martes, 26 de mayo de 2015

TURAY, hermano de aventuras. Por Germán Cáceres



Esta revista apareció en octubre de 1974 y sólo duró cuatro números. Se había propuesto organizarse como una especie de cooperativa de trabajo y renovar la historieta nacional.
Jorge Morhain, que colaboró en la publicación, comenta:
Enrique Meier (preso por estos días en España por un conflicto familiar, con más de 80 años encima) consiguió una punta en Julio Korn para publicar una revista de historietas. Sólo que él decidió hacerla a su modo. Desde el punto de vista del creador: una cooperativa. Estuvimos planeando muchas cosas juntos, y una de ellas fue el nombre. Quería algo autóctono, telúrico. Quería un tipo de letra particular, que marcara lo autóctono, lo antiguo. Estamos hablando de una época con la diezmilésima parte de la información al alcance de la mano que hay hoy en día.  Me fui a la Biblioteca Nacional (de la calle México). Entré al fichero de incunables, y lo primero que encontré (y esto es rigurosamente cierto, ni miento ni fabulo) fue una ficha a nombre de Abdul-Al Azred, de un libro llamado Necronomicón. Emocionado, volví ante el referencista. Pero reboté, porque el señor no sabía de qué estaba hablando. Y yo había ido a buscar un título para la revista, no el libro secreto de Lovecraft. De modo que pedí algunos libros de lenguas y de textos antiguos, dejando para otra vez aquel hallazgo. No se molesten: la ficha desapareció. Así nació el título Turay, hermano. Y para seguir con la onda americanista desarrollé el personaje Manuscritos Apócrifos de la Conquista, episodios muy, muy documentados, sobre posibles alternativas a los relatos oficiales de la Conquista de América. El primer episodio salió en el número 1, con dibujos de Lito Fernández, y el segundo con dibujos de Mandrafina. En el número 3 también hice un par de historias de ciencia ficción que ilustró Macagno. Al llegar al cuarto número Korn cerró la revista, para gran frustración de todos. No sólo nunca cobramos, sino que se rompió el mejor, más serio y digno emprendimiento de hacer algo nuestro, por nosotros.”


Conceptos parecidos sobre el proyecto vertió Juan Dalfiume en la entrevista que le realizó  La Duendes –tanto en su blog como en su libro ¡Bairoletto!-: “Turay iba a ser una especie de cooperativa, pero cuando se empezó a hablar de derechos de reproducción, devolución de originales, unido a las escasa venta inicial de la revista hizo que la Editorial Julio Korn termina con todo.
Su forma era apaisada y su director Enrique Meier declaró en la página editorial del Nº 1 que “Turay es el nombre con que los incas se llamaban entre sí. Designa la más alta cualidad de hombre: su capacidad para ver en los demás, en todas partes, hermanos, amigos, compañeros. (…) porque nuestra historieta está hecha por latinoamericanos (…) porque la experiencia que te proponemos recorrer quiere ser tan viviente que a la postre, lector, te sentirás como un verdadero hermano de aventuras.


A continuación, se opinará sobre la revista a partir del material publicado:
-John Juan es un western que salió en todos los números. Lo guionó Eugenio Mandrini y los dibujos fueron de Dalfiume. En el Nº 1 impacta su gráfica por el fuerte contraste entre negros y blancos plenos, que son enriquecidos mediante grises que a veces ocupan la totalidad del fondo. Se inicia con una pelea espectacular a trompadas en la que el artista no duda en recurrir a una variedad de planos y de encuadres. Todas las escenas de acción son subrayadas por onomatopeyas.  Los textos y globos de Mandrini son literarios, pero favorecen la narración (“No sé si esta lluvia, como dicen, limpia. Pero es necesaria como sol o estrellas encima de uno…)


En el segundo número se le agrega el color de Rubén Marchionne, en el cual el ocre es preponderante. El dibujo repite su creativo montaje de planos como en la historieta anterior, mientras que el guión plantea una historia sobre la traición y la amistad.
En el tercero, el trazo firme del dibujante muestra resonancias del gran Milton Canniff, mientras que Mandrini apunta a valorar la gráfica porque emplea muchos cuadros sin globos y pocos textos explicativos.


Las historietas de Turay se caracterizan por presentar una viñeta de página entera al final de cada episodio. En esta oportunidad, la imagen resulta espectacular con una toma en contrapicada de un muerto y, como fondo, cerca del horizonte, se destacan las espaldas de dos cowboys que se alejan.
En el Nº 4 Marchionne recurre a una coloración llamativa y Dalfiume a sus fuertes escenas de acción para ilustrar una historia narrada por los textos superiores de Mandrini, siempre literarios y funcionales: “Elizabeth, Elizabeth (…) Y tener en la casa a la paz como una lámpara encendida. Y acabar definitivamente con todas las angustias y neblinas de esta vida”. 




-Historias de la Tierra Bárbara trae textos de Euman (Eugenio Mandrini) y arte de Horacio Merel. En su primer episodio, “El Bestia” (“…un apodo que le calza como cajón a un muerto…”) el protagonista se conduce como un matón implacable. Los dibujos son rudos y transmiten el clima de bravuconadas y de duelos a cuchillo.
En el capítulo “Un cachorro que hará historia” del segundo número, el guión expone –con una gráfica acertada- el paseo que da por el desierto un experimentado soldado de fortín acompañado de un muchacho al que aporta sabios consejos de supervivencia. El final revela que el joven es el mismísimo José Hernández.
En “El toreadero”, del Nº 3, Jordan aplica colores vivos a una crónica sangrienta de desafíos entre aborígenes, en uno de los cuales interviene un milico de frontera que obtiene su liberación. Un texto inferior sentencia: “Soldado rotoso: usted no tiene gloria. Su vida es una lágrima rota, y su futuro tiene triste color de ratón.”
En “Frío para un fantasma” (Nº 4), Merel se luce con la ilustración de la última viñeta.


-La cantina de soldado desconocido tiene gráfica de Néstor Olivera y guión de Carlos Albiac. “Paz falsificada” salió en el Nº 1 y ostenta una ficción creativa que conduce con fluidez al lector de un cuadrito a otro. El artista realiza un virtuoso uso del grisado. Bellas las escenas nocturnas de Londres con planos generales, los edificios completamente negros y la inclusión de algunas zonas blancas para sugerir la luz de la luna.
Néstor Olivera prueba su talento en la última viñeta de “Plegaria para dos capitanes” (Nº 2): el primer plano de la cara de un negro, cuyo dramatismo surge de la aplicación conjunta de pincel y de pluma.
Por su parte, “La mano del destino” (Nº 3) recrea una atmósfera melancólica cargada de nostalgia.
En el cuarto número, “Como todas las mañanas”, los ingeniosos textos se complementan con las imágenes de las secuencias de acción.



-Astronáutica es una sección de ciencia a cargo de Enrique Meier. La primera nota trata sobre la posible “Evolución del hombre” a partir de la conquista espacial. La segunda, “El salto al espacio”, sigue con el mismo tema  y opina que esta era se inauguró con el lanzamiento del “Sputnik” el 4/10/1957. En el Nº 3 se reflexiona sobre la desmesura de las “Distancias en el cosmos” y, por último, en el cuarto, se aborda un espinoso asunto: “¿Materia y antimateria?”

-También en los cuatro números aparece una sección de cuentos a cargo de Eugenio Mandrini. “El viaje imposible” (Nº 1) se adscribe a la literatura fantástica y transmite suspenso.  La ilustración corresponde a Domingo Mandrafina, como también la del Nº 2, “La única verdad es la ficción”, que es un relato de anticipación de sentido circular.  En los Nos. 3 y 4, los dibujos son de Alberto Macagno y refieren, respectivamente, el misterioso mundo de las imágenes (“El habitante de los espejos”), mientras que un clima sobrenatural surge de “La muralla”.



-Quién es quién se propone informar sobre la carrera de los artistas que colaboran en la revista. Sólo se llegó a exponer acerca de Ángel Alberto Fernández (Nº 1), Juan Dalfiume (Nº 2) y Horacio Merel (Nº 3).

-Humor, una página a cargo de Pedro Vilar, aparece en los Nos. 1, 2 y 4, con un dibujo a pluma de trazo claro y sencillo.

-Los Manuscritos Apócrifos de la Conquista están guionados por Jorge Morhain y dibujados por Ángel Alberto Fernández. “Bernal Ordoñez Vivar: Viaje a las Indias” (Nº 1) se refiere a la primera expedición de Colón descrita por un tripulante de la Santa María en su diario, en el cual asevera que el Almirante le confesó que ya había realizado ese itinerario en 1477 enviado por el Príncipe Enrique, de Portugal. El texto de Morhain posee como méritos su claridad narrativa y el estar basado en teorías de historiadores. El grafismo de Fernández se luce sobre todo en la viñeta final con las tres carabelas al fondo y, más acá del horizonte, el territorio americano representado como si formara parte del paraíso. Excelente el color de Rubén Marchionne.
En el Nº 2, “Tradición oral del chasqui sagrado”, la gráfica está a cargo de Mandrafina. Los textos superiores e inferiores de Morhain aportan magia a este relato supuestamente apócrifo. Las ilustraciones son magníficas.    





-Las artes marciales -una historieta alabada desde la página editorial- recién aparece en el Nº 3 y asume una orientación.0 didáctica destinada a mostrar los golpes y lances de este sistema de lucha que consiste en usar “la fuerza del adversario para vencerlo” (…) “contra un enemigo de talla física, equipo o número superior.” El guión pertenece a Sergio Almendro y el dibujo a Eduardo Campdepadrós (cinturón negro de karate).

-Supervivencia  (unitaria) apareció en el Nº 1 con textos de Morhain y dibujos de Suchio (Alberto Macagno). El guionista desarrolló una misteriosa y compleja aventura de ciencia ficción en la que un vampiro telepático amenaza a una enorme nave intergaláctica. Solvente la gráfica de Suchio, especialmente en el diseño de cosmonaves y de edificios futuristas.

-Pralape, también unitaria (Nº 2), con guión de A. J. Diax y arte de Mandrafina, se basa en un hecho real: el periodista Ed Samson declaró que sufrió una pesadilla en la que se producía una erupción del volcán Pralape y se la consideró una premonición porque al día siguiente de publicarse la primicia en el diario Globe, de Boston, el suceso ocurrió. Esta es la ficción onírica que entrega tan hábilmente Diax, pero se sabe que en realidad fue una maniobra periodística. Brilla el arte de Mandrafina, que obtiene un ritmo cinematográfico.

-Marty Cobb debe morir (Nº4) lleva guión de Guillermo Saccomanno y dibujos de Ramón Gil. Los textos en segunda persona están dirigidos al protagonista, Marty Cobb. El artista utilizó para este thriller de final amargo un dibujo que aúna síntesis con angulaciones audaces. 



-Catarsis (Nº 3), con textos de Morhain y arte de Suchio (Aberto Macagno), es una compleja e ingeniosa historia sobre el no tiempo y una nueva dimensión. Muy imaginativos los dibujos.

Según Juan Dalfiume, las tapas de los Nos 2 y 4, con escenas de John Juan, las ilustró él; la del Nº 1, que expone un tema espacial, Enrique Meier; y la del Nº 3, acerca de una circunstancia de Historias de la Tierra Bárbara, Horacio Merel.

Pese a su corta duración y a las décadas transcurridas, Turay fue una revista que merece ser leída por los entusiastas del género, ya que encontrarán trabajos de suma calidad y, además, podrán valorar este encomiable intento de editar historietas argentinas.



Germán Cáceres