viernes, 16 de agosto de 2013

Entrevista: JORGE CLAUDIO MORHAIN. Por Germán Cáceres (primera parte)

Nació en la Capital Federal, en 1942, y, a partir de la edad de diez años, se radicó en Máximo Paz, Provincia de Buenos Aires. Según Wikipedia “es escritor, dramaturgo, guionista, historietista, periodista, traductor, museólogo, divulgador científico y bibliotecólogo”. Pero es reconocido principalmente por su brillante y prolífica trayectoria como guionista de historietas.

 
Morhain, recibiendo el reconocimiento que le realizamos desde La Duendes, en julio de este año. Sentado, Germán Cáceres y Carlos Scherpaz (Oenlao) entrega el reconocimiento. 



-Germán Cáceres: Jorge, es inmensa la cantidad de guiones que realizaste. En Wikipedia se informa de seis mil (entre ellos mil inéditos). Este increíble número no solo habla de laboriosidad y talento, sino también de una posible metodología para escribirlos. ¿Qué podés comentar?

En julio de 2013 estaba escribiendo el guion Nº 5647. A muchos les asombra que sepa exactamente qué número de trabajo estoy haciendo. Simplemente, cuando comencé, decidí inaugurar un cuaderno donde anotaba el título, el género, el personaje y número de episodio si era una serie, a quién se lo había vendido, quién lo había dibujado y  dónde y cuándo se publicaba. Son dos líneas de un cuaderno tipo Caja, comercial. Con el tiempo inauguré otro para cuentos, y finalmente hay un tercero con secciones como Adaptaciones, Teatro, Cine, Traducciones, Fotonovelas, Crucigramas y Entretenimientos. Me estoy facilitando la vida para mi demorada autobiografía. Tan demorada que alguien me previno que si sigue en ese estado puede convertirse en biografía. Quizás la metodología, o el apego al método, venga de mi primitiva formación de Perito Mercantil, o más probablemente en mi gusto por las matemáticas y su capacidad de ordenar un mundo donde el desorden es el método. Pienso así, porque he aplicado el sistema en los lugares que me ha tocado organizar: Depósitos de Obra en Techint, un Museo en Cañuelas, un Centro Integrador Comunitario en Máximo Paz. Siempre desde cero. También en Techint, porque a pesar de que los sistemas ya estaban, yo inauguraba unas máquinas contables que hoy son para la risa, pero que demandaron un sistema de programación (que hoy también es de risa). Llevo, además, 614 cuentos, 47 fotonovelas, 832 historietas traducidas, 39 guiones de cine o televisión, 300 entretenimientos de distinto tipo, 56 juegos de tablero, 270 crucigramas. Donde no llevé control, y lo lamento, fue con las notas periodísticas: llevaba 320 a 1984. Las últimas las escribí para Telam, en 2012.
En cuanto a un método para escribir, no suelo usar escaleta (step outline) ni resúmenes. En general parto de una idea argumental y dejo que la misma fluya libremente. Por puro oficio surge el aplicar los puntos de tensión en los lugares justos y encontrar el final significativo. Generalmente aparece “espontáneamente”. Eso sí, en épocas de mucho trabajo podía recorrer el registro para recordar antiguos argumentos de los que surjan temas nuevos o reinterpretaciones. Incluso había desarrollado un programa de computadora (muy sencillo, me tiraba una serie de números aleatorios que automáticamente reemplazaba por textos preelegidos en determinados lugares de un resumen básico) que actuaba como disparador de ideas argumentales.
Por ejemplo: “El héroe xxxxxxxx” La máquina reemplazaba las “x” por “flaco”, o “gordo”, “petizo”, anciano”, “veterano”, “despistado”, etc.
Cuando escribo sobre personajes es más fácil: ya está definido cómo es y cómo piensa la dramatis personæ, de modo que sólo tengo plantearle el problema y ver qué hace. Copiar sus acciones. Los escritores visuales “vemos” el desarrollo de las historias, y “solamente” las transcribimos.

Página de Martín Toro, con dibujos de Magallanes, en El Tony, años 80.


-G.C.: Por supuesto no leí tus cinco mil guiones, pero sí muchos y éstos privilegian los diálogos y los textos (sean superiores, inferiores o enmarcados en cuadritos). En ciertos tramos la prosa es elegante y muy trabajada. Y hay pocas viñetas mudas. Bueno, ahora sería conveniente que hables acerca de tu concepto del guión.

Sobre la discusión de si más o menos texto en la historieta, habría dos vertientes, o tres, quizás.
La más común es la exigencia editorial. Algunas, como Columba en sus orígenes, favorecían (no había un pedido directo) la abundancia de texto, porque conservaban la visión de la historieta como “novela gráfica”: privilegiaban el texto por sobre la imagen. En realidad, quien facilitó las cosas y llevó a Columba a una comprensión más cercana a las características del género fue Robin Wood. Sus guiones tuvieron desde el principio tanta aceptación en el público y tanta coincidencia de gustos e ideología con los ejecutivos de la empresa que fue “autorizado” a salirse poco a poco de las normas. Y todos los demás, agradecidos, fuimos detrás. De hecho, no hubiese trabajado 23 ó 24 años en esa editorial con el sistema antiguo. Curiosamente, con el paso de los años, ahora muchas editoriales llaman “novela gráfica” a historietas unitarias, para “jerarquizarlas” frente al peyorativo ‘historieta’, ‘comic’, ‘tebeo`’, etc.
Un segundo motivo de colocar mucho texto en los cuadros es la certeza de que el dibujante no sabrá, no podrá o no querrá interpretar las indicaciones. Entonces hay que contarle todo al lector, lamentablemente. Tengo experiencia en trabajos arruinados porque al interpretar una pelea definitoria que estaba descripta como “luchan duramente con el agua a las rodillas” el dibujante puso sólo un par de ojos (es una cita real). Aclaremos que son casos muy contados; en general he tenido buenos complementos a mis historias, en algunos casos –pocos- la interpretación fue exactamente lo que yo “veía”, y en la mayoría el resultado final fue mucho o muchísimo más rico de lo que había previsto.
Y finalmente puede tratarse de una razón de estilo. Esto es más aleatorio, y depende de lo que se esté escribiendo. Trabajando en libertad, prefiero el equilibrio, tratando de mostrar todo lo que se pueda mostrar antes de describirlo en didascalias. Y si, uso las viñetas mudas.

Páginas publicadas en la revista Turay, 1974.


-G.C.: Por otra parte, en tus historietas la planificación es muy equilibrada, no pretendés ninguna espectacularidad visual sino una narración serena imbuida de clasicismo. ¿Estas características formarían parte de una estética?

Siempre he seguido las pautas anotadas más arriba. O mejor dicho las pautas han surgido solas, se han aplicado automáticamente. Dicen que las reglas bien aprendidas son las que se han olvidado, pero siempre se aplican, sin pensar en ellas.
Desde que usamos computadora suelo imprimir un borrador final de los trabajos y los releo, los corrijo y eventualmente puedo alterar el orden con el cortar y pegar. 
Cuando utilizaba máquina de escribir me obligaba a editar mentalmente, porque rehacer un trabajo significaba rehacer páginas.
Lo mismo con las faltas de ortografía: no las cometía, porque un poquito se podía tachar, un poquito cubrir con corrector, pero cuanto más limpio y prolijo quedaba el trabajo mejor predisposición había a leerlo (y comprarlo) por los editores.
Quizás estas cosas parezcan ahora a todo aquel que no peine canas como los cuentos del djinn en la botella. Pero antes de los ’90, de mediados de los ’90, escribíamos guiones de historietas para vender.
Habitualmente la editorial se encargaba de la segunda parte, la relación con el dibujante.
Y los alardes visuales quedaban a su cargo.
Mi estilo de descripción de escenas siempre fue sintético (el “estilo Oesterheld”) y salvo contadas excepciones daba por sentado que el dibujante sabía lo que hacía. Considero que la creación de una historieta no termina con su escritura en guión; de hecho termina físicamente con su dibujo, pero intelectualmente se rehace cada vez que alguien la lee. El “clasicismo” notado puede ser el empeño en escribir historias claramente narrativas, canónicamente correctas, más allá de su temática (ahí innovaba, cuando se daba la oportunidad)

Página publicada en la revista D`Artagnan, 1991.


-G.C.: Tu temática es variada, en cierta manera abarcás todos los géneros, pero se observa un fuerte sentimiento hacia lo gauchesco, que está unido al interés por nuestra historia, especialmente el tema del fortín, de la campaña del desierto y el llamado período de la Anarquía del año XX. También se nota en tu abordaje una óptica influida por el revisionismo histórico. Bueno, supongo que tenés desarrollada toda una línea de pensamiento acerca de esta cuestión.

Es mi línea de pensamiento, que coincide con la línea de Columba y de la Cielosur de Enrique Rapela, y mucho más, claro, con las páginas de El Descamisado.
Mi especialización en el gauchesco se dio por casualidad: Casalla necesitaba guionistas para El Cabo Savino y yo me atreví. Parece que mis guiones eran buenos o que nadie se animaba con el género, porque terminé, ahora, como el último de los guionistas de historieta gauchesca.
Siempre cuidé la coherencia y la verdad histórica de los hechos relatados, centrales o laterales. Así que esos primeros encargos dieron origen a una impresionante colección de documentación al respecto, que utilicé más de veinte años. Digamos que en un principio tuve la mirada ingenua de la historia oficial, pero a medida que iba enterándome pasé al revisionismo. Una fuente constante es la revista “Todo es Historia”, que coleccioné desde su primer número. La familia Columba desciende del caudillo Bustos, e invariablemente sintieron simpatía por el federalismo (sin declararlo abiertamente, claro). Además, siempre tuvieron claro que lo de Roca fue un genocidio, por eso nuestros fortineros actúan en la época del ministro Alsina, que tenía una mirada humanista y realista de las relaciones con los pueblos originarios. Sobre los últimos días de Columba escribí una historia virulenta donde pintaba el malón de Roca con toda su crudeza: Gualichu. Sólo llegaron a publicarse dos episodios, uno de los mejores trabajos de Casalla.
En otro medio donde trabajaba, La Nación (la “buena” Nación, antes de su traspaso a los Saguier), en cambio, eran unitarios y tampoco lo declaraban: me enteré cuando no me querían publicar una nota turística sobre la estancia Del Pino, de Rosas. La publiqué de todos modos, pero con sólo una ínfima mención de que “en algún momento” había pertenecido a Rosas.

Página, con dibujos de Enio y Mario Morhain, publicada en Pif Paf, 1979.


-G.C.:¿Con cuáles dibujantes trabajaste más a gusto?

Prácticamente con el único con quien planeábamos cosas juntos tomando unos vinos, con quien teníamos una clara afinidad de concepto fue Gustavo Trigo (Alias Marcos Adán). Pero he tenido muy buena relación de trabajo, sólo que más distante, con Eugenio Zoppi, Jorge Moliterni, Horacio Altuna, Lito Fernández, Domingo Mandrafina, César Spadari, Cristóbal, Alex Salas, Fernández y Branca, Regalado, Félix Saborido, CarlosChingolo Casalla, Juan A. Castro, Carlos Magallanes, Gerardo Canelo, Enio Legizamón, Vietto, Mazza, Diego Llansó, Carlos Pederiva, O’Kiff, Salas, SergioMulko, Jesús Balbi, Oscar Estévez, Miguel Matejka, Enrique Meyer, Braxator, Diego Ridao, Edgardo Bernoy, Carlos Barocelli, Francisco Solano López, HoracioLalia, Leo Sala, Gaspar, Orazio Merel, Furlino, Ivo Pavone, los Villagrán, Carlos Vogt, Lucho Olivera, Quique Alcatena, Roberto Regalado, Gianni Dalfiume, Roque Vittaca, Chiche Medrano, Néstor Olivera, Oscar Correa, D’Adderio, Frank Szilaghyi, Rubén Sosa, Leopoldo Durañona, Torre Repiso, Miguel Rep, Macagno, Massaroli, Uzal, Caliva, Cativa, Saavedra. Y desde luego mi hermano Mario Morhain (alias Mario Suárez)

Página de Martín Toro, con dibujos de Bernoy, realizado para La Duendes - Historieta Patagónica


-G.C: ¿Quiénes son los dibujantes argentinos y extranjeros que más admirás?

Todos los Breccia, Carlos Barocelli, Horacio Altuna, Eduardo Risso, Carlos Casalla, Carlos Magallanes, Gustavo Trigo, Carlos Muñoz, Noé,  Moebius, Loisel, Corben, Kubert, Eisner, Foster, Bilal.

Historieta con dibujos de Magallanes, publicada en revista Caras y Caretas, 1982.


-G.C.: ¿Y guionistas?


Oesterheld. Carlos Trillo. Jodorowski. Pratt. Robin Wood. Loisel.


nota: la próxima semana la segunda parte.