduardo Mallea de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Cáceres fue también galardonado en Bulgaria con el título de Gran Maestro del Relato Policial, oficio en el que reincide en este nuevo compendio de cuentos sobre el que tuvo la gentileza de dialogar.




–¿Cómo comenzó tu acercamiento al género y cómo derivó en esta compilación?

–Leí un reportaje que le hicieron a García Márquez, en el cual él afirmaba que las cosas valiosas de su vida y que influyeron en sus libros las tuvo aproximadamente hasta los ocho años: luego no le ocurrió nada importante. Yo, en cambio, a esa edad tuve vivencias significativas: leía muchas revistas de historietas que traían como protagonistas a detectives de la talla de Vito Nervio, Dick Tracy y Rip Kirby. Unos pocos años más tarde comencé a devorar folletines policiales. Mi entusiasmo fue tal que ambicionaba ser detective privado cuando fuera adulto.


Dick Tracy


–¿Quiénes son tus referentes del género?

–Los grandes de la novela negra: Raymond Chandler, Dashiell Hammett y Ross Macdonald. Estos autores describen una sociedad violenta que ha naturalizado el crimen. Además, también los policías, jueces, empresarios y políticos integraban la trama delictiva. De los tres, mi favorito es Macdonald por su aproximación psicológica a los personajes, sobre todo el buceo introspectivo que realiza su detective Lew Archer.


–¿Cuáles son, a tu entender, las premisas de un buen relato policial?

–Nada menos que ser atrapante. El suspenso es necesario no tanto para descubrir quién fue el culpable, sino para mantener pendiente al lector del desarrollo de la trama, la cual debe ser original. Aclaro que el género fue enriqueciéndose prestando atención no solo a la personalidad del héroe, sino también indagando sobre el ámbito en el cual actúa.

 

 



–Tu libro se divide en cinco acápites: Los cinéfilos, Instantáneas, Aparecidos, Secretos de la plástica y Bonus Track. ¿Qué singularidades conceptuales o temáticas te llevaron a reunirlos de ese modo?

–En principio los utilicé como un paratexto para realzar el libro. Respecto a las temáticas, en los cuentos que integran Los cinéfilos está presente el cine. Como padezco de cierta cinefilia, no fue casual que imaginara esas historias. Instantáneas me pareció un título apropiado por la brevedad de los cuentos que lo integran. Aparecidos responde a que son relatos plagado de fantasmas – una cuestión que me fascinó y asustó de chico– o incursionan en la literatura fantástica. Aunque me encanta la pintura, Secretos de la plástica obedece al hecho de que a través de este bello arte están parapetadas organizaciones criminales que trafican con las obras. Un ejemplo es el implacable Ripley, protagonista de varias novelas de Patricia Highsmith. En cuanto a los demás cuentos, aunque solo algunos rozan el género policial, no quería que permanecieran inéditos. Entonces los agrupé con el título de Bonus Track, que se emplea para denominar la música adicional que se agrega a un álbum que se reedita.




–En algunos relatos aparecen situaciones sobrenaturales o de ciencia ficción; en otros se abunda en viñetas humorísticas o en el entramado de un crimen impune, todo lo cual parece alejarlos de la estructura clásica o pura del género: investigación detectivesca, pistas del crimen y resolución del enigma. ¿Cómo concebís estos cruces y derivaciones?

–Justamente Chandler, Hammett y Macdonald se alejan –por su atención y acento puesto en el tema social– de la novela enigma, a la que también se la puede llamar whodunit. Además, no debe olvidarse que John Connolly, uno de los más prestigiosos escritores de la actualidad, introduce en sus tramas policiales elementos sobrenaturales.


–Los cuentos tienen un estilo llano, vertiginoso. No se detiene en ociosos menesteres ni se regodea en descripciones manieristas, sino que va al hueso de la acción. ¿Coincidís con la premisa arlteana del cross a la mandíbula?

–Si bien coincido con Arlt, como también con otras premisas que ilustran su concepción narrativa, en mi caso me guía la intención de que el relato sea ágil, con ritmo. Tal vez me deformó mi asiduidad al cine de acción.


–O al comic, porque muchos relatos se estructuran a partir de una concatenación de cuadros o escenas, como si la base de la estrategia narrativa proviniera de la historieta o como si hubiera un story board original que adquiere forma literaria. ¿Transpolás deliberadamente esas técnicas?

–No es premeditado, pero como leí (y leo) historietas porque escribo ensayos sobre este llamado noveno arte, tal vez he asimilado sus procedimientos para mantener el interés del lector. Tuve muchas conversaciones con el gran guionista Ricardo Barreiro, así que seguramente asimilé no pocas de sus estrategias.


Ricardo Barreiro


–En el volumen hay además un marcado color local, una decidida atmósfera porteña, como si el relato policial te sirviera, más allá del problema y su resolución, para retratar una idiosincrasia. ¿Qué atributos le confiere al género una ciudad como Buenos Aires?

–Entiendo que el escritor debe ubicar la acción en escenarios que conoce para que sus textos posean verosimilitud. Y salvo Buenos Aires, donde resido, apenas recorrí otros lugares del país y del exterior, tan solo fueron fruto de viajes y de vacaciones.



–Si tuvieras que definir tu marca de autor o tus aportes personales al policial, ¿qué destacarías?

–Entiendo que eso lo tienen que señalar los lectores, no yo. Hago mía la frase del gran director de cine Leopoldo Torre Nilsson: los autores somos los peores defensores de nuestras obras, en el fondo no las conocemos. Sin embargo, algo me siento obligado a decir: intento construir una buena historia, que interese y enganche.


Riverito, de Barreiro - Dose


–¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

–Estoy pasando por una suerte de nebulosa. Deseo escribir algo nuevo            y distinto pero no sé por dónde empezar. En un principio quise aventurarme en un ensayo sobre la obra de Ross Macdonald, para lo cual tendría que volver a leer todos sus libros. Pero después pensé que así podría malograr el grato recuerdo juvenil que tengo de su narrativa. Ha pasado mucho tiempo y hay nuevos escritores con propuestas renovadoras, como Henning Mankell, Benjamin Black, Manuel Vázquez Montalbán, Andrea Camilleri, Petros Márkaris, Arnaldur Indridason, Pierre Lemaitre y la inmensa lista sigue, sobre todo con argentinos como José Pablo Feinmann, Guillermo Martínez, Claudia Piñeiro y muchos otros. Posiblemente dañe no solo la imagen idealizada que tengo de aquellas lecturas, sino también la del mismo Macdonald. Después pensé en no leerlas e inventar una aventura de Lew Archer en Buenos Aires, con el recuerdo –tal vez irreal– que tengo de él. Pero tampoco me convenció. Veremos, espero que algún hecho o lectura me despierte alguna musa.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Entrevista a Carlos Nine, por Jorge Boccanera

 

Aclaración: la siguiente entrevista a Carlos Nine (1944-2016) apareció en 2006 en el libro de Jorge Boccanera Entrelíneas 2, y fue replicada con algunos cambios un año después en el número 4 de la revista Nómada (Universidad Nacional de San Martín), bajo el título: “Nine, criaturas a cuerda”.  

 

Entrevista a Carlos Nine: bestiario con alma de barro

Por Jorge Boccanera


Foto tomada en su estudio


 


Nine arma sus esculturas en movimiento con hilachas de la realidad. Así, logra radiografíar el alma de los objetos y los engranajes de sus protagonistas: muñecas fugadas de una caja de música, caballeros de galera atornillados a una base de pieza de ajedrez, objetos metálicos con alas y pechos sensuales, animales de mazapán dando brazadas en un mundo plano. Nine escarba el maquillaje hasta dar con la esencia; ese núcleo en ebullición donde todo se metamorfosea. La osamenta de sus personajes va amasada con  yeso, carbonillas, cartón, pegamento y barro coloreado, igual que los pájaros construyendo su nido con musgo, pelusa vegetal, fibras, raíces y astillas de corteza. “¿Acaso el viejo Breccia y Berni no trabajaban con papeles y trapo?”, afirma interrogando.

Su bestiario va de lo fantástico a lo grotesco en una metamorfosis continua de formas que se resuelven en un estilo que lo identifica plenamente, pero no lo encasilla. La crítica, para referirse a su obra, desliza algunas vecindades -Goya, Kafka, Doré- y arrima estos conceptos: “rudo grafismo”, “imagen esperpéntica” y “decorados surrealistas”.

En verdad Nine, historietista e ilustrador nacido en Haedo en 1944, es un hacedor de texturas: tras la banda de música, sus personajes gelatinosos entran y salen de la escenografía barroca del carnaval y dicen presente en los libros Fantagás, Keko el mago, Gesta Dei, Saubon, el pato que amaba a las gallinas y, el último que editó, Pampa. Trabajos suyos han aparecido, entre otras revistas, en Fierro, Il Grifo, Comic art, Blue y Humi (Argentina), L’Echo des Savannes (Francia), la alemana U-comix, Zona 84, de España, y la norteamericana Heavy Metal.

 
Foto tomada en su estudio

El amplio bestiario creado por el ilustrador Carlos Nine, donde muñequitas fatales exhiben sueños mecánicos y magos del absurdo viajan sobre juguetes a cuerda, se prolonga a la gauchesca en su último libro, Pampa, historia en tres tomos publicada por la editorial francesa Dargaud.

La génesis de este nuevo trabajo realizado junto al guionista Jorge Zentner la cuenta Nine: “La  concebimos con Zentner, entrerriano que vive en Barcelona, cuando fuimos invitados a participar en el salón del comic de La Coruña, celebrado todos los años en ése puerto gallego y tiene mucho prestigio; el alcalde de la ciudad es fanático del género y lo hace a lo grande. Un día, paseando por la costa caímos en la cuenta de que en Francia, mercado para el cual ambos trabajábamos independientemente, no tenían la menor idea de qué cosa era un gaucho, aunque los especialistas habían visto fotos de un Gardel vistiendo de paisano dominguero; otras referencia eran las películas de Valentino disfrazado de  gaucho-chulo de utilería”.  

Los hilos argumentales de Pampa -que reúne en un escenario criollo una fauna fantástica de seres sobrenaturales, mitos y creencias de la llanura- descansa en la historia de un cuchillo: “Hay un facón que pasa de mano en mano dejando un reguero de sangre, hasta romper el hechizo de una india violada transformada en luna ‘mala’, con el mero acto de arrojarlo al fondo de un aljibe para astillar allí el reflejo espectral del satélite-mujer. Hay de todo: muertos que salen de sus tumbas y galopan descarnados buscando venganza, hijos transformados en lobizones, etc. Pero el objeto fetiche que hilvana todas las historias es el facón. Un  folletín a la manera de José María Gutiérrez”.

Pampa está por aparecer como libro de regalo para las fiestas con textos introductorios adicionales: “Sí –completa Nine- una sintética historia de la pintura argentina que escribí referida al tema gauchesco y otro texto reseñando nuestra literatura sobre el tema, en especial la del siglo XIX, sin olvidar el circo de los hermanos Podestá y los almanaques de Molina Campos”.


Fantagás


Un punto fuerte de Nine ha sido otro de sus libros publicados en Grancia, Saubon, el pato que amaba a las gallinas, que recibió el premio “Alph Art” por guión y dibujo al mejor trabajo extranjero en el festival de historietas más importante de Europa, celebrado en Angouleme, Francia. Publicado en bello formato, el libro agotó varias ediciones y está el proyecto de que aparezca en Argentina en el sello propio de Nine: El Yeite Ilustrado.

      La génesis del pato se remonta al año 1989, cuando apareció en una laguna, precisamente la que se le hizo al autor mientras dibujaba para las páginas de la revista Fierro: “Yo publicaba “Keko el Mago”, y como había llegado a un momento en que no sabía por dónde agarrar, inventé ese patito que tiene una novia oficial, una gallina estéril que pone huevos huecos; de modo que existe una situación de histeria entre ambos. Además, el pato tiene ideas de izquierda, es un intelectual”.

      Saubon, el pato que amaba a las gallinas, definido por su autor como “un culebrón protagonizado por animales”, se hizo con el premio francés tras ser votado por un jurado compuesto por nueve mujeres: “Es extraño, pensé que como el pato está todo el tiempo haciendo el amor con todo tipo de hembras –chanchas, gatas, vacas, gallinas, amas de casa, incluso hace el amor con objetos, con una rosquilla de harina- podían interpretarlo como algo machista, pero no fue así”.

Sucede que Saubon, resulta irresistible a las mujeres; conversan con él  y quedan seducidas por el personaje que se asemeja al argentino medio de hoy. Y si estar “pato” en la jerga callejera es estar sin dinero; este pato es un desocupado que apenas cumple trabajos informales. Por si fuera poco, tiene problemas de identidad: “Yo quería hacer un desdichado que a pesar de todo mantiene coherencia ideológica, sabe que hay que modificar las cosas, no se arrepiente de lo que fue y trata de sobrevivir, y junta su ideología con un desbordado erotismo”.

Y sigue Nine en la trama de este “patito” con por novia tiene una gallina estéril que pone huevos vacíos: “El pato fue de izquierda, intelectual. Ahora es un desocupado, esto tiene que ver con el argentino de hoy. Quise hacer un desdichado que pese a todo mantiene coherencia ideológica, sabe qué hay que modificar, y trata de sobrevivir. Quiere agregarle a su marxismo, erotismo, para que entre de otra manera. No es solidario, es violento. Hay una escena donde un vendedor de gasolina vuelve a la casa y lo sorprende. El pato que llegó a la casa como vendedor de cepillos y acababa de hacer el amor con la esposa del tipo, comete el error de esconderse en el horno de la cocina apagada. Le viene la memoria genética de los patos asados, le da un sofocón y sale. Lo pesca el marido engañado y se agarran a trompadas toda noche, y mientras se golpean él explica el tema de la lucha de clases. A la mañana siguiente la mujer que escuchó toda la pelea, los abraza y le dice al marido: ‘comprale un cepillo’”.




Aunque premiado y con éxito de venta en el exterior, el libro no ha salido aún en Argentina debido –explica Nine- al deterioro del mercado: “Teníamos un lector de historieta, un público propio, mientras que en otros países como Brasil están tratando de crearlo. Hoy, ese público no tiene poder adquisitivo y dentro de diez años se va a perder”. En esa dirección, agrega: “Al lector hay que ponerle problemas, exigirle. Quiero que sepa que hay maneras más complejas de contar”.

Sobre la etiqueta remanida de “absurdo” adosada a situaciones supuestamente de cabeza, apunta su desacuerdo: “Con eso se pone en tela de juicio la normalidad. ¿Pero cuál es esa normalidad? Como si fuera fácil evaluar y decidir qué cosa es absurdo, o es real. Para mí sería normal ver un pato del brazo de una mujer. Si Leda y el Cisne de la mitología griega existen, yo me basé en el mito griego”.

Otro libro de Nine que circula por Francia es Gesta Dei (Los trabajos de Dios) que, en forma de enciclopedia recopila ilustraciones publicadas en distintos diarios: “Me fascina la ilusión que tiene un lector de enciclopedia de acceder al conocimiento; es como un sortilegio. Tenerlas tranquiliza. Yo, en cambio, de esas lecturas salía cada vez más confuso, por lo que intenté hacer en Le Monde, Clarín, La Nación, un paquetazo, y los armé como si vos en lugar de una lectura normal, abrís la página sesenta y pico y ves un título y aprendés a leer imágenes porque le agregás el significado. En una se ven edificios rotos (esto se publicó a fines del 2000, principios del 2001); productos de una pequeña explosión, el humito negro; una de las viñetitas es un avioncito. La página se llama ‘16 Vistas de Nueva York’. Y ahí tenés no lo que ocurrió, sino lo que iba a venir”.

 




Inicios: la tiza, la orquesta

Todo Nine es una mano dejando manchas donde pisa; es un niño que no puede dejar de garabatearlo todo: “Yo dibujaba todo el tiempo en el cuaderno, en el pizarrón. Siempre fui lector de historietas mi viejo me compraba algunas. Precozmente, advertía diferencias de estilo. Mi vida cultural –bien clase media argentina- se armaba con algo de cine y mucho de los libros de la colección Robin Hood y Billiken. Pero además el mundo del tango, que atravesaba los pasillos de mi casa, la casa de mis viejos María y Julio. El dibujo entra más que como juego, como algo irreprimible. Mi Viejo, que me alentó bastante, se hartó; me decía que tenía que jugar a la pelota, que no podía pasar todo el tiempo dibujando. Pero yo estaba obsesionado. Mi viejo era violinista en una orquesta de tango; esos bailes de noche que eran una cosa prohibida para otros, eran para mí. Cuando falleció mi papá, entré a trabajar en una imprenta en La Boca. Él, que era  terriblemente antiperonista, trabajó en unas diez orquestas, una de ellas, la de los hermanos Perona. Yo le decía: ‘viste, Dios te castiga’”.


Viñeta de Pampa


      El niño devora revistas y bolsas de pasas de uva en la azotea, refugiado dentro de un enorme paraguas viejo. Escucha la voz de Robinson Crusoe que desde una revista le habla del valor nutritivo de las pasas de uva: “Era fácil acceder a esa fantasía. Y a la aventura que eraesa para mí, la de Crusoe. Nunca me interesó la ciencia ficción. ¿Qué me vas a hablar a mí, sudamericano, de los rayos catódicos? Uno se puede ver como un detective, pero lo otro no. Es un mundo desolado en el que no podía entrar. En cambio leí 20 veces Robinson Crusoe; me interesaba cómo hace un tipo para sobrevivir”.

Nine respira tango, escucha piezas perdidas que le acercan los coleccionistas, quizá traslada una sonoridad a sus carbonillas, a sus acuarelas, un movimiento de cortes y quebradas a sus masillas: “En Keko el mago incluí tres tangos. Keko deja de actuar y viene un tango, como una comedia musical en historieta. Ahí aparecen dibujados algunos músicos; de hecho el compañero de Keko es Gelatina, un gordo que toca el bandoneón y que es igual a Troilo cuando era chiquito. Keko lo encuentra en una canastita: el viejo fuelle abandonado…”. Sobre la pinta de sus personajes, como salidos de una letra de tango, arguye: “Como vestidos de otra época, sí. Yo los visto como en los años 30, que es una moda que me gusta, me da posibilidades de dibujar. Si vos tenés un tipo con sombrero de paja, chaleco y clavel, con gabardina y  bastón, lo tenés que dibujar. Yo colecciono fotos de esa época, y las uso como inspiración. Keko es un tipo muy bien vestido, la madre es una teta directamente. recuerdo que una vez se me acercó una chica y me: ‘usted dibuja en lunfardo’”.

Nine habla entusiasmado de otro proyecto que lo tiene en vilo: un mural para el subterráneo a realizarse el año próximo y que tiene como tema una de sus pasiones: el tango. Por esa vía pasa uno de sus últimos trabajos, para el que debió ilustrar la estación de subterráneos “Osvaldo Fresedo”, entre Jujuy y Venezuela, por invitación de Hermenegildo Sabat: “estoy esperando que se inaugure la línea H de subterráneos, que unirá el norte y el sur de la ciudad por debajo de la avenida Pueyrredón y su continuación, Jujuy. Cada estación está dedicada a un personaje famoso del mundo del tango.  Me tocó Fresedo; irán dos murales muy grandes sobre las bocas de los dos túneles y otros seis de diferentes tamaños, a los costados. Estoy muy entusiasmado con esto,  no sólo por mi fanatismo con el tango, sino porque es además la primera línea de metro de consagración temática referida a una manifestación artística, del mundo”.  

Cuando la palabra “grotesco” como un modo de conceptualizar su obra, se le acerca, exclama: “Lo que yo hago no son grotescos. Es normal. Vivo inmerso en lo grotesco, es donde estamos viviendo. A los franceses les encanta, se olvidaron que tuvieron un pasado grotesco. La bestialización o el subrayado de alguna característica, está también en mucha letra de tango. Cuando me preguntan en Europa qué es el tango, les digo: ‘Hay un montón de huérfanos en una playa que acaban de naufragar; empiezan a juntar palitos para hacer un fueguito y calentarse las manos. Se viene la noche y tienen la ropa mojada. Eso, es el tango’”.

 

Keko el mago


Un realizador de texturas

Nine es un hacedor de texturas. Sus personajes gelatinosos se mueven en una escenografía a ratos barroca. Surgen, según el artista, de unos pocos objetos y una “manual de ideas”: “Yo empiezo por objetos -dice-. Tengo un dado, una silla, un mono y un camino que se pierde; bueno, algo tiene salir de combinarlos. Y tengo mi manual de ideas, llevo 4 tomos; son dibujos que hago mientras estoy hablando por teléfono o en estado de ocio, y que  recorto y pego en ese libro. Esos garabatos que forman una enciclopedia para saber quién soy, me permiten saber también por dónde andan mis pensamientos, mis ideas. Es un diccionario de mi persona. Algunos de mis libros publicados partió de garabatos que guardé, transformé en personajes y envolví en una trama”.

Para la puesta en escena de sus personajes, el historietista  debe manejar elementos de luz y sombra, lo que da mayor –puntualiza- verosimilutud. Y comenta su deseo de hacer muñequitos e iluminarlos como en el teatro: “A mí me volvió loco el cine mudo, donde todo funcionaba con a luz de sol; armaban los decorados, ponían una tela blanca para tamizar y eso era la luz. Me interesó mucho la iluminación y cuando trabajo con mis muñecos uso una luz cenital.

Una consigna posible de su trabajo -todo bicho camina va a parar a su atelier- podría sintetizar una labor que en la que el ilustrador se prolonga en escultor y artesano:

“Esa historieta la inicia el viejo Alberto Breccia –comenta como develando- que hacía originales con maderitas, es un avanzado, un artista plástico. Yo trabajo con varios elementos. Ahora estoy haciéndolo con un material sintético, una masilla maleable que cuando seca da una cosa marfilina. Obliga a trabajar rápido para plantar la idea; después uso tornos y gubias. Lo manual me quedó de mi Viejo, que además de violinista era zapatero, hacía botas finas, a medida Para mí no hay espectáculo más maravilloso que la mano de un tipo manejando una herramienta. Yo veía su mano llena de nudos, venosa, y la habilidad para utilizar esas herramientas gastadas”.

Sobre un estilo de “grafismo mellado” que le adjudican algunos críticos, explica que  viene por Saubom: “Que como lo hice con pluma, hay momentos de trabajo exasperado, escenas eróticas. Los cuadros se van oscureciendo, llenando de rayas, hasta que en las sombras se ven dos cuerpos, el del pato y el de una mina. Y ahí aprovecho para cargar mucho los cuadros hasta que se vuelven abstractos. Visualmente, ese montón de sombras, insinúan”.




Al hablar de vecindades aparecen varios nombres. Sobre Doré, comenta: “Claro, es un gran ilustrador francés, y como yo utilizo una forma de dibujar que es un poco como antigua, me lo nombran. Trabajo con plumas, trazos gruesos y finos, muchas rayas, sombreado; es difícil hacerlo con la pluma”. Sobre Dalí, es categórico: “Como pintor me parece relamido, es un pícaro”. Y tras autocalificarse –guiño por medio- de “renacentista, salvando las distancias”, teniendo en cuenta el cruce de elementos utilizados y sus trabajos inclasificables, entra de nuevo a la anécdota: “Descubrí hace tiempo a Julio González, un escultor catalán del que Picasso sacó mucho.  Lo de Picasso era armar y volver a construir, vale decir: un espíritu de riesgo. Eso me lo explicó un tío mío que no era dibujante, sino bandoneonista y ferroviario. Lo visité después de mucho tiempo y hablamos del fueye. Yo era adolescente y lo tenía por un tipo conservador. Le hablaba de Troilo y me respondía sin entusiasmo. Lo increpé: ‘¿Qué, no te gusta Troilo?’. ‘No, sí, cómo no me va a gustar? –me dijo- pero no arriesga. Piazzolla sí’. Él me hizo escuchar a Rovira. El mensaje era ése: hay que arriesgar; la sensación de que estás corriendo peligro no te la quita nadie. Si no, te jubilás”. Y en esa línea pone a Bruneleschi, arquitecto, pintor y matemático, que construyó el famoso techo circular sin soportes de la Basílica de Florencia: “Era un genio. Y no hablemos de Leonardo que era un poco el paradigma, esos tipos sabían de cocina, de geometría, de arquitectura”.

Y hablando de influencias y cercanías –también se suele mencionar a Kafka en referencia a su trabajo- Nine dice sentirse próximo a los escritores Boris Vian, Felisberto Hernández, Oliverio Girondo y Roberto Arlt: “son nombres obligados. Cuando descubrí a Vian me volví loco, tengo todos sus libros, hasta guiones, me encanta su forma de escribir. Es crítico de jazz, traductor, músico, cantante, compositor. En el estantito de Vian tengo a Felisberto Hernández y a Girondo, que nunca se pone viejo, no se arruga. Pero Arlt es el capo de los escritores argentinos. Siento una proximidad muy grande con las visiones que tenía el Bosco, y quien vio su pintura, que remite a simultaneidad de situaciones caóticas, encuentra a Arlt”.



En rev. Humi


En la lista de gustos hay ilustradores como el citado Breccia, pero también el Oski “irreverente”, y Berni: “El primero, un desacralizador de enciclopedias, muy buen dibujante. Berni es el primer pintor que hizo una serie con nombres, como si fueran personajes de historietas, yo digo que él hace historieta”. Breccia y Osky eran muy amigos, compartían alcoholes. Estuvieron cuatro días en pedo en un hotel de Venecia; cuando despertaban querían mear en el guardarropa. Eran dos duros, de código duro. Si tenían ganas de destruirte y te veían muy hinchapelotas…vea maestro...te daban”.

Entre los duetos que debió integrar, aparece Alejandro Dolina, a quien le ilustró varios libros en un trabajo sustentado en un diálogo fluido: “Primero fue en Humor, luego en sus libros. Me contaba por teléfono –yo lo llamaba temprano, él estaba recién levantado- cuál era más o menos el tema que estaba escribiendo, me daba ideas deshilachadas. Luego nos juntábamos, él con las hojas mecanografiadas y yo con mi dibujo, a ver si coincidíamos. Y todo encajaba muy bien. Era muy interesante, como cuando Homero Manzi componía por teléfono. Pasado el tiempo, en el curso de una entrevista Dolina dijo que analizando mis dibujos había visto allí gérmenes de cuentos futuros”.


Figuras y relieves. Foto tomada en su estudio.


 

Desdoblarse en dibujante y guionista

Historietista de raza, pero definido en los cruces culturales sin anclaje de modas, se pone serio cuando expresa sus búsquedas estéticas, sus obsesiones: “A veces veo el sistema de hacer historietas de estados Unidos donde a la letra H la firman el guionista, el que hizo el lápiz, el entintador, el letrista…bueno, hay siete oficios para hacer una H. En mi adolescencia me agarró una crisis porque quería entrar en el arte importante, y cuando entro en la academia y empiezo a convivir con gente que estudia plástica me doy cuenta que son insufribles, pedantes, napoleónicos, ambiciosos. Como esto no era lo que yo pensaba, vuelvo entonces a la historieta, pero con el bagaje del tipo que estudió pintura. Trato de cultivar al lector, pretendo hacer formas dignas de arte, quiero que sepa que hay manera más complejas de contar”.

Planteado el interrogante de si el  mundo de la imagen virtual podría desplazar a un lector habituado a los códigos de la página ilustrada, asiente: “Sí, lo modificó bastante. El público de la imagen electrónica es más ansioso, no digiere matices, quiere estímulos rápidos y fuertes. Un lector auténtico de historietas, puede avanzar y retroceder en el relato, advertir que el dibujante hizo algo gestual para subrayar algo; hay un clima que no está dado por el movimiento. De pibe leía la revista Puño fuerte que traía una historieta, “Laredo, ranger de Texas”, hecha por un norteamericano con un dibujo absolutamente económico, telegráfico. El personaje casi ni habla, son todos climas. Los argumentos eran todos visuales, eso es la historieta”.


En rev. Raf


Nine es en verdad una dupla, dibujante y guionista a la vez: “Empiezo a escribir con las primeras historietas. Como no me gustaba los guiones que me proponían,  dije ‘los voy a hacer yo’; y al intentarlo me di cuenta de que minimamente ‘tenés que escribir’. Se me ocurría la idea pero tenía dificultades al trasladarla; fui ejercitando y le encontré la vuelta. La crítica del pato está más que nada referidas al texto, porque premian guión y dibujo. Dicen que este personaje tiene una capacidad simultánea de transmisión de ideas; llamativa, porque el tipo cambia permanentemente de tema, es charlatán. En esto del guionista y el dibujante hay un tercer personaje que a veces tiene que mediar y es el director de arte que llevo adentro. Es un método esquizofrénico”.

Entre los trabajos últimos de Nine, hay una historia gótica Donjon (“Mazmorra”), publicada en España con personajes que viven en catacumbas, y la ilustración de un cuento del danés Christian Andersen para una editorial de Taiwán: “Se trata del libro ‘La Vendedora de Fósforos’, de Andersen, bellamente escrito y que pertenece a sus textos ‘desgarradores’. El personaje es una nena que muere congelada; era una época dura y Andersen quería despertar conciencia sobre la orfandad y la miseria de los pibes”. Y entre sus proyectos se cuenta un segundo libro del pato y la publicación en Francia de su libro Estampas de Oeste, una burla del western norteamericano.


De Estampas del Oeste


      Y en el último párrafo aparece la protagonista de todos los haceres de Nine, esa imaginación que lo lleva a asociar entidades dispares, lejanas entre sí: “Me impresionó lo que decía Cortázar, que para que algo sea fantástico tiene que ser exactamente como es habitualmente, a excepción de un pequeñísimo detalle que saca todo de contexto”.




En revista El péndulo, 1986.


jueves, 30 de abril de 2020

CIRUELO, CIUDADANO ILUSTRE DE DRAGONLAND, por Germán Cáceres y A. Aguado

Ciruelo (Gustavo Cabral) nació en la ciudad de Buenos Aires el 20/7/1963.
A los trece años ingresó en la Escuela Técnica Fernando Fader de esa ciudad, donde estudio diseño y publicidad. A los dieciocho comenzó a trabajar en una agencia de publicidad y, además, dibujó tapas para revistas que publicaba la Editorial Vocación. Decidió convertirse en ilustrador independiente a partir de los veintiún años.
En 1987 se estableció con su esposa Daniela en Sitges, localidad costera situada en Cataluña, cerca de Barcelona. Desde allí realizó ilustraciones para editores de Reino Unido, España, Alemania y Estados Unidos. Son suyas las portadas de la trilogía Chronicles of the Shadow War, que escribió George Lucas. Realizólas tapas de álbumes de rock, de Cartas Magic–que publicó Wizard of theCoast–, y colaboró para Berkeley PublishingGroup, TorBooks, WarnerBooks, Ballantine, las revistas Heavy Metal, Playboy, en la primera etapa de Fierro y también en otras publicaciones de La Urraca. Sus trabajos incluyen cubiertas de libros, calendarios, puzles e ilustró su ficción Hadas y Dragones. Concurre a múltiples exposiciones y salones con stand propio, no solo en Europa, sino también en la Argentina. Asimismo incursiona en la guitarra eléctrica y en la composición musical.
Es responsable de los posters de los filmes Hombre mirando al sudeste (1986), de Eliseo Subiela –con música de Pedro Aznar–, y Fuego gris (1994), de Pablo César. El poster de la película de Subiela se utilizó como tapa del álbum del mismo título de Luis Alberto Spinetta. Colaboró también con el genial guitarrista Steve Vai y el escritor e historietista Alejando Jodorowsky.

Ciruelo en 2019 en su estudio de Sitges, España.


ALEJANDRO AGUADO: Según me comentaste, te radicaste en Europa para poder vivir de tu arte ¿Cómo fue tomar esa decisión? ¿Cuál era la situación de Argentina en ese momento? Es de suponer que no fue algo simple.
 CIRUELO; Era 1987 y yo, con 23 años, decidí irme a vivir a España para poder dedicarme por completo al arte fantástico ya que en Argentina no había editoriales que me permitieran vivir de eso y mi pasión era tan grande que no tenía otra opción. Además, en Argentina había una inflación mensual del 20% y eso hacía mi profesión de trabajador autónomo muy complicada. Irme fue una decisión muy dura pero yo estaba acostumbrado a situaciones límite.

Ilustraciones de tapas de Ciruelo, en sus comienzos, en los años 80 y 90.


A.A: ¿De qué manera te insertarse en el mercado europeo?
 CIRUELO: Me resultó muy fácil ya que Barcelona estaba en un momento glorioso en el cómic y la ilustración fantástica y apenas llegué empecé a trabajar para la agencia Norma Comics que representaba ilustradores para toda Europa y Estados Unidos. En 1989 la editorial inglesa Paper Tiger me publicó un primer libro, “Ciruelo” y después “El gran libro del Dragón” lo que me hizo conocido en todo el mundo. En los noventa trabajé con la agencia de Toutain, Selecciones Ilustradas, para las editoriales más importantes de Nueva York.

A.A.: Residís en Sitges, hermosa ciudad vecina de Barcelona. ¿La elegiste por algún motivo en particular?
GERMÁN CÁCERES: Completo la pregunta de Alejandro: tengo entendido que en tu casa, no obstante que tenés hijos, no se ve televisión ni ellos se distraen con videojuegos. ¿Qué curioso porque precisamente el arte fantástico es muy empleado en ambos ámbitos, de los cuales, además, la juventud es fanática?
 CIRUELO: Con mi mujer Daniela vinimos a Barcelona por mi amigo de la infancia, Gusti, también ilustrador que me recibió con toda generosidad y rápidamente nos enamoramos de Sitges y nos alquilamos un departamento chiquito y barato. En ese pueblo vivía Altuna, el historietista, y muchos otros artistas, así que el ambiente era altamente inspirador para crear. Mis hijos nacieron en 1998 y 2001 y es cierto que se criaron sin TV ni videojuegos sencillamente porque ni mi mujer ni yo éramos aficionados, aunque sí mirábamos películas en familia. Nunca tuve tiempo para videojuegos ya que mis varias aficiones me ocupaban todo el día: mi arte, la música y el deporte. Mis hijos se entretenían desde chiquitos haciendo videos caseros y grabando incluso las músicas y ahora los dos son profesionales de la fotografía, el vídeo, el diseño gráfico y la danza.


A.A.: Hiciste un libro con Jodorowsky, personaje famoso a nivel mundial dentro y fuera de la historieta por su obra y su filosofía de vida. ¿Podrías contar un poco cómo lo conociste y cómo fue el trabajo en conjunto?
 CIRUELO:Conocí a Jodorowsky junto a Moebius a principios de los noventa en Barcelona ya que venían muy seguido a eventos de cómic y exposiciones y tuve la suerte de compartir muchas charlas y cenas con ellos. Incluso en 1993 hice una exposición en Sitges junto a Moebius, quien siempre fue mi ídolo artístico. Así que una vez que me encontré con Jodorowsky en San Diego Comic Con él me ofreció hacer un comic juntos, a lo cual yo me negué pero que finalmente acepté por su insistencia y porque escribió un guión basado en mis dragones. Esa historia se publicó primero en USA y después en Francia. Jodorowsky es uno de los grandes creadores de nuestro tiempo y fue un honor para mí trabajar con él y además contar con un prólogo para uno de mis libros.

La historieta con Jodorowsky


Ilustraciones de tapa de Ciruelo para la revista Fierro de La Urraca, en los 80.

A.A.: Hace días falleció tu amigo Juan Giménez, admirado por su producción y trayectoria a nivel mundial. Ambos vivían en la misma ciudad. ¿Qué podrías contarnos sobre él y sobre ustedes?
 CIRUELO: Juan vino a vivir a Sitges en 1992 y se sumó a la familia que ya formábamos artistas como Horacio Altuna, Gusti, Horacio Elena y con los cuales compartíamos infinidad de reuniones donde el arte siempre era el tema central de conversación. Así que Juan Giménez era un hermano mayor para mí. Poco antes de su fallecimiento había estado en casa donde hablamos sobre técnicas de pintura, mundos fantásticos, exposiciones, y se había ido muy inspirado para hacer nuevas obras lo cual me pareció muy admirable. Espero siempre poder mantener esa misma pasión por el arte y sé que algún día nos reencontraremos para seguir compartiéndola.

Ciruelo en 2018 en Dragoncon, Atlanta, EEUU y en la Feria Internacional del libro de Buenos Aires.

A.A.: Tu labor también comprende la pictografía, que son dibujos en rocas que tienen una excelente repercusión. ¿Cómo surgió y desarrollaste esa faceta?
G. C.: ¿Los petropictos que realizás se pueden considerar arte rupestre? ¿O  establecer alguna conexión con lo pretoglifos del Neolítico o con los de varias provincias argentinas?
 CIRUELO: Mi técnica llamada Petropictos nace de mi apasionada contemplación de la naturaleza. Admiraba las texturas de los árboles, las formas de las nubes, el diseño de los paisajes y eso era una constante fuente de inspiración para mi arte. Y ocurrió que un día de 1995 simplemente me puse a pintar sobre una piedra porque había visto una imagen en su forma y conseguí crear una obra tridimensional sólo a través de la pintura. Ahí me di cuenta de que siempre había tenido esa habilidad y me dediqué a pintar Petropictos y mostrarlos en exposiciones. Esta técnica está relacionada con mi daltonismo porque la falta de sensibilidad con el color se compensa con un mayor control de los valores de grises, o sea, con la luz y la sombra y veo las formas de manera realzada. Me gusta la idea de que es arte rupestre y soy consciente de que pintar sobre piedras es trabajar sobre algo que tiene millones de años de evolución. También sé que mi pasión es la misma que la de aquellos artistas de las cavernas.

 
Ejemplos de Petropictos de Ciruelo
A.A.: Hoy tu obra es reconocida a nivel mundial, hasta por muchos que no la identifican con el autor. ¿Qué se siente respecto  a esa trascendencia?
 CIRUELO: No sé. Sólo sé que estoy agradecido por la posibilidad de haber convertido mi arte en mi profesión, y de poder levantarme cada mañana con muchas ganas de trabajar. En realidad estoy haciendo lo mismo que hacía a los cinco años cuando me tiraba al suelo a dibujar. Esto me lleva a pensar que tal vez lo que la gente admire de los artistas es la posibilidad que estos tienen de dedicarse a lo que quieren. Con respecto a la trascendencia de mi obra estoy muy contento de inspirar a otros con mis visiones.

A.A.: Mirando hacia atrás, ¿cómo evaluás el camino recorrido?
 CIRUELO: Agradezco cada una de las experiencias que tuve en mi vida, incluso las más duras ya que fueron muy enriquecedoras. En las conferencias suelo hablar de mis inicios en un lugar y un tiempo tan hostiles como fue la Argentina de los ’70 y ’80, y explico que eso me imprimió un carácter de guerrero que me sirvió para siempre. En general, cuando veo mi camino del pasado me parece todo muy mágico, empezando porque nunca tuve un sueldo fijo, siempre dependí de que sonara el teléfono otra vez después de terminar un trabajo. Y funciona hasta ahora de un modo mágico.


G.C.: Los dragones son tu especialidad. Vos los representás como un híbrido que combina las formas de un reptil con las de aves. Estas últimas parecen una suerte de pterodáctilos, una especie de saurio volador del período Jurásico. ¿Coincidís de alguna manera con esta apreciación?
 CIRUELO: Sí. Los dragones pueden ser una especie inteligente evolucionada desde los dinosaurios. Puede que en esa evolución trascendieron esta dimensión física para convertirse en algo más etérico con lo cual su fisonomía dejó de ceñirse rigurosamente a las formas biológicas. Últimamente estoy dibujando más dragones como seres de esencia espiritual, como si fueran figuras de fuego o entidades de pura luz.


Tapas de algunos de sus libros en español.

G.C.: Los dragones son animales fabulosos propios de las culturas orientales, pero creo que también los adoptan otras tradiciones. ¿Es así?

CIRUELO: Los dragones están presentes en casi todas las culturas ancestrales de la tierra. Además de en todo Oriente están presentes: en la Mesopotamia, el Antiguo Egipto, Europa, y la América Precolombina, ya que Kukulkán o Quetzalcoatl era la Serpiente emplumada, que es un dragón. Y la lista sigue por todas las culturas de un modo muy sincrónico y misterioso.


Ciruelo y su stand en los festivales de Lucca en Italia y Angouleme en Francia. 


G.C.: Tus hadas son un hallazgo: se trata de beldades oníricas, parecen enigmáticos seres extraídos de los mundos de Tolkien,  Lewis Carroll y C.S.Lewis (el de Narnia). O sea que pese a los monstruosos dragones, tus trabajos respiran paisajes de ensueño y  una atmósfera misteriosa: hay magos, enanos y serpientes. Y guerreras que resplandecen como auténticas valquirias que portan escudos, espadas, cuchillos y armaduras repletas de arabescos. Entiendo que este universo solo puede gestarse a través de una intensa vida interior.

CIRUELO: Sí, yo también creo que mi producción tiene que ver con una intensa vida interior, lo que se traduce como tener una gran imaginación o, como a mí me gusta explicarlo, tener la capacidad de visionar otras dimensiones donde habitan infinidad de seres. Yo entiendo la realidad como una sucesión de dimensiones paralelas y simultáneas.

G.C.: Siempre me extrañó que grandes pianistas de jazz (por ejemplo Art Tatum y Ray Charles) fueran ciegos. Otro caso insólito es la sordera de Beethoven. Tus figuras no sólo deslumbran por sus bellas líneas y detalles, sino también por sus mágicos colores. Sin embargo, vos sos daltónico. ¿Cómo se explica esto?

CIRUELO: No hay una manera “lógica” de explicarlo. Yo percibo que una disminución en alguna facultad humana puede significar un incremento en otra facultad. Como si la naturaleza tuviera una ley de compensación. De todos modos el arte radica en el modo de “comprender” antes que en el de “expresar” así que al momento de expresar el artista puede encontrar una forma u otra de acuerdo a sus capacidades, pero lo importante es lo que se quiere expresar y eso depende de la apreciación, de los conceptos y de las ideas.

Calendario ilustrados por Ciruelo, en Alemania. 


G.C: Tu colorido es restallante. ¿Influyen en ello tu empleo del monocolor y de las armonías de complementarios?

CIRUELO: Supongo que sí. En cuanto nos ponemos a describir este tipo de sutilezas cromáticas es donde se empieza a evidenciar mi daltonismo. Yo tiendo a dejar fluir libremente mi creación al componer mi paleta de colores ya que ahí tengo poco control. Doy prioridad a la intuición por encima de la teoría.



G.C.: ¿Cómo te vinculás con la música, especialmente con la guitarra eléctrica? ¿Tus ejecuciones con este instrumento repercuten en tu trabajo?

CIRUELO: Toco la guitarra desde el mismo momento que dibujo, o sea, de toda la vida. A los 19 años pensaba que iba a ser músico de profesión y al final me dediqué al dibujo y la pintura. La música quedó para expresión interior y así es como me acompañó toda la vida. La tecnología me dio la oportunidad de grabar algunas bandas sonoras para mis libros en versión IPAD y también para componer hilos sonoros que sonaran en mis exposiciones. Ahora hacemos música en casa con mis hijos y estoy dándole un espacio mayor aunque no sé hasta dónde va a llegar. Debería poner mis composiciones a disposición del público en alguna plataforma tipo Soundcloud. En cualquier caso, para mí la música es una herramienta más tal como lo es el dibujo, y por lo tanto es igualmente importante para mí.

G.C.: Me viene a la memoria tu libro Hadas y Dragones.  ¿Qué tal tus planes de escribir vos mismo las ficciones e ilustrarlas?

CIRUELO: Esa es otra faceta mía que no puedo frenar aunque no tengo el tiempo suficiente para hacerlo con el profesionalismo que me gustaría. Pero igualmente voy a seguir escribiendo en el tiempo del que disponga ya que tengo muchas cosas que contar. En mi libro Hadas y Dragones hablo de la cosmovisión que tenían las culturas precolombinas, que para los europeos eran culturas inferiores, y pongo en evidencia que lo que para algunos era tradición o historia para otros era leyenda o mitología.



G.C.: Voy a recurrir a un poco de teoría acerca de tu excepcional estética:
– ¿Se podría vincular con el realismo fantástico que alentaban Louis Pauwels y Jacques Bergier?
–Rosemary Jackson en su ensayo Fantasy: literatura y subversión cita a varios autores, entre ellos a Jean Paul Sartre que opinaba que el género “Manifestaba nuestro poder humano de trascender lo humano. Los hombres procuraban crear un mundo que no fuera de este mundo”, y a Joanna Russ:”El fantasy expresa la ´subjetividad negativa´, el fantasy es fantasy porque contraviene lo real y lo viola. “
¿Qué pensás sobre estas argumentaciones?

CIRUELO: Todas estas argumentaciones son acertadas porque cada uno tiene su perspectiva propia e incursiona en terrenos que le son propios. En mi lista de artistas de arte fantástico incluyo a Michelangelo cuando dibuja ángeles y a Leonardo con sus dragones. Para mí el arte fantástico es un modo de representar la “meta realidad”, no es algo que esté fuera del mundo de los humanos sino que es una faceta más de nosotros mismos. Es una faceta que nos pertenece. Representa vidas en terrenos paralelos que transitamos a diario en nuestros sueños y en nuestra imaginación. Incluso diría que son realidades que vivimos en tiempos fuera de este tiempo, en momentos atemporales que no podemos entender desde un tiempo lineal.