miércoles, 18 de septiembre de 2013

Entrevista: Horacio Cardo

Horacio Cardo es un artista que entra en la categoría de “grandes maestros” de las artes visuales, tanto por el prestigio que alcanzó como artista, el reconocimiento internacional de su obra y el apabullante renombre mundial de los medios donde publicó y publica en varios países: The Wall Street Journal, Clarín, Tía Vicente, Los Angeles Time, Humor, The Boston Globe, The Washington Post, The New York Times, The New Yorker, Newsweek, entre otros.
La siguiente es una entrevista que nos muestra a un artista de perfil bajo, tremendamente culto, de enorme y rica experiencia de vida como profesional, curioso e inquieto.


Horacio Cardo


Lugar de nacimiento, edad, lugar de residencia
Nací en Temperley, Provincia de Buenos Aires, tengo 69 años y resido en Pinamar desde hace once. Previamente viví 12 años en Manhattan, New York, llamado, con razón, el ombligo del mundo.




¿De dónde el gusto por el dibujo y la pintura? ¿Cuándo y dónde comenzó a publicar?
Pedí estudiar dibujo, pintura y piano a los seis años, aproximadamente. He tenido una fuerte vocación por todo lo artístico, por la historia, la literatura. Y a los 17 años comencé a publicar humor en Tía Vicenta, el suplemento dominical del diario El Mundo, comandada por Landrú. Casi inmediatamente las editoriales me captaron como ilustrador, ya que lo mío era muy pictórico. El primer libro que ilustré fue El Compadrito, de Jorge Luis Borges y Silvina Bullrich, editado por la Compañía General Fabril Editora, la empresa editora más importante de aquel entonces, junto con Losada, ya que tenía un fondo editorial realmente impresionante: toda la obra de Roberto Arlt, la de Pirandello, libros de estudio de venta masiva como Niñez en Catamarca, etc.





Si mal no tengo entendido, en sus comienzos publicaba trabajos de humor, por ejemplo en las revistas Tía Vicenta o Humor. ¿Cómo fue la experiencia y por qué dejó de trabajar sobre esas temáticas?
Efectivamente, publicaba trabajos de humor, pero mi dibujo parecía no encajar con el humor, según los editores argentinos. Uno de ellos, ahora amigo mío, aún niega haberme dicho: “Me gusta tu dibujo y me gusta tu humor, pero no juntos”. Lo cierto es que esa frase y el poder que entonces detentaba esta persona, cambiaron mi vida profesional: dejé de hacer humor en forma profesional. Esto no ocurre en Europa, por ejemplo, donde dibujantes como André François, Ronald Searle, o Ralph Steadman, para no abundar, trabajan el humor con un dibujo mucho más elaborado (sin “monos”). Comenzábamos a aislarnos, a dejar de mirar lo que ocurría en los grandes centros culturales. Hoy todo eso se desconoce, lo cual redunda en una jibarización del panorama para quienes comienzan. También he notado el mismo fenómeno en Europa y Estados Unidos. Asisto a todo esto como al apocalipsis del dibujo sin un Grand Finale.


 
Chiste de Cardo en la revista Humor número 3.



Viendo que su obra gráfica es tan amplia en cuanto a técnicas ¿Cómo se definiría?: ¿artista plástico, dibujante, ilustrador, etc?
Un artista toma mano a todo lo que necesita para expresarse. Las clasificaciones no importan. Se puede hacer una caja extravagante, pintarla, fotografiarla y proseguir todo con la computadora. No encaja en ninguna de las categorías, pero puede ser una obra de arte. Las divisiones son como los prejuicios: atentan contra nuestra libertad, lo más importante que debe tener un artista.




Cuándo tiene que realizar una lustración para notas de actualidad ¿cómo es el proceso de llegar a sintetizar el tema, para luego plasmarlo gráficamente, aportándole su visión?
En mi caso, fui buscando cómo interpretar lo que leía. La ilustración, entonces, era plasmar escenas de los libros, lo que viene a ser una redundancia. Una nota tiene muchos caminos que pueden tomarse para interpretarla, que es lo que generalmente ocurre, o una atmósfera general coherente que se impone. Uno debe echar mano constantemente a la alegoría, al juego de las relaciones, tratando de comprender el sentido que uno ve en la nota. Creo que es lo fascinante de la ilustración, usurpada ahora por el arte llamado conceptual. El arte conceptual perfecto es la ilustración, pero los curadores y críticos, gente despreciable, enaltecen el arte conceptual y minimizan la ilustración. Logran resultados porque la gente quiere que le digan lo que tiene que ver. “¿Vas a creer lo que te digo o en lo que ven tus ojos?”, dijo Groucho Marx. Y es tan estúpido como éso, como el psicoanálisis, donde el psicoanalista le dice al paciente qué es lo que verdaderamente ve o siente. De no creer. Todas las grandes inteligencias se han reído de esto, pero la gente sigue teniendo presupuesto para que le atrapen su cerebro dentro de las Obras Completas de Freud.





También respecto de las notas de actualidad ¿el tema le sugiere la técnica a utilizar?
El proceso de sintetizar un tema se va logrando con la práctica de la ilustración, aprendiendo a descartar lo supérfluo, algo así como el ajedrecista descarta posibles jugadas futuras que a su juicio no le darán ningún beneficio. Luego viene la concreción, que inevitablemente tendrá las limitaciones propias del estilo, el gusto y las mañas. Hay que luchar mucho para combatir esto, que nos acota.
Una ilustración se puede hacer con cualquier técnica. Si se utiliza una u otra, depende de cómo va a exhibirse (digitalmente, en papel de diario, en buen papel de revista, etc).
No creo que la digitalización haya enriquecido mi técnica, solo la sofisticó. Hay dibujos hechos a mano que no los cambiaría para agregarles sutileza, ya que la potencia de ellos radica en su tosquedad. No hay reglas.





¿Cuál sería la función de un ilustrador de notas de actualidad?
El propósito real de un ilustrador de notas de actualidad es cortar la masa tipográfica, hacerla más legible, más amable. Subordinada como está la ilustración al tema en cuestión, paradójicamente muchas veces termina teniendo mucha más influencia que el contenido intelectual. Ha sido probado hasta el hartazgo. Las viñetas realizadas por computadora, que pretenden reemplazar a la verdadera ilustración por razones económicas, terminan barateando el producto final y van en detrimento del producto.



Supongo debe ser muy grande la exigencia de realizar una ilustración a diario, como las que realiza desde los años 80 para el diario Clarín. ¿Cómo es el proceso de realizar ese trabajo?
Lo más difícil de la exigencia de realizar ilustraciones diariamente radica principalmente en encontrar salidas alternativas a un mismo tema, que por lo general se repite indefinidamente. Llega un punto en que, para no repetirse de algún modo, el ilustrador debe forzar la alegoría hasta hacerla casi inentendible.





Cuando los diarios se publicaban exclusivamente en blanco y negro, en su obra, además de contar con un registro más específico al “dibujo”, también se apreciaba mucha utilización de técnicas como colage, la aplicación de texturas de forma manual, entre otras. La aparición de lo digital y el color en los medios, ¿le aportó a enriquecer aún más su gráfica?
Hoy me siento muy cómodo rematando mis dibujos con la computadora. La cosa no me tiene feliz del todo, pero debo admitir que por la velocidad de la ejecución de un dibujo (unas dos horas entre la lectura, la idea, la realización y la digitalización para enviar al medio) no encuentro otra forma de hacerlo que me deje más o menos conforme.





Muchos autores han afirmado que publicar en medios gráficos es una forma de exponer la obra ante miles de lectores, de forma simultánea. ¿Qué diferencia existe con las exposiciones tradicionales, de “colgar” obra en un espacio físico?
Obviamente, la obra gráfica llega a un público enormemente mayor que el reducido grupo de 15 personas, los mismos que van a todas las exposiciones a ser entretenidos por el bufón del artista de turno, a comer sándwiches de miga y una copita de champagne. He pasado a encontrar muy ofensivo este “sistema”. Estoy volcado totalmente a internet: galería permanente abierta durante 24 horas a todo el planeta, no hay manoseo ni destrucción de obra, uno no tiene que asistir con fachada interesante a las imbecilidades que hablan los que están en una exposición para pasar el rato, ningún galerista, curador, periodista especializado y las muchas otras variedades de quienes avanzan sobre nuestra billetera. Trabajo y silencio, una combinación gratificante. Y si hay alguien que deja caer un comentario elogioso, un soplo de comprensión bajo nuestras alas, bienvenido y agradecido sea.





Su obra tuvo una muy importante inserción en el extranjero, particularmente en medios de EEUU, algunos de los más renombrados a nivel mundial, como The Wall Street Journal,  Los Angeles Time, The Boston Globe, The Washington Post, The New York Times, The New Yorker, Newsweek, entre otros. Como así también trabajó para medios de Francia, Italia e Inglaterra.
¿Cómo comenzó a trabajar para esos medios, cómo es su trabajo para ellos y qué diferencias existe al trabajar para medios nacionales?
Comencé a trabajar para medios extranjeros a partir de mi primer viaje a Estados Unidos, en 1983. Fueron muy gentiles y hospitalarios, inolvidables, especialmente los norteamericanos, quienes en ningún momento me segregaron. Tanto, que arribé a New York un martes, y a los dos días salía publicada mi primera ilustración en el New York Times. Tuve la suerte de conocer los últimos coletazos de la época de oro de la ilustración. Salvo en Clarín, donde tengo una casi absoluta libertad para trabajar, hoy todo el espinel de la ilustración se encuentra enrarecido. Me he volcado a trabajar en proyectos propios.





Obtuvo importantísimo premios y distinciones en Argentina, Brasil, Turquía, Portugal y, sobre todo en EEUU. Como así también realizó muy importantes exposiciones en varios países ¿Qué balance puede realizar de tan importantes reconocimientos a su obra?
Mi trabajo me permitió recorrer parte del mundo, hacerme amigos en otras latitudes, abrir mi comprensión, y tener lo necesario para vivir dignamente. Siento un gran agradecimiento por todo lo que me ha dado la vida.






¿Autores que recomendaría conocer o a los que habría que revalorizar?

Gustoso recomiendo grandes dibujantes casi desconocidos en la Argentina: André François (lamentablemente fallecido), Ronald Searle (también fallecido), Ralph Steadman, Saul Steimberg, Brad Holland, Seymour Chwast, Milton Glaser, Paul Flora, David Levine, Sempé, Marshal Arisman,  Steve Brodner, y estoy seguro que me quedan muchos grandes sin mencionar.