lunes, 22 de marzo de 2021
sábado, 6 de marzo de 2021
VIDEO sobre CARLOS CASALLA, el autor de El CABO SAVINO
El maestro CARLOS “CHINGOLO” CASALLA, fue uno de los grandes
maestros de la historieta argentina. Su personaje más conocido, sumamente
popular e ícono de la historieta argentina de sus épocas doradas, fue el Cabo
Savino. Personaje creado en 1950, ostenta el record de ser el de género de
aventuras que en el país se publicó más de medio siglo, más décadas que
cualquier otro. Entre los personajes que dibujó, también memorables, se cuentan
El Cosaco, Alamo Jim, El Capitán Camacho, Perdido Joe, Ronstadt, Memorias de un
porteño viejo, etc. A lo que se suma una obra basada en historias y personajes
de Patagonia, poco conocidos fuera de la región. A Casalla lo conocí en Bariloche en 1993,
cuando se realizó la Primera Bienal de Arte Joven de la Patagonia, de la que
participaron 500 artistas y obtuve el primer premio en el rubro historieta.
Desde fines de los ‘90, cada vez que pasaba por Bariloche lo visitaba en su
domicilio. Casalla, era sumamente humilde, amigable, franco y de trato muy
cordial. Tuve el gusto de dibujar un guión de él. Desde LA DUENDES se le editó en dos libros (entre
ellos una versión del Cabo Savino) y un libro de homenaje al Cabo
Savino del que participaron numerosos autores del país y el extranjero.
Pocas semanas atrás, en la ciudad de Sarmiento (Chubut), me hicieron acordar que
tenía archivados videos fotos que le tomé durante algunas de las visitas, de
los años 2007, 2009 y 2010. No tengo de años previos por carecer por entonces
de cámaras digitales. Transcurrido el tiempo, tomo conciencia que estas fotos y
videos, hoy son un testimonio histórico.
Lo muestran dibujando al Cabo Savino en el living de su domicilio, en su
estudio y durante una muestra colectiva en Bariloche de la que participaron
otros grandes maestros de la historieta nacional. Al volverlos a ver, me gustó
que reflejan momentos de su vida cotidiana, ya que ninguna toma fue planeada.
Surgieron mientras conversábamos, mientras él trabajaba o cuando simplemente se
compartían momentos. Con ese material armé este pequeño video a modo de
recordatorio y homenaje. Tanto él como sus personajes, fueron íconos de la
historieta argentina, de la que disfrutaron tantos millones de lectores. Espero
les guste.
Alejandro Aguado
lunes, 25 de enero de 2021
13 AÑOS DE LA DUENDES EN INTERNET
La primera semana de febrero, La Duendes cumple 13 años de
actividad ininterrumpida en Internet, brindando contenidos gratuitos. En
realidad, La Duendes tiene muchos más años, ya que comenzó en 1992 como una
pequeña revista en la provincia del Chubut (la primera de historietas de la
provincia), que luego se amplió a un suplemento semanal durante 89 semanas,
agrupando autores de toda Patagonia. Le continuó una pausa debido a las
recurrentes crisis económicas de Argentina. Con el regreso en 2007, como
revista – editora de libros y de contenidos en la web, gracias a Internet la
difusión se amplió al país y el exterior. Como ejemplo, en http://historietapatagonica.blogspot.com.ar
cada día de la primera semana de febrero, verán post que resumen algunos de los
principales eventos en los que participamos estos años por el país.
También, cada día de la primera semana de febrero en el
mismo blog, se incluirá un recordatorio a cada uno de los ocho autores que
participaron con su obra y ya no están entre nosotros.
Desde un principio funcionó como una publicación para los
autores que deseen contar con el espacio, que no necesariamente es exclusivo ya
que la mayoría también publica en otros medios o de forma independiente. Es un lugar
abierto para quien desee sumarse y permanecer el tiempo que les resulte
apropiado. De ese modo, estos años, en http://historietapatagonica.blogspot.com.ar
compartimos espacio autores de Argentina, Uruguay, Brasil, Costa Rica,
Venezuela, Colombia, Chile, España y Francia.
Por la crisis económica y editorial que comenzó varios años
atrás en Argentina, hicimos un parate preventivo en las ediciones en papel,
pero continuamos con los espacios digitales. Fueron un promedio de 70 títulos
en papel que, si el panorama mejora en un futuro, se retomaran.
En los contenidos, desde el regreso den 2007, fue un espacio
para autores consagrados, emergentes y los que daban sus primeros pasos y, a su
vez, revalorizando a los autores y obras del inmensamente rico pasado de la
historieta, el humor y el dibujo en Argentina. En esa línea, en el blog, desde
hace varios años todas las semanas se rescatan historietas, humor e
ilustraciones (llamada sección “retro”) que van de 1906 a 1937, de autores
talentosísimos que en su momento fueron muy reconocidos, pero que
lamentablemente fueron mayormente olvidados.
De forma paralela, mantuvimos un blog dedicado en exclusivo
a notas sobre obras y autores, entrevistas a autores y críticas de libros de
historietas, que suman centenares de post. Todo está disponible de forma
gratuita en http://laduendes.blogspot.com.ar
Parte de esos contenidos fueron
compilados en los libros “Evocando viñetas 1, 2 y 3”, de Germán Cáceres.
Es un trabajo que llevamos adelante sin hacer “ruido”, pero
de forma constante y por el gusto de difundir y dedicarnos a algo que nos
apasiona.
Muchas gracias a los varios millones de lectores que nos
acompañaron hasta el momento, desde varios países. Ustedes son el principal
inventivo para seguir adelante.
jueves, 22 de octubre de 2020
E-books gratuitos de LA DUENDES
“Un viaje dibujado de 32 años” (135 páginas) de Alejandro
Aguado.
Disponible para la
descarga cliqueando acá.
“Ramonet Rodo –Rodor-“ (64 páginas) de Ramonet Rodó.
Disponible para la descarga cliqueando acá.
“Carlos Esteban Resano Vasilchik” de Carlos Resano (104 páginas)
Próximamente se habilitará la
descarga.
A estos, se sumarán otros títulos.
sábado, 10 de octubre de 2020
POR AMOR AL CRIMEN Entrevista a Germán Cáceres
Por Gustavo Bernstein
El policial puede pensarse también como una erótica criminal.
Así, al menos, lo explicita el título del último libro de Germán Cáceres: Por amor al crimen (Moglia ediciones),
volumen de relatos que oscilan entre el thriller
y el noir para ofrecernos un
variopinto paisaje de delitos que se despliegan a la vez como un fresco de la
violencia cotidiana en la metrópoli contemporánea.
Autor de una vasta obra que incursiona en diversos
géneros literarios: cuentos, novelas, la dramaturgia, las ficciones infantiles
y juveniles y una copiosa ensayística que motivó el Premio Eduardo Mallea de la
Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Cáceres fue también
galardonado en Bulgaria con el título de Gran Maestro del Relato Policial,
oficio en el que reincide en este nuevo compendio de cuentos sobre el que tuvo
la gentileza de dialogar.
–¿Cómo comenzó tu acercamiento al género y cómo derivó
en esta compilación?
–Leí un reportaje que le hicieron a García Márquez, en
el cual él afirmaba que las cosas valiosas de su vida y que influyeron en sus
libros las tuvo aproximadamente hasta los ocho años: luego no le ocurrió nada
importante. Yo, en cambio, a esa edad tuve vivencias significativas: leía
muchas revistas de historietas que traían como protagonistas a detectives de la
talla de Vito Nervio, Dick Tracy y Rip Kirby. Unos pocos años más tarde comencé
a devorar folletines policiales. Mi entusiasmo fue tal que ambicionaba ser
detective privado cuando fuera adulto.
–¿Quiénes son tus referentes del género?
–Los grandes de la novela negra: Raymond Chandler,
Dashiell Hammett y Ross Macdonald. Estos autores describen una sociedad
violenta que ha naturalizado el crimen. Además, también los policías, jueces,
empresarios y políticos integraban la trama delictiva. De los tres, mi favorito
es Macdonald por su aproximación psicológica a los personajes, sobre todo el
buceo introspectivo que realiza su detective Lew Archer.
–¿Cuáles son, a tu entender, las premisas de un buen
relato policial?
–Nada menos que ser atrapante. El suspenso es necesario
no tanto para descubrir quién fue el culpable, sino para mantener pendiente al
lector del desarrollo de la trama, la cual debe ser original. Aclaro que el
género fue enriqueciéndose prestando atención no solo a la personalidad del
héroe, sino también indagando sobre el ámbito en el cual actúa.
–Tu libro se divide en cinco acápites: Los
cinéfilos, Instantáneas, Aparecidos, Secretos de la plástica y Bonus Track. ¿Qué
singularidades conceptuales o temáticas te llevaron a reunirlos de ese modo?
–En principio los utilicé como un paratexto para realzar
el libro. Respecto a las temáticas, en los cuentos que integran Los cinéfilos está presente el cine.
Como padezco de cierta cinefilia, no fue casual que imaginara esas historias. Instantáneas me pareció un título
apropiado por la brevedad de los cuentos que lo integran. Aparecidos responde a que son relatos plagado de fantasmas – una cuestión
que me fascinó y asustó de chico– o incursionan en la literatura fantástica.
Aunque me encanta la pintura, Secretos de
la plástica obedece al hecho de que a través de este bello arte están parapetadas
organizaciones criminales que trafican con las obras. Un ejemplo es el
implacable Ripley, protagonista de varias novelas de Patricia Highsmith. En
cuanto a los demás cuentos, aunque solo algunos rozan el género policial, no
quería que permanecieran inéditos. Entonces los agrupé con el título de Bonus Track, que se emplea para
denominar la música adicional que se agrega a un álbum que se reedita.
–En algunos relatos aparecen situaciones sobrenaturales o
de ciencia ficción; en otros se abunda en viñetas humorísticas o en el
entramado de un crimen impune, todo lo cual parece alejarlos de la estructura
clásica o pura del género: investigación detectivesca, pistas del crimen y
resolución del enigma. ¿Cómo concebís estos cruces y derivaciones?
–Justamente Chandler, Hammett y Macdonald se alejan –por
su atención y acento puesto en el tema social– de la novela enigma, a la que
también se la puede llamar whodunit. Además,
no debe olvidarse que John Connolly, uno de los más prestigiosos escritores de
la actualidad, introduce en sus tramas policiales elementos sobrenaturales.
–Los cuentos tienen un estilo llano, vertiginoso. No se
detiene en ociosos menesteres ni se regodea en descripciones manieristas, sino
que va al hueso de la acción. ¿Coincidís con la premisa arlteana del cross a la
mandíbula?
–Si bien coincido con Arlt, como también con otras
premisas que ilustran su concepción narrativa, en mi caso me guía la intención
de que el relato sea ágil, con ritmo. Tal vez me deformó mi asiduidad al cine
de acción.
–O al comic, porque muchos relatos se estructuran a
partir de una concatenación de cuadros o escenas, como si la base de la
estrategia narrativa proviniera de la historieta o como si hubiera un story
board original que adquiere forma literaria. ¿Transpolás
deliberadamente esas técnicas?
–No es premeditado, pero como leí (y leo) historietas
porque escribo ensayos sobre este llamado noveno arte, tal vez he asimilado sus
procedimientos para mantener el interés del lector. Tuve muchas conversaciones
con el gran guionista Ricardo Barreiro, así que seguramente asimilé no pocas de
sus estrategias.
–En el volumen hay además un marcado color local, una
decidida atmósfera porteña, como si el relato policial te sirviera, más allá
del problema y su resolución, para retratar una idiosincrasia. ¿Qué atributos
le confiere al género una ciudad como Buenos Aires?
–Entiendo que el escritor debe ubicar la acción en
escenarios que conoce para que sus textos posean verosimilitud. Y salvo Buenos
Aires, donde resido, apenas recorrí otros lugares del país y del exterior, tan
solo fueron fruto de viajes y de vacaciones.
–Si tuvieras que definir tu marca de autor o tus aportes
personales al policial, ¿qué destacarías?
–Entiendo que eso lo tienen que señalar los lectores, no
yo. Hago mía la frase del gran director de cine Leopoldo Torre Nilsson: los
autores somos los peores defensores de nuestras obras, en el fondo no las conocemos.
Sin embargo, algo me siento obligado a decir: intento construir una buena
historia, que interese y enganche.
–¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?
jueves, 1 de octubre de 2020
Quino (1932-2020)
Partió Joaquín
Salvador Lavado -Quino- (1932-2020),
el más grande e internacional del humor gráfico argentino, el papá de Mafalda.
domingo, 20 de septiembre de 2020
Entrevista a Carlos Nine, por Jorge Boccanera
Aclaración: la siguiente
entrevista a Carlos Nine (1944-2016) apareció en 2006 en el libro de Jorge
Boccanera Entrelíneas 2, y fue replicada con algunos cambios un año después en el número 4 de
la revista Nómada (Universidad
Nacional de San Martín), bajo el título: “Nine, criaturas a cuerda”.
Entrevista a Carlos Nine: bestiario con alma de barro
Por Jorge Boccanera
Nine arma sus esculturas en
movimiento con hilachas de la realidad. Así, logra radiografíar el alma de los
objetos y los engranajes de sus protagonistas: muñecas fugadas de una caja de
música, caballeros de galera atornillados a una base de pieza de ajedrez, objetos
metálicos con alas y pechos sensuales, animales de mazapán dando brazadas en un
mundo plano. Nine escarba el maquillaje hasta dar con la esencia; ese núcleo en
ebullición donde todo se metamorfosea. La osamenta de sus personajes va amasada
con yeso, carbonillas, cartón, pegamento
y barro coloreado, igual que los pájaros construyendo su nido con musgo, pelusa
vegetal, fibras, raíces y astillas de corteza. “¿Acaso el viejo Breccia y Berni
no trabajaban con papeles y trapo?”, afirma interrogando.
Su bestiario va de lo fantástico a lo
grotesco en una metamorfosis continua de formas que se resuelven en un estilo
que lo identifica plenamente, pero no lo encasilla. La crítica, para referirse
a su obra, desliza algunas vecindades -Goya, Kafka, Doré- y arrima estos
conceptos: “rudo grafismo”, “imagen esperpéntica” y “decorados surrealistas”.
En verdad Nine, historietista e
ilustrador nacido en Haedo en 1944, es un hacedor de texturas: tras la banda de
música, sus personajes gelatinosos entran y salen de la escenografía barroca
del carnaval y dicen presente en los libros Fantagás,
Keko el mago, Gesta Dei, Saubon, el pato
que amaba a las gallinas y, el último que editó, Pampa. Trabajos suyos han aparecido, entre otras revistas, en Fierro, Il Grifo, Comic art,
Blue y Humi (Argentina), L’Echo des Savannes (Francia), la alemana U-comix, Zona 84, de España, y la
norteamericana Heavy Metal.
Foto tomada en su estudio
El amplio bestiario creado por el ilustrador Carlos Nine, donde
muñequitas fatales exhiben sueños mecánicos y magos del absurdo viajan sobre
juguetes a cuerda, se prolonga a la gauchesca en su último libro, Pampa, historia en tres tomos publicada
por la editorial francesa Dargaud.
La génesis de este nuevo
trabajo realizado junto al guionista Jorge Zentner la cuenta Nine: “La concebimos con Zentner, entrerriano que vive
en Barcelona, cuando fuimos invitados a participar en el salón del comic de La
Coruña, celebrado todos los años en ése puerto gallego y tiene mucho prestigio;
el alcalde de la ciudad es fanático del género y lo hace a lo grande. Un día,
paseando por la costa caímos en la cuenta de que en Francia, mercado para el
cual ambos trabajábamos independientemente, no tenían la menor idea de qué cosa
era un gaucho, aunque los especialistas habían visto fotos de un Gardel
vistiendo de paisano dominguero; otras referencia eran las películas de
Valentino disfrazado de gaucho-chulo de utilería”.
Los hilos argumentales de
Pampa -que reúne en un escenario
criollo una fauna fantástica de seres sobrenaturales, mitos y creencias de la
llanura- descansa en la historia de un cuchillo: “Hay un facón que pasa de mano
en mano dejando un reguero de sangre, hasta romper el hechizo de una india
violada transformada en luna ‘mala’, con el mero acto de arrojarlo al fondo de
un aljibe para astillar allí el reflejo espectral del satélite-mujer. Hay de
todo: muertos que salen de sus tumbas y galopan descarnados buscando venganza,
hijos transformados en lobizones, etc. Pero el objeto fetiche que hilvana todas
las historias es el facón. Un folletín a
la manera de José María Gutiérrez”.
Pampa está por aparecer como libro de regalo
para las fiestas con textos introductorios adicionales: “Sí –completa Nine- una
sintética historia de la pintura argentina que escribí referida al tema
gauchesco y otro texto reseñando nuestra literatura sobre el tema, en especial
la del siglo XIX, sin olvidar el circo de los hermanos Podestá y los almanaques
de Molina Campos”.
Un punto fuerte de Nine ha sido otro
de sus libros publicados en Grancia, Saubon, el pato que amaba a las
gallinas, que recibió el premio “Alph Art” por guión y dibujo al mejor
trabajo extranjero en el festival de historietas más importante de Europa,
celebrado en Angouleme, Francia. Publicado en bello formato, el libro agotó
varias ediciones y está el proyecto de que aparezca
en Argentina en el sello propio de Nine: El Yeite Ilustrado.
La génesis del pato se remonta al año 1989, cuando
apareció en una laguna, precisamente la que se le hizo al autor mientras
dibujaba para las páginas de la revista Fierro: “Yo publicaba “Keko el
Mago”, y como había llegado a un momento en que no sabía por dónde agarrar,
inventé ese patito que tiene una novia oficial, una gallina estéril que pone
huevos huecos; de modo que existe una situación de histeria entre ambos.
Además, el pato tiene ideas de izquierda, es un intelectual”.
Saubon,
el pato que amaba a las gallinas, definido por su autor como “un culebrón
protagonizado por animales”, se hizo con el premio francés tras ser votado por
un jurado compuesto por nueve mujeres: “Es extraño, pensé que como el pato está
todo el tiempo haciendo el amor con todo tipo de hembras –chanchas, gatas,
vacas, gallinas, amas de casa, incluso hace el amor con objetos, con una
rosquilla de harina- podían interpretarlo como algo machista, pero no fue así”.
Sucede que Saubon, resulta
irresistible a las mujeres; conversan con él y quedan seducidas por el personaje que se
asemeja al argentino medio de hoy. Y si estar “pato” en la jerga callejera es
estar sin dinero; este pato es un desocupado que apenas cumple trabajos
informales. Por si fuera poco, tiene problemas de identidad: “Yo quería hacer
un desdichado que a pesar de todo mantiene coherencia ideológica, sabe que hay
que modificar las cosas, no se arrepiente de lo que fue y trata de sobrevivir,
y junta su ideología con un desbordado erotismo”.
Y sigue Nine en la trama de este
“patito” con por novia tiene una gallina estéril que pone huevos vacíos: “El
pato fue de izquierda, intelectual. Ahora es un desocupado, esto tiene que ver
con el argentino de hoy. Quise hacer un desdichado que pese a todo mantiene
coherencia ideológica, sabe qué hay que modificar, y trata de sobrevivir.
Quiere agregarle a su marxismo, erotismo, para que entre de otra manera. No es
solidario, es violento. Hay una escena donde un vendedor de gasolina vuelve a
la casa y lo sorprende. El pato que llegó a la casa como vendedor de cepillos y
acababa de hacer el amor con la esposa del tipo, comete el error de esconderse
en el horno de la cocina apagada. Le viene la memoria genética de los patos
asados, le da un sofocón y sale. Lo pesca el marido engañado y se agarran a
trompadas toda noche, y mientras se golpean él explica el tema de la lucha de
clases. A la mañana siguiente la mujer que escuchó toda la pelea, los abraza y
le dice al marido: ‘comprale un cepillo’”.
Aunque premiado y con éxito de venta
en el exterior, el libro no ha salido aún en Argentina debido –explica Nine- al
deterioro del mercado: “Teníamos un lector de historieta, un público propio,
mientras que en otros países como Brasil están tratando de crearlo. Hoy, ese
público no tiene poder adquisitivo y dentro de diez años se va a perder”. En
esa dirección, agrega: “Al lector hay que ponerle problemas, exigirle. Quiero
que sepa que hay maneras más complejas de contar”.
Sobre la etiqueta remanida de
“absurdo” adosada a situaciones supuestamente de cabeza, apunta su desacuerdo:
“Con eso se pone en tela de juicio la normalidad. ¿Pero cuál es esa normalidad?
Como si fuera fácil evaluar y decidir qué cosa es absurdo, o es real. Para mí
sería normal ver un pato del brazo de una mujer. Si Leda y el Cisne de la
mitología griega existen, yo me basé en el mito griego”.
Otro libro de Nine que circula por
Francia es Gesta Dei (Los trabajos de Dios) que, en forma de
enciclopedia recopila ilustraciones publicadas en distintos diarios: “Me
fascina la ilusión que tiene un lector de enciclopedia de acceder al conocimiento;
es como un sortilegio. Tenerlas tranquiliza. Yo, en cambio, de esas lecturas
salía cada vez más confuso, por lo que intenté hacer en Le Monde, Clarín, La Nación, un paquetazo, y los armé como
si vos en lugar de una lectura normal, abrís la página sesenta y pico y ves un título
y aprendés a leer imágenes porque le agregás el significado. En una se ven edificios
rotos (esto se publicó a fines del 2000, principios del 2001); productos de una
pequeña explosión, el humito negro; una de las viñetitas es un avioncito. La
página se llama ‘16 Vistas de Nueva York’. Y ahí tenés no lo que ocurrió, sino
lo que iba a venir”.
Inicios: la tiza, la orquesta
Todo Nine es una mano dejando manchas
donde pisa; es un niño que no puede dejar de garabatearlo todo: “Yo dibujaba
todo el tiempo en el cuaderno, en el pizarrón. Siempre fui lector de
historietas mi viejo me compraba algunas. Precozmente, advertía diferencias de
estilo. Mi vida cultural –bien clase media argentina- se armaba con algo de
cine y mucho de los libros de la colección Robin Hood y Billiken. Pero además el mundo del tango, que atravesaba los
pasillos de mi casa, la casa de mis viejos María y Julio. El dibujo entra más que
como juego, como algo irreprimible. Mi Viejo, que me alentó bastante, se hartó;
me decía que tenía que jugar a la pelota, que no podía pasar todo el tiempo
dibujando. Pero yo estaba obsesionado. Mi viejo era violinista en una orquesta
de tango; esos bailes de noche que eran una cosa prohibida para otros, eran
para mí. Cuando falleció mi papá, entré a trabajar en una imprenta en La Boca.
Él, que era terriblemente antiperonista,
trabajó en unas diez orquestas, una de ellas, la de los hermanos Perona. Yo le
decía: ‘viste, Dios te castiga’”.
El
niño devora revistas y bolsas de pasas de uva en la azotea, refugiado dentro de
un enorme paraguas viejo. Escucha la voz de Robinson Crusoe que desde una
revista le habla del valor nutritivo de las pasas de uva: “Era fácil acceder a
esa fantasía. Y a la aventura que eraesa para mí, la de Crusoe. Nunca me
interesó la ciencia ficción. ¿Qué me vas a hablar a mí, sudamericano, de los
rayos catódicos? Uno se puede ver como un detective, pero lo otro no. Es un
mundo desolado en el que no podía entrar. En cambio leí 20 veces Robinson Crusoe; me interesaba cómo hace
un tipo para sobrevivir”.
Nine respira tango, escucha piezas perdidas que le acercan los coleccionistas, quizá traslada una sonoridad a sus carbonillas, a sus acuarelas, un movimiento de cortes y quebradas a sus masillas: “En Keko el mago incluí tres tangos. Keko deja de actuar y viene un tango, como una comedia musical en historieta. Ahí aparecen dibujados algunos músicos; de hecho el compañero de Keko es Gelatina, un gordo que toca el bandoneón y que es igual a Troilo cuando era chiquito. Keko lo encuentra en una canastita: el viejo fuelle abandonado…”. Sobre la pinta de sus personajes, como salidos de una letra de tango, arguye: “Como vestidos de otra época, sí. Yo los visto como en los años 30, que es una moda que me gusta, me da posibilidades de dibujar. Si vos tenés un tipo con sombrero de paja, chaleco y clavel, con gabardina y bastón, lo tenés que dibujar. Yo colecciono fotos de esa época, y las uso como inspiración. Keko es un tipo muy bien vestido, la madre es una teta directamente. recuerdo que una vez se me acercó una chica y me: ‘usted dibuja en lunfardo’”.
Nine habla entusiasmado de otro
proyecto que lo tiene en vilo: un mural para el subterráneo a realizarse el año
próximo y que tiene como tema una de sus pasiones: el tango. Por esa vía pasa
uno de sus últimos trabajos, para el que debió ilustrar la estación de
subterráneos “Osvaldo Fresedo”, entre Jujuy y Venezuela, por invitación de Hermenegildo Sabat: “estoy esperando que se inaugure
la línea H de subterráneos, que unirá el norte y el sur de la ciudad por debajo
de la avenida Pueyrredón y su continuación, Jujuy. Cada estación está dedicada a
un personaje famoso del mundo del tango. Me tocó Fresedo; irán dos murales muy grandes
sobre las bocas de los dos túneles y otros seis de diferentes tamaños, a los
costados. Estoy muy entusiasmado con esto, no sólo por mi fanatismo con
el tango, sino porque es además la primera línea de metro de consagración
temática referida a una manifestación artística, del mundo”.
Cuando la palabra “grotesco” como un
modo de conceptualizar su obra, se le acerca, exclama: “Lo que yo hago no son
grotescos. Es normal. Vivo inmerso en lo grotesco, es donde estamos viviendo. A
los franceses les encanta, se olvidaron que tuvieron un pasado grotesco. La
bestialización o el subrayado de alguna característica, está también en mucha
letra de tango. Cuando me preguntan en Europa qué es el tango, les digo: ‘Hay
un montón de huérfanos en una playa que acaban de naufragar; empiezan a juntar
palitos para hacer un fueguito y calentarse las manos. Se viene la noche y
tienen la ropa mojada. Eso, es el tango’”.
Un realizador de texturas
Nine es un hacedor de texturas. Sus
personajes gelatinosos se mueven en una escenografía a ratos barroca. Surgen,
según el artista, de unos pocos objetos y una “manual de ideas”: “Yo empiezo
por objetos -dice-. Tengo un dado, una silla, un mono y un camino que se
pierde; bueno, algo tiene salir de combinarlos. Y tengo mi manual de ideas, llevo
4 tomos; son dibujos que hago mientras estoy hablando por teléfono o en estado
de ocio, y que recorto y pego en ese
libro. Esos garabatos que forman una enciclopedia para saber quién soy, me
permiten saber también por dónde andan mis pensamientos, mis ideas. Es un
diccionario de mi persona. Algunos de mis libros publicados partió de garabatos
que guardé, transformé en personajes y envolví en una trama”.
Para la puesta en escena de sus
personajes, el historietista debe
manejar elementos de luz y sombra, lo que da mayor –puntualiza- verosimilutud.
Y comenta su deseo de hacer muñequitos e iluminarlos como en el teatro: “A mí
me volvió loco el cine mudo, donde todo funcionaba con a luz de sol; armaban
los decorados, ponían una tela blanca para tamizar y eso era la luz. Me
interesó mucho la iluminación y cuando trabajo con mis muñecos uso una luz
cenital.
Una consigna posible de su trabajo
-todo bicho camina va a parar a su atelier- podría sintetizar una labor que en
la que el ilustrador se prolonga en escultor y artesano:
“Esa historieta la inicia el viejo Alberto
Breccia –comenta como develando- que hacía originales con maderitas, es un
avanzado, un artista plástico. Yo trabajo con varios elementos. Ahora estoy
haciéndolo con un material sintético, una masilla maleable que cuando seca da
una cosa marfilina. Obliga a trabajar rápido para plantar la idea; después uso
tornos y gubias. Lo manual me quedó de mi Viejo, que además de violinista era
zapatero, hacía botas finas, a medida Para mí no hay espectáculo más
maravilloso que la mano de un tipo manejando una herramienta. Yo veía su mano
llena de nudos, venosa, y la habilidad para utilizar esas herramientas
gastadas”.
Sobre un
estilo de “grafismo mellado” que le adjudican algunos críticos, explica
que viene por Saubom: “Que como lo hice con
pluma, hay momentos de trabajo exasperado, escenas eróticas. Los cuadros se van
oscureciendo, llenando de rayas, hasta que en las sombras se ven dos cuerpos,
el del pato y el de una mina. Y ahí aprovecho para cargar mucho los cuadros
hasta que se vuelven abstractos. Visualmente, ese montón de sombras, insinúan”.
Al hablar
de vecindades aparecen varios nombres. Sobre Doré, comenta: “Claro, es un gran
ilustrador francés, y como yo utilizo una forma de dibujar que es un poco como
antigua, me lo nombran. Trabajo con plumas, trazos gruesos y finos, muchas
rayas, sombreado; es difícil hacerlo con la pluma”. Sobre Dalí, es categórico:
“Como pintor me parece relamido, es un pícaro”. Y tras autocalificarse –guiño por
medio- de “renacentista, salvando las distancias”, teniendo en cuenta el cruce
de elementos utilizados y sus trabajos inclasificables, entra de nuevo a la
anécdota: “Descubrí hace tiempo a Julio González, un escultor catalán del que
Picasso sacó mucho. Lo de Picasso era
armar y volver a construir, vale decir: un espíritu de riesgo. Eso me lo
explicó un tío mío que no era dibujante, sino bandoneonista y ferroviario. Lo
visité después de mucho tiempo y hablamos del fueye. Yo era adolescente y lo
tenía por un tipo conservador. Le hablaba de Troilo y me respondía sin
entusiasmo. Lo increpé: ‘¿Qué, no te gusta Troilo?’. ‘No, sí, cómo no me va a
gustar? –me dijo- pero no arriesga. Piazzolla sí’. Él me hizo escuchar a
Rovira. El mensaje era ése: hay que arriesgar; la sensación de que estás
corriendo peligro no te la quita nadie. Si no, te jubilás”. Y en esa línea pone
a Bruneleschi, arquitecto, pintor y matemático, que construyó el famoso techo
circular sin soportes de la Basílica de Florencia: “Era un genio. Y no hablemos
de Leonardo que era un poco el paradigma, esos tipos sabían de cocina, de
geometría, de arquitectura”.
Y hablando de influencias y cercanías
–también se suele mencionar a Kafka en referencia a su trabajo- Nine dice
sentirse próximo a los escritores Boris Vian, Felisberto Hernández, Oliverio
Girondo y Roberto Arlt: “son nombres obligados. Cuando descubrí a Vian me volví
loco, tengo todos sus libros, hasta guiones, me encanta su forma de escribir.
Es crítico de jazz, traductor, músico, cantante, compositor. En el estantito de
Vian tengo a Felisberto Hernández y a Girondo, que nunca se pone viejo, no se
arruga. Pero Arlt es el capo de los escritores argentinos. Siento una
proximidad muy grande con las visiones que tenía el Bosco, y quien vio su
pintura, que remite a simultaneidad de situaciones caóticas, encuentra a Arlt”.
En la lista de gustos hay ilustradores
como el citado Breccia, pero también el Oski “irreverente”, y Berni: “El
primero, un desacralizador de enciclopedias, muy buen dibujante. Berni es el
primer pintor que hizo una serie con nombres, como si fueran personajes de
historietas, yo digo que él hace historieta”. Breccia y Osky eran muy amigos,
compartían alcoholes. Estuvieron cuatro días en pedo en un hotel de Venecia;
cuando despertaban querían mear en el guardarropa. Eran dos duros, de código
duro. Si tenían ganas de destruirte y te veían muy hinchapelotas…vea
maestro...te daban”.
Entre los duetos que debió integrar,
aparece Alejandro Dolina, a quien le ilustró varios libros en un trabajo
sustentado en un diálogo fluido: “Primero fue en Humor, luego en sus libros.
Me contaba por teléfono –yo lo llamaba temprano, él estaba recién levantado-
cuál era más o menos el tema que estaba escribiendo, me daba ideas
deshilachadas. Luego nos juntábamos, él con las hojas mecanografiadas y yo con
mi dibujo, a ver si coincidíamos. Y todo encajaba muy bien. Era muy
interesante, como cuando Homero Manzi componía por teléfono. Pasado el tiempo,
en el curso de una entrevista Dolina dijo que analizando mis dibujos había
visto allí gérmenes de cuentos futuros”.
Desdoblarse en dibujante y guionista
Historietista de raza, pero definido
en los cruces culturales sin anclaje de modas, se pone serio cuando expresa sus
búsquedas estéticas, sus obsesiones: “A veces veo el sistema de hacer
historietas de estados Unidos donde a la letra H la firman el guionista, el que
hizo el lápiz, el entintador, el letrista…bueno, hay siete oficios para hacer
una H. En mi adolescencia me agarró una crisis porque quería entrar en el arte
importante, y cuando entro en la academia y empiezo a convivir con gente que
estudia plástica me doy cuenta que son insufribles, pedantes, napoleónicos,
ambiciosos. Como esto no era lo que yo pensaba, vuelvo entonces a la
historieta, pero con el bagaje del tipo que estudió pintura. Trato de cultivar
al lector, pretendo hacer formas dignas de arte, quiero que sepa que hay manera
más complejas de contar”.
Planteado el interrogante de si
el mundo de la imagen virtual podría
desplazar a un lector habituado a los códigos de la página ilustrada, asiente:
“Sí, lo modificó bastante. El público de la imagen electrónica es más ansioso,
no digiere matices, quiere estímulos rápidos y fuertes. Un lector auténtico de
historietas, puede avanzar y retroceder en el relato, advertir que el dibujante
hizo algo gestual para subrayar algo; hay un clima que no está dado por el
movimiento. De pibe leía la revista Puño fuerte que traía una
historieta, “Laredo, ranger de Texas”, hecha por un norteamericano con un
dibujo absolutamente económico, telegráfico. El personaje casi ni habla, son
todos climas. Los argumentos eran todos visuales, eso es la historieta”.
Nine es en verdad una dupla,
dibujante y guionista a la vez: “Empiezo a escribir con las primeras
historietas. Como no me gustaba los guiones que me proponían, dije ‘los voy a hacer yo’; y al intentarlo me
di cuenta de que minimamente ‘tenés que escribir’. Se me ocurría la idea pero
tenía dificultades al trasladarla; fui ejercitando y le encontré la vuelta. La
crítica del pato está más que nada referidas al texto, porque premian guión y
dibujo. Dicen que este personaje tiene una capacidad simultánea de transmisión
de ideas; llamativa, porque el tipo cambia permanentemente de tema, es
charlatán. En esto del guionista y el dibujante hay un tercer personaje que a
veces tiene que mediar y es el director de arte que llevo adentro. Es un método
esquizofrénico”.
Entre los trabajos últimos de Nine, hay una historia gótica Donjon (“Mazmorra”), publicada en España con personajes que viven en catacumbas, y la ilustración de un cuento del danés Christian Andersen para una editorial de Taiwán: “Se trata del libro ‘La Vendedora de Fósforos’, de Andersen, bellamente escrito y que pertenece a sus textos ‘desgarradores’. El personaje es una nena que muere congelada; era una época dura y Andersen quería despertar conciencia sobre la orfandad y la miseria de los pibes”. Y entre sus proyectos se cuenta un segundo libro del pato y la publicación en Francia de su libro Estampas de Oeste, una burla del western norteamericano.
Y
en el último párrafo aparece la protagonista de todos los haceres de Nine, esa
imaginación que lo lleva a asociar entidades dispares, lejanas entre sí: “Me
impresionó lo que decía Cortázar, que para que algo sea fantástico tiene que
ser exactamente como es habitualmente, a excepción de un pequeñísimo detalle
que saca todo de contexto”.
































