jueves, 23 de octubre de 2014

75 AÑOS CON BATMAN (segunda parte), por Germán Cáceres

BATMAN, EL SUCIO

Del libro El dibujo de aventuras, de Germán Cáceres (Editorial Almagesto, Buenos Aires, 1996, 200 páginas)



En el episodio El sueño[i], de la serie Millennium, donde intervienen varios superhéroes, Batman muestra su carácter “difícil” (de hecho, todos lo respetan pero no simpatizan con él- excepto el Detective Marciano, que se entiende bien con el Hombre Murciélago; en diversos tramos, dan muestras de mantener una corriente de afecto mutuo-): exhibe autoritarismo e intolerancia, carece de sentido del humor, da órdenes en forma continua y remarca a un indisciplinado (y paródicamente reaccionario) Green Lantern: “¡He dicho ahora!” En general, consigue el efecto buscado: da miedo (incluso a sus colegas y aliados).

Ilustraciòn del argentino Jorge Zaffino

El aspecto demoníaco de Batman, por otra parte, se exacerba junto con el misterio en el largo capítulo de Azrael. La espada de Azrael[ii] plantea un clima tenebroso, en el que reinan las sombras de la noche. Su ambientación es surreal, como de pesadilla. El elaborado guión de Dennis O`Neil rodea de misticismo –como había solicitado el editor Archie Goodwin- los siniestros orígenes del  personaje, que se remontan a cierta Orden de San Dumas desaparecida en el XV. La  presencia del señor Biss intensifica la inmersión en el demonismo y roza el género de terror. El extraño protagonista se define como un ángel vengador: “Azrael no piensa. Azrael…castiga”, afirma un personaje, y declara aún, exultante: “¡Azrael es el instrumento de la justicia más cruel!

Bob Kane

La espada de Azrael brilla especialmente por su gran desarrollo gráfico. Un continuo uso de planos inclinados, enfoques anticonvencionales y audaces perspectivas, dislocan el paisaje y gestan una sensación de onírica irrealidad. Se respira una atmósfera de extrañamiento, ratificada por la terrorífica estampa del atroz justiciero. Azrael, que en un primer momento se enfrenta a Batman, pero luego le salva la vida y hasta lo reemplaza provisoriamente (aunque Bruce Wayne se verá obligado a recuperar –no sin esfuerzo- su rol como Hombre Murciélago y, en adelante, sólo confiará en Dick Grayson –el ex Robin que lo había abandonado para adoptar la personalidad de Nightwing- para alguna ocasional “suplencia”), emplea métodos mucho más encarnizados que Batman en Nombre Código Mekros[iii]: mata con las hojas cortantes de sus nudillos porque, según dice: “Hacer de detective me aburre”. En Forajidos[iv] se informa que fue “programado desde su nacimiento para ser un asesino”. Y esta referencia a la programación cibernética no es casual: su traje tiene tantos elementos de alta tecnología que Azrael puede considerarse un cyborg.

Dick Sprang

Corresponde destacar, además, que estas historietas están inundadas de palabras. Dark Knigh Returns ostenta, en su cuarto capítulo (“El fin”), por ejemplo, una viñeta mediana que contiene veinte globos. La cuestión fue agudamente estudiada por Daniele Barbieri en su ensayo Los lenguajes del comic (1993), que ha dado en llamar a este recurso “teatralización”, en franca alusión a los monólogos a que recurre el drama para que los personajes voceen su interioridad. El fenómeno puede rastrearse a partir de los años sesenta, cuando los superhéroes de la casa Marvel (como en el caso del “increíble” Hulk o del Hombre Araña) comenzaron a conflictuarse (al descubrir que no podían acceder al amor y a una vida normal, por culpa, precisamente, de sus poderes) y a proyectar en los cuadritos sus repliegues anímicos. Pero aquí, en estas sagas de Batman, el procedimiento tiende a catalizarse y todo parece necesitar comentario. Incluso las acciones dibujadas. Más que nunca, la historieta se erige –como la definió alguna vez Lucho Olivera- en “el arte de la rotulación y la obviedad”. Esta apoyatura textual concede poco espacio a la sugerencia, y no pocos guionistas caen en la tentación de añadir a las ideas de los personajes las suyas propias acerca de cómo debe leerse su historieta.

Frank Miller

Viewpoint[v] es un claro ejemplo de teatralización. Un editor propone a varios escritores hacer un libro imaginativo sobre la leyenda de Batman, del que opina que, en el fondo, admira a sus enemigos y aspira, por lo tanto, a convertirse en lo opuesto de la justicia que representa. Según este punto de vista, Batman sólo querría ser un monstruo: un hombre-lobo, un vampiro, la imagen viva del espanto, un demonio que se sumerge en insólitos abismos de locura. El bello estilo de Vince Giarrano, de evidente intencionalidad estética, preside la gráfica de este episodio. Estupenda la coloración de Digital Chameleon con predominio de la gama fría.
Ahora bien, además del frecuente recurso a la teatralización, se advierte que, en los episodios protagonizados por Batman a partir de 1986, la línea narrativa es cada vez menos lineal: hay saltos y sobreentendidos. La aplicación de la técnica del video-clip se aprecia, por ejemplo, en Cuando es una puerta (El origen secreto del Acertijo)[vi] y en el primer capítulo de Justicia ciega[vii], donde el dibujante Denys Cowan exhibe tomas en picada de los acrobáticos movimientos de Batman y lúcidos enfoques de planos detalle.

Original del español  Jordi Bernet

En La seducción del revólver[viii], Batman (en una historia de factura impecable, que denuncia el uso generalizado de armas de fuego supermodernas en la sociedad norteamericana  -especialmente entre los adolescentes-) es una fiera enceguecida, presa de la neurosis. La vida no vale nada. Se mata sin dubitaciones en un simple juego callejero de pelota. Todo parece servido en bandeja para justificar la respuesta que Batman da al comisario Gordon cuando éste cuestiona sus métodos.: “Tiempos duros requieren métodos duros”[ix].
La actitud de Batman (sobre todo luego de la muerte de Jason –el segundo Robin- a mano del Guasón) tiene preocupados a Gordon y a Nightwing (quien fuera en su oportunidad el primer Robin). En Giro radical[x], éste medita sobre la conducta de Bruce Wayne:”Me educó para que pensara. Pero ya no piensa. Me enseñó la importancia de la justicia. Pero últimamente no ha sido justo…No estoy seguro, pero creo que Bruce ha enloquecido y no sé qué voy a hacer…El me metió en la cabeza que primero debíamos pensar y no pelear. Pero ya no hace eso”. La secuencia muestra a Batman aplicando un brutal castigo a los malhechores o apuntándoles con una pistola. En Resoluciones[xi], Nightwing encara a su maestro, gritándole: “¡Golpeaste a delincuentes en vez de interrogarlos!”. En Una noche en Gotham City, Batman admite: “El único modo de que un hombre pueda limpiar esta ciudad es que toda la escoria permanezca asustada. Y eso significa tener que dar una lección de vez en cuando”.

Ilustración del argentino Poly Bernatene

Es frecuente, sin embargo, que Batman se cure en salud respecto a su salvajismo justiciero. Así, por ejemplo, en La revista mortal[xii], acude a la policía, y en Duelo[xiii] no duda en proclamar: “Tengo mi propio código. Me prohíbe matar”. Y en Resoluciones dice a Nightwing: “Pese a lo que pienses de mí, sabes que nunca sería cómplice de un asesinato”. Esta pátina moral acaso pueda obedecer al carácter masivo a nivel mundial de su figura, que no le permite caer en la pura criminalidad. Pero no puede olvidarse, precisamente, que una de las notas más características de Batman es su permanente tensión al borde de la locura, sin terminar de caer nunca en ella.

Ilustración del argentino Eduardo Risso

El cuestionamiento sobre la salud mental de Bruce Wayne (que hace de Batman uno de los personajes de más rico perfil psicológico de entre los héroes historietísticos) se ahonda en La broma asesina[xiv], en la que se propone infructuosamente rehabilitar al Guasón (que, en esta historia, ha secuestrado y torturado a Gordon, luego de haber disparado contra su hija Bárbara, dejándola inválida para siempre). En una viñeta el Guasón señala: “Tuviste un mal día, y te volvió loco, como a cualquier otro… ¡Pero no quieres admitirlo! Tienes que seguir simulando que la vida tiene sentido, que toda esta lucha tiene algún objeto”. Y, en otra, expresa: “Cuando te veas atado a un tren de pensamientos desagradables, yendo hacia lugares de tu pasado donde los alaridos son insoportables, recuerda que siempre está la locura…La locura es la salida de emergencia…”

Sheldon Moldoff

Esta propuesta de hermanar al justiciero de Gotham con uno de sus principales enemigos, de unir a ambos en un destino común de desatino y barbarie, se repite con otro asesino: Dos Caras. En Un lugar solitario para morir[xv], Dos Caras le dice a Batman: “Tú eres yo. Mi otro yo”. Y en El origen de Dos Caras[xvi] los textos explicativos comentan: “Irónicamente, Batman resultó ser su peor enemigo. Irónico, porque alguna vez fueron grandes aliados…y porque eran muy parecidos”.
Por cierto, la irrupción de la violencia, esta desvariada progresión sanguinaria, se da también en otras historietas (piénsese, por ejemplo, en el Justice Squad, dibujada por Luke MacDonnell sobre guión de John Ostrander) y, por supuesto, en el cine. El filme Perros de la calle[xvii] exhibe una escena antológica que no podemos dejar de recordar aquí: Rubio (Michael Madsen) está torturando a un policía. De repente, enciende la radio, donde transmiten una de sus canciones preferidas (Stuck en the middle wit you). La tararea bailoteando, saca una navaja y, siempre bailoteando, le corta una oreja a su víctima.

George Pratt

La historieta Lobo utiliza, por su parte, la vía del humor irreverente y provocativo para registrar la violencia. En el episodio El último czarniano[xviii], un aviso de la revista propone en tono de broma: “¡Ve a la Galaxia, mata a algunos de sus más escurridizos habitantes…y encima te pagarán por ello!...Conseguirás esto: ¡un garfio de destripar de acero inoxidable!” Lobo está asumida, obviamente, en clave paródica. Gladiadores espaciales[xix] expande un sinnúmero de situaciones desopilantes a partir del “juego de la mutilación”: el protagonista amputa una pierna a un competidor y se la hace tragar; por mera diversión se le prende fuego a un jugador; Lobo hace piquete con los dedos y destruye los ojos de sus contrincantes. Uno de los gladiadores tiene en su haber, según se anuncia, más de ochenta asesinatos, ciento cincuenta muertes indirectas y trescientas mutilaciones “oficiales”. Entre los premios se destaca un planeta entero (el planeta Zarotey), con todos sus habitantes; y un participante asegura que, si gana, piensa instalar en él “tortura...ejecución… ¡un reinado del terror!”

Darwyn Cooke

En estos episodios de Lobo el dibujo tiende a exaltar el relieve anatómico de la figura humana y distorsionar perspectivas y ángulos de manera de realzar el frenesí alucinógeno. En cuanto a las tonalidades, se encausan hacia el preciosismo.
En Gladiadores espaciales el juego de la mutilación se emite por TV, o sea que un espectáculo sangriento se ofrece como forma de entretenimiento; y eso es justamente lo que propone Lobo al lector. La televisión es aquí (al igual que en Dark Knigh Returns, donde no se cesa de bombardear con informaciones) una importante protagonista. Recordemos que también en la reciente película Asesinos por naturaleza[xx], un programa de alto rating se dedica a presentar una feroz carnicería humana a sus televidentes. De este modo, en una perspectiva con evidentes connotaciones del pensamiento de Marshall McLuhan, la televisión se asume como medio de circulación de las ideas y como referente de la historia. Es como si los acontecimientos se produjeran sólo para aparecer en la pantalla.

Original de tira de Dick Sprang y Charles Paris, 1946.

En un artículo que escribí hacia 1985 (Hulk … en el psiquiatra) expresé que “se puede postular que los superhéroes constituyen el aporte más fértil y distintivo de los comics”. La violencia y los conflictos de nuestra época se reflejan en ellos desde ópticas tan diversas como las de Lobo y Batman. La búsqueda obsesiva de justicia de este último es una señal de las iniquidades que constatamos a diario, su honestidad es nuestro ideal, pero, a la vez, su fascismo es nuestro riesgo, su desesperación agónica expresa nuestro nihilismo, sus pesadillas amenazan ser las nuestras. Detrás de su máscara sinistra y despiadada, Batman apenas es (como todos, de una u otra forma) un niño asustado que experimenta el mundo en que le toca vivir como una realidad caótica y hostil. La agresividad de Lobo, por su parte, no deberá escandalizar a nadie: no se de trata más que de una desmesurada caricatura (y, a la vez, una denuncia feroz) de nuestra propia agresividad y de nuestras conductas autodestructivas.

Original de pàgina de Frank Robbins, 1972.


1)       El caso del sindicato químico (1939): Dibujos de Bob Kane (firmó “Rob`t Kane”); guión de Bill Finger.
2)       La noche grita… ¡Mata! (1969): Guión de Mike Friedrich; dibujos de Bob Brown y Joe Giella.
3)       Una de ellas con Guión de Marv Wolfman y dibujos de Jim Aparo (entintado de Mike de Carlo y colores de Adrienne Roy), y otra con guión de Alan Grant y dibujos de Norm Breyfogle (entintado de Steve Mitchell y colores de Adrienne Roy). Ambas versiones son de 1987.
4)       Mientras la ciudad duerme (1945); realizada por Dick Sprang con el auxilio de la colorista Adrienne Roy.
5)       El regreso del señor de la noche (1986): guión y lápiz de Frank Miller; entintado de Klaus Janson y Frank Miller; color de Lynn Varley.
6)       Dirty Harry, 1971: dirigida por Don Siegel.
7)       Death Wish, 1974: dirigida por Michael Winner, Con Charles Bronson en el papel principal.
8)       Una noche en Gotham City (1987): esta historia, escrita y dibujada por John Byrne, reúne a Batman con Superman. El personaje de Superman fue creado en 1938 por Jerry Siegel (guión) y Joe Shuster (dibujos). Las viñetas de Una noche en Gotham City fueron entintadas por Dick Giordano y coloreadas por Tom Zuko. La historieta fue publicada en el segundo número de la revista “Man of  Steel”.
9)       Se refiere a la Urraca, criminal peligrosísima y de personalidad obviamente psicótica.
10)    Pecados originales (1989): apareció en el primer número de “Secret Origins Special”. Guión: Neil Gaiman; lápiz: Mike Hoffman; entintador: Kevin Nowlan; colorista: Tom McCraw.
11)    Caballero negro sobre Metrópolis (1990): la historia reúne a Batman con Superman y con Antibandas. El primer episodio de esta miniserie fue realizado por Jerry Ordway (guión y dibujos) con el auxilio de Dennis Janke (entintado) y Glenn Whitmore (colorista). Los restantes tienen a Dan Jurgens a cargo del guión y dibujos, con entintado de Art Thibert y color de Glenn Whitmore.
12)    Cf. “Batman”, número 458 y 459 (ediciones norteamericanas), 1991.
13)    Cfr. “Detective Comics”, número 622, 623 y 624 (ediciones norteamericanas), 1990.
14)    El sueño (1988): guión: Steve Englehart; dibujos: Joe Staton; entintado: Ian Gibson; color: C. Gafford.
15)    La espada de Azrael (1992-1993): guión: Dennis O¨Neil; dibujos: Joe Quesada; entintado: Kevin Nowlan; color: Lovern Kindzierski.

Pàgina de Daniel Bayliss
Para ver esta historieta completa

16)    Nombre Código Mekros (1993): guión: Doug Moench; ilustraciones: Mike Manley; color: Adrienne Roy. Esta historia apareció en las publicaciones “Batman” números 501 y 502, y “Detective Comics” números 667 y 668 (en todos los casos nos referimos a las ediciones norteamericanas). Pertenece al ciclo denominado “La Cruzada”, que se completa con El salvaje Este (1993) y Forajidos (1993), dibujadas por Graham Nolan sobre guión de Chuck Dixon.
17)    Forajidos (1993): guión: Chuck Dixon; dibujos: Graham Nolan; entintado: Scout Hanna; color: Adrienne Roy. Pertenece al ciclo “La Cruzada”.
18)    Viewpont (1994): lettering de Willie Schubert, dibujos de Vince Giarrano, y color de Digital Chameleon.
19)    Cuando es una puerta (El origen secreto del Acertijo) (1989): guión: Neil Gaiman; dibujos: Bem 89; tintas: M. Wagner; color: Joe Matt.
20)    Justicia ciega (1989): guión: Sam Hamm; dibujos: Denys Cowan; entintado: Dick Giordano y Frank McLaughlin; color: Adrienne Roy. Esta miniserie fue publicada en “Detective Comics”, números 598, 599 y 600 (edición norteamericana).
21)    La seducción del revólver (1992): guión: John Ostrander; dibujos: Vince Giarrano; color: Steve Mattsson.
22)    Cfr. “Detective Comics Annual”, número 4 (edición norteamericana).
23)    Giro radical (1989): guión: Marv Wolfman; dibujos: Pat Broderick; entintado: John Beatty; color: Adrienne Roy. Este episodio pertenece a la miniserie “Batman Año 3”.
24)    Resoluciones (1989): guión: Marv Wolfman; dibujos: Pat Broderick; entintado: Michael Bair; color: Adrienne Roy. Este episodio pertenece a la miniserie “Batman Año 3”.
25)    La revista mortal (1993): guión: Kelley Puckett; dibujos: Mike Parobeck; entintado: Rick Burchett; colorista: Rick Taylor.
26)    Duelo (1991): guión de Denny O¨Neil; Dibujos de Jim Aparo, Keith Giffen, Joe Quesada, Tom Lyle, James Blackburn y Dan Spiegle.
27)    La broma asesina (1988): guión: Alan Moore; ilustraciones: Brian Bolland; colorista: John Higgins.
28)    Un lugar solitario para morir (1990); guión: Marv Wolfman y George Pérez; ilustraciones: George Pérez, Tom Grummett y Bob McLeod.
29)    El origen de Dos Caras (1989): guión: Mark Verheiden; dibujos: Paul Broderick; entintado: Dick Giordano; color: Tom Mc Craw.
30)    Reservoir Dogs, 1991, dirigida por Quentin Tarantino.
31)    El último czarniano (1991): diálogos: Alan Grant; argumento y bocetos: Keith Giffen; ilustraciones: Simon Bisley; color: Lovern Kindzierski. Lobo fue creado por Keith Giffen y Roger Sliffer.
32)    Gladiadores espaciales (1993): Guión: Alan Grant y John Wagner; dibujos: Cam Kennedy; color: Digital Chameleon (en la cuarta parte está también Carla Fenny).
33)    Natural Born Killers (1994), dirigida por Oliver Stone.