viernes, 15 de agosto de 2014

LA DÉCADA DEL SETENTA, por Germán Cáceres


Tratar por décadas la evolución de la historieta es un enfoque discutible al igual que cualquier clase de periodicidad, pero resulta de gran ayuda para circunscribir una etapa y observarla con cierta libertad. Sería como hacer un alto en el camino y preguntarse ¿dónde estoy? Esta nota no es una historia del noveno arte, así que resultará imposible incluir a todos los autores y revistas.
Hay que tener presente que en junio de 1966 –o sea en la anterior década- un golpe militar tomó el poder y se autodenominó Revolución Argentina reproduciendo lo que es característico de estas rupturas institucionales: represión, autoritarismo, política de entrega y, por supuesto, aplicación de principios económicos neoliberales. Y recrudeció el fenómeno de la guerrilla, cuyos principales grupos fueron Montoneros y el ERP. Un acontecimiento político fundamental fue El Cordobazo de 1969, todo un símbolo de la resistencia obrero-estudiantil a la dictadura. Luego, la pretendida Revolución concluyó cuando Cámpora ganó las elecciones en 1973, pero después presentó su renuncia y retornó al poder el General Perón, hasta que en 1974 falleció. Y el 24 de marzo de 1976 se inició uno de los episodios más horrorosos de la Argentina con el golpe de estado que se propuso reorganizar la nación.


Tal vez no corresponda hablar de declinación –como se suele calificar a esta década- sino de fin de ciertos procesos y comienzo de otros  En ella cerraron dos íconos como Rico Tipo (1973) y Patoruzú (1977). En la anterior, y en 1963, había dejado de salir otro, Patoruzito.


Sin embargo, hubo sucesos luminosos como la aparición de la revista cordobesa Hortensia en 1972, bajo la dirección de Alberto Cognini. Fue un soplo de frescura y sabor popular que además aportó notables autores como Crist (Cristóbal Reinoso), Ian Amuschátegui y el rosarino Roberto Fontanarrosa (con sus dos estupendas creaciones, Inodoro Pereyra, el renegau y Boggie, el aceitoso). La publicación cerró en 1990, pero la Docta aportó, además, cuatro bienales de “El humor y la historieta que leyó el argentino” (1972, 1974, 1976 y 1979).


Otra sorpresa del mismo año fue Satiricón, dirigida por Oskar Blotta (hijo), y con Carlos Ulanovsky -jefe de redacción- y Andrés Cascioli - director de arte-. La publicación poco a poco se fue nutriendo de desaforado desparpajo y fue prohibida en octubre de 1974 por el gobierno de Isabel Perón. Cascioli entonces fundó con el mismo staff (1) Chaupinela, que siguió la misma orientación hasta que fue clausurada. Hubo una competidora, Mengano, de la editorial Julio Korn –en ella participaron Oski (Oscar Conti), Quino (Joaquín Lavado) y Alberto Breccia-, que cerró en 1975.


Andrés Cascioli dio el batacazo en 1978 con Humor Registrado –que se transformó en Humor-, y en 1980 con Superhumor, y contó con un plantel de lujo (2), mientras él dibujaba las caricaturas de las tapas. En sí, su desmesura y sus ironías sobre la dictadura militar se erigieron en una suerte de bastión de resistencia.

Tiras del diario Clarín: El loco Chávez, de Trillo - Altuna, El mago Fafa de Bróccoli y Teodoro & Cía de Viuti.

Clemente, de Caloi

Otro giro lo aportó el diario Clarín a partir de 1973 con la publicación en su última página de material totalmente nacional. Allí se destacaron Crist y Fontanarrosa; Horacio Altuna y Carlos Trillo con El loco Chávez; Tabaré, Guinzburg y Abrevaya con Diógenes y el linyera; Alberto Bróccoli con El mago Fafa. Pero la sensación fue Clemente, de Caloi (Carlos Loseau), que alcanzó su repercusión más alta con los comentarios del personaje sobre el Mundial de Fútbol del ´78. Terminada la década, en 1981, las reflexiones de Viuti en Teodoro & Cía. representaron una crítica al Proceso.
Dos nuestras del las tiras en columnas en la contratapa de Clarín



Ya en 1969 publicaba sus inspiradas caricaturas Hermenegildo Sábat en La Opinión y más tarde en Clarín. No puede dejarse de mencionar la revista Lupin, que divirtió con su humor desde 1966 hasta abril de 2007, bajo la guía de Guillermo Guerrero y Héctor Sidoli. Tampoco Top, de 1971 -con la dirección de César Spadari-, que era un producto de Cielosur (que en Fabián Leyes y El Huinca reimprimía material de Enrique Rapela). 


En ella  salió Marc!, esa audaz creación con textos de Osvaldo Lamborghini y arte de Gustavo Trigo. La publicación cerró a fines de 1972. Además, el genial Quino dibujó su Mafalda (que surgió en 1964 en Primera Plana, pasó al El Mundo y luego a Siete Días hasta 1973). En 1974 el diario Noticias publicó La Guerra de los Antartes, con guión de Oesterheld y dibujos de Trigo, hasta la clausura del periódico en agosto de ese año.



Pero la atención la acapararon las editoriales Record y Columba, que fueron bastante cuestionadas en su momento, sobre todo la última.


Columba alcanzó su apogeo entre 1972 y 1974 con las revistas El Tony, DÁrtagnan, Intervalo, Fantasía (y sus respectivas variantes de colores, álbumes y anuarios), y Nippur de Lagash, Dennis Martin, Álamo Jim y Cabo Savino. Esta editorial cosechó todos los prejuicios y opiniones despectivas con los que se acostumbró a desacreditar el género. Se la tildó de vulgar, de bajísima calidad artística, carente del mínimo vuelo y, además, se le atribuyó como única motivación lo comercial. También se le reprochó su mala calidad de impresión y su desvaído color.


Debe hacerse una revisión de esta valoración. Cuando se obtiene tal nivel de ventas como sucedió con las producciones de Columba (Gociol yRosemberg calculan dos millones y medio de ejemplares mensuales durante1970/75), todo debe hacerse con rapidez, y en el poco tiempo disponible no hay cabida para la experimentación y el refinamiento estético. Más aún, ese ritmo requiere dibujantes y guionistas muy profesionales y con una enorme capacidad de trabajo. Y si bien había una censura editorial que no permitía hacer referencias corrosivas a la realidad social, no puede negarse su éxito (en el interior fue absoluto). El mérito consistió en la  búsqueda de una historia con gancho y dibujada con un estilo gráfico realista. En su plantel se cuentan –al igual que en Record- una lista de los mejores historietistas argentinos (3). Pero la estrella fue, sin duda, Robin Wood, cuya producción alcanzó cifras increíbles (se opina que gestó mucho más de cinco mil guiones y  aportó más de sesenta personajes). Debió adoptar varios seudónimos (4) porque la mayoría de las historietas las escribía él.   



Las revistas de Ediciones Record, que dirigía Alfredo Scutti, gozaron de una mejor aceptación entre los paladares exigentes. La principal fue Skorpio (5), que apareció en 1974 y contó con la consagrada historieta Corto Maltés, de Hugo Pratt, y la reedición de varios títulos de Oesterheld. El director de arte era Juan Zanotto y, tal vez, el más importante colaborador fue el guionista Eugenio Zappietro (6): entre sus logros figuró Precinto 56, cuyo héroe era el teniente Zero Galván, y la dibujaron sucesivamente José Muñoz, Arturo del Castillo, Ángel Fernández y Gustavo Trigo. Más aún, en 2011, Zappietro, con su libro Mi nombre es Zero Galvá, ganó el premio Novela Negra convocado por la Editorial Del Nuevo Extremo y el festival BAN! Record contó con importantes autores y algunos de ellos también lo fueron de Columba (7).
Entendemos que esta década no puede condenarse, sino que exige una mirada distinta, otra perspectiva, posiblemente nuevos códigos. Habría que recordar que algunos críticos cinematográficos consideran con audacia y espíritu de renovación que lo mejor de la producción estadounidense fue el cine cómico mudo y la comedia americana. Una perspectiva de similar amplitud debe emplearse para analizar la historieta.

Germán Cáceres

(1) Entre otros Crist, Jorge Guinzburg, Carlos Abrevaya, Roberto Fontanarrosa, Carlos Trillo, Mario Mactas, Alberto Dolina

(2) Domingo Mandrafina, Maitena Burundarena, Horacio Altuna, Francisco Solano López, Alfredo Grondona White, Rep (Miguel Repiso), Raúl Fortín, Meiji (Jorge Meijide), Sanyú (Héctor Sanguiliano),  Eduardo Maicas, Enrique y Patricia Breccia, Ceo (Eduardo Campilongo), Fati (Luis Scafati), Tabaré (Tabaré Gómez Laborde), Jorge León Limura y los extranjeros Claire Bretecher y J.G.Ballard.

(3) Carlos Vogt, Domingo Mandrafina, Ernesto García Seijas, Daniel Haupt, Silvestre “Frank” Zsilagyi; Rubén Marchionne, Enrique Alcatena, Alberto Salinas, Alberto Saichann, Lucho Olivera, Jorge Mohrain, Luis García Durán, Julio Álvarez Cao, Juan Dalfiume, Clemente Rezzónico, Tibor José Horvath y hasta el mismo Héctor Germán Oesterheld.

(4) Roberto Monti, Joe Trigger, Mateo Fussari, Carlos Ruiz, Noel Mc Leod, Robert O´Neill, Rubén Amézaga y Cristina Rudlinger.

(5) Entre otras de sus publicaciones se pueden mencionar Corto Maltés, Pif- Paf, Tit-Bits, Gunga Din, Fénix, El Tajo.

(6) Firmaba en general como Ray Collins, pero además empleaba los seudónimos Mario Galván, Diego Navarro, Pedro Luján, Eugenio Reynal Arrigo, Servando Mendizábal y Julia Salgado.

(7) Ricardo Barreiro, Alfredo Julio Grassi, Enrique y Ricardo Villagrán, Bruno Premiani, Alberto Breccia, Carlos Casalla, José Luis Salinas, Carlos Roume, Jorge Moliterni, Carlos Albiac, Horacio Lalia y Juan Jiménez.

Bibliografía
-Aguado, Alejandro, “La historieta de aventuras creada por argentinos vive en Italia”, en www.laduendes.blogspot.com.
-Birmajer, Marcelo, Historieta: la imaginación al cuadrado. Buenos Aires, Dialéctica, 1988.
-Cáceres, Germán, “Historieta y mayo francés”, en www.letras-uruguay. espaciolatino.com
-Cáceres, Germán, “Testimonios”, en Neveleff, Julio, Con las historietas se come, se cura y se educa/ Revistas argentinas 1983-1993. Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Mar del Plata, 2014.
-Catálogo de la segunda muestra “El humor y la historieta que leyó el argentino” (del 25/10 al 15/11/74). Siglo Veintiuno Editores Argentina, Córdoba.
-Gociol, Judith, y Rosemberg, Diego, La historieta argentina/Una historia. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.
-Sanguiliano, Héctor Sanyú, 100 años de historieta en el mundo. La historieta en la historia argentina. Aiglé Ediciones, Buenos Aires, 1997.
-Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo, Historia de la historieta argentina. Ediciones Record, Buenos Aires, 1980.