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domingo, 8 de octubre de 2023

HECTOR REINNA, UN PROTAGONISTA DE ÉPOCAS DORADAS DE LA HISTORIETA ARGENTINA

 En el año 2009 participé con un stand de la editora La Duendes, en el Festival de historietas Dibujados, en la ciudad de Rosario. En esa ocasión conocí a Héctor Reinna. Se acercó al stand en el que nos encontrábamos conversando Sergio Mulko (dibujante de Nippur de Lagash), José Massaroli y Esteban Tolj. Recién se retiraba Eduardo Risso, autor hoy de renombre internacional. Reinna se presentó como “ex” dibujante. Llevaba tres décadas sin dedicarse al oficio. Le pedí que cuente acerca de su trayectoria. Se convirtió en el centro de atención cuando enumeró las revistas en las que trabajó y los dibujantes que conoció o con los que colaboró. Teníamos delante a un protagonista y testigo de épocas doradas de la historieta argentina. Para aprender y valorizar la tradición de la que formamos parte los autores actuales, conviene estar dispuesto a escuchar. Para ahondar en su historia continuamos la charla en una confitería. Nos acompañó Osvaldo Laino, otro autor de la edad de oro y promotor de la revista Dibujantes. Publicada en la década del ´50, fue la primera dedicada a los dibujantes e información sobre el ambiente de la historieta.



Como muchos otros dibujantes, Reina comenzó su carrera en diarios de las provincias. En su caso, de la ciudad de Rosario. A mediados de 1950 ganó un concurso que le posibilitó ilustrar libros para una editorial de Buenos Aires. El reconocimiento le valió que lo convocaran del diario Clarín. Debía hacer dibujos de humor. Con muestras de esos trabajos se presentó en la editorial de Dante Quinterno, que editaba las revistas Patoruzú y Patoruzito. Eran semanarios impresos en formato grande que presentaban humor gráfico e historietas de humor y aventuras. Las realizaban un amplio staff de autores. Patoruzito fue la primera revista en los años ‘40 en que la mayoría del contenido se generaba en el país. Tiraba 300 mil ejemplares por semana.

En el stand de La Duendes en Dibujados, Rosario. De izq. a der.: Aguado, Massaroli,..., Reinna y Mulko.


Le llamó la atención quien lo recibió en la redacción. Su aspecto era muy desaliñado en la vestimenta y con barba de varios días. Al ver las muestras, le dijo: “Ah, vos hiciste estos dibujitos. Qué linda manchita que tenés, me gustan mucho. ¿Querés ser mi ayudante?” A lo que Reinna le preguntó: - “¿y vos quién sos?”, - “Soy Joao (Mottíni), el que hace las tapas”, le respondió. Se trataba del dibujante brasileño Joao Mottini, considerado uno de los maestros de la época. Al día siguiente se presentó en lo que creía sería el estudio de Mottini. Residía en un departamento de pasillo con una escalera de metal toda oxidada, en un cuartito de tres por tres metros. Los muebles consistían en una mesa grande de dibujo, una silla y un ropero viejo y en mal estado. Reinna aclaró: “Él, como todos los genios, era muy mañero. Dibujaba tres o cuatro horas por día, no le interesaba el dinero. Así me empecé a relacionar con él. Una vez (Mottini) me dijo que me quede a almorzar y sacó una botella de vino. Era todo lo que había. Con Hugo Pratt se reunían y jugaban a ver quién tomaba más. Se bajaban tres o cuatro botellas de vino cada uno. Joao era muy bohemio”. Como su ayudante, trabajó haciendo tintas y fondos del personaje Cruz Calaveras.

Inserto en el ambiente profesional del dibujo, conoció y trató a autores que hoy integran el panteón de los próceres de la historieta nacional. Tales como Hugo Pratt (Corto Maltés, Sgto Kirk, Enrie Pike), Alberto Breccia (Mort Cinder, Sherlock Time), Ferro (Langostino, Pandora, etc), Abel Ianiro (Tóxico y Biberón, Purapinta), Dante Quinterno (Patoruzú, Patoruzito), Calé (Buenos Aires en Camiseta, en Rico Tipo), Torino, Bruno Premiani, Tulio Lovato (uno de los principales dibujantes en las sombras de Patoruzú), entre muchos otros. Eran tiempos en que la historieta se producía de forma industrial. Los autores estaban al servicio de los personajes. El ritmo de trabajo podía llegar a agotarlos. Dio algunos ejemplos: - “Un tipo que se hartó de dibujar era Ianiro. Lo encontraba en un subte de Diagonal Norte (Bs As) y decía: Estoy podrido, entro a las nueve de la mañana y salgo a las cinco de la tarde. No doy más. Era gente que no tenía un mango, lo único que tomaba era el subte”. Las series más conocidas creadas por Ianiro fueron Purapinta (en Leoplán y Rico Tipo en la década del ‘40), Tóxico y Biberón (en Leoplán) y Marmolín (en Rico Tipo).




Tulio Lovato fue uno de los principales dibujantes de Patoruzú, aunque siempre figuró la autoría de Dante Quinterno (el creador). Al respecto, ahondó Reinna: “Él tenía un profundo conocimiento de todo lo que fueran embarcaciones, le gustaba ese tema (realizaba en línea realista la serie Rinkel el ballenero). Pero era un tipo que estaba harto de dibujar. Le tenía bronca, lo detestaba a Patoruzú. Bueno, llevaba quince años haciéndolo”.

A otro autor que frecuentó fue a Calé (Alejandro del Prado), nacido en Buenos Aires pero criado en Rosario. Creó la serie costumbrista “Buenos Aires en Camiseta”. En lo que consideraba un atrevimiento juvenil, le señaló a Calé que su éxito le resultaba inexplicable porque lo que reflejaba en sus viñetas no se correspondían con las costumbres de la ciudad de Buenos Aires, sino que eran las de Rosario. También comentó que su dibujo, muy prolijo y detallado, poco tenían que ver con sus hábitos: “Un día lo visité en la pensión que vivía. Era un desorden total. No sabías dónde terminaba la mesa de dibujo y empezaba la cama. Sus trabajos y él eran todo lo distinto”.



En 1974 conoció a una mujer francesa y a los 45 días se casaron. Se mudó a Tres Arroyos, donde ella residía. Mottini lo ayudó para que se fuera con trabajo. Le concertó una entrevista con el dibujante y editor Héctor Torino, que lo aceptó tras unas pruebas. Durante dos años realizó los lápices de la serie “Don Nicola”. El personaje que contaba con revista propia y fue un gran éxito.

Transcurridos los años le fue muy bien con las historietas. Sus personajes Batute y Batata se publicaron con muy buena repercusión en México. Desde ese país le ofrecieron que se mudara para dibujar la reconocida serie de animación Tom y Jerry, pero no viajó por el nacimiento de su hijo. Tiempo después se dedicó a la enseñanza en la Universidad de la Plata. Finalmente, la vida lo llevó a abandonar el dibujo.  




Como muchos otros autores de su generación, se puso al servicio de los personajes que dibujó. Quedó en un segundo plano. Ese era el motivo por el cual no lo conocían sus colegas actuales. Me pareció una pena que un autor con su experiencia abandonara lo que le cautivaba. Era un talento perdido. Como estaba jubilado, le sugerí que retome por el gusto de dibujar. Que encarara una obra personal sin condicionamientos comerciales. Poco después me contactó para sumarse a las publicaciones de La Duendes, tanto en papel como en formato digital. Me confesó que, pese al entusiasmo, la falta de práctica le había endurecido la mano. Con el transcurrir de los meses ganó soltura y su trazo retornó al nivel profesional. Para adaptarse a los nuevos tiempos, comenzó a estudiar computación con Gerardo Romagnoli, quien también le coloreaba sus trabajos de forma digital. Estaba feliz y se notaba. En todos los rubros del arte la experiencia suele ser más importante que la edad. La práctica continua eleva la calidad de la obra.

Pese a estar tantos años alejado de la profesión, su personalidad inquieta y juvenil hacía que su trabajo resulte innovador.



Me llamaba por teléfono con cierta frecuencia. Lo reconocía de inmediato por su forma de modular y su característico: - “Hooooola Alejaaandrooo”. Me recordaba, según sonaba en viejas películas en blanco y negro, a como hablaban y entonaban los actores y locutores de las décadas del ‘40 y ’50. Era lindo escucharlo. Luego me bombardeaba con una andanada de ideas y propuestas. En varias ocasiones me envió de regalo ejemplares de las revistas Patoruzito, Rayo Rojo y algún libro, para que conociera en profundidad la edad de oro que me había descrito. Son joyas del pasado que hoy atesoro.

Entre los años 2009 y 2016, en el sitio Historieta Patagónica, realizado por La Duendes, canalizó varias series. En Batute y Batata retomó sus personajes de décadas atrás, adaptados a los nuevos tiempos. “Guapos y Tangueros” consistió en humor relacionado con la cultura tanguera. “El Conventillo Aéreo” fue una especie de “Conventillo de Don Nicola”, pero adaptado a las vivencias del presente de los habitantes de un edificio de departamentosl. “Humor Marciano” apelaba a un humor extravagante para aludir a la actualidad. En “Hueso Clavado” parodiaba el género gauchesco. “Héroes del Cómic” era otra parodia referida a los súperhéroes, contrapuesta a los personajes de factura nacional. “Chicas de Venus” era humor de ciencia ficción ejecutado con un estilo de dibujo vanguardista, en que el diseño de página y el color jugaban un importante rol. Las mujeres fueron protagonistas en “Chicas de Venus” y “Libertad Rodríguez”. El Rock argentino también contó con su serie.



En sus páginas abundaban las citas a la cultura popular, a personajes ficticios y reales del presente o el pasado, ya sean en los dibujos o en fotos que integraba a las historietas. Tales como Pedro Picapiedra, Patoruzú, Súperman, Bátman, La mujer maravilla, El hombre araña, Lindor Vocas, El Cabo Savino, Purapinta, Don Nicola, Afanancio, Piantadino, Capicúa, Cara de Ángel, Fiaquini, Isidoro y Langostino. Muchos de los personajes nacionales, pese a su popularidad en décadas pasadas, deben resultar desconocidos para los lectores más jóvenes. Entre las personalidades se contaban Leonel Messi, Sandro, Gardel, Miguel del Sel, Belgrano, San Martín, Salvador Dalí, Monzón, Lanata, Sarmiento, Fangio, Pappo, Hilda Lizarazu, Ivan Noble, Pajarito Zaguri, León Gieco, Litto Nebia, Fabiana Cantilo, entre otros. Varios de sus colegas también aparecieron en sus historietas: Divito, Torino, Mazzone, Osvaldo Laino, William Gezzio (dibujante uruguayo), Toto y quien esto escribe.  Para la etapa de La Duendes abandonó el dibujo de humor que se practicaba cuando trabajaba como profesional, el que se caracterizaba por ser despojado, sintético y de trazo elegante. Optó por uno más espontáneo, acorde con el nuevo siglo.

Al volver de un viaje a Buenos Aires, Gerardo Romagnoli fue al domicilio de Héctor para seleccionar los trabajos que enviarían esa semana a La Duendes y dictarle una clase de computación. No lo atendió ni contestó el teléfono. Cuando se comunicó con el hijo, supo de su muerte. Reinna falleció el 23 de junio de 2016.




Se lo anunció en los sitios de La Duendes. La noticia causó conmoción. Cada vez que un autor de historietas fallece se difunde en redes sociales y si era famoso se publica en diarios de distribución nacional. Luego, en la mayoría de los casos, sus trabajos quedan relegados al olvido. Son pocos los autores cuya obra sigue circulando o reeditándose tras su muerte. Para que los trabajos de Reinna en La Duendes trascendieran su partida, se los siguió publicando por períodos. Algunos, que había realizado en blanco y negro para las ediciones en papel, se colorearon. El último que apareció fue el 22 de septiembre del año 2021.

Alejandro Aguado

Los trabajos de Reinna se pueden ver en: https://historietapatagonica.blogspot.com/search/label/reinna

domingo, 27 de agosto de 2023

CARLOS “CHINGOLO” CASALLA, EL PADRE DEL CABO SAVINO. Por Alejandro Aguado

 

En Argentina las historietas eran muy populares y se leían de forma masiva. Entre las décadas del ’40 y el ’80 la oferta de revistas que se conseguían en los quioscos era muy amplia y se vendían de a cientos de miles. El 80 por ciento de lo que se leía era de producción nacional y de muy alta calidad. Las había para niños y jóvenes, de humor gráfico y de historietas “serias” de aventuras. A su vez, comprendían diversos géneros temáticos: de guerra, ciencia ficción, costumbristas, de humor, de guerreros en tiempos bíblicos, policiales, del corazón, etc. El del gauchesco era una especie de equivalente nacional del western norteamericano. En las provincias era donde contaba con mayor aceptación. Una serie de grandes autores, muy buenos dibujantes, quedaron asociados con el género. Tales como Walter Ciocca con Lindor Covas y Hormiga Negra, Raúl Roux con Cuentos del Fongón, Rapela con Fabian Leyes y El Huinca, Carlos Magallanes y Jorge Morhain (guionista) con Martín Toro, Carlos Roume con Nahuel Barros y Patria Vieja (con Oesterheld), Juan Arancio también con Patria Vieja y Pehuén Curá, por citar a los más conocidos. Casalla comenzó a publicar al Cabo Savino en 1951 en el diario La Razón. El personaje se transformaría en uno de los clásicos de la historieta argentina.




Gran parte de los dibujantes del país desarrollaron su obra radicándose en la ciudad de Buenos Aires, que es donde estaban las grandes editoriales. Casalla nació en la provincia de Buenos Aires y en los años ’60 se radicó en Bariloche. Desarrolló su amplia y exitosa carrera desde Río Negro.


Foto: A. Aguado


De un modo u otro siempre estuve muy relacionado con Bariloche. Según mis padres me hicieron ahí, de chico pasaba las vacaciones y festejaba mis cumpleaños en sus bosques. En la ciudad conocí y traté a excelentes artistas y conseguí algunos de los mejores libros y revistas que conservo. También expuse, obtuve premios y los libros de mi autoría tuvieron muy buena recepción. A Casalla lo conocí durante algún viaje a Bariloche a principios de los años ’90. Fue muy cordial y amable, pero frecuentaba más a otros artistas de la ciudad. Creo que como estaba iniciándome en el dibujo, me intimidaba saberlo uno de los maestros de la historieta nacional. Todos hablaban de él, era un prócer local.




En 1993, tras ganar una preselección por provincias, obtuve el primer premio en la Primera Bienal de Arte Joven de Patagonia. Luego supe que un miembro del jurado fue Casalla. Nos encontramos en los pasillos del Hotel Llao Llao, que era donde se desarrollaba el evento del que participaron 500 artistas. Me felicitó por el trabajo y me explicó por qué consideró que merecía ganar. Las palabras del maestro hicieron que el premio me resultara más valioso.

Al Cabo Savino lo publicó en varias revistas y diarios, hasta que lo aceptaron en la editorial Columba. La editora publicaba los títulos El Tony, Fantasía, D’ Artagnan e Intérvalo, en varios formatos y periodicidad. Esas revistas dominaban el mercado de las historietas serias y se vendían de a cientos de miles en todo el territorio nacional y se exportaban a países vecinos. Su ingreso a Columba le representó el reconocimiento a nivel masivo. A diferencia de lo que le ocurría a otros autores, Casalla pudo mantener su estilo de dibujo y la personalidad de su personaje. Realizaba con total libertad unas quince páginas por semana. Con el transcurso de las décadas las historias fueron escritas por una docena guionistas. El más destacado por su continuidad fue Álvarez Cao. El personaje tuvo tal aceptación entre los lectores que en la década del ’70 se publicó como revista, bajo el sello de Columba. Su exitosa gráfica de impronta muy personal, llevó a que la editorial impusiera a otros dibujantes que copiaran su estilo. A Casalla no le parecía bien porque era coartar la libertad de sus colegas. No pudo hacer nada al respecto. También tuvo a su cargo la gráfica de otras series, tanto en Columba como en editorial Record (Skorpio, Tit Bits, Pif Paf, etc.) Tales como el exitoso western Alamo Jim (guiones de Albiac y Morhain), Memorias de un porteño viejo (guion de Alvarez Cao), las series Ronstadt (guion de Armando Fernández), El Cosaco (con guion de Robin Wood), Capitán Camacho (similar a Savino, pero con diferente rango), Chaco (con guion de Wood), Larsen & Finch (guion de Wood), Perdido Joe (guion de Albiac), y de guerra como Sargento York y Patrulla Americana, y diversos unitarios. Sus trabajos se republicaron con éxito en Europa.




El Cabo Savino se publicó en las revistas de Columba hasta mediados de 1986. Luego a nivel nacional se le perdió el rastro. En el ambiente de la historieta (de Buenos Aires) se creía que se había discontinuado. El personaje continuó protagonizando aventuras como tira diaria en las páginas del diario Río Negro, el principal del norte de Patagonia.

Por mi parte, el trato con Casalla se volvió más fluido con la llegada del nuevo siglo. Cada vez que iba de vacaciones a la Comarca Andina (Bolsón-El Hoyo-Lago Puelo-Epuyen), viajaba a Bariloche para visitarlo. Residía con su compañera en una confortable casa tipo alpina, en una zona alta de la ciudad. Desde el living se dominaba una amplia vista del lago Nahuel Huapi. A un lado, en una casita de madera, se situaba su estudio. Era el archivo de sus dibujos, pinturas y libros con sus trabajos. Ingresar era como adentrarse a una parte de la historia de la historieta argentina. Sobre un escritorio se apilaban decenas de tiras del mítico Cabo Savino, dibujado con su personal estilo: trazo suelto, vigoroso, que combina gruesas pinceladas de negros plenos y texturas logradas con decenas de rayitas a plumín. Para dibujar historietas del westerns y del gauchesco en un estilo realista se debía dominar la figura del caballo. Eran su especialidad. Los hacía según la raza y lograba transmitir sus personalidades. Eran memorables sus escenas de tropillas al galope, de malones y de jinetes combatiendo. Se percibía el movimiento, la intensidad.



En varias ocasiones, mientras charlábamos, lo filmé dibujando. En cada conversación afloraban los secretos de la profesión, siempre dispuesto a transmitir sus conocimientos. Era muy accesible y humilde para ser quien era. Comentaba en broma que uno de los problemas del ambiente eran los egos. Residir lejos de Buenos Aires le permitía moverse entre dos mundos. Uno era el de la Patagonia tierra adentro que se asemejaba al que recreó con su personaje. El otro era el de la historieta nacional. La Patagonia se le hizo propia y generó varios libros sobre personalidades del pasado regional. Fueron poco conocidos a nivel país, pero las ediciones se agotaban.

Solía sorprenderme cuando me consultaba sobre aspectos de la historieta actual. Muchas de sus vivencias no las comentaba de forma pública, por pudor. Con frecuencia recibía muestras de cariño y admiración de lectores y colegas, en Argentina y en países vecinos. Fui testigo de algunas. Homenajes institucionales recibió del Estado provincial de Río Negro y del Congreso Nacional. En Río Negro y Neuquén la población e instituciones suelen valorar a sus artistas.




En esa etapa, me escribió un guion para que yo lo dibujara. Por intermedio de la editora La Duendes tuve el gusto de publicarlo en un compilado grupal y de editarle un libro del Cabo Savino, con historias del período patagónico. También se le dedicó otro llamado “Homenaje al Cabo Savino. Cabo por siempre”, hecho entre numerosos autores. Del libro de homenaje también participaron algunos de los maestros de la historieta nacional. Llevó el subtítulo “Cabo por siempre” porque el personaje se estancó en ese rango por decisiones propias. Por ejemplo, en un episodio debía apresar a un gaucho que estaba por salir de un prostíbulo. La orden era dispararle ni bien se asomara. Cuando lo vio se negó a hacerlo. Era Juan Moreira, que en esa ocasión fue muerto por el agente Chirino. El jefe de la partida comentó en referencia a Savino: -“Este no asciende más”. Pese a ser un personaje de ficción, el autor trató que se lo percibiera como a alguien real que renegaba de las injusticias.




En el año 2010, con motivo del Bicentenario nacional, se realizó una muestra en Bariloche con los maestros de la historieta. Me invitaron a participar junto a Horacio Lalia, Casalla, Lito Fernández, Domingo Mandrafina, Meiji, entre otros. Fui con el colega Taro. Lo más grato fueron los días de experiencias en grupo. Paseamos por los bosques, compartimos comidas, visitamos un centro donde residían adolescentes judicializados (excelente por el recibimiento) y muchas horas de charlas referidas al dibujo y la historieta. Durante una de esas noches, en su casa, nos entretuvimos tomándole varias fotos con un muñeco que le habían hecho con su figura. En el evento Casalla nos deleitó con sus aptitudes como músico. Se lo consideraba uno de los mejores percusionistas del país.

Foto: Alejandro Aguado


En el año 2014, en Canal Encuentro se emitió el episodio “La historieta patagónica: el humor reflexivo” en el programa Continuará. Bajo la conducción de Juan Sasturain, el programa del que se emitieron 5 temporadas, estaba dedicado a publicaciones y autores del pasado y el presente de la historieta argentina. En el dedicado a la historieta en Patagonia nos entrevistaron a Carlos Casalla, Chelo Candia y a mí.




A los 90 años de edad seguía activo, movilizado por su espíritu juvenil. Un día del año 2017 se acostó y ya no despertó. Se fue en paz. Desde entonces para mí Bariloche no es lo mismo. Le falta la figura que era una de las almas de la ciudad y el vacío se siente.

Alejandro Aguado





viernes, 17 de agosto de 2018

ALREDEDOR DE LA HISTORIETA ARGENTINA, por Germán Cáceres


Charla pronunciada el 25.7.18 en el Colegio San Pablo, La Cumbre, Córdoba.


En primer lugar quiero aclarar que en el tiempo de que disponemos solo alcanzaremos a dar un pantallazo de la historia de la historieta argentina. Enumerar la enorme cantidad de dibujantes, guionistas, revistas, diarios y editoriales es tarea de un libro. Lamentablemente quedarán grandes dibujantes y eximios guionistas sin nombrar.
Aquí destacaremos algunos de sus aspectos y mencionaremos a varios de sus creadores, y podrán encontrar los que faltan en la breve bibliografía que acompañará esta charla  que yo oportunamente transcribiré y será subida a la web por el dibujante y guionista Alejandro Aguado,  titular de Editorial La Duendes (laduendes.blogpot.com.ar).
Puede afirmarse tímidamente que la primera historieta argentina fue Las aventuras de Viruta y Chicharrón, que salió a partir de 1912 en la mítica revista Caras y Caretas. Siguiendo los pasos del primer título de la historia universal de este género –Yellow Kid (1893), de Richard Felton Outcault – fue de humor y no de aventuras. Otra curiosidad  residía en que era de origen norteamericano y cuando se dejó de recibir en nuestro país, se le cambió el nombre y la comenzaron a dibujar una serie de artistas locales. El primero fue Manuel Redondo que, si bien residía en la Argentina, era español.
Una de las primeras revistas argentinas de historietas que se caracterizó por sus expresiones costumbristas fue Páginas de Columba (1922), creada por Ramón Columba, caricaturista y taquígrafo del Congreso Nacional. No debe olvidarse que en la década anterior había salido una publicación dedicada al público infantil, Billiken, editada por  Constancio Cecilio Vigil, que asimismo divulgó historietas de aventuras, entre ellas la legendaria Superman con el título en español de Superhombre (comenzó a aparecer en 1939).

El 20/9/1928 se lanzó El Tony, una publicación exitosa editada también por Ramón Columba, en la cual se destacó el dibujante Raúl Roux.
Un creador que hay que señalar  en la década del treinta es Lino Palacio, responsable entre otros logros de Don Fulgencio, Ramona y Avivato.    


En noviembre de 1936 debuta la revista Patoruzú, con el personaje homónimo creado por Dante Quinterno y cuya repercusión  constituyó un fenómeno nacional. En realidad, su génesis comenzó en 1927 con el nombre de Un porteño optimista, le siguió Aventuras de Don Gil Contento, luego Don Julián de Montepío, hasta que alrededor de 1935 adquiere el nombre del personaje de mayor repercusión de la tira: Patoruzú, acompañado por Isidoro, el Coronel Cañones, el capataz Ñancul, Upa, la Chacha Mama, su hermana Patora y el caballo Pampero. Como producto fue una maravilla, aunque se lo criticó por su ideología discriminatoria y antidemocrática. En la revista comenzó a publicarse Hernán el Corsario, de José Luis Salinas, uno de los artistas más relevantes de este llamado noveno arte. Graficó varias de las páginas más bellas de la historieta nacional en un estilo realista que bien puede encuadrarse dentro de la estética de la ilustración. Otros de sus trabajos consagratorios fueron Cisco Kid, Dick el artillero y adaptaciones de famosas obras literarias de autores de la talla de Rudyard Kipling, Emilio Salgari, Henry Rider Haggard, Alejandro Dumas, James Fenimore Cooper y la Baronesa Emma Orczy. Un notable hallazgo lo constituyó El libro de Oro de Patoruzú, de frecuencia anual. Tampoco puede dejar de mencionarse El libro de la Historieta, de Editorial Tor, de gran aceptación por parte de chicos y jóvenes.



Somos argentinos y no podemos dejar de mencionar la historieta gauchesca. Uno de sus mayores representantes fue el nombrado Raúl Roux con El Tigre de los Llanos, la vida de Facundo Quiroga, que apareció en El Tony. Después vino Cirilo, el audaz (1939), de Enrique Rapela, creador de los famosos personajes El Huinca y Fabián Leyes, que tuvieron sus propias revistas en la década del sesenta. Una cumbre notable fue El cabo Sabino (1954), con guión de José Álvarez Cao y arte de Carlos Casalla.




Guillermo Divito, un colaborador de Dante Quinterno en Patoruzú, fundó en 1944 su propia revista: Rico Tipo, un suceso de ventas. Historietas como Fúlmine, Pochita Morfoni, Fallutelli, Bómbolo, El otro yo del Dr. Merengue y las chicas desbordantes de sensualidad que intervenían en las tiras, se ganaron el fervor de los lectores.
Divito tuvo como integrante de su equipo al ilustre Oski (Oscar Conti), que, con un estilo personal y a través de una figuración feísta, elaboró páginas primorosas. Entre sus creaciones figuran La Primera Fundación de Buenos Aires y Vera historia de las Indias.




En esa década, más precisamente en 1945, también nació Intervalo, de Editorial Columba, conocida por sus adaptaciones de novelas y su utilización de viñetas que tenían la peculiaridad de recurrir a los textos y no usar los globos de diálogo, recurso que se consideró poco historietístico.
 Una suerte de efemérides fue la aparición el 11 de octubre de 1945 de la revista  Patoruzito, de la Editorial Dante Quinterno. Lleva el nombre del personaje de la historieta que refiere la infancia de Patoruzú,  guionada por  Mirco Repetto y dibujada por Tulio Lovato. En sus páginas pasaron grandes producciones, como el Gnomo Pimentón, creada por Paula Quinterno y con arte de Oscar Blotta,  Langostino, de Eduardo Ferro, Vito Nervio, iniciada por Emilio Cortinas y Mirco Repetto y continuada  por Alberto Breccia y Leonardo Wadel , A la conquista de Jastinapur, de Emilio Cortinas y Leonardo Wadel, Mangucho y Meneca, de Roberto Battaglia, y las norteamericanas Flash Gordon y Rip Kirby, dibujadas por el gran Alex Raymond.





A propósito de Alberto Breccia y de Leonardo Wadel debe destacarse que el primero, oriundo de Uruguay, está considerado por varios entendidos como el más grande dibujante de la historia y a él se deben productos como Mort Cinder (con guión de Oesterheld), la versión de Los mitos de Cthulu sobre la obra de H.P. Lovecraft y la galardonada Perramus, guionada por Juan Sasturain. Asimismo es sobresaliente Un tal Daneri, con textos de Carlos Trillo. En cuanto a Leonardo Wadel fue, de acuerdo al artista uruguayo, el fundador de la profesión de guionista en la Argentina.

Armas de Fuego, con dibujos de Breccia y El Eternauta, versión Oesterheld - A. Breccia.

Páginas de Oesterheld - A. Breccia: Sherlock Time y Mort Cinder.

El 3 de setiembre de 1948 ocurrió un suceso auspicioso: se presentó la revista Misterix, de la Editorial Abril, que contrató a importantes autores italianos con buenos sueldos para que vinieran a trabajar a la Argentina. Y aceptaron personalidades como Hugo Pratt, Mario Faustinelli, Ivo Pavoni, Guillermo Letteri y Alberto Ongaro. El único que prefirió seguir radicado en Europa y continuar enviando desde allí sus trabajos fue Paul Campani.


Se puede decir que en esa década comenzó la época de oro del género en nuestro país. Y aclaro que mundialmente se habla con elogios y reverencia de “La Escuela de la Historieta Argentina”.
Así, Hugo Pratt, que por su formación puede considerarse argentino, está reverenciado por muchos entusiastas como el mejor historietista de todos los tiempos. Fue el creador de la célebre Corto Maltés (apareció en Italia en 1967) y su estilo, inspirado en el maestro norteamericano Milton Caniff, cobró vuelo propio. Alejado de cualquier sumisión a la ilustración o al cine, se erigía en una estética autónoma, incanjeable, que se nutría de esplendentes aguadas, manchas aplicadas con pincel, onomatopeyas, líneas cinéticas y una sabía distribución de blancos y negros.


Un evento importante se dio en 1957: Landrú (Juan Carlos Colombres) lanzó la revista Tía Vicenta, con un humor y un grafismo completamente novedosos.
Y en ese mismo año aparecieron dos revista fundamentales: Hora Cero y Frontera, con sus desprendimientos semanales y extras.  Editadas por Héctor Germán Oesterheld y su hermano Jorge, llevaron a la historieta nacional al cénit de su perfección. Con  textos de Oestehreld –que para Alberto Breccia revolucionó la historieta a nivel mundial–, pasaron cumbres como El Eternauta, Ernie Pike, Sherlock Time, Sargento Kirk, Ticonderoga y la lista continúa. Colaboraron con él dibujantes de la talla de Hugo Pratt, Francisco Solano López, Arturo del Castillo, Carlos Roume, Horacio Lalia y se pueden añadir muchos más.


Oesterheld cambió el sentido de la historieta. No le interesó el héroe imbatible que siempre triunfaba sobre el mal y evitó los personajes estereotipados. Por ejemplo, en Ernie Pike, un corresponsal que relata episodios de la Segunda Guerra Mundial, impresiona por su dramatismo y verosimilitud. Sus protagonistas pueden ser tanto soldados aliados como alemanes, dado que sus destinos se frustran al ser víctimas de la guerra.  De El Eternauta, que apareció el 4/9/57 y dio lugar a que en esa fecha se festeje el “Día de la Historieta”, puede decirse que inició la ciencia ficción argentina. Su novedad consistía en que la clásica invasión extraterrestre se desarrollaba en las calles de Buenos Aires, y una de sus principales secuencias de acción ocurría en la zona de la cancha de River. Los protagonistas son individuos sencillos que al comenzar la historieta están jugando al truco en Vicente López (Juan Salvo, Favalli, Lucas, Polski, a los que se agrega luego Franco) y tan mártires como sus agresores alienígenas –los “cascarudos”,  los “manos”, los “gurbos”– porque a medida que transcurre la trama se revela que éstos son meras herramientas de los “ellos”, los verdaderos monstruos con vocación imperialista. Oesterherld deja entrever que la mayoría de los hombres está en contra de la guerra, la que es promovida por los centros de poder, que medran con el sufrimiento humano. En el final, Juan Salvo (el eternauta) es proyectado a otro tiempo junto a su esposa Elena y su hija Martita, pero por un error las pierde y está condenado a buscarlas para siempre (él  define su “triste y desolada condición de peregrino de los siglos”).
El Eternauta I, Oesterheld - Solano López.


Para esta renovación del género Oesterheld contó con un lápiz magistral, vinculado a importantes hitos de la historieta argentina y mundial: Francisco Solano López. Sus conceptos imponían un nuevo derrotero al dibujo volviéndolo más independiente, con un sentido narrativo fluido. Su trazo vigoroso, su calidez en el diseño de los personajes, su destreza en las manchas negras, así como una ágil planificación, estaban revolucionando el noveno arte.
En 1969 Alberto Breccia y Oesterheld emprenden una remake de El Eternauta. Hay un giro ideológico en el guión de Oesterheld: las grandes potencias negocian con el invasor la entrega de Latinoamérica a cambio de no ser agredidas. Y Breccia promueve un dibujo de vanguardia, demostrando que la historieta es capaz de experimentar con su lenguaje visual. La dirección de la revista Gente, que la publicaba, no comprendió su sentido innovador y obligó a acortarla, dañando su unidad y su ritmo narrativo.
Publicidad de Editorial Record, con las tres primeras partes de El Eternauta.

En 1976 la dupla Oesterheld-Solano López inicia la segunda parte de El Eternauta, en la que se acentuó su costado ideológico con alusiones a la sangrienta represión que vivía el país, y donde Juan Salvo se asumía como una especie de líder iluminado al frente de grupos que se parecían bastante a las guerrillas. 
En 1968 Oesterheld guiona la Vida de El Che, con dibujos de Alberto y Enrique Breccia.
Finalmente se incorpora al cuerpo propagandístico de la Organización Montoneros. Desapareció el 27 de abril de 1977. Figura en la página 339 del libro Nunca Más. Sus cuatro hijas también desaparecieron.
En 1964 salió Mafalda, de Quino (Joaquín Lavado), un fenómeno masivo de humor gráfico que llega hasta nuestros días y que, curiosamente, su creador dejó de dibujar el 25 de junio de 1973. Posiblemente la intención de Quino fue que se hiciera conocer su otra obra, que ofrece, en páginas enteras, además de un humor  valioso, un grafismo de orfebrería. Y Hermenegildo Sábat (Montevideo, Uruguay, 1933, naturalizado argentino en 1980) comenzó en 1966 su brillante carrera como caricaturista en el país.

Fontanarrosa, junto a sus personajes Inodoro Pereyra y Boggie. El Mago Fafa de Bróccoli, Clemente de Caloi y Teodoro & Cía de Viuti.

En 1962 cierra definitivamente la Editorial Frontera después de una caída de sus ventas y de padecer serios problemas económicos y así fue finalizando la época de oro de la historieta argentina, más allá de que siguieran surgiendo editoriales, revistas y obras que dejaron su marca. En 1973 nació Bartolo, de Caloi (Carlos Loiseau), en la última página de Clarín, que en 1976 se convierte en el popular Clemente. Y se irradia el humor cordobés a través de la emblemática revista Hortensia, dirigida por Alberto Cognini, que salió en 1972, y en la que aparecen Boogie, el aceitoso y, en 1974, Inodoro Pereyra, el renegáu, ambas de Roberto Fontanarrosa. Otro importante colaborador de la publicación fue Crist (Cristóbal Reynoso). En el mismo año que surgió Hortensia, o sea en 1972, se organizó la primera bienal “El humor y la historieta que leyó el argentino”. La segunda bienal se desarrolló en 1979.


Un enorme puntal lo constituyó Manuel García Ferré  –español radicado en la Argentina desde los 17 años– con su revista Anteojito, que salió el 8 de octubre de 1964. En ella tuvo una repercusión sensacional Sónoman (1966), de Oswal (Osvaldo Viola). También deben mencionarse las publicaciones que lanzaron Héctor Torino (Don Nicola) y Adolfo Mazzone (Capicúa y Afanancio) con numerosos personajes humorísticos.

REvistas infantiles



Sin embargo, entre 1970 y 1975 resultó ser la mejor época para la Editorial Columba. Publicaba las revistas D´Artagnan, Fantasía, Intervalo, Nippur de Lagash, Dennis Martin, Álamo Jim y Cabo Savino. Sus ventas eran astronómicas, hoy fuera de las posibilidades de nuestra imaginación: se habla de más de dos millones de ejemplares mensuales. Sectores intelectuales las criticaron ácidamente, sobre todo a Robin Wood, su guionista estrella, que nació en Asunción, Paraguay, en 1944, y llegó a crear más de setenta personajes.  Se le achacó que carecía de auténtico talento, que huía de cualquier tipo de experimentación y que desarrollaba una escritura atrasada. A pesar de estos reparos colaboraron en Columba talentosos dibujantes como Carlos Vogt, Domingo Mandrafina, Ernesto García Seijas, Lucho Olivera, Ricardo Villagrán, Gómez Sierra (Jorge Villagrán), Walter Taborda, Ángel (Lito) Fernández y Sergio Ibañez, entre otros. La editorial cerró definitivamente en el año 2000, pero hoy su producción tiende a revalorizarse  y varias de sus historietas continúan publicándose. Por ejemplo, Dago, que surgió el 2 de agosto de 1984, con guión de Robin Wood y dibujos de Alberto Salinas, sigue saliendo en Italia con textos del mismo guionista y arte de Carlos Gómez (a veces es reemplazado por Joan Mundet).




Otra editorial influyente fue Ediciones Record, de Alfredo Scutti, con la popular revista Skorpio, que aportó historietas con mayores aspiraciones. Su director de arte era Juan Zanotto y su principal guionista Ray Collins (Eugenio Zappietro), que creó el famoso personaje Zero Galván, héroe de Precinto 56 (1963). Una historieta que dio prestigio a Skorpio fue nada menos que Corto Maltés, de Hugo Pratt.  La fortaleza móvil, con guión de Ricardo Barreiro y arte de Enrique (Quique) Alcatena alcanzó una categoría de excepción.  La revista dejó de salir en enero de 1996. También colaboraron –entre numerosos consagrados– el dibujante Ernesto García Seijas y el guionista Ernesto Mazzitelli.

Revistas de editorial Record



A partir de 1972 el diario Clarín inauguró una página de historietas –la última–, principalmente dedicada a las tiras de humor.  Allí se destacaron El Loco Chávez, de Carlos Trillo (guión) y Horacio Altuna (dibujos) y el popular Clemente, de Caloi. Se pueden citar también Teodoro & Cía, de Viuti (Roberto López), Diógenes y el linyera, con guión de Jorge Guinzburg  y Carlos Abrevaya y dibujos de Tabaré  (Tábare Gómez Laborde).
El Loco Chávez, de Carlos Trillo - Horacio Altuna

Un hecho enriquecedor fueron las publicaciones de Ediciones de La Urraca (1974-2001), de Andrés Cascioli. Este estupendo dibujante tuvo la rara virtud de respetar los derechos de autor, es decir pagaba los originales, pero luego se los devolvía a los historietistas para que ellos siguieran comercializándolos. Uno de sus títulos más difundidos fue Humor Registrado, que apareció el 1 de julio de 1978 y terminó denominándose simplemente Humor. Se erigió en símbolo de la oposición a la dictadura militar. Allí se destacaron Maitena, Tabaré, Raúl Fortín, Meiji (Jorge Meijide), Rep (Miguel Repiso), Alfredo Grondona White, Eduardo Maicas y muchos más. La otra revista que se metió en la historia por su renovación gráfica fue Fierro (llamada entre los fans la Vieja Fierro: la nueva etapa comienza en 2006 como suplemento del periódico Página/12), que se lanzó en setiembre de 1984 y cerró en diciembre de 1992. Allí colaboraron los mejores artistas y guionistas argentinos: Carlos Sampayo, José Muñoz, Carlos Trillo, Alberto Breccia y sus hijos Patricia y Enrique, Juan Giménez, Ricardo Barreiro, Domingo Mandrafina, Francisco Solano López, Carlos Albiac, Eduardo Risso, Sanyú (Héctor Alberto Sanguiliano), Carlos Nine, Hugo Pratt. Tenía una sección llamada “El subtemento Óxido”, donde jóvenes valores experimentaban con el grafismo y la escritura.  Allí surgieron Pablo Fayó, El Marinero Turco (él afirma que es su identidad real), Max Cachimba (Juan Pablo González), Tatí (Héctor Omar Martín), Juan Carlos Quattordio, El Niño Rodriguez (también opina que es su identidad), Pablo Páez, El Tomi (Tomás D´Expósito).
Algunas revistas de editorial La Urraca
Páginas de historietas publicadas en Fierro (primera etapa)

Fierro (primera etapa)


Una revista que debe mencionarse es Puertitas (1989-1994), dirigida por Carlos Trillo, el que guionó maravillas como Irish Coffee y Cybersix, con dibujos del eximio artista Carlos Meglia.


O sea que salvo excepciones, aproximadamente desde 2011 cesaron de aparecer las revistas de historietas. Y a partir de entonces el género dejó de ser un arte masivo para convertirse en un arte de minorías.
Y surgieron los fanzines, autogestionados por jóvenes fanáticos de la historieta que se convirtieron en autores, editores y distribuidores de sus propias obras, impresas en simples fotocopias que vendían entre sus amigos y conocidos. De allí que se organizaran numerosos festivales para darles a estos jóvenes emprendedores la oportunidad de vender sus productos.
Hubo un fanzine de 1990 que tuvo tanto éxito que finalmente lo editó la Editorial La Urraca  en 1992: se trata de Cazador–una producción totalmente desaforada– con guiones de Jorge Luis Pereyra Lucas y un conjunto de dibujantes que se iban turnando: Ariel Olivetti, Lucas Accardo, Fernando Calvi, Mauro y Renato Cascioli, Claudio Ramírez. Salió hasta 2001 y hubo una nueva edición en 2010.


Pero cuando los fanzines intentan superar su rudimentaria condición y aspiran a una suerte de libro de vanguardia ascienden a la categoría de prozines. Y se pueden enumerar a tres de suma importancia, con múltiples innovaciones y una búsqueda vanguardista y experimental constante: Lápiz Japonés, El Tripero y ¡Suélteme! De Lápiz Japonés aparecieron cuatro números y fue fundado en 1993 por los dibujantes Diego Bianchi y Sergio Langer. De ¡Suéltime! (1995 a 1999) se editaron cinco números, y entre sus responsables estaban Esteban Podeti, Diego Parés, Darío Adanti, Pablo Fayó, Pablo Sapia, El Marinero Turco y Dani The O (Daniel José Díaz), Lucas Nine, Liniers (Ricardo Sin), entre otros. El tripero lo constituyeron alumnos de Alberto Breccia y fue el prozine de mayor duración (1994-2001).



La pregunta obligada es ¿por qué desplomó la historieta y qué futuro le aguarda? ¿Cuál fue la causa de su crisis?
Hay varios intentos de explicación:
–Por culpa de la mala gestión de las editoriales, y en cierto punto es real.
–Porque muchos de los dibujantes trabajaron para el exterior y algunos se traladaron a esos países. Sí, también es posible.
--El gran dibujante Leopoldo Durañona en un reportaje dijo al respecto:"(...) todo lo contrario a las historietas complicadas e intelectuales de hoy en día. (...),esa historieta se ha marginado sola, enredando al lector...".
–Pero la principal causa entiendo que fueron los cambios de hábitos de la población, como la televisión, los video-juegos, la realidad virtual, la informática, internet, los celulares.
No obstante, siempre hay que mantener la esperanza dado que pueden existir otros caminos. Así, hoy las historietas se editan en libros de tirada limitada pero se observan en muchos de ellos trabajos de jerarquía. También se suben a la web. Y ese público minoritario ama la historieta y le es fiel. De manera que seguirá subsistiendo en otros formatos y, tal vez, con más intensidad en su búsqueda de nuevos rumbos estéticos.


Algunas tapas de los 89 números de El Espejo. De los dibujantes del sur. Historietas y humor publicado a mitad de los años 90 desde Patagonia. 

Y ahora como homenaje final a ese genio que fue Héctor Germán Oesterheld se leerá un cuento de su autoría. Se debe aclarar que antes de dedicarse a la historieta escribía relatos infantiles y libros de divulgación científica. Y luego se convirtió en un prodigioso narrador de cuentos para adultos. Los más recordados son “Pequeño Maquiavelo Reforzado”, “El árbol de la Buena Muerte”, “Sondas”, “Los cuentos del Tipi” y “El diario de un soldado”. Ediciones de la Flor editó en 1969 una antología titulada Los argentinos en la Luna. También escribió nueve novelas sobre su personaje Bull Rockett, de 1952, y otras nueve sobre El sargento Kirk, de 1953. Las firmó con el seudónimo de G. Crossel.
Se leerá entonces el cuento “Ciencia”, que figura en el citado libro Los argentinos en la Luna, de Ediciones de la Flor:


CIENCIA

En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño y muy extraño.
Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no consiguen arder, son tus pensamientos. Si oprimes entonces el cristal en el sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza deslumbrantes, descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último porqué.
En algún lugar de Marte se halla ese cristal.
Para encontrarlo, hay que examinar grano por grano los inacabables arenales.
Sabemos, también, que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo, el cristal se disgregará, solo nos quedará un poco de polvo entre los dedos.
Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual.


Germán Cáceres

Bibliografía

-Albertoni, Carlos, Santas Historietas/Enciclopedia de los cómics, Catálogos, Buenos Aires, 2004.
-Cáceres, Germán, “Buenos Aires no contesta”, en La aventura en América, La Palabra Mágica, Buenos Aires, 1999.
-Cáceres, Germán, Oesterheld, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 1992.
-Comiqueando Online (www.comiqueando.com ): “100 años de historieta argentina”, por el esquipo de la revista.
-Gociol, Judith y Gutiérrez, José María, La historieta salvaje/ Primeras series argentinas (1907-1929), Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2012.
-Gociol, Judith y Rosemberg, Diego, La historieta  argentina/Una historia, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.
-Gutiérrez, José María, La historieta argentina. De la caricatura política a las primeras series, Ediciones Biblioteca Nacional y Página 12, Buenos Aires, 1999.
-Imaginadores (La aventura de la historieta argentina). Película documental de 2008 dirigida por Daniela Fiore.
-Lipszyc, Enrique, El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas, editado por la Escuela Norteamericana de Arte, Buenos Aires, 1953.
--Sasturain, Juan, El domicilio de la aventura, Colihue, Buenos Aires, 1995.
-Scolari, Carlos, Historietas para sobrevivientes, Colihue, Buenos Aires, 1999.
-Steimberg, Oscar, Leyendo historietas, Nueva Visión, Buenos Aires, 1977.
-Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo, Historia de la historieta argentina, Ediciones Record, Buenos Aires, 1980.