viernes, 16 de diciembre de 2011

Entrevista: Lucho Olivera

EL ARTE DE LA ROTULACIÓN Y DE LA OBVIEDAD

Por Germán Cáceres

Nació en 1943 (Corrientes). Cuando tenía alrededor de veinte años fue ilustrador en las revistas Vea y Lea, Leoplán y Maribel. Como dibujante de historietas debutó con La legión extranjera (guión de Cruz) publicada en Misterix (su director de arte era Hugo Pratt). Después dibujó la célebre Nippur de Lagash (escrita por Robin Wood), y –con textos de Alfredo Julio Grassi- Planeta Rojo, Yo Ciborg y Galaxia Cero. Otros de sus éxitos de lectores es Gilgamesh el Inmortal (al principio con guión de Robin Wood), que en la actualidad continúa dibujando.

Poseedor de una sólida formación técnica, desde 1964 es uno de los dibujantes argentinos de más sólido prestigio. Se destaca por su empeño documentalista: su obra registra un arduo trabajo de investigación histórica. Ha ilustrado para Italia cuentos de ciencia ficción, y confiesa que tal vez sea ésta su más íntima vocación.

(Falleció el 11/11/2005).



Página publicada en libro de oro de la revista Skorpio, década del 70.

Germán Cáceres: Tu nombre se asocia con Nippur de Lagash, un éxito espectacular que guionó Robin Wood. A mi entender esta historieta fue precursora del género de “fantasía heroica” por cuanto nace en 1967 y Conan el bárbaro –consagrada como modelo y punto de partida- recién lo hace en 1970. ¿Qué podés comentar sobre Nippur?

Lucho Olivera: Nippur empieza como “fantasía heroica”, pero Robin Wood, en forma genial, la va llevando –y me permito una licencia pintoresca- a una especie de Martín Fierro poético de la Mesopotamia antigua. Si se lee con atención la historieta, vamos a encontrar además de la epopeya del Martín Fierro, a los salmos de David, a Sinué el egipcio, de Mika Waltari, y a La Ilíada, de Homero. Es un a literatura que un crítico llamó “parasilar”, es decir rítmica, recorrida por reiteraciones hipnóticas, como el sonido de un tamboril o el Bolero de Ravel. Nippur es un guerrero maduro que recorre caminos en la Mesopotamia, mientras que Martín Fierro transita por la pampa argentina. Pienso que Robin aparte de guionista es un gran escritor que supo expresar la cotidianeidad de las relaciones humanas. La sabiduría semibíblica y bárbara que Nippur va cumulando también la posee Martín Fiero.



Nippur, con guión de Robin Wood.

G.C.: Observo que el personaje a medida que transcurre la historieta evoluciona interiormente, y que el tono narrativo tiene bastante de la llamada “novela novelada” del siglo XIX, uno de cuyos exponentes es Alejandro Dumas, en la cual abundan acciones, viajes y sucesos excepcionales. ¿Qué más hiciste junto a Robin Wood?

L.O.: Gilgamesh el Inmortal, un sumerio que recibe su don de un extraterrestre. La acción comienza en el 3000 a.C., atraviesa toda la historia humana, llega a nuestra época y sobrevive a la hecatombe nuclear. Es ciencia ficción ciento por ciento y también participa del mito de Gilgamesh, epopeya escrita hace más de cuatro mil años. En un personaje que creé en 1970, y Robin lo desarrolló literariamente. Gilgamesh salva del holocausto a una docena de seres humanos y parte hacia las estrellas para poblar otros mundos: comienza así la etapa galáctica.



Página de Gilgamesh, con guión de Ricardo Ferrari, en D`Artagnan, 1986.

G.C.: ¿La sigue escribiendo Robin Wood?

L.O.: En este momento la guiona Ricardo Ferrari, y narra el renacimiento de la Tierra después del espantoso resplandor. Hemos llegado al año 5600 de nuestra era.

G.C.: ¿Por qué elegiste una historieta de ciencia ficción?

L.O.: Me amamanté con la ciencia ficción de Bradbury, Asimov, Sturgeon y Van Vogt, entre muchos otros. Ilustré cuentos de James Blish, Robert Bloch y uno del argentino Adolfo Pérez Zelaschi que se llamó “La trampa del tiempo”. Yo me devoraba la revista Más allá y como Bradbury prefería esas lecturas a la realidad, a la que no me podía bancar.



Ilustración de tapa realizada por Lucho Olivera

G.C.: ¿Para vos la historieta representa un escape imaginativo hacia un mundo más bello?

L.O.: Como Hugo Pratt, estoy humildemente agradecido por poder vivir en el mundo de la fantasía. La función de la historieta es la evasión, un antídoto tan imprescindible como el sueño. El individuo que trabaja todo el día en un banco necesita un escape, y para eso están las aventuras con acontecimientos extraordinarios. Es una manera de sanear la mente.



Nippur

G.C.: ¿Tal como lo propone Woody Allen en La rosa púrpura de El Cairo?

L.O.: De acuerdo: pagamos una entrada de cine para evadirnos.

G.C.: ¿Qué dibujante admirás?

L.O.: El primero que me deslumbró fue Alex Raymond, el de Flash Gordon. Ahora por supuesto ha sido superado por todas las renovaciones gráficas posteriores.



Unitario publicado en la revista Skorpio

G.C.: Pero hoy se lo cuestiona como historietista; se afirma que era más bien un ilustrador, igual que Harold Foster.

L.O.: Yo me inicié en la ilustración, luego me convertí en historietista. Mi verdadera vocación era ilustrar cuentos de ciencia ficción, a la manera de Frank Kelly Freas, quien dibujaba las tapas de The Magazine of Fantasy and Sciencie Fiction y de Analog. De allí mi veneración por el Flash Gordon de Raymond, aunque considero su Rip Kirby más interesante. Tanto sus trabajos como los de Foster son ilustraciones con un globo abajo. En realidad, las grandes historietas fueron Terry y los piratas, de Milton Caniff, y Dick Tracy, de Chester Gould.


Página de Gilgamesh publicada en la revista Skorpio, versión italiana

G.C.: ¿Qué historietista preferís en la actualidad?

L.O: Richard Corben, quien día a día me sorprende por su constante perfeccionamiento. Creo que está en su apogeo y una línea muy de los años ochenta.



Página de unitario publicado en la revista Intérvalo, 1996.

G.C.: ¿Cómo definirías la historieta?

L.O.: Para mí es el arte de la rotulación y de la obviedad. Este pensamiento me surgió cuando vi la foto de la cabina de un caza norteamericano, dentro de la cual había un cartel que decía cabina: es obvio que el piloto que entra a ella no ignora que se trata de una cabina. Como si la precisión exigiera que no se dejase nada librado al azar. La historieta aporta la explicación absoluta de una situación y en ello reside su fascinación. Chester Gould, por ejemplo, dibujaba un villano y aparecía una flecha que decía villano. En esta rotulación total de la realidad, en este colmo de la obviedad radica la fuerza expresiva de la historieta.



Página de unitario publicado en Skorpio, 1979.

G.C.: ¿Y la secuencia gráfica?

L.O.: Me gusta el rigor, la disciplina que impone. Su orden lógico satisface cierta formación científica que tuve (estudié matemática y química). Me aburre la resolución de una ecuación, pero me encantan las narraciones bien estructuradas secuencialmente.

G.C.: Según Daniel Guebel “La historieta puede pensarse como el modo peculiar que las artes gráficas han escogido para leer el cine y la fotografía”. ¿Estás de acuerdo?

L.O.: Sí. Digamos que la historieta es cine congelado y portátil, porque la revista o diario que la publica puede llevarse en el bolsillo. Hay que recordar que ambos nacieron simultáneamente y están muy unidos.



Página de Yo Ciborg, con guión de Alfredo Grassi, en Skorpio, 1978.

G.C.: Tanto Humberto Eco como el Gabriel García Márquez de su última novela, El amor en los tiempos del cólera, utilizan procesadores de palabras para escribir. ¿La computación también está siendo empleada en las historietas y en los dibujos animados?

L.O.: Entramos en tres problemas: historieta, dibujo animado y computación. En la primera etapa de Walt Disney se necesitaban hacer a mano innumerables dibujos para reproducir los movimientos. Ahora con la computadora y la fotocopiadora este problema se resuelve con facilidad. El discurso del dibujo animado es aún más obvio que el de la historieta, pero no queda como ésta en las manos de quien la está mirando, sino que transcurre y pasa. La película Heavy Metal comienza siendo historieta y termina como dibujo animado. Podemos imaginar un futuro donde no se impriman más diarios ni revistas y que tanto la información como el entretenimiento se reciban a través de la computadora personal. En esta era tecnotrónica la historieta se insertará en el dibujo animado.



Página de Gilgamesh, con guión de Mulko.

G.C.: Para terminar la entrevista, ¿la historieta incita a la reflexión?

L.O.: La historieta más que incitar el pensamiento lo aclara. Si su señalamiento se aplicara en otros órdenes, en el mundo habría menos confusión. Una imagen dice más que mil palabras, pero si aparte está acompañada por ellas se potencia. La historieta brinda clarificación en una época donde se cuenta con poco tiempo para elaborar los mensajes. Hoy es casi imposible leer fuera de los ámbitos universitarios novelas como el Ulises de Joyce o El Quijote de Cervantes. A manera de metáfora me atrevería a sostener que el crítico Leo Salas cuando intentó explicar la simbología de la obra de Ingmar Bergman le puso globitos a sus películas; fue el primero que las rotuló.



Página de unitario publicado en la revista Skorpio, versión italiana, 1978.

G.C.: ¿Qué opinás de esa falta de tiempo que impide leer obras capitales como las que mencionaste?

L.O.: No es ni bueno ni malo: no hay tiempo. Entonces aparece el mérito de la historieta, cuyo lenguaje conciso, claro, rotulado y secuencial permite absorber el mensaje rápidamente.



Página de Yo Ciborg

De Charlando con Superman, de Germán Cáceres (Editorial Fraterna, Buenos Aires, 1988, 224 páginas)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Fallece el dibujante Enio Leguizamón

El martes 13 diciembre falleció el dibujante Enio Leguizamón, autor de muy extensa trayectoria en el país y el exterior, dueño de un estilo de dibujo inconfundible, en tono realista.

Durante varias décadas fue uno de los colaboradores estables de editorial Columba, para la que ilustró recordadas series como Gente de Blanco, A Quemarropa, Sam Malone, Víctor Vanel, Cimarrón, entre otras.

Otra lamentable pérdida para la historieta.

Las fotos fueron tomadas por una hija de Gerardo Canelo, a quien se le agradece que las haya facilitado. Fueron tomadas en septiembre este año durante los reconocimientos que se les realizó a diversos autores, en la Biblioteca Nacional.


Enio


Enio recibiendo el reconocimiento en la Biblioteca Nacional.


Página de Gente de blanco, con guión de José Luis Arévalo, en revista Intérvalo, 1996.


Página de A Quemarropa, con guión de Ray Collins, en D`Artagnan, 1979.


En primer plano, de izq. a der.: Morhain, Enio, Lalia, Alfredo Grassi y Canelo.


Morhain, Enio, Lalia y Grassi.


Página de la serie Cimarrón, con guión de Ray Collins, en D`Artagnan, 1986.


Enio recibiendo el reconocimiento.


Página de Sam Malone, con guión de Saccomanno, en D`Artagnan, 1975.


Unitario publicado en El Tony, 1973.


Página de Víctor Vanel, en la revista Skorpio de Italia

jueves, 8 de diciembre de 2011

Entrevista: Leopoldo Durañona

ESCAPE EN TREN

Por Germán Cáceres

Nació en 1938, en Buenos Aires, Argentina. Cursó estudios de dibujo y pintura en la Academia Superior de Bellas Artes y de estética y dibujo en la Facultad de Arquitectura (UBA).

Dibujó historietas para las editoriales Columba, Frontera y la Fleetway Publishers de Londres. Colaboró en las revistas Para Ti, Billiken, Maribel y Semana Ilustrada, y en las editoriales Codex, Abril y Atlántida. Hizo trabajos de publicidad para importantes agencias y canales de televisión.

En 1974/5 realiza en EE:UU. historietas para la DC Comics y la Warren.




En 1981/2 trabaja en México e ilustra “Episodios mexicanos” y varios volúmenes de la colección México, Historia de un Pueblo. Es invitado por la Secretaría de Educación de la Presidencia para participar como jurado en el “Encuentro Internacional de la Historieta”.

Nuevamente en EE:UU. ilustra numerosos libros y realiza storyboards de filmes publicitarios. Ha creado personajes y diseños para películas de dibujos animados de Hanna Barbera. En la actualidad trabaja en el departamento de animación de la Marvel Productions Ltd., en Los Ángeles.

(Entrevista celebrada en Buenos Aires).



Ilustración de Raza de Escorpiones, de Durañona, como tapa de Hora Cero (edición de los años 90)

Germán Cáceres: Leopoldo, estás radicado en los EE.UU. desde hace unos diez años y en la Argentina hay poca información sobre tu obra. Se sabe que dibujaste series de terror en las revistas Creepy, Eerie y Vampirella. Lamentablemente nos han llegado pocas historietas tuyas en este período: en El Péndulo apareció una sobre la Guerra del Paraguay y en Fierro, Los ángeles caídos, ambas con guión de Saccomanno.

Leopoldo Durañona: Esos trabajos que acabás de mencionar los había concretado con anterioridad en la Argentina. La Guerra del Paraguay sólo puede interesar aquí, pero Los ángeles caídos me los llevé a los EE.UU. y los vendí a la Warren. El primer trabajo lo conseguí a la semana de arribar y fue para una revista de terror que editaba la DC. Llegué a los EE.UU. de paso hacia Europa, pero siguiendo un consejo de un amigo presenté mis dibujos a la Marvel, donde en la misma puerta de entrada me dijeron que no necesitaban nuevos historietistas. Luego los mostré en DC y tuve suerte, pues gustaron a todos, de los muchachos que me recibieron hasta los directores de arte.



Página de Raza de escorpiones

G.C.; ¿Te sentiste cómodo en el género de terror?

L.D.: Sí, por supuesto, es el tema principal que yo traté en la Argentina. En realidad, en los EE:UU. me sentí cómodo en materia de historietas al estar al margen de lo que produce masivamente: el superhéroe. Estoy incapacitada para encarar este tipo de historietas porque no me gustan y no las entiendo. No me explico la razón de su éxito, el por qué se las lee: el superhéroe no ofrece ninguna emoción o suspenso, pues no puede sufrir ni lastimarse y terminará ganando. ¿Para qué perder el tiempo leyendo sus hazañas?: con mirar el primer y el último cuadrito sería suficiente. Me interesa la historia humana, con personajes sufrientes, en la que se ignora si al final ellos podrán sobrevivir a la aventura.

G.C.: Para Humberto Eco el sortilegio de la historieta y de la novela policial tradicional reside en los mensajes redundantes que transmiten, en el placer que halla el lector al saber que no se topará con ninguna sorpresa, que los personajes actuarán de una sola manera y no de otra. Siguiendo esta línea interpretativa, el superhéroe encarnaría entonces la redundancia pura, ya que de antemano se conoce todo lo que va a ocurrir: de allí la razón de su repercusión.

L.D.: Puede ser. Otra característica de los EE:UU. a la que no pude adaptarme y que he logrado soslayar es la de trabajar con ayudantes. Yo soy muy individualista, quiero ver sólo mi mano en el dibujo y que tanto los aciertos como los errores sean de mi absoluta responsabilidad. En cambio, en EE.UU uno dibuja a lápiz, otro lo entinta y un tercero le pone el color.


Página de Raza de escorpiones

G.C.: Art Spiegelman, el director de la revista norteamericana Raw, coincide con tu punto de vista. Rechaza la tarea corporativa, industrial, cuya división de trabajo sumerge al artista en el anonimato ya que cualquier dibujante puede ser reemplazado por otro.

L.D.: Bueno, artista es un “gran decir” para EE.UU., en donde la historieta es el último “orejón del tarro”. Según los directores, uno no decide dibujar historietas, sino que se dedica a ellas porque no sabe hacer otra cosa.

G.C.: ¡Qué raro! Porque EE.UU. es la cuna del género y uno de los países que produce y distribuye mayor cantidad de historietas.

L.D: Yo creí que iba a la cuna de la historieta y lo es, pero para mí también es la muerte de la historieta.

G.C.: Y sin embargo ha dado grandes creadores como Foster, Raymond, Caniff...

L.D.: Ellos trabajaron para periódicos y ése es otro nivel. En los EE.UU está todo tan estratificado que el historietista de las daily-strips goza de una consideración superior que el de los comic-books.


Página de unitario publicada en Címoc, España.

G.C.: Pero esa visión de la historieta, ¿no será propia de California? Digo esto porque vivís y trabajás en Los Ángeles. ¿En Nueva York sucede lo mismo?

L.D.: Mi opinión comprende a Nueva York, donde trabajé y residí varios años. Aclaro que esta óptica sobre el fenómeno de la historieta en los EE.UU. es personal y corresponde a la experiencia que yo viví allí.

G.C.: Pero a pesar de estas circunstancias, ¿pudiste abordar favorablemente tu labor de dibujante de historietas?

L.D.: En lo que yo realicé me sentí a gusto. Después de trabajar dos años para la DC colaboré en la Warren por cinco años en las revistas que mencionaste. La editora Louise Jones estaba en muy buenas relaciones conmigo y le agradaba mi producción; además, pude experimentar nuevas técnicas, especialmente empleando fotografías.

G.C.: ¿Sólo hiciste historietas de terror en EE. UU:?

L.D.: En la Warren emprendí toda clase de historietas: policiales, de guerra, históricas, de terror.



G.C.: Retomando el tema de que en los EE.UU no se considera a la historieta un arte, para vos ¿lo es?

L.D.: Para mí es un arte muy importante porque nos puede comunicar. Pero ha sido mal aprovechado; por ejemplo no se lo ha utilizado suficientemente en el aspecto educativo.

C.G.: ¿Cómo se ve la historieta en Europa?

L.D.: Allá el historietista está valorado, tanto que cuando llega a los EE:UU un Moebius, se lo reconoce y admira: ocurre que ellos también están mirando hacia Europa. Como verás, no deja de ser un hecho curioso.

G.C.: ¿Qué país europeo está más evolucionado en materia de historietas?

L.D.: Por lo que yo sé Francia, pero estimo que en toda Europa en general la historieta ofrece productos más atrayentes y está dirigida a otros niveles.

G.C.: ¿Quiénes serían para vos los grandes artistas de la historieta?

L.D.: No quisiera hacer nombres: yo encarnaría una especie de extracto de todo lo que he visto y me ha gustado. Si algo resulta relevante se absorbe e incorpora, aunque provenga de un dibujante desconocido.

G.C.: Se dice que sos discípulo de Alberto Breccia; ¿es así?

L.D.: Sí, me considero un discípulo de Alberto Breccia. No obstante, como la mayoría de los dibujantes de historietas soy autodidacta. Yo he dibujado desde pequeño y aprendí solo muchas cosas, pero la influencia de Alberto resultó fundamental en un momento de mi vida.

G.C.: ¿Fuiste su ayudante?

L.D.: No, asistí a un curso especial dictado por Alberto, al cual concurrieron otros dibujantes que ahora son profesionales muy valiosos. Allí nos dimos fuerzas unos a otros a través de una competencia estimulante, de un cierta envidia “sana” que nos hacía dar lo mejor de nosotros para superar los trabajos de los demás compañeros.

El dibujante de historietas es un solitario, y en mi caso particular me esfuerzo por agradar a mis amigos y seres queridos: no puedo dibujar para rostros en blanco cuya identidad desconozco.



G.C.: ¿Qué proyector tenés actualmente?

L.D.: Estoy trabajando en el departamento de animación de la Marvel, en Los Ángeles. Diseño personajes y los artefactos que ellos necesitan, como ser espacionaves, extraños mundos y salas de computación. Como te habrás dado cuenta, prevalece la ciencia-ficción. Mis ilustraciones son utilizadas en presentación de nuevos filmes.

Aunque he vivido bien de este trabajo en los últimos cinco años, pues económicamente es muy conveniente, estoy tratando de dejarlo porque mis aportes no se aprecian, desaparecen en cuanto entran en la cadena de producción y son tomados por los animadores. Esto me molesta bastante porque me formé viendo mis dibujos publicados en revistas y libros. Por eso quiero volver a las historietas y tengo los ojos puesto en Europa, sobre todo en Francia, donde creo que están los editores mejor organizados. Sé que es un proyecto muy difícil y a la vez fascinante: en Europa nadie me necesita, abunda una gran cantidad de artistas y hay una intensa competencia. Es un enorme desafío.

G.C.: ¿Qué historieta pensás realizar para Europa?

L.D.: No cuento con una idea definida, pero la intención es hacer una historieta de aventuras de formulación simple y clara, como “las de antes”. Es decir todo lo contrario a las historietas complicadas e intelectuales de hoy en día.

G.C.: ¿Un retorno a la llamada “edad de oro” de la historieta?

L.D.: Sí, en cuanto ello comporta no concebir historietas para elegidos.



G.C.: Entiendo que cierto tipo de historieta al sofisticarse demasiado se aisló del público.

L.D.: Sí, esa historieta se ha marginado sola, enredando al lector y obligándolo a desentrañar ilustraciones y textos. Es un material pesado, que exige atención y esfuerzo. En esta etapa de mi vida pienso que el hombre no puede arreglar el mundo ni se va a arreglar a sí mismo, de modo que estoy al margen de estas inquietudes políticas e intelectuales. Para mí la historieta debe ser un entretenimiento que permita transcurrir fluidamente por sus páginas, una evasión como el cine y la televisión. Me interesa plasmar algo masivo, que guste a más gente que a menos.

G. C.: La potencia de la historieta proviene de su simplicidad e inocencia. Si se la complica con intelectualismo creo que se desvirtúa la poesía que lleva implícita en su sencillez.

L.D.: En cierto sentido estoy hablando contra mí mismo, porque soy un dibujante que ha esgrimido nuevas técnicas recargando las historietas con efectos.

G.C.: ¿Cuál es el motivo de tu actual estada de un mes en la Argentina? ¿Viniste a visitar familiares y amigos? ¿O responde a cuestiones de trabajo?

L.D.: Vine ingenuamente a pasar las vacaciones y descansar. Pero tuve tantos encuentros que viví acelerado y con muchas dificultades de horario. ¡Pienso poder descansar cuando vuelva a Los Ángeles!

Ahora bien, como el proyecto de historieta del cual te hablé me demandará un tiempo largo y no generaré ingresos, tal vez me convenga llevarlo a cabo aquí y no en Los Ángeles por razones estrictamente económicas.



G.C.: Claro, vivir en Los Ángeles es mucho más caro.

L.D.: También lo aprovecharé en un sentido afectivo, aunque esto me atemoriza. En EE:UU me he vuelto algo huraño y he vivido una vida de trabajo, no de sociabilidad, lo que me ha permitido ser más productivo.

G.C.: Pero si llegaras a regresar por un año, ¿no es factible que hagas alguna historieta de ambiente nacional?

L.D.: Es posible, pero no tengo nada en firme.

G.C.: ¿Qué pensás de la historieta argentina?

L.D.: Hoy la historieta argentina no existe. Los grandes dibujantes se han ido. Curiosamente, uno se entera que hay un prestigioso dibujante argentino que vive en España y produce algún material para la Argentina. Un artista como Alberto Breccia vive acá y vende sus historietas en Europa, las cuales no son compradas en el país. Existe sí, la editorial Columba, de quien se han reído los dibujantes y guionistas de avanzada, y la subestimaron, pero, sin embargo, la editorial Columba ha enterrado a las demás revistas de historietas y ahí continúa.

G.C.: Hay revistas porteñas que publican historietas de argentinos residentes en Europa. Para vos, ese material ¿sería nacional?

L.D. : No, es historieta europea pues está dirigida principalmente a ese público. Debo agregar que un problema muy serio aquí es la distribución. Era grave cuando me fui y ahora veo que continúa igual. La maneja una mafia que puede tomar una revista y hundirla en el segundo número porque a ellos no les conviene que surja o porque alguien les paga para que lo hagan.

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G.C.: ¿Por qué te radicaste en EE:UU si ya tenías un nombre y un lugar en el mercado argentino?

L.D.: Son muchos los motivos. ¿Querés que te los digas todos?

G.C.: Adelante.

L.D.: Lo principal es que deliraba en sueños y en la realidad con que había un tren en algún lado que se estaba yendo y yo no lo podía alcanzar. En EE:UU. alcancé ese tren. Pero esto es algo psicológico, una cosa demasiado personal quizá.

G.C.: Sí, es muy íntima, pero el símbolo se entiende.

L.D.: Puedo decir también que el país me echó. No podía aceptar que un teléfono no funcionara y encima hubiese que pagarlo; sentía que me estaban metiendo la mano en bolsillo y robándome el dinero. La corrupción y cosas como ésa me echaron.

Otro motivo es que yo estaba trabajando muy bien para muchas revistas y agencias de publicidad, y pensé qué sucedería dentro de diez años ¿seguiría haciendo lo mismo? Necesitaba algo nuevo y diferente. Por eso también me fui. Además, la situación política me echó.

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G.C.: ¿Militabas en algún partido?

L.D.: Militaba desde el tablero de dibujo, pensaba, tener una opinión era entonces peligroso, aunque no se agarrara un arma. De todas maneras, cuando me fui del país nunca imaginé lo que se iba a desencadenar. No puedo negar que tuve mucha suerte.

G.C.: ¿Pensás volver a la Argentina en forma definitiva?

L.D.: Es muy difícil contestar tu pregunta. Sería aconsejable que todo aquel que desee irse del país por muchos años supiera a qué se expone. Va a ser una persona sin hogar, sin patria y sin un lugar donde volver. Así es como me siento: desde que me fui no puedo decir vuelvo a casa. Yo no tengo casa, soy como un gitano, me da igual vivir en cualquier lado. Uno siempre es un extraño, un extranjero.

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G.C.: ¿Ese tren que una vez alcanzaste en EE:UU., no estará esperándote en tu país?

L.D.: ¿No será en Francia? O quizás tengas razón; el tren que me llevará a Francia puede ser lo que tome aquí, realizando el proyecto en la Argentina.

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De Charlando con Superman, de Germán Cáceres (Editorial Fraterna, Buenos Aires, 1988, 224 páginas).

lunes, 5 de diciembre de 2011

56 años después... por Osvaldo Laino

CUANDO ALGO PUEDE SALIR MAL...

Esta es una historia que estuvo callada por más de medio siglo y es una de ésas que pueden llamar la atención a más de un amigo de profesión, joven o mayor. Me refiero a un evento que todos practicamos: Exhibición de Arte, más específicamente ... Muestra de Dibujos.

Cuando nos preparamos para realizar una muestra, sabemos que demanda tiempo y mucha dedicación, con la esperanza que todo termine exitosamente. Pero no siempre es así como lo demostró mi experiencia junto a cuatro colegas de renombrado prestigio la cual terminó con un final totalmente desastrozo. ¿Por qué terminó mal? ¿Por qué fue
negativo? Ciertamente no porque las obras no lo ameritaban. Simplemente ocurrió

No son hechos corrientes, pero pueden pasar, y ésta es la historia que muchas veces me pidieron que explicara cómo pasó y por qué.
Es la historia de ...”CINCO HUMORISTAS EN LA GALERIA PICASSO”.

Todo comenzó una noche de septiembre del año 1955 y la revivimos ..

¡56 AÑOS DESPUES!




















Esta nota fue publicada previamente en el blog HISTORIAS DEL PASADO, de Osvaldo Laino