martes, 15 de enero de 2013

Crítica de “El libro de Gabriel”, de Trillo y Meglia, por SantiagoK

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  Cómo ocure habitualmente con un autor recientemente fallecido, su popularidad se dispara. No porque no fuera famoso en su momento (dado que en el caso que atañe a este artículo ambos autores fueron ampliamente reconocidos en vida) sino porque se tiende a buscar la inmortalidad de la obra, entre otras cosas. Surgen nuevas ediciones especiales o de lujo, surgen datos desconocidos, entrevistas, fotos, artículos...
    Ahora bien, apenas meses antes de su muerte, la editorial Napoleones sin Batallas re-editó “El Libro de Gabriel”. La edición de Napoleones sin Batallas es de buena calidad, muy lograda, pero la obra en sí deja mucho que desear. ¿Por qué?


    Empecemos por partes, que es justamente la palabra clave al hablar de Gabriel. En el mundo de esta novela gráfica, los ángeles se encarnan una y otra vez en formas humanas efímeras y trabajan en secreto para evitar catástrofes o frustrar los planes del infierno. El personaje principal es un ángel caído en desgracia (Gabriel) por haber matado a un niño accidentalmente en un enfrentamiento con enviados del diablo (constante e inocentemente llamado “el malo”). En su viaje hacia la redención, tiene la ayuda de Michelle, el angel Miguel encarnado en una mujer. Durante el tiempo que trabajen juntos, se iran relacionando hasta llegar a una unión más humana que divina y... bueno, hasta ahí llegamos.

    La premisa no es mala, pero el problema es, entre otros, la falta de continuidad. ¿Por qué (nuevamente)? Angeles en la tierra, librando una guerra secreta contra el infierno, sin poderes más que el de contactarse inmediatamente entre sí y renacer una y otra vez en formas humanas, cayendo justamente por esta condición en la debilidad del amor o el odio y dejando de lado la misión principal que los alienta. Pero el espacio y la cantidad de páginas no alcanza a llamar la atención. Los personajes son muy prototipicos, sus relaciones son vagas y la acción llega a un final cortante que se resuelve en una página.


    Trillo y Meglia habían pensado este proyecto como una serie donde cada libro trataría una historia diferente con los mismos personajes. Si esto se hubiese concretado, es muy probable que todas las falencias de guión y coherencia se habrían resuelto. Sin embargo, el proyecto no llegó más lejos y la obra en sí resulta deficiente, incompleta, trunca.

    Por el lado del guión es por donde pueden encontrarse más problemas, por así decirlo. La trama no resulta llamativa, es obvia y llena de lugares comunes tanto situacionales como dialogales. Los antagonistas no son creibles ni interesantes, aparecen como seguidores constantes de la dupla protagonista y no hacen más que dispararles sin que los angeles puedan hacer otra cosa más que escapar. Y esta situación de perseguidores-perseguido se vuelve incluso repetitiva e infantil, pues sabiendo que los vigilan, Gabriel y Michelle van de aquí para allá a veces tiroteados a veces sin nadie que los vigile, a veces teniendo sexo sin quedar muy en claro si se gustan o no, a veces sí...

    El tomo y estructura del relato recuerda en cierta forma a Boggart, otra obra no tan buena de Trillo pero con lapices de Dominguez, quien además recuerda cada vez más a Meglia (no como Ramos, que ha logrado un estilo más propio a pesar de la influencia). Una historia con buena premisa que no llega a cuajar del todo, especialmente por la definición abrupta del conflicto, que llega a ser demasiado forzada, cual deus ex machina.
    Esta crítica intenta no ser subjetiva. Pero hay algunos hechos que no pueden negarse. Trillo, como todo autor, tuvo sus altos y sus bajos. Publicó porque quería y publicó obligado para mantenerse en el mercado, publicó originales y publicó copias de si mismo (una de las muestras más obvia es Chicano-Bolita). Y es que no hay autores inmaculados, mucho menos cuando tienen un ritmo de trabajo (y una cantidad de historias publicadas) como el suyo. Por eso no le quita mérito.


    Por el lado gráfico, es posible que el dibujo de Meglia sea lo único que salva esta obra. En un período de desarrollo entre Irih Coffee y Cybersix, su estilo es igualmente fuerte, impactante, con mucho de estilo animado y mucha fuerza kinetica, todo lo que le hizo marcar escuela. Sin embargo, muchas veces la expresividad del dibujo no acompaña a la emoción de las palabras (llanto en Gabriel, perplejidad en Lazaro...) y el trabajo de coloreado desluce terriblemente el producto final (especialmente notable en un episodio flashback donde el lapiz utilizado originalmente y su riqueza de “boceto” se pierde). El problema principal de colorear un trabajo en blanco y negro buscando además colorear las lineas del trazo es que el escaneo de los originales tiende a pixelarse al limpiarse pues para las herramientas de selección de cualquier programa de dibujo, el original debe estar escaneado en perfecto blanco y negro sin grises, y depende del colorista y su habilidad digital el dejar suavizada cada viñeta. Y eso es lo que no ocurre en este caso, la diferencia entre originales y coloreados salta a la vista en detrimento de los segundos.

    Publicado originalmente en dos partes en los números 27 y 28 de Puertitas, revista abierta en los 90 por el guionista para editar en Argentina lo que publicaba en Europa, “El Libro de Gabriel” es una lectura agradable, una obra de dos vacas sagradas de la historieta argentina, pero dista mucho de estar entre sus mejores producciones.

1 comentario:

Valentín Plastino dijo...

Querido SantiagoK: me sorprende lo "inversamente proporcionales" que resultan tu crítica y la mía; la cual acabo de publicar en el sitio amigo tintadehistorieta, diciendo casi exactamente lo mismo que vos, pero al revés! (ja. Sin embargo me baso casi exclusivamente en la impresión que en su momento me causó esta historieta, precisamente por lo novedoso y hasta transgresor (al menos para mí, y durante aquellos años, pues hablo de la historieta publicada en la revista Puertitas, y no de este libro que ha salido ahora), del guión, y no tanto así del dibujo, a cargo de Meglia, que siempre me ha parecido "pobrísimo" en el contexto de su sociedad creativa con Trillo (precisamente lo contrario de lo que te pareció a vos). No obstante, coincido en que la estructura presenta algunos baches, y sospecho al igual que vos, que muy a pesar de sus autores. Lo que sí rescato del trabajo de Meglia, es que sin duda ha hecho llegar las historietas de Trillo a lugares y a lectores a los que de otra manera tal vez no hubiese llegado. Saludos!