lunes, 12 de septiembre de 2016
miércoles, 7 de septiembre de 2016
LEYENDAS EN HISTORIETAS, por Germán Cáceres
LEYENDAS EN HISTORIETAS
Guión: Edgar Antonio Piñeiro / Dibujos: Eugenio Led –Jorge Emiliano
Patino
(Gobierno Provincial de Corrientes, 60 páginas)
Es
de celebrar y aplaudir la idea y producción de María del Pilar Salas para
acercar al público infantil leyendas autóctonas en formato de historieta. Dado
el poder de atracción que posee la imagen, esos lectores se pondrán en contacto
rápidamente con estos mágicos mitos a través de un lenguaje que se enriquece
día a día con las innovaciones de los historietistas contemporáneos.
Los
guiones de Edgar Antonio Piñeiro son lineales para la mejor comprensión del
texto, pero utilizan legítimos y valiosos recursos propios del género, como la
moderna y original planificación. Además, enfoca los trabajos de Led a través
de una anécdota que da cuenta de la leyenda, en cambio en los de Patino la desarrolla
tal cual es.
Eugenio
Led ilustró “El pombero”, “Kaa Pora” y “Karai Octubre”. Su gráfica apela a la
síntesis y a siluetas recortadas en blanco y en negro. La coloración tenue
embellece las viñetas.
Jorge
Emiliano Patino (“El picaflor”, “El irupe” y “La yerba mate”) muestra su
predilección por los colores vivos y se luce en los planos generales. Sus
dibujos –como los de Led – son excelentes pero sencillos, aptos para los
chicos.
La
publicación ofrece al final un glosario rico y sumamente ilustrativo.
Es
de esperar que este tipo de iniciativas se repitan en todo el país.
Germán Cáceres
viernes, 19 de agosto de 2016
Entrevista a SEBASTIÁN DUFOUR, por Germán Cáceres
Nació en 1971,
en la Ciudad de Buenos Aires.
Es ilustrador y
artista plástico.
Cursó estudios
en la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”.
Ha publicado sus
trabajos en varias revistas, entre ellas Noticias,
Fierro, Rolling Stone, Cinemanía,
Def, Gourmet y Orsai. Es
colaborador permanente del diario La
Nación. Durante años también lo fue de Perfil.
![]() |
| Sábat y Dufour |
Ilustró libros,
entre ellos: El niño envuelto, El escarabajo de oro – La carta robada, Dibujo argentino, Ilustración Argentina, Grafías,
Samurai, El tango es puro cuento, Juan
de este mundo, Luna con duendes, Política ATP, El país de los miedos perdidos.
Tuvo a su cargo
las tapas de los libros La gran extranjera,
de Michel Foucault; La economía de las
desigualdades y La crisis del capital
en el siglo XXI, de Thomas Piketty; La
riqueza escondida de las naciones, de Gabriel Zucman; El diálogo, de Graciela Fernández Meijide y Héctor Ricardo Leis, y Te amaré locamente, de Jorge Fernández
Díaz.
Realizó numerosas
exposiciones.
Algunas de sus múltiples
distinciones fueron: 1er. Premio Dibujo, Concurso “El retiro”, CGP CBA (1999);
Premio Diario Perfil 2009/2010 a la Mejor Ilustración; Mención especial en el
Concurso de Pintura “Homenaje a Picasso” y Mención especial del jurado APTHGRA
“Pintura al aire libre”, ambos de 2012; Premio ADEPA diario La Nación,
Categoría Caricaturas e ilustraciones” (2013); 2º Premio Concurso de Pintura al
aire libre “120 años de la Avda. de Mayo”(2014); 1er. Premio Concurso Nacional
de Dibujo en homenaje al centenario del nacimiento de Aníbal Troilo y de Julio
Cortázar (Centro Cultural Recoleta) (2015).
GERMÁN CÁCERES: Sebastián, en tus ilustraciones se observa un
importante sentido pictórico que debe provenir de haber estudiado en Bellas
Artes. ¿De qué manera funciona esta formación académica en tu trabajo?
SEBASTIÁN DUFOUR: Estudié en la Pueyrredón un par de años, no pude
terminar la carrera. Pero ese tiempo funcionó como estímulo para interesarme
por la pintura ya sea viendo libros, visitando muestras o pintando en
caballete.
Sin dudas, esa información plástica
se fue incorporando en mi manera de trabajar.
G. C.: En una biografía sobre tu obra que apareció en Internet leí
que profesás una gran admiración por Picasso y por Giacometti. Sería
interesante que expliques tu visión de la producción de estos dos grandes
artistas del siglo XX.
S. D.: Me interesan particularmente porque son grandes dibujantes,
más allá de su pintura o escultura. Sólo sé que ver sus obras, leer sus biografías
o incluso ver fotos relacionadas a ellos me estimula a producir. De Picasso me
atrae su continua búsqueda de la forma enmarcada en los temas clásicos -retratos,
figuras, paisajes, bodegones, etc.- Y de Giacometti, por el contrario, aprecio
la repetición de un concepto tanto en lo formal como en lo temático.
G. C.: En tus ilustraciones observo una atmósfera surrealista, cercana
al espíritu de René Magritte. Por ejemplo, en una de ellas una hermosa y
gigantesca boca de mujer –de dientes y labios espléndidos – está sostenida por
varios hombrecitos muy pequeños. En otra, un novio diminuto se encuentra
sentado en la mitad de una torta de casamiento, la cual está coronada por el
vestido de la novia, del que sólo se ve una parte. ¿Estás de acuerdo con esta apreciación o se
trata de una percepción personal mía?
S. D.: Es una interesante apreciación y estoy de acuerdo, si bien
no tengo muy presente a Magritte a la hora de trabajar. Pero es un artista que
me encanta y al que siento cercano, cosa que no me pasa con casi ningún otro surrealista.
G. C.: Siguiendo con la pintura, un dibujo tuyo de bailarinas de
ballet remite a los famosos cuadros de Degas. También hay uno que representa
una noche con una especie de sol en lugar de luna, en el cual para mí sobrevuela
la atmósfera de “La noche estrellada”, de Van Gogh. ¿Cuál es tu punto de vista
acerca de estos dos eminentes representantes del impresionismo?
S. D.: Degas me fascina, es maravilloso. Me llama la atención la
referencia a Van Gogh ya que no pensaba en él al hacer ese dibujo, pero
bienvenido sea si en algo te lo recuerda. Recién pude disfrutar de sus obras
cuando las tuve delante, en Ámsterdam. Me impresionó la calidad y cantidad de
obras que logró en tan poco tiempo.
G. C.: Ya que sos un enamorado de la ilustración y de la pintura,
¿qué opinión te merecen tendencias como las intervenciones, las performances, las instalaciones y las distintas
variedades del arte conceptual?
S. D.: Digamos que no estoy cerrado a visitar muestras sobre nuevas
tendencias aunque me cueste un poco digerirlas. Será por la influencia de mi
pareja Rossana, que tiene una idea más abierta del arte y ha realizado algunas performances bastante copadas.
Como enamorado de la ilustración y
la pintura me quedo con el tablero y el caballete.
Lo más cercano al arte en vivo que experimento es cuando
pinto o dibujo frente a la mirada de espectadores.
G. C.: ¿A cuáles ilustradores
admirás? Me imagino que a clásicos como Gustave
Doré o como, más cercanamente, Charles
Dana Gibson y James Montgomery Flagg. ¿Pero quienes son para vos los máximos
exponentes contemporáneos de este arte?
S. D.: Conozco más de ilustradores contemporáneos como Norman Rockwell,
Mort Drucker, Al Hirschfeld, Alberto Breccia, Carlos Nine, y las ilustraciones
de los pintores como Daumier y Alphonse Mucha.
G. C.: ¿Cómo experimentás tu trabajo de ilustrador de libros, sobre
todo de los destinados a los jóvenes?
S. D.: Siempre es un desafío ilustrar, ver de que manera contar
algo y que sea original e interesante tanto para jóvenes o adultos. Pero el
mayor esfuerzo me surge a la hora de ilustrar para niños pequeños en donde la
fantasía es lo más importante. Aparecen
planteos diferentes a lo que es habitual para mí. Como mi estilo tiende
a ser realista, me resulta difícil dar con el lenguaje plástico adecuado.
G. C.: ¿Y respecto a las tapas de libros?
S. D.: Busco una imagen potente y clara a la vez. Finalmente gana
mi estilo pictórico por sobre lo lineal.
G. C.: Me entero por la web
que colaboraste en varios estudios de animación. ¿Qué tal tu paso por este
ámbito?
S. D.: Generalmente me llaman de algún estudio de animación porque
les interesa mi soltura al dibujar, cierto aire “plástico” que puedo aportarles
en contraste con lo frío que puede resultar trabajar solamente con lo digital.
Así que hago lo mío y no me meto mucho en la animación en sí o en el 3D, sólo
agrego mi toque en el mejor de los casos.
G. C.: ¿Tuviste oportunidad de ver algún filme de Hayao Miyasaki o
de Bill Plympton?
S. D.: Si, claro. Ambos son geniales. Hace unos cuantos años hice unas
ilustraciones para un libro infantil La
princesa y la Luna que nunca se editó -al menos hasta ahora-. Me doy cuenta
recién con tu pregunta que allí, en los personajes, hay algo de Miyasaki.
G. C.: En la composición y distribución que planteás se observa una
melancolía que –en mi opinión – parece ser de origen literario. Por lo menos tal
sensación se desprende de una ilustración sobre la novela Si te vieras con mis ojos, del chileno Carlos Franz. En ella se observa
un paisaje de ensueño en blanco y negro con ornatos en gris. Hay palmeras y en
la orilla del río una pareja elegantemente vestida. Más allá se divisan
montañas. ¿Compartís esta impresión?
S. D.: Agradezco la observación. El haber colaborado durante tantos
años en el Suplemento literario ADN de La Nación hizo que me relacione más con
la literatura, que me acerque a los escritores a través del dibujo, sumado a la
lectura que uno hace de por sí.
G. C.: También se puede señalar un costado metafísico en tus figuraciones
borrosas, casi fantasmales y con personas estilizadas a la manera de
Giacometti. Así, en una de ellas un chico está corriendo en una llanura
desierta, al parecer dirigiéndose hacia un vacío absoluto. De paso advierto que
aparecen muchos pibes en tus obras, como esa maravilla que representa a un niño
que juega a la pelota frente a una casa en Devoto.
S. D.: La niñez aparece bastante en lo que hago, me lo han hecho
notar varias veces.
¿Será por que recuerdo mi infancia
con muchísima alegría? Jugar a la pelota y dibujar es estupendo y lo haría toda
la vida, aunque ahora estoy un poco alejado de las canchas.
¿Cómo representar lo eterno de un
recuerdo? Sin darme cuenta, las imágenes desdibujadas, fuera de foco ó
sugeridas que ilustro, conectan más directamente con lo emocional, lo espiritual,
lo universal.
G. C.: Es innegable que en tu grafismo se advierte una tendencia
preciosista, así como un enfoque moderno que busca la originalidad. En un
retrato de Kafka sólo asoma una mínima parte de la cara mientras un pincel la
está dibujando. Acompañando una nota publicada por La Nación, se distinguen –predominando el tono rosa – el plano
medio de una chica sensual y cerca de ella a un muchacho que duerme cubierto
por una sábana. Estos detalles parecen formar parte de tu estética. ¿Es así?
S. D.: Sí, tengo la tendencia a buscar lo simple, a no complicar las
cosas gráficamente hablando, pero a la vez me gusta que se aprecien volúmenes,
texturas, luces, sombras, etc. Me interesa que el dibujo dé la apariencia de
haber surgido fácilmente, casi sin esfuerzo. Para que esto suceda muchas veces
repito el trabajo -puedo estar horas tratando de solucionar esa complejidad-. Busco
un resultado que tienda a resultar natural, como la caligrafía japonesa.
G. C.: Tango cruzado, con
guión de Max Aguirre, es la única historieta que hiciste. Sin embargo, revela,
además de un sentido innovador, un sólido conocimiento técnico sobre la
composición de página y el manejo de los planos. Asimismo, hay audaces perspectivas
inclinadas y onomatopeyas de variados diseños. Responde al clima nocturno y
fantasmagórico de tus ilustraciones. ¿Te sentiste cómodo en el género? ¿Pensás
volver a él?
S. D.: Gracias a la propuesta de Max de hacer esta historieta, me acerqué
al género. Dibujando Tango Cruzado fui
ganando entusiasmo y descubriendo que salían cosas interesantes en cada página.
Fuimos, a través de los capítulos, ampliando las viñetas y disminuyendo el
texto; así, el relato ganó en lo visual.
Los historietistas tienen un oficio
y ritmo de trabajo que no sé si está dentro de lo que prefiero. De todos modos,
alguna historieta cada tanto haría ¿por qué no?
G. C.: ¿Aparte de seguir con las ilustraciones, tenés algún otro proyecto?
S. D.: Los proyectos van surgiendo para mi sorpresa sobre la marcha,
y si se dan las condiciones necesarias uno se suma. En lo personal simplemente
dibujo, ilustro y, de tanto en tanto, me animo a la pintura a mayor escala. Eso
es todo.
martes, 9 de agosto de 2016
YERBUDÍN de Florencia Paccela, por Germán Cáceres
(La Duendes
editora, Comodoro Rivadavia, 2016, 110 páginas)
El
libro aclara que “Florencia Carolina Paccela (Pace) nació el 23 de julio de
1992 en Junín, Buenos Aires. Estudió Diseño Gráfico y Diseño de Historietas en la Universidad de
Palermo. (…) Se interesa por los enigmas de la humanidad, su historia, cultura,
religión y en mayor medida, todo lo que rodea al fenómeno ovni…” Por eso cita
en estos trabajos humorísticos al cerro Uritorco, a los geoglifos de las líneas
de Nazca (Perú) y al célebre ufólogo suizo Georgio A. Tsoukalos.
Los
tres principales protagonistas son un chico, un extraterrestre (Yerbudín) y
Dios (representado por el clásico triángulo de la Santísima Trinidad ).
Pace
es irreverente y desopilante, pero respetuosa. Es que observa el mundo con
alegría y desparpajo. En una sucesión de cuadritos se explica que la virgen
María fue abducida por una nave espacial y que la estrella de Belén no sería otra cosa
que un ovni. En un cuadrito Yerbudín le grita al chico: “¡Corré! ¡Una invasión zombie!”,
y enseguida le aclara señalando el triángulo: “Todo porque el hijo de éste
prometió la resurrección de los muertos”.
Pace posee una chispa inusual, plena de
originalidad. Su gráfica segura y sólida apela a la síntesis y a la
simplificación. Los dibujos sencillos y grises están presentados en cuadritos que
en su mayoría carecen de fondos. Los globos de diálogo quedan reducidos a dos
rayitas: una curva que engloba el extremo derecho del texto y la otra –una
especie de palito – que señala al emisor.
Yerbudín cuestiona dentro de un humorismo lunático y disparatado la existencia
del universo: “Ay, como si todo en la vida tuviera sentido”, afirma el chico
con sorna.
Celebremos
este divertido libro dándole la bienvenida con una de las tantas ocurrencias de
Pace: en uno de los cuadritos se afirma “¡Es un pájaro!”, “¡Es un avión”!”,
“¡Es superman!”, “¡Es un ángel!”, y luego un amiguito del chico acierta “¡Es un
ovni!”.
Germán Cáceres
domingo, 17 de julio de 2016
Carlos NINE (1944 -2016)
Ayer sábado 16 de julio, a los 72 años de edad falleció CARLOS
NINE, dibujante, pintor, escultor, escritor. Enorme repercusión y consternación
provocó su partida en el ambiente del dibujo y la cultura, a nivel nacional e
internacional (España, Francia, Italia, Estados Unidos, etc.)
Nine era un autor admirado por sus colegas, uno de esos autores
al que, por su talento, se señalaba como “genio” (en el amplio y real sentido
de la palabra). Era un innovador, con una gráfica sumamente personal, un autor
que expandió fronteras.
Su obra se puede rastrear, desde los años 80, en una enorme
cantidad de revistas, diarios, libros, afiches, etc, etc.
De unos años a esta parte, con la partida de tantos maestros
del dibujo, en Argentina parece que estamos siendo testigos de un final de
época. Una enorme pérdida.
Nuestras condolencias a familiares y allegados.
En este blog se puede leer una entrevista a Nine, realizada en dos partes:
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| Las fotos fueron tomadas durante una entrevista en su estudio. Se pueden ver originales de su personaje Fantagás. |
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| Fotos: A. Aguado |
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| Serie de la revista Humi |
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| Personaje en la revista Fierro, años 80. |
![]() |
| En revista Co & Co |
![]() |
| Página del personaje Fantagás. |
![]() |
| Página de Pampa |
![]() |
| Página del personaje El patito saubón. |
lunes, 11 de julio de 2016
SAGA «Los abuelos de Hazle», por Germán Cáceres
SAGA
«Los abuelos de Hazle»
Guión: Brian K. Vaughan
Dibujos: Fiona Staples
(Utopía Editorial-Deux Studio, Buenos Aires, 2015, 160 páginas)
La
narración de Brian K. Vaughan (un historietista muy reconocido que intervino en
el guión de la exitosa serie de televisión Lost)
es exigente en su lectura por la cantidad de personajes y los múltiples episodios
que se desarrollan a través de un montaje paralelo. Abundan las elipsis, y las
bifurcaciones de la trama son tajantes. Además, su historia es audaz y creativa
al concebir insólitos extraterrestres: algunos poseen cuernos, otros carecen de
cabeza o de brazos, los hay que tienen ojos en el pecho o alas en la espalda, y
las deformidades siguen (humanoides con un televisor antiguo como cabeza, una
gigantesca gata que habla, una mujer araña asesina, una adolescente fantasma
que le falta la parte inferior del cuerpo y se le ven los intestinos).
Saga fue presentada como “Star Wars conoce a Juego de tronos” y sus monstruos remiten a la creación de George Lucas
y sus escenas violentas a la de George R.R. Martin. También se ha señalado que
su concepción atemporal, tan alejada de nuestro planeta Tierra, en cierta forma
evoca a El Señor de los anillos, de
Tolkien, y este cóctel con naves espaciales que a tramos parecen pulpos
metálicos da como resultado una obra valiosa pero también rara y perturbadora.
Los
sucesos están narrados por Hazel, la hija de Alana –oriunda del planeta
Landfall – y de Marko –nacido en el satélite Wreath –. Ambos mundos están en permanente
guerra pero –para evitar salirse de sus órbitas – la han exportado a otras zonas
del universo y desatado de esta manera un conflicto intergaláctico. Los padres
de Hazel asumen un amor prohibido al pertenecer a distintas razas: ambos se
conocieron en una prisión, donde Marko estaba en cautiverio vigilado por Alana,
que leía Un cigarro en la noche, de
D. Oswald Heist, un cíclope negro que
aparece en el último tramo del libro.
La
gráfica de Fiona Staples (considerada una de las más destacadas artistas de la
actualidad) es deslumbrante. De sus dibujos se desprende una belleza plástica restallante,
en los cuales la potente coloración de innumerables tonos gira hacia el
contraste. Se suceden bellas ilustraciones en relieve en viñetas de página
entera, como si fueran figuras tridimensionales que se desplazaran en paisajes
de ensueño. El lector tiene, así, la sensación de asistir a una exposición de
cuadros.
Saga obtuvo
tres premios Eisner en 2013 y en mismo año recibió por el primer volumen
recopilado el premio Hugo a la mejor novela gráfica de ciencia ficción.
Germán Cáceres
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