lunes, 3 de noviembre de 2014

100 BALAS de Brian Azzarello (guión) y Eduardo Risso (dibujo), por Germán Cáceres

(Norma Editorial, Barcelona, 2004, 96 páginas)




En este nuevo título de la saga (“Un fiambre en el horno”, Nº 9) se destaca de entrada la lograda portada de Dave Johnson, de fuerte impacto por sus figuras estilizadas y su elaboración de la gama cálida (rojo y amarillo), que equilibra con una franja de gris azulado que une los lados izquierdo y derecho de la tapa.  
También el prólogo de Carlos Trillo aporta una semblanza sagaz y erudita de la novela negra.


Risso y la colorista Patricia Mulvihill plantean una estética bella y contundente con viñetas de hermosa gradación (hay páginas enteras monocolores), en cuyo interior, además, contrastan negros plenos que representan sombras, edificios y siluetas de todo tipo.
Las viñetas están diseñadas y yuxtapuestas en función de la composición total de la página.
La originalidad e impulso creador que despliega Risso en sus planos y enfoques –cuyas angulaciones parecen propias de una historieta experimental- da como resultado un diseño revulsivo. Los personajes están dibujados con rasgos humorísticos que tienden a la fealdad.


Los diálogos de Azzarello son directos, ríspidos y concisos, y reproducen con verismo el lenguaje sórdido de la población carcelaria. El trazo de Risso es fiel a este planteo.
Azzarello no usa ni textos superiores ni inferiores, escribe a través de imágenes, sean los cuadritos mudos o con diálogos.


100 Balas va más allá de la novela negra o de la croock story  (aquella que es protagonizada por el delincuente) y se sumerge en el infierno escatológico del presidio.
Algunos presos –los más sádicos- poseen cuerpos titánicos y deformes. Sus peleas ponen en evidencia una agresividad morbosa (la sangre y las heridas se muestran sin ningún pudor), que implica un descenso a los horrores de la condición humana y se sumerge, así, en una auténtica cloaca existencial. Un policía opina que “en este zoo no hacen falta médicos…sino veterinarios”.


Eduardo Risso es muy imaginativo para crear múltiples e impresionantes formatos de viñetas, para luego yuxtaponerlas e imbricarlas. De esta manera se obtiene una historieta visualmente portentosa.



Germán Cáceres