martes, 27 de agosto de 2013

Entrevista: JORGE CLAUDIO MORHAIN. Por Germán Cáceres (segunda parte)





Nació en la Capital Federal, en 1942, y, a partir de la edad de diez años, se radicó en Máximo Paz, Provincia de Buenos Aires. Según Wikipedia “es escritor, dramaturgo, guionista, historietista, periodista, traductor, museólogo, divulgador científico y bibliotecólogo”. Pero es reconocido principalmente por su brillante y prolífica trayectoria como guionista de historietas.


Cáceres, Taro, Aguado. Morhain y Gerardo Canelo

-G.C.: De las historietas que vos escribiste, ¿cuál es tu preferida?

Hay un clásico que gustó en los tres lugares donde la publiqué: Riachuelo, Viejo Riachuelo ó Memorias del Riachuelo. Algunos policiales con Trigo. Martín Toro con Magallanes. Algunos Savino. Gualichu (la de Roca). El Jacobino con Moliterni. El hombre dela casa, con Estevez. Álamo Jim con Casalla, Ted Marlow con Trigo.



-G.C.: ¿Qué estás guionando actualmente?

Krantz, con Lalia. Martín Toro, con Bernoy. Adaptaciones de clásicos literarios. Algunas cosas sueltas para dibujantes jóvenes.


Kabul, con dibujos de Altuna, en Nippur Magnum, 1997 (reedición)



-G.C.: ¿Cómo ves la situación actual y futura de la historieta en la Argentina y en el mundo?

En la Argentina, en terapia intensiva, con buen pronóstico. Me llama la atención la publicación en libros, para los que se hace todo tipo de recensiones y homenajes: la mayoría de esos trabajos no superan los que aparecían semana a semana en los kioscos.  

Yo veo un futuro. No es posible que tanto talento sea exclusivamente de exportación. Si no hay inversores argentinos que editen revisas seguramente vendrá algún europeo huyendo de su recesión. No creo que lo digital sea la solución, al menos hasta que haya soportes similares a los lectores de e-ink, pero en colores y flexibles. No es fantasía, se trabaja en ello.

En el mundo, veo que en muchos lugares goza de buena salud. Veo publicaciones como Comic art en italiano, Lanfeust o dBD, en francés, que editan historietas en “antologías” acompañados de buenos estudios e información. Hay revistas internacionales que tienen una sección dedicada al género. El caso estadounidense es distinto, porque la influencia política es apabullante, y es difícil encontrar comics donde no se baje línea explícita o implícitamente. He visto mangas occidentalizados, que en cualquier momento competirán de igual a igual. Y Latinoamérica se prepara.


Martín Toro, con dibujos de Magallanes.



-G.C.: Vos frecuentaste otros géneros que apenas se mencionan, por ejemplo la novela Samos contra los Uránicas; los cuentos infantiles Malos tiempos para Drácula y Amores con guardapolvos; los poemas para nivel inicial En el fondo de mi calle; el guión cinematográfico del largometraje Más allá de la aventura; el ensayo La Argentina premonitoria y las obras de  teatro Yo y las mujeres, Circo y El viajero de la eternidad. ¿Continúas desarrollando estas múltiples actividades?

A ver: lo primero que escribí fue historieta, a los 11 o 12 años, un personaje que retomaría en 1971: El Capitán Cometa. Trabajando para Cascos de Acero, Editorial Gente Joven, Andrés Cascioli me pidió algunos cuentos de ciencia ficción. Uno se publicó, a mis 18 años. A los 20 años dirigí un grupo de teatro en el cual el más experimentado (?) era yo, y escribí esa comedia “Yo y las mujeres”, que representamos en Máximo Paz, mi pueblo. Ingresé a Billiken en 1971, de la mano de Eugenio Zoppi, y pronto me pidieron cuentos: así desarrollé mi propio “método” para escribir cuentos infantiles, en el que me hice un nombre. El método sólo consiste en ver el mundo desde un niño de la edad para la que uno escribe.  Como estaba en Editorial Atlántida (Billiken) tenté fortuna en Para Ti, la revista insignia del grupo. El lector de cuentos era Joaquín Gómez Bas, que me aceptó varios, porque le gustaba cómo escribía. Incluso tuvo una discusión en la redacción por algún cuento mío que según el jefe “no tenía gollete”. Don Joaquín estaba indignado: “A mí, a Joaquín Gómez Bas, vienen a decirle que un cuento no tiene gollete…” Después las seleccionadoras fueron Nyra Echenique y Susy Dacunto. Luego decidieron publicar cuentos más baratos, de esos que no tienen derechos.  He publicado cuentos en muchas revistas infantiles y femeninas (en las primeras Mía, por ejemplo).

Samos contra los Uránidas mi única novela por ahora (si no cuento una pornográfica escrita con gran rapidez) fue la adaptación del personaje aparecido en Billiken, en “El Clan de McPerro”, más otros guiones inéditos y, desde luego, todo reescrito. María Brandán Aráoz, mi editora, me dio una mano inmensa, enseñándome muchos trucos de la profesión.

Malos tiempos para Drácula fue publicado por Ediciones del Quirquincho (y Página/12), con la dirección de Adela Basch, quien me dijo que necesitaban poesía infantil, que nadie sabía escribirla. Me atreví con “En el fondo de mi calle”, porque no soy poeta. Lamentablemente la editorial cerró, y poco después su dueño fue asesinado durante un asalto.

Amores con Guardapolvos” fue publicado por Marta Giménez Pastor, en Magisterio del Río de la Plata, y fue un éxito de ventas durante 10 años: finalmente, al quedar pocos ejemplares, la editorial lo retiró del mercado.

Circo fue escrito y representado por el grupo Gente de Teatro, de Cañuelas, del que formé parte como actor (en los ’90), haciendo el personaje de dueño de casa en “La Nona”.

“El viajero de la eternidad” fue un pedido de 1997, adaptación a dos horas de gran espectáculo de las 350 páginas de El Eternauta. Nunca pasó de un encargo, pero en 2001 la envié al concurso “Enrique Santos Discépolo” de la Provincia de Buenos Aires, y obtuve el 3er premio, publicación (que se concretó en 2002, en Corregidor) Aparentemente la obra es representada por colegios, de vez en cuando, porque por ahí la conoció Siro Colli, que era Director Artístico del Teatro Argentino de La Plata en 2007 Con él armamos una puesta minimalista, para una hora y media, que resultó conmovedora, aunque está hecha a base de actuación, y por lo tanto es muy exigente. La puesta fue complementada por fílmicos a cargo de Gustavo Alonso. La puso la Comedia de la Provincia de Buenos Aires, en el Teatro Argentino, 10 funciones. Además de actores profesionales del elenco estable, colaboraron en fílmicos Lorenzo Quinteros (como Oesterheld, secuencia inicial), Cristina Banegas, como la mujer de Ramírez, el que se asoma a la ventana de enfrente (con un monólogo que fue un agregado de Siro Colli, muy bueno), y Víctor Laplace, como el locutor que llama a la Zona Liberada.

Páginas de historieta publicada eb Turay, 1974.


Con el guion inicial (el de ‘gran espectáculo’) pusimos el primer acto como Teatro Leído, en una convención de historietas, comics, manga y cosplay; y con alumnos de la Escuela Estrada, en la muestra 50/30, de 2007.

En 1992 hice un Master en Cultura Argentina, y como trabajo final escribí el ensayo “La Argentina Premonitoria en El Eternauta de Héctor Germán Oesterheld”, que pocos años después fue publicado en la revista digital Axxón, pero que permanece inédito en papel.

Además he hecho crucigramas, entretenimientos varios, juegos de mesa, epígrafes de figuritas para el mismo Karadagián.

Fotonovelas: escribí muchas de acción, para Kiling, Araña Negra y otros. Sólo una romántica. Tengo varios trabajos sobre educación publicados en la web y en revistas. Hay un par de obras de teatro inéditas, no estrenadas.


Página Pehuén Curá, con dibujos de Castro, en D`Artagnan, 1980


-G.C.: A ver si nos explicás cómo se manifiestan esas otras especialidades tuyas que menciona Wikipedia: traductor, divulgador científico, museólogo y bibliotecólogo.

El oficio de traductor comenzó a partir de Editorial Columba. Cuando me convocaron, a instancia de Roberto Giormenti, que fuera jefe de arte en Gente Joven, con Cascioli, el trabajo a hacer era traducir historietas para adaptarlas al gusto argentino y publicarlas. Tengo facilidad para los idiomas, y una buena base de inglés, de modo que me lancé. Traduje una enorme cantidad de historietas para Columba: Príncipe Valiente, Johnny Hazzard, Modesty Blaise, Tarzan, El Fantasma. Muchísimas. Había tanto material que publicaron una revista especializada, "Sandokán”. He traducido algunas cosas del francés o del italiano. Leo mucho más de lo que hablo en inglés, francés, portugués e italiano.

A partir de la publicación de “Rambo” en historietas, en Editorial Perfil, comencé a trabajar en la versión nacional de “Descubrir”. Es decir, me convertí en periodista científico. Fue la redacción más culta en la que he trabajado: TODOS sabían de todo. Salía un tema, cualquier tema (las ruinas de Borobudur, la mecánica cuántica, el espín de los cuásares, la reproducción por polinización, la historia de las Olimpíadas) y cualquiera de la redacción lo tomaba y lo desarrollaba con idoneidad y conocimiento. También yo.

Y la documentación podía estar en cualquier idioma. Recuerdo que sólo tuvimos que hacer un “descifrado” en conjunto, en una oportunidad, porque nadie sabía alemán. Obvio, no había Internet ni traductores automáticos.

En principio, y por mi experiencia en Billiken, me encargaron el suplemento Junior completo. Dije “yo puedo escribir sobre cualquier cosa menos deportes”. “Perfecto, dijo Hugo García, secretario de redacción, entonces preparate un número especial sobre deportes”.

El oficio de periodista lo inicié en el diario La Nación, donde hacía dos personajes para La Nación de los Niños, con la dirección de Norberto Firpo. Él dirigía también la sección Última Página, y me pidió notas de miniturismo, asignándome la zona comprendida entre la ruta 3 y la costa, hasta 100 Km de la ciudad. Ocasionalmente me salía y hacía notas en Azul o Guaminí. Luego comencé a hacer reportajes para la misma sección, y fue un trabajo muy gratificante. La Nación cambió totalmente en 1995, cuando pasó de manos de los Mitre a las de los Saguier, con una brutal barrida de personas (legalmente y pagando lo que correspondía). También publicaba turismo en Week End, de Perfil.

Lo de museólogo apareció en 1984, cuando fui nombrado Director de la Comisión Municipal de Cultura de Cañuelas, y me dieron como tarea recuperar un museo en Vicente Casares. Como no sabía nada de museos, hice la carrera. Así fue que entre 1997 y 2000 organicé (creé de la nada, mejor dicho) el Museo y Archivo Histórico “Lucio García Ledesma” de Cañuelas: tomé 50 piezas que había guardado precisamente don Lucio García Ledesma, antes de morir, y entregué con 2000. 

Página con dibujos de Torre Repiso, en Corto Maltés, 1976.


En el mismo lugar (Instituto Superior de Formación Docente Nº 8, de La Plata), enseñaban Bibliotecología. Para ahorrar tiempo y aprovechar la oportunidad, y “por las dudas”, porque “uno nunca sabe” (textual) estudié Bibliotecología junto con Museología. Me recibí de Bibliotecario Profesional.

Trabajé un tiempo en la “Biblioteca Popular D. F. Sarmiento de Tristán Suárez”, y colaboré con mi esposa en la fundación de la “Biblioteca Del Quijote (para que haya una que sobreviva al fuego)”, en Máximo Paz. El nombre alude a que la biblioteca del Quijote también fue quemada por los censores.

Originalmente yo era Perito Mercantil. En 1973 la carrera docente pasó a ser terciaria, y, como trabajaba en Billiken y no tenía una base docente, decidí hacer la carrera y me recibí de Profesor para la Enseñanza Primaria. Pues bien, trabajé en Billiken desde 1971 a 2002. Los sucesos de 2001 llevaron a los dueños de Editorial Atlántida (hacía mucho que ya no eran los Vigil, y realmente no se sabía quiénes eran) a despedir a los empleados “históricos” (con relación de dependencia) de Billiken. Fuimos un grupo que quedó sin trabajo. Como sabemos, en 1995 cerró Columba, cerró Record, cerró Fierro. Y el traspaso a los Saguier de La Nación también me arrastró. De modo que en 2002 estuve desocupado. Fue una buena experiencia. Una cosa es contarlo y otra vivirlo. En 2003 ingresé a la Escuela Normal Superior José Manuel Estrada, de Cañuelas, como bibliotecario titular. No hubiera podido si sólo era Bibliotecario Profesional. El hecho de ser también maestro me permitió tomar ese puesto, con el que todavía sobrevivo.


Página de unitario, con disbujos de Cristobal, en Tit Bits, 1980.



-G.C.: ¿Qué proyecto tenés para el futuro?

En literatura sigo haciendo historietas, cuentos y un par de novelas de final (cronológico) incierto.

Lucho para publicar unos cien cuentos inéditos, todos buenos (infantiles, románticos, adultos, mínimos, largos, etc.).

Trato de publicar La Argentina Premonitoria…

Trato de implementar un curso on-line de guionista de historieta.

Pierdo concursos constantemente (debo ser muy malo)

En lo personal, estoy esperando que el Congreso se digne aprobar la ley de jubilación para escritores. Y, entonces sí, completar mi autobiografía. Para que no sea una profecía autocumplida.