domingo, 7 de febrero de 2016

Entrevista a TONI TORRES, por Germán Cáceres

Antonio (Toni) Alberto Torres nació el 13/7/1968 en el barrio porteño de Parque Patricios. Estudió historietas con Alberto Salinas, Carlos Villagrán y Jorge Zaffino. Fue ayudante de este último y trabajó para la Editorial Columba. En 1995 junto a Gustavo Desimone lanzaron La Negra. Al año siguiente, con gráfica de Mariano Navarro, crearon Caballero Rojo (inspirado en el luchador del programa de televisión Titanes en el Ring) para la revista Comiqueando, personaje que en 1998 les valió el premio al mejor guionista y al mejor dibujante. La historieta fue publicada en Italia por la editorial Allagala. Más tarde hizo Juan de Noche, también acompañado por Mariano Navarro. Realizó Secundaria de Superhéroes (Editorial Domus) con el dibujante Javier Solar. Formando equipo con Mariano Navarro y Hernán Cabrera plasmó El Colo Galván y luego, con Sergio Mulko, El Eternauta. Actualmente escribe guiones para la revista Antología de Héroes argentinos y para la serie Carlitos. Nuevamente con Mariano Navarro y Hernán Cabrera guiona G-Woman y G-Raider en el sitio de Internet Giantess Club. Intervino en la organización de varias exposiciones de historietas. Escribe artículos sobre el género en la revista Retro magia comics y en el suplemento Viva del diario Clarín.

Toni Torres en Club de Cómic

Germán Cáceres: Toni, vamos a empezar por lo que estás haciendo ahora: guiones para el sitio de Internet Giantess Club, dibujados por tus dos compañeros de ruta: Mariano Navarro y Hernán Cabrera. ¿Estás de acuerdo en que la historieta utilice el soporte informático como medio de difusión?

Toni Torres: Tiene que ver con el presente, con el avance de la tecnología. Ya no hay como antes editoriales que publicaban revistas de historietas. Salvo que se trate de un personaje muy exitoso, con las tiradas actuales de libros y revistas a numerosos lectores les sería imposible acceder a las historietas. El hecho del soporte Internet permite una llegada más amplia. Mucha gente las lee directamente en pantalla, ya sea bajando las revistas subidas –algunas son gratuitas- o yendo a los sitios de historietas que no se editan en papel.

G.C.: Yo leo historietas por Internet, pero me cuesta disfrutarlas.

T.T.: Por supuesto que yo también gozo más leyendo historietas en papel, pero a veces no me queda más remedio que recurrir a Internet porque las impresas no las consigo. Hay que pensar en los costos: el papel es caro y en consecuencia el libro, problema que limita su circulación.


G.C.: Tus historietas son eróticas y se titulan G-Woman y G-Raider. Este género que tan fácilmente se desliza hacia la pornografía, ¿puede considerarse artístico? Tiempo atrás se condenaba ética y estéticamente a estas producciones. Pero ya en 1997, en la película Juegos de placer (más conocida como Boggie Nights), de Paul Thomas-Anderson, un director de cine porno protagonizado por Burt Reynolds consideraba que su quehacer estaba dentro del campo del arte. ¿Pensás lo mismo que el cineasta del filme?

T.T.: Sí, porque un dibujo erótico de Frazzeta -o de Altuna- es una obra de arte.

G.C.: O de Milo Manara o de Guido Crepax.

T.T.: También Solano López fue un maestro dibujando porno. Creo que se puede hacer arte con cualquier manifestación erótica por más zarpada que sea. Nosotros, si bien a G-Woman y G-Raider le damos un toque explícito, en ambas predomina la aventura.


Ilustración de Mariano Navarro y Hernán Cabrera

G.C.: Te comento que Ninfómanía, del consagrado director Lars Von Trier, abunda en sexo explícito y, sin embargo, mereció excelentes comentarios.

T.T.: Giantess Club me convocó para que escribiera guiones con personajes fijos. El objetivo del sitio es el fetichismo erótico con mujeres gigantes, y a mí me resulta difícil abordarlas desde un punto de vista sexual. A G-Raider, que se puede transformar en gigante, la hice mantener relaciones con dioses descomunales y asimismo con personas normales cuando se achica. Después también  se vinculó con dioses egipcios antropomórficos y así terminó practicando sexo con animales. En cambio, G-Woman pertenece a un grupo gubernamental de seres con poderes, y ella es capaz de convertirse en gigante  y asumir el lesbianismo con mujeres enormes. Otra dificultad reside en que se trata de capítulos de diez páginas que deben contener tres o cuatro escenas zarpadas, y no es fácil llevar adelante un guión de estas características.

G.C.: Bueno, es como se dan las cosas.

T.T.: Así es el trabajo.

G.C.: En compañía de Gustavo Desimone, debutaste como autor en 1995 con La Negra, que lleva el título de una revista emblemática (Símbolo Editorial), la cual tuvo también un programa radial y es un ejemplo de periodismo alternativo. Sería interesante que hablaras de la historieta y de tan importante emprendimiento.

T.T: El tema de la radio y de la revista no tuvo nada que ver con nosotros. Gustavo Desimone creó el personajes de La Negra, que es un poco una copia femenina de Cazador, y me llamó para que lo guionara.



G.C.: Sos el dueño y uno de los fundadores del Club del Comic de Montevideo 255, C.A.B.A. El local es un referente insoslayable de este arte celebrado como noveno. Hay allí innumerables publicaciones, tanto nacionales como extranjeras. Se trata de un material impresionante y, además, estás considerado un notable coleccionista y una de las personas que en la Argentina sabe más acerca del género. ¿No sería estupendo que con este tesoro historietístico se realizara alguna película documental o se creara un museo o un centro de documentación?

T.T.: Mi proyecto a futuro es que cuando cumpla 55/60 años empezaré a ajustarme las tuercas: no me voy a ir con mi colección de historietas dentro de un cajón. Mi idea es fundar un museo integrado por material argentino. La historieta importante que se editó en el país la tengo toda, y me atrevo a decir que un 60% del material publicado, algo de que carece la Biblioteca Nacional. Además, conservo originales y bastante merchandising. Poco a poco fui conectándome con coleccionistas que me aconsejaron y dieron pautas en esta tarea, como Tito Spataro, Francisco Mazza y el Turco Salomón.

G.C.: ¿Tenés idea del lugar?

T.T.: En su momento necesitaré alguna ayuda estatal., porque va a ser necesario que el gobierno adquiera ese museo.


G.C.: Y ahora abordaremos al Caballero Rojo. ¿Cómo se nació en vos tu pasión por el catch?

T.T.: De chico, como la mayoría de mi generación, veía Titanes en el Ring, y me encantaba. Tanto que fui al Club GEBA, donde se enseñaba lucha libre y grecorromana, que no tenían nada que ver con Titanes, pues éste era un espectáculo y, más allá de la habilidad y preparación física de sus integrantes, estaba todo arreglado. Luego, a los 28 años entrené catch con Rubén Peucelle, el “Ancho”, y después conocí al “Caballero Rojo”.

G.C.: Entiendo que fue un gran honor que artistas ilustres como Francisco Solano López,  Horacio Lalia, Eduardo Risso, Marcelo Frusín, Enrique Alcatena, Alan Grant, Walter Taborda, Jok y Hernán Cabrera (que luego sería colaborador tuyo) ilustraran los episodios de los antiguos caballeros.

T.T.: Que Solano López me haya dibujado un guión fue tocar el cielo con las manos. Otro espaldarazo lo recibí del gran guionista Carlos Albiac, que me dijo que no sabía cómo había podido mezclar tan bien el género de superhéroes con la historieta argentina.

G.C.: ¡Alcanzaste la gloria!

T.T.: Idéntica emoción sentí con Horacio Lalia y Quique Alcatena. Cuando la dibujó Solano López, le pregunté si podía utilizar Evaristo y me dijo que sí. Lo que siempre me interesó del Caballero Rojo es entroncarlo con la historieta nacional. Para mí hay una línea temporal en la que todos los personajes ocurren en una misma Argentina, en la que estuvieron Gilgamesh, El Eternauta, Evaristo, el Cabo Savino, el huinca Fabián Leyes, el Señor López. Toda nuestra historieta funciona como si hubiera sido publicada por una sola editorial. Uno  siente (por lo menos yo) a los personajes como pertenecientes a un mismo universo, diferente al caso norteamericano que se divide tajantemente entre las editoriales DC y Marvel.



G.C.: Uno de los tantos aciertos de esta historieta es que refiere la leyenda que comienza en 1096, cuando Sir Jacques de Lyon se erige como el Caballero Rojo para salvar al mago Ormuz, y luego ese título es heredado por los sucesivos descendientes –de este modo el justiciero es inmortal y de identidad desconocida-  hasta llegar a personas de carne y hueso como la familia Reynoso: Aníbal, que asumió como el superhéroe durante diez años, es el padre de Humberto, que rechazó esa misión y prefirió ser catcher (fue el “Caballero Rojo” de Titanes en el Ring, que se transmitió por Canal 9 entre 1962 y 1988), y lo debió remplazar su hijo Rafael, el Nº 34 de la dinastía. ¿Cómo surgió esta idea tan novedosa de que una vieja leyenda interactúe con la realidad actual?

T.T.: Yo quería que el Caballero Rojo proviniera de las Cruzadas. Pero, ¿cómo  
conseguir que continuara hasta nuestros días? ¿Lo hacía inmortal? ¿Lo convertía en un viajero del tiempo? Y entonces un amigo me recomendó seguir el ejemplo de El Fantasma, de Lee Falk, y me apropié de esa idea. Además, no quise alejarme de la realidad y entonces el “Caballero Rojo” de Titanes”” no ocupa el lugar del superhéroe y sí lo hace su hijo: no podía plantear que luchase en el ring y luego se convirtiera en justiciero.

G.C.: ¿Publicaste todos tus guiones?

T.T.: No. Uno desiste de escribir un guión en cuanto sospecha que no se va a publicar, y entonces lo deja registrado en un plot. Es para evitar el desgaste personal. Por ejemplo, hay un episodio inédito en el cual, durante la Revolución Francesa, un Caballero Rojo que no está tan convencido de los ideales de aquella se pelea con su hijo revolucionario.

Texto escrito por Tonia Torres en el libro El Eternauta, el perro llamador y otras historias.

G.C.: Caballero Rojo responde a la genealogía de los superhéroes sin superpoderes, es de decir que su fuerza y su habilidad han sido frutos de un titánico entrenamiento y del desarrollo de su inventiva. ¿O sea que te sentís más identificado con personajes como Batman que con los dotados Superman o El Hombre Araña?

T.T.: Uno se identifica más con los personajes sin superpoderes, es problemático hacerlo con Superman, por eso tiene más éxito y funciona mejor Batman. Yo quería hacer del Caballero Rojo un justiciero con facultades extraordinarias, por eso abandoné la idea de que fuera inmortal y tomé el recurso de Lee Falk.

G.C.: Caballero Rojo presenta textos que se despliegan por toda la página y largos diálogos que se exponen a través de globos encadenados. Este tipo de escritura puede asociarse a la estética que Daniele Barbieri denominó “teatralización del cómic”, o sea una suerte de interrelación con los monólogos propios del drama para poder expresar las reflexiones y sentimientos de los personajes. ¿Qué opinás?
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T.T: Cuando escribo desarrollo dos líneas de pensamiento. Una, lo que está hablando Caballero Rojo en ese circunstancia y otra que muchas veces se halla escrita en una hoja de papel, que es un diario que lleva el personaje y en el que cuenta lo que siente. Entonces pretendo que estos apuntes –que uso más que los globitos- expliquen desde un ángulo íntimo lo que sucedió, mientras el diálogo y la acción reflejan la realidad de ese momento. O sea, doy dos testimonios sobre la misma situación.

G.C.: Ya que hablamos de superhéroes, últimamente el cine produjo películas de elevados presupuestos sobre varios de ellos y convocó a directores, actores y guionistas de prestigio. Por este camino se obtuvieron títulos taquilleros muy valorados por la crítica cinematográfica. ¿Consideras que estos filmes constituyen un aporte para la historieta, pues de alguna manera mantienen vigente el género?

T.T.: En los últimos años han aparecido películas de superhéroes bien hechas, porque hubo anteriores que fueron desastrosas. Ayudó a que la gente recuerde más a estos personajes. No es que haya provocado un mayor número de ventas de revistas, pero sí que los niños los conozcan. Volvieron a través del cine al imaginario popular. Además, emponderaron las historietas, porque no es lo mismo que aparezcan esos personajes sólo en revistas o libros, a que también se realicen películas con ellos. Además, algunos lectores volvieron al género.

Página de El Eternauta, con guión de Torres y dibujos de Mulko, del libro El Eternauta, el perro llamador y otras historias.

G.C.: Hay un libro importante de Elian Aguilar, Cine superheroico, que trata intensamente este tema. Y ahora te hago dos preguntas clásicas e inevitables: primero, ¿cuáles son tus historietas preferidas?  

T.T.: Difícil la pregunta. De las argentinas me gustan El Eternauta, Mort Cinder, Nippur de Lagash, Gilgamesh, los trabajos de Robin Wood. De los superhéroes prefiero Starman, de James Robinson, que influyó tanto en la creación del Caballero Rojo, pues el padre del personaje había sido su antecesor en los años cuarenta. Watchman es un modelo de cómo se debe escribir un cómic de superhéroes. Está todo muy bien armado. Los protagonistas muestran distintas psicologías, que están perfectamente definidas. Resulta trabajoso lograrlo, porque si el guión no está bien escrito se le puede sacar la máscara a uno de los personajes y ponérsela a otro y no se distinguen, es decir no se sabe quién es quién. Aclaro que Crisis en las Tierras Infinitas me voló la cabeza cuando era chico.

G.C.: Segundo: ¿cómo ves el futuro de la historieta, tanto en su evolución estética como en sus soportes? Un ejemplo contemporáneo sería Sin las sombras de las torres, de Art Spiegelman, una especie de experiencia autobiográfica distante de los clásicos relatos de aventuras.

T.T.: La historieta puede ser inventada y reinventada una y mil veces. Está en boga en la Argentina la de tipo autobiográfico, que más que nada presenta una anécdota. A mí me parece bárbara esta innovación, de lo contrario nos hubiésemos quedado con las primeras historietas que contenían un texto explicativo al pie. Claro, no muestran una diagramación como las  clásicas: me parece que su ruptura del cuadro y del espacio es renovadora.

G.C.: Entonces dejaría de ser un arte masivo porque estas historietas no son fáciles de leer ni de disfrutar.


T.T.: Al haber salido de los kioscos –y no creo que vuelva a entrar- abandonó su carácter masivo, por lo menos en nuestro país. Pensá que las editoriales argentinas hacen tiradas pequeñas de los libros. Con este tipo de ediciones se encontró un camino nuevo que logró que se publique mucho más que hace diez años. De manera que soy optimista respecto al futuro del género.