martes, 27 de mayo de 2014

CON LAS HISTORIETAS SE COME, SE CURA Y SE EDUCA. REVISTAS ARGENTINAS 1983-1993. Por Germán Cáceres

"Testimonio de Germán Cáceres que figura en el libro "Con las historietas se come, se cura y se educa/ Revistas argentinas 1983-1993", de Julio Neveleff (Mar del Plata, Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata, 2014,  228 páginas).




En general se analiza la historieta en base a las obras y a sus creadores, lo cual resulta irreprochable.
Pero hacer hincapié en las revistas de historietas resulta enriquecedor. Ayuda a comprender el género, dado que muchas de esas publicaciones –como las que se exhiben en esta muestra- posibilitaron la concreción de tendencias y estilos.

Títulos de editorial Record

Respecto a dividir la producción en décadas, en principio las revistas no pueden enmarcarse rígidamente en períodos, pues provienen de años anteriores y, a la vez, se proyectan hacia el futuro. Un excelente ejemplo lo brinda el ilustre historiador Eric Hobsbawm, para quien el siglo XX comenzó en 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, y concluyó en 1991, con la caída de la Unión Soviética. En nuestro propio país y en el ámbito que nos convoca, Julio Neveleff -en oportunidad de la reciente designación de Robin Wood como ciudadano ilustre de la cultura por parte de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires-, sostuvo que la obra del prestigioso guionista había atravesado desde su primer trabajo (de 1966) todas las décadas hasta la actualidad.
Pags de Record: Nekrodamus de Oesterheld – Lalia, El Condenado de Saccomanno – Mandrafina, As de Pique de Barreiro – Juan Gimenez, Galac Master de Oesterheld – Oswal, Hugo Pratt, Mandi Riley de Ray Collins – García Seijas, A través de Oceanía de Albiac – Lito Fernández, Bárbara de Barreiro – Zanotto, Alvar Mayor de Trillo – Enrique Breccia, Arturo del Castillo. 

Sin embargo, la división en décadas constituye un instrumento útil e indispensable para el estudio y la comprensión del género. En años anteriores surgieron varias revistas que llegarían a su esplendor durante 1983-1993. En 1974 salió Skorpio, de Ediciones Record,  que se destacó por su calidad y por contar como estrella al Corto Maltés, de Hugo Pratt. En ella había historietas de aventuras clásicas y realistas. Va forjándose así el gran momento que alcanzó la década que nos ocupa y cuyo proceso ya había empezado mucho antes, en 1957, con Hora Cero y Frontera, las gloriosas publicaciones de Héctor Germán Oesterheld.

Revistas de Editorial Columba

Se sabe que desde 1928 la Editorial Columba venía proveyendo a los lectores de múltiples revistas (El Tony, D´Artagnan, Fantasía, Intervalo, Nippur Mágnum, diversificadas en formatos y colores) y llegó a lanzar unos dos millones de ejemplares mensuales al mercado. Pese a que en Columba colaboraron maestros de la talla de Domingo Mandrafina, Ernesto García Seijas, Carlos Vogt, Alberto Salinas y Ray Collins, la editorial fue despreciada porque se consideraba que su material era comercial y de baja calidad artística. El mismo Robin Wood recibió severos  cuestionamientos. La condena venía de escritores y dibujantes partidarios del refinamiento estético y del registro experimental. Sin embargo, el tipo de historieta clásica es el que hoy triunfa y se publica en Italia pertenecen a autores que en su oportunidad trabajaron para Columba.

Algunas páginas de series de editorial Columba

 De esta manera, se repitió el fenómeno que ocurrió con la cinefilia de los años cincuenta y sesenta: al cine norteamericano se lo despreciaba por su carácter mercantil y convencional, pero, con el correr de los años, no pocos de aquellas películas europeas tan ensalzadas por su libertad formal y su exquisitez artística envejecieron: su lenguaje y su temática ya no interesaban a los espectadores. Curiosamente, numerosos filmes de Hollywood resistieron el paso del tiempo y conservaron su frescura (un caso emblemático -hay muchos otros- es el de Casta de malditos, 1956, de Stanley Kubrick). Si bien es lícito y válido aspirar al logro de planteos profundos y de avanzada formal, debe tenerse en cuenta el riesgo de caer en el aislamiento y la incomprensión. Por ejemplo, aunque se imputó de banales a sus películas, ya nadie se atrevería en poner en duda los aportes de Alfred Hitchcock al lenguaje cinematográfico, pero el genial realizador no valoraba sus obras con patrones estéticos, sino de acuerdo a la cantidad de espectadores que las veían.


A partir de 1973 la última página del diario Clarín se dedicó a publicar material nacional y terminó de consagrar, entre varias, a figuras como Caloi, Altuna, Crist, Viuti, Bróccoli, Tabaré, Guinzburg y Abrevaya. Un año antes, la revista Hortensia, dirigida por Alberto Cognigni desde Córdoba, aportó toda una renovación proponiendo  una comicidad popular y picaresca que catapultó a Roberto Fontanarrosa. También en ese mismo año salió Satiricón, dirigida por Oskar Blotta, de vena humorística irreverente y audaz. Después de que esta revista fuera clausurada en 1975, debutó Chaupinela, una especie de continuación, bajo la dirección de Andrés Cascioli, creador y editor que haría historia -a través de sus Ediciones de la Urraca- con Humor, en 1978; Superhumor, en 1980; y Fierro, en 1984. Humor cuestionó el Proceso y en sus valientes páginas se construyó un bastión contra la dictadura militar: sus luminarias eran Rep, Alfredo Grondona White, Raúl Fortín, Limura, Meiji, Maitena, Eduardo Maicas, y hay más. Superhumor contenía notas periodísticas, historietas y humor gráfico, con colaboradores como Juan Sasturain, Alejandro Dolina, Horacio Altuna, Enrique Breccia (siguen los nombres) y los foráneos Claire Brétécher y J.G. Ballard.

Publicaciones de La Urraca

Fierro, cuya dirección ejerció Juan Sasturain, fue una verdadera revolución, uno de los puntos más altos que alcanzó la historieta argentina. Los modelos de ese entonces eran las revistas Metal Hurlant, de origen francés, y Heavy Metal, su versión norteamericana. Consideraban a Moebius y a Hugo Pratt como las máximas expresiones de este noveno arte que Fierro pretendía elevar al mismo nivel de la plástica y la literatura. Una de sus originalidades fue “Óxido”, el llamado subtemento, que se inspiró en el underground comix y su figura central, Robert Crumb, así como en las publicaciones italianas Linus, Alter y, especialmente, Alter Alter



Grandes creadores nacionales participaron en Fierro: Alberto Breccia –y sus hijos Patricia y Enrique-, Carlos Sampayo, José Muñoz, Francisco Solano López, Juan Giménez, Ricardo Barreiro, Sanyú, Eduardo Risso y Carlos Nine (y la lista continúa). “Óxido” fue experimental y vanguardista, y de allí surgió uno de los más altos valores argentinos: Max Cachimba. Sin duda, Andrés Cascioli con su labor editorial y artística quedará en la historia como un extraordinario renovador de la figuración gráfica, mérito que ratificó con la revista de ciencia ficción El Péndulo, que traía cuentos, ilustraciones, artículos e historietas. Ediciones de la Urraca también se atrevió a impulsar la revista de Cazador, una desaforada y desprejuiciada historieta creada por Mauro Cascioli, Jorge Lucas, Ariel Olivetti y Claudio Ramírez, que carecía de límites en cuanto a las reiteradas escenas de violencia y de sexo.

Pags de Fierro (versión años 80): Albiac – Taborda, Evaristo de Sampayo – Solano Lòpez, El Sueñero de Enrique Breccia, El caballero del piñón fijo de Trillo – Mandrafina, El último Recreo de Trillo y Altuna, Parque Chas de Barreiro – Risso, Nine, Juan Giménez, Peiró, Navarrito de Barreiro – Dose, Alack Sinner de Muñoz – Sampayo, El Tomi, Perramus de Sasturain – Alberto Breccia, Ficcionario de Horacio Altuna.

El Globo Editor fue responsable de la aparición de otra publicación de corta duración, Puertitas, dirigida por Carlos Trillo, con el énfasis puesto en la claridad argumental y en el realismo gráfico. Salió entre 1989 y 1994 y obtuvo dos hitos como Irish Coffee y Cybersix, ambas debidas a su director y a Carlos Meglia.

Nuevos valores surgidos en Fierro

Se puede afirmar que la historieta argentina alcanzó su mayor fulgor en esa década de 1983-1993 –con corrimientos anuales para ambos límites, por supuesto-, durante la cual nuestros creadores obtuvieron varios premios internacionales –entre ellos el mítico Yellow Kid del festival de Lucca, Italia- y colaboraron asiduamente en el exterior, sobre todo en Francia, España, el Reino Unido e Italia.
Pero los hábitos de consumo culturales estaban cambiando debido a la televisión, el cine, Internet  y los videos, y ninguna de las tres editoriales (Columba, Record y La Urraca) pudo adaptarse a ellos. Tal vez las tres empresas fracasaron porque la transformación del público y del mercado era absoluta, pero tampoco debe obviarse la posibilidad de una gestión comercial no preparada para afrontar una crisis de esa envergadura. Así, Record cerró en 1996, y Ediciones de la  Urraca y Columba, en 2001. (Las legendarias Rico Tipo y Patoruzú lo hicieron en 1973 y 1977, respectivamente.)

Publicaciones de El Globo Editor

Y entonces la historieta se convirtió en un arte de consumo marginal, y se inició el éxito de las revistas extranjeras de superhéroes y de manga. Ya la venta principal se realizó –como en el presente- a través de comiquerías que también aportaron el correspondiente merchandising, aunque en algunos quioscos de diarios se venden los últimos números de esas publicaciones del exterior. Hay pequeñas y medianas editoriales nacionales que difunden las historietas en libros, aunque en su mayor parte se trata de reimpresiones. Abundan también las autoediciones y las cooperativas de autores, e Internet se convirtió en una vía importante para difundir el  material. Asimismo, muchos jóvenes  recurren a la impresión de fanzines y de prozines
¿Qué pasará? ¿Concluirá la historieta su ciclo vital en la Argentina y en el mundo? Para nada. En los últimos años surgió en el país un fervor que se manifestó en un aumento de las ediciones en esos medios alternativos –donde se hallan trabajos de calidad incuestionable- y, además, en las muestras y festivales que se organizan y a los que concurre un público entusiasta. Las páginas de los periódicos reivindican el género como expresión artística y en su interior se encuentras notas críticas sobre sus novedades.
Sólo resta parafrasear al gran Hugo Pratt y afirmar que “la historieta goza de excelente salud y larga vida”, aunque tal vez adopte otros formatos y vías de comunicación con los lectores. Uno de los tantos ejemplos son los superhéroes norteamericanos que ahora vienen de la mano de películas que costaron millones de dólares y en las que intervinieron célebres directores, notables guionistas y auténticas estrellas de cine. Además, estos filmes desbordan excelencia por donde se los mire y sus efectos especiales son maravillosos. Y también hay animaciones en 3 D para la posteridad (por ejemplo, Las aventuras de Tintin, 2011, de Steven Spielberg).
No quedan dudas: a la historieta le sobra tela y tiene cuerda para rato. ¡Adelante!


Germán Cáceres