jueves, 25 de septiembre de 2014

75 AÑOS CON BATMAN (primera parte), por Germán Cáceres

BATMAN, EL SUCIO

Del libro El dibujo de aventuras, de Germán Cáceres (Editorial Almagesto, Buenos Aires, 1996, 200 páginas)


Batman, de Robert “Bob” Kane, es uno de los personajes más ricos y profundos de la historieta. A su repercusión peculiar se añade la calidad de los artistas y guionistas que lo han dibujado y la innovación gráfica y temática que ha generado desde su creación.
El Hombre Murciélago apareció en mayo de 1939, en el Nº 27 de la revista “Detective Comics”, con el episodio El caso del sindicato químico. La ingenuidad que respira esta versión nos convoca un sentimiento siempre valorado: la nostalgia. Los cuadritos son uniformes y convencionales, lo mismo que los ángulos y la planificación. Pera ya emerge un síntoma de lo que será el Batman de los ochenta y de los noventa: cuando el asesino cae en un tanque de ácido, el héroe sentencia impiadosamente: “Un final apropiado para él”[i].




Conmemorando los treinta años de su debut, Julius Schwartz encargó una remake de ese episodio, que se denominó La noche grita…¡Mata! [ii], y en los ochenta se emprendieron otras dos [iii] que mantuvieron el título original. En todas estas recreaciones, publicadas conjuntamente en el número aniversario 627 de “Detective Comics”, se observa un aumento de las escenas de violencia, impregnadas de sadismo, y una gran evolución técnica y estilística. Los personajes van adquiriendo, además, mayor consistencia psicológica. Una constante de los guionistas es poner en labios del justiciero salidas rebosantes de humor negro (propias de una boutade de Groucho Marx). En una de estas recreaciones  de aquella primera aventura, Prisilla (que ha venido eliminando a quienes fueron responsables de la muerte de su padre), al enfrentarse al encapuchado, le pregunta llena de furia si acaso él no asesinaría como ella lo ha hecho, para vengarse. Cuando finalmente ella cae en el previsible tanque de ácido, Batman replica, impasible: “No. No lo haría, Prisilla”.



Mientras la ciudad duerme, de 1945[iv], es una historieta que hoy llega a conmovernos por su ingenuidad. Desde el principio rinde homenaje al “honesto y sacrificado trabajador nocturno” (taxistas, telefonistas, bomberos, médicos, enfermeras, empleados de hospitales, etc.) Registra un mundo sorprendentemente inocente y, en cierto modo, feliz. Como si no hubiera maldad, ni siquiera en los delincuentes. Batman y Robin no se ensañan al golpearlos; más bien se divierten mofándose de sus torpezas. Así, un texto superior aclara: “Y tras una corta pero agradable pelea…” Es patética una de las viñetas finales, en la cual los héroes toman  leche de una botella y agradecen al sonriente lechero su “fiel servicio a la humanidad”.



Ciertamente, el mismo clima e idéntica inocencia campean en el filme en episodios Adventures of Batman and Robin, de 1943, bajo la dirección de Spencer Gordon Bennet. Y hasta podríamos decir que, aunque girada decididamente hacia lo paródico y lo bufonesco, también la serie televisiva que fuera años después protagonizada por Adam West (con figuras invitadas de la talla de César Romero –un Guasón inolvidable- y Burguess Meredith –como un Pingüino de antología-) recreó a su modo esa inocencia perdida.


Original de 1972, de Bob Kane

Pero llegó el año 1986 y con su Dark Knigh Returns (“El regreso del señor de la noche” en la versión española[v]), Frank Miller señaló un giro copernicano, no sólo en lo que a Batman se refiere, sino en el noveno arte en general. No puede hablarse aquí de “aventuras”. Bruce Wayne (su personalidad secreta), que ronda los cincuenta y pico de años, se ha tornado neurótico y atormentado, y ataca e hiere brutalmente a los malhechores, que “muestran cortes múltiples, contusiones y huesos rotos”. Algún personaje censura al enmascarado y opina sin reticencia que “su forma de actuar es la de un fascista”, dado que no repara en medios y hasta llega a utilizar cápsulas de gas nervioso contra sus enemigos. La ciudad de Gotham se divide entre quienes lo aplauden porque los protege frente a leyes estúpidas e inoperantes y contra la cobardía social, y aquellos que lo condenan por minar los principios de la democracia. La nueva comisario, Ellen Yindel, proclama ante las cámaras: “Como comisario curso esta orden de arresto contra Batman por los delitos de allanamiento de morada, asalto, agresión y amenaza pública”. Este Batman (enfrentado a los criminales, a los policías, a los medios de comunicación, a los políticos y, en fin, a toda una sociedad que Miller pinta como monstruosa y decadente) no tiene nada de simpático. No es un misterioso boy-scout sino un parapolicial inescrupuloso (para colmo, inmanejable) muy en la onda del detective interpretado por Clint Eastwood en Harry el sucio[vi], o del personaje que hace justicia por su cuenta en El vengador anónimo[vii]. De hecho, este mito recurrente del héroe que toma la decisión de ponerse fuera de la ley para ejecutar su justicia con una violencia inesperada, es ya una característica del cine de acción norteamericano y sugiere la existencia de un sentimiento de inseguridad jurídica e indefensión en vastos sectores de esa sociedad. El “justiciero” aparece, digámoslo así, ante la ineficacia (real o supuesta) de las instituciones. El sentir popular que lo sustenta es el mismo que acompaña el crecimiento de todo fascismo: cuando las cosas parecen irse de control, surgen las voces que reclaman “una mano dura”.

Batman versión editorial Novaro, 1984.

Otro planteo sumamente interesante en Dark Knight Returns es la contraposición entre Batman y Superman. Éste participa en la historia y mantiene, en las últimas páginas, una feroz lucha con el “caballero nocturno”. El Hombre de Acero está aquí al servicio del presidente de los EE.UU., un tipo parecido a Ronald Reagan. Por ello, Batman le espeta: “¡Sí!... ¡Siempre dices sí…a todo el que lleva una placa…o una bandera!” Y unas páginas más adelante redondea el reproche: “Pudimos cambiar el mundo…Ahora, míranos…Me he convertido en un blanco de políticos y tú…tú, en un bufón”.
El final de la historia depara un giro sorprendente. Oficialmente muerto (sólo Superman conoce la verdad), Bruce Wayne se refugia en su cueva, con un grupo de muchachos, para formar con ellos un ejército de las sombras: “Tenemos años, tantos años como queramos…Años para entrenarlos, estudiar y planear, aquí, en la cueva sin fin, lejos de los recuerdos olvidados de un vigilante al que le ha pasado la edad…Empieza aquí un ejército…para devolver el sentido a un mundo plagado de los peores ladrones y asesinos…Ésta será una vida mejor…Mucho mejor”.

Batman, especial Houdini, con el arte de Chiarello

Otra línea que articular Dark Knight Returns es la potenciación del lenguaje historietístico. Miller multiplica cuadritos, globos y onomatopeyas para expresar una realidad caótica y violenta, un mundo neurotizado por el espanto de la inminencia de una tercera guerra mundial. En numerosas viñetas de página completa emerge un Batman a la vez maduro y espectral, un coloso dispuesto a sembrar la destrucción. La trama se ramifica y el montaje alterno es llevado al paroxismo. El lápiz turbulento y grandilocuente de Miller se desplaza hacia una plástica de intensas resonancias escultóricas que enfatiza el titanismo y la iconicidad de la vampírica silueta de Batman. Su puesta se contamina así de un clima tenebroso que, más tarde, en la saga de Azrael, se nutrirá del horror y la demonología.
En los números posteriores de diversos comics en los que interviene el siniestro encapuchado, se articulan varias de las rutas planteadas por Dark Knight Returns, reconstruyendo así la historia de Batman anterior al apocalíptico y tenebroso final propuesto por Miller. En Una noche en Gotham City [viii] es revelador el interrogatorio a que el Hombre Murciélago somete a un delincuente:

“-Me estás haciendo perder el tiempo. Sabes como odio malgastar mi tiempo.
-¡No! ¡No me pegues más!
-Sabes dónde está. Y vas a decírmelo.
-¡No…no puedo! ¡Ella[ix] me matará!
-Y yo te haré algo peor que eso, Bull. Te haré daño…Permanentemente…”


Batman, con guión de Alan Moore y dibujos de  Boland


En una viñeta posterior, Batman afirma con orgullo: “Mi fin justifica mis medios”. Así, esta faz de Batman empalidece las acciones del brutal Duca Lamberti, aquel policía gestado por el escritor Giorgio Scerbanenco que, en Los milaneses matan en sábado (1969), atemoriza a un rufián gritándole que ha caído en malas manos (que son las de él), y que, en Venus privada (1966), golpea a un sádico con el tacón del zapato, a la altura de la sien, en la articulación de la mandíbula, pero tomando la precaución de no desvanecerlo, para poder seguir con el castigo.
En esta historia (Una noche en Gotham City) no sólo se roba, sino que se mata, innecesariamente, con mutilación (explosiones, disparadores de ácido y de hojas afiladas). Las víctimas mueren desfiguradas, como las de Dick Tracy (1931), de Chester Gould (autor de que Bob Kane, en su autobiografía, según Rafael de la Iglesia, reconoce haber abrevado). Es notable, pues, la diferencia que puede apreciarse entre estos guiones y los de los años sesenta y setenta. Este desplazamiento aparece ejemplarmente verbalizado por el Acertijo en un monólogo que protagoniza en Pecados Originales [x]: “Entonces era divertido. Eso es lo que era…Estaba yo. Estaba la vieja camarilla: Gatúbela, Pingüino y el Guasón. Y también las bandas: dos o tres matones de nombre gracioso con disfraces encantadores…Batman y Robin eran parte del juego. Ellos eran honestos; nosotros, las estrellas. Ninguno fue herido por otro. Nunca. En serio. Nadie murió…Miren lo que pasa hoy…Es tan distinto…Todo cambió… ¡Por Dios! ¡El Guasón está matando gente! ¿Me olvidé de algo? ¿Estaba ausente cuando cambiaron las reglas?

Batman, con dibujos de Alcatena

Pero no sólo los guiones sufrieron grandes modificaciones. No carece de interés comparar los dibujos de la ya mencionada Una noche en Gotham City, por ejemplo, con las viñetas de los años sesenta y setena. No hay más que apreciar los jugosos impactos visuales que el dibujante John Byrne obtiene con insólitos encuadres aéreos, en lo que demuestra su capacidad para resolver arduos problemas de perspectiva.
Sin embargo, el cambio fundamental podemos situarlo en la constitución del personaje y su mundo. Específicamente, en esa transición del amable y respetuoso encapuchado de los sesenta al conflictuado y, a la vez, autosuficiente “justiciero” de las tinieblas que se considera indiscutiblemente por encima de toda ley y convención social.

Batman, dibujado por Enrique Breccia

En Caballero Negro sobre Metrópolis[xi], un policía le advierte a Batman: ”¡Acá debes respetar la ley!” A lo que éste, sin inmutarse, replica: “La ley lleva tiempo, oficial”. Y es que en Batman aparece una y otra vez  la oposición entre la ley y la justicia. El comisario Gordon, por ejemplo, entiende a Batman como un aliado y, en cierta forma, como un amigo, pero también como un monstruo de la noche que ha elegido (a diferencia de él) la justicia y no la ley[xii], aunque ello no le impide estar incondicionalmente de su lado: “Sí, se saltó un par de normas. Pero no hizo nada que cualquier policía no pudiera y debiera hacer. Yo incluido…Maldición… ¡Si tuviera unos cuantos como él limpiaría Gotham![xiii]. En general, esta curiosa (y autocontradictoria) justificación es recurrente. También, en el final de Una noche en Gotham City, Superman se despide de Batman diciéndole: “Bueno, no diré que apruebe totalmente tus métodos…Y voy a tenerte vigilado…Pero…Buena suerte”. De hecho, la diferencia de métodos de Superman y Batman no les impide actuar juntos con eficacia en varias oportunidades, aunque sin perder oportunidad de cuestionarse mutuamente. Así, por ejemplo, en Caballero negro sobre Metrópolis, Batman decide infiltrarse en las oficinas de Luthor. Superman lo acompaña a regañadientes. El diálogo entre ambos es característico:

Batman, dibujado por Eduardo Risso


“-Entrar ilegalmente no es mi modus operandi habitual, Batman.
-Seguro. Tu estilo sería romper la puerta y poner cara de malo hasta que Luthor te dé lo que quieres…Un esfuerzo inútil… ¿Quieres información?...Lo haremos a mi manera.
-Si me considerara por sobre la ley, como tú, hace tiempo que hubiera matado a Luthor.
-Si algunos de los rumores que escuché sobre Luthor son ciertos, deberías considerarlo”.

La próxima semana la segunda parte.