miércoles, 17 de abril de 2013

Entrevista: Mandrafina


UN CACHO DE CULTURA


Por Germán Cáceres

Roberto “Cacho” Mandrafina nació el 2.11.1945, en la Capital Federal.
Anduvo por Sociología, pero finalmente estudió dibujo con Pablo Pereyra, Ángel Borisoff y Alberto Breccia.
En su producción el cuidado en el relato y la planificación revelan su gran pasión por el cine. No en vano Milton Caniff es uno de los artistas que más admira. Pero su ligazón emocional pasó por el policial negro norteamericano, aquel que erige a Humphrey Bogart como arquetipo de actor, y a John Huston, Robert Siodmak, Howard Hawks, Orson Welles, Robert Montgomery y Charles Vidor (la lista es muy larga) como prominentes realizadores. Dibujando Savarese (1977), donde el guión de Robin Wood narra las peripecias de un triste y solitario agente del FBI, Cacho no puede menos que sentirse a sus anchas.
Hay otra afición –en ella lo acompaña el guionista Carlos Trillo- no tan claramente asumida por este porteño que exhibe un grafismo muy personal: el amor a las tramas temporales, o tal vez a las dislocaciones del tiempo que se plasman en planteos inquietantes como los de Husmeante (1983) y Peter Kampf lo sabía (1987/8). En Los misterios de Ulises Boedo (1981), a ese sugestivo buceo se añade la amenaza de una extraña invasión cósmica. El policial Cosecha Verde es uno de los últimos aportes de la dupla.

Mandrafina, Lalia y Casalla, en 2010

Un dato que merece citarse es que este refinado dibujante se traslada desde su casa de San Antonio de Padua a la Capital para compartir un estudio de dibujo con Enrique Breccia, otro gigante. Junto a este último como guionista gestó Metrocarguero (1984), un interminable viaje por las entrañas de la Tierra.
Entre otros  logros de Cacho se pueden mencionar: Serie Muda (1981/2), El Caballero del Piñón Fijo (1964), ambas escritas por Carlos Trillo; Morgan (1984), guionada por Robin Wood, y con textos de Saccomanno: El Condenado (1976), Derek (1979) y Republiqueta (1983).

 
El clásico Savaresse, con guión de Robin Wood


Germán Cáceres: ¿Qué hiciste después de Peter Kampf lo sabía?
Roberto Mandrafina: Seguí dibujando Savarese y Morgan. Los dos son detectives, pero Morgan apunta hacia los próximos treinta o cuarenta años. Es lo que llamo el trabajo de base, que casi no interrumpo.

G.C.: ¿Elaboraste algo para Europa?
R.M.: Dibujé junto a Enrique Breccia y con guión de Ricardo Ferrari La vuelta.

G.C.: ¿De qué trata?
R.M.: Es una historia que utiliza la máquina del tiempo: viajes a futuros inciertos en los que se inmiscuye el pasado. El personaje central es un profesor aventurero, una especie de loco inventor que busca a Espartaco con su máquina estrafalaria para que resuelva los problemas del mundo.

Página de episodio de Historias Mudas, de Trillo - Mandrafina, publicado en 2010  en La Duendes. Especial maestros de la historieta argentina”


G.C.: ¿Y qué tal resultó la experiencia? Porque es un lugar común que el artista es solitario en su quehacer.
R.M.: Fue enriquecedor porque ambos nos involucramos y pudimos cotejar nuestras ideas antes de llevarlas al papel. Es algo muy diferente a tener un compañero con el que se comparte un lugar y da una opinión poco comprometida, ya que no se trata de su propio trabajo.

G.C: Rompieron con la dosis individualista de que suelen adolecer los artistas.
R.M.: Lo que más me atrae de la historieta es su parentesco con el cine. No quiero decir con esto que dibujo porque no puedo filmar. Me fascinan las posibilidades del relato cinematográfico, que asocio con la forma de narrar de la historieta. El cine, además, es un arte donde resulta inevitable trabajar en equipo.


G.C.: Ese gusto se hace visible en las luces y sombras, en los encuadres y en los ángulos. ¿Algún director influyó en tu obra?
R.M.: Conscientemente no lo sé. Lo que sí puedo afirmar es que me impresionó la iluminación del cine negro norteamericano, los policiales clásicos de los años cuarenta y cincuenta. Los filmes de Howard Hawks y John Huston muestran un empleo maravilloso de la luz para conseguir el clima.

G.C.: ¿Y entre los realizadores más cercanos?
R.M.: El que más celebro es Fellini, pero no le veo ninguna conexión con lo que hago.

G.C.: Sin embargo, El Caballero del Piñón Fijo despliega en su propuesta onírica un aire felliniano.
R.M.: Es posible, como también que la Serie Muda, aunque remita a ese cine, desarrolle algo de esa atmósfera que vos decís.

Página de El caballero del piñon fijo, con guión de Carlos Trillo

G.C.: Peter Kampf fue definida como una ucronía, es decir una ficción sobre lo que hubiese sucedido de haber tomado la historia otro rumbo, ¿qué pensás de este género tan especial?
R.M.: Me encantó dibujar esa mezcla de épocas en la que se trabaja con cosas del pasado como si fueran del futuro.

G.C.: Husmeante presenta a un investigador muy particular, ya que actúa en un mundo donde las mutaciones están a la orden del día.
R.M.: Husmeante es policial en su estructura, clima y ritmo, pero al estar situada en el futuro la historieta adquiere ribetes de ciencia ficción. Lo mismo ocurre con Morgan, aunque aquí el personaje es menos frontal.

G.C.: Claro, porque el Husmeante es un tipo sórdido y cruel.
R.M.: En cambio, Morgan es como un Philip Marlowe del mañana.

Página de Metrocarguero, de Enrique Breccia y Mandrafina

G.C.: El filme Blade Runner, de Ridley Scott, recrea el clima que vos describís.
R.M.: Me gustaría conseguir fotografías de Blade Runner para copiarlas desfachatadamente. Su ambientación es excepcional.

G.C.: Para dibujar tus personajes, ¿te inspirás en actores de cine? Se comenta que los rasgos del Husmeante están calcados de Peter Lorre. ¿Es así?
R.M.: Efectivamente, es así. Aunque siempre procuro cambiarlos un poco o combinar varios rostros.

G.C.: ¿Quién sería Piñón Fijo?
R.M.: Es un inmigrante polaco llegado a los EE.UU. a principios de siglo. Lo saqué de un .libro de fotos viejas que tengo en casa.

G.C.: Para dibujar, ¿usás fotografías?
R.M.: Sólo como documentación, no para la resolución técnica de la historieta.

Página de Los Misterios de Ulises Boedo, con guión de Trillo, en Súperhumor, 1981.

G.C.: De Los misterios de Ulises Boedo también emana un acento fantástico propio de la ciencia ficción. ¿Sos aficionado al género?
R.M.: Lo que yo dibujo no es ciencia ficción pura, sino un juego temporal. Por ejemplo, en una época pasada aparecen cosas que no se conocen y por lo tanto se supone que corresponden al futuro.

G.C.: Respecto a tu amor por el género policial, o con mayor precisión, por la “serie negra”, ¿te acordás de cómo dibujaste Savarese?
R.M.: Por supuesto, y además los guiones de Robin Wood son técnicamente perfectos y poseen la virtud de darle al dibujante todos los problemas solucionados.

G.C.: ¿Qué dibujante influyó en tu estilo?
R.M.: Recibo de todos, pero de ninguno en particular. Desde luego que tengo mis favoritos, pero intento escaparles.


G.C.: ¿Pero Alex Raymon no está latente en Peter Kampf?
R.M.: Si hay algo de él, no fue voluntario. Es el clima clásico lo que emparienta el dibujo de Peter Kampf con Raymond. De esa época yo prefiero a Milton Caniff y Frank Robbins, aunque este último es un poco posterior.

G.C.: Posiblemente el espíritu de Caniff se encuentre en la composición y en el sentido narrativo, pero me parece que tu pincelada, tu manera de manchar está más cerca del clasicismo.
R.M.: Tu observación es válida, pero te aclaro que a quienes más admiro con vistas al soporte técnico son Caniff y Robbins. Ojo, que después de ellos vinieron otros artistas que enriquecieron la historieta y que deben estar presentes en lo que dibujo.

G.C.: ¿A qué otros dibujantes admirás?
R.M.: A Alberto Breccia, Hugo Pratt y Arturo del Castillo.
 
Página de La Vuelta, con guión de R. Ferrari y dibujos de Enrique Breccia y Mandrafina, en Skorpio 1990.
 
G.C.: Una de las mesas redondas de la Feria del libro se denominó “La historieta: ¿sólo un entretenimiento?”. ¿Qué podés decir acerca de esta cuestión?
R.M.: Me estás llevando al lector, como punto final o destinatario de lo que se hace. Yo, particularmente, encaro la historieta como entretenimiento, porque cuando la dibujo me entretengo. Y si cuento con la capacidad suficiente es indudable que voy a transmitir esa experiencia también al que lee.

G.C.: En las entrelíneas de Peter Kampf emergen planteos más profundos, y el Husmeante sugiere una visión del ser humano nada agradable.
R.M.: Sucede que siempre está flotando la forma de pensar, la ideología, la actitud ante la vida y el mundo del autor. Y eso no hay manera de esquivarlo.

G.C.: Pero si la historieta fuese un entretenimiento y nada más, ¿lo encontrarías peyorativo?
R.M.: Para mí no. Creo que entretenimiento es una manera de entrar en las cosas. A mí el arte en general me entretiene, se trate de música, cine, pintura o literatura.

G.C.: Tal vez el desprecio del entretenimiento sea un prejuicio que por suerte está completamente superado.
R.M.: Acordate que Alberto Breccia decía que historieta es un despectivo de historia. Estas reflexiones se generan porque la historieta parece haber nacido mal, como un medio destinado a los chicos. A nadie se le ocurriría plantearse si la novela es sólo un entretenimiento. En la década del sesenta surgieron recién las historietas para adultos, como si fueran acompañando al público que siempre las leyó.

Página de Cosecha Verde, con guión de Trillo, en Puertitas, 1991.

G.C.: En Fierro  -primer época- escribí un artículo “Historietas en movimiento”, en el cual desarrollo la eventualidad de que la historieta termine incorporándose al cine de animación. ¿Qué opinás de ese pronóstico?
R.M.: Entiendo que la historieta morirá a manos del video. La generación de uno iba corriendo a comprar la revista favorita en el quiosco en cuanto salía. Hoy el pibe llega a la casa, enciende el televisor y se acabó. Y me parece válido que prefiera ver un relato de aventuras por televisión, que en este caso cumple la misma función que la historieta. No estoy de acuerdo con la antinomia “Lectura versus televisión”. Y ya que la historieta va a desaparecer, sería bueno apropiarse como dibujante de una parte del video para seguir trabajando.

  
De El dibujo de aventuras, de Germán Cáceres (Editorial Almagesto, Buenos Aires, 1996, 200 páginas).


Crítica a dos de sus libros en este mismo blog

Peter Kampf lo sabía, de Trillo - Mandrafina

El Condenado, de Saccomanno - Mandrafina