martes, 8 de abril de 2014

Los 90, un vacío no tan vacío (primera parte)

Análisis resumido de una década que marcó un quiebre

Con el transcurrir de los años se ha impuesto una imagen de la historieta en los  90 que indica que su característica fue el vacío, la nada. Antes bien, lo apropiado sería señalarla como una etapa de desconcierto y de profundos cambios.
Hasta la segunda mitad de esa década existieron tres grandes editoriales que marcaron los rumbos de la historieta argentina: Columba, Record y La Urraca. Un poco más atrás les seguía los pasos El Globo editor, del guionista Carlos Trillo.
Hasta principios de los 80 los límites estaban muy claros. La historieta “seria” era de aventuras clásicas, caracterizada por un dibujo de estilo realista y temáticas que giraban en torno a géneros específicos. Por su parte, el humor gráfico se permitía una mayor libertad en cuanto a argumentos y estéticas. Desde mediados de los años 40 la historieta dominante en el país era la de producción propia.

Revistas de La Urraca en los años 70 y 80.
La editorial La Urraca modificó los límites a través de sus revistas Humor, Chaupinela –su antecedente-, El Péndulo, Superhumor, Humi, Fierro, País Caníbal, Sex Humor, Hora Cero (nueva época), Raf, etc. Los corrió, los desdibujó, introduciendo en el país las llamadas historietas de “autor”, la under, la experimental y las extranjeras de vanguardia (principalmente europeas). Si algo caracterizó a las publicaciones de la editorial, fue ser innovadora en todo sentido y presentar material de gran calidad. Tan fundamental fue su huella en el lapso que va de la segunda mitad de los 70 a principios de los 90, tanto moldeó el gusto de los lectores y autores que surgieron entonces, que después nada fue lo mismo.  Con la progresiva extinción de La Urraca durante ese período, debido a la baja en las ventas y los numerosos juicios a los que debió hacer frente –en particular del gobierno menemista-, aquellos que eran sus lectores quedaron huérfanos con su cierre definitivo.
Revistas de La Urraca en los 80 y 90.

Si bien en un determinado momento de esa época Columba (El Tony, D`Artagnan, Nippur Magnum, Fantasía, Intervalo, etc.), intentó captar parte de los lectores de La Urraca y de Record, sumando a sus filas colaboradores de ambas editoriales, no lo logró y en cambio perdió una parte importante de los propios. Pese a ello, durante ciertos tramos de aquella década su material mostraba un importante repunte en la excelencia con una propuesta más acorde a los nuevos tiempos. Pero parte de esa innovación se motivó en que se estaban adaptando a los gustos del lector italiano, país en el que revendían su producción. Tras esa etapa nuevamente modificaron el rumbo para dedicarse con exclusividad a la reedición de sus personajes y series de éxito, material en algunos casos de varias décadas atrás. Hasta 2001 la editorial siguió presente con las reediciones, en el formato comic book norteamericano (revistas de 32 páginas). Les funcionó, pero la crisis económica y manejos empresariales errados provocaron que Columba cerrara para siempre.
Tapas de revistas de Columba en los 90.

Tapas de los títulos que publicaba Columba en formato comic book, antes de su cierre

Por su parte, editorial Record (Skorpio, Pif Paf, Corto Maltés, Tit Bits, Skorpio extra, Gunga Din, El Tajo, Fénix, etc.), que en su momento había probado sin suerte competirle con El Tajo a Fierro de La Urraca, también publicaba material valioso a través de Skorpio. Desde principios de los 90 esa revista había sumado a sus filas nuevos colaboradores, tanto periodistas como guionistas y dibujantes, imprimiéndole a su propuesta aires renovados. Perfección y originalidad fueron sus características, pero sin alejarse de una estética realista. Pese a ello, el declive económico del país y por lo tanto del poder adquisitivo de la población, sumado a la imposibilidad de revender material al exterior sin pagarle a los autores por esa operación (como sucedía antes) y así obtener fondos extras, concluyeron en el cierre.
Tapas de revistas de Record en los 70 y 80.

Tapas de revistas de Record en los 90.

El Globo editor fue creado por Carlos Trillo para canalizar en el país la producción que realizaba para el exterior a través de las revistas Puertitas (y sus variantes Sexy y Terror), La Risa o el comic book Cyber Six. En gran medida funcionó como un complemento de las publicaciones tradicionales. Pese a que nunca llegó a imponerse como una editorial fuerte, aportó algunas sagas de éxito, como Fulú, con dibujos de Eduardo Risso, y, en particular, Cyber Six, con arte de Meglia. Serie, esta última, de la que filmaron varios episodios para la televisión. La repercusión que no obtuvo en el país debido a los profundos cambios sociales, la consiguió en Italia. Aunque nunca le fue del todo mal en las ventas, el propio Trillo reconoció públicamente que hacia 1994, año en que cerró, apenas cubrían los costos. Hacia 1995 el sello se mantuvo, pero asociado al de Meridiana, nombre con el cual publicaron algunos números de una revista. Hasta fines de la década editaron historietas nacionales y extranjeras en formato comic book. En cierto modo fue como una continuación acotada de El Globo Editor.

De los años 90.


Hubo intentos de reflotar o continuar las fórmulas de La Urraca, de Record y de Columba, a través de revistas que tuvieron mayor o menor suerte.
La Urraca editó País Caníbal, con los referentes de las nuevas líneas surgidas en Fierro, pero no contó con el apoyo de los lectores y el proyecto se agotó en el tercer número.


La Parda fue una revista independiente en la que se destacaban algunos de los nuevos valores surgidos en Fierro, cuyos estilos estaban mayormente a mitad de camino entre el dibujo realista y las tendencias experimentales. Poseía personalidad, con material de buen nivel, cuyo punto flojo lo representaban las notas y páginas a color mal impresas. 


De la revista Suélteme aparecieron cinco números discontinuados entre 1995 y 1999, en los cuales se publicaban varios de los referentes de las nuevas orientaciones aparecidas en Fierro. En cierto modo era una buena versión ampliada del suplemento Óxido, de esta última.


La revista Cóctel tuvo dos etapas bien definidas: en la primera dominaba una estética profesional cuidada, que transmitía imagen de excelencia, y la segunda se percibía más caótica y transgresora. Sus contenidos fueron una mezcla de diversas estéticas, géneros y temáticas: planteos experimentales, manga, under, historieta clásica, superhéroes, humor, etc.


Lápiz Japonés, ideada por Sergio Langer, Ralveroni, Bianchi y Kern como una revista-libro-objeto de arte de 200 páginas, agrupó a talentos consagrados y emergentes del momento. Con una propuesta muy profesional, de altísimo nivel, se caracterizó por una estética de vanguardia e irreverente (anunciado desde el título). Se podría decir que en el país representó el punto máximo alcanzado por los nuevos movimientos en cuanto a cantidad, calidad y amplitud de propuestas. En ese sentido aún no ha sido superada y en la historia argentina del género quedará como “LA” revista experimental.

King Comics”, editada en 1994 por Roger King producciones, con 48 páginas a todo color, fue un intento de continuar las historietas de corte tradicional.  Su staff lo integraban autores de extensa trayectoria que formaban parte de Skorpio.


Otra de aquellas revistas antológicas fue “Puño Fuerte”, que adoptó el nombre de una publicación de gran renombre décadas atrás.  El primer número apareció en diciembre de 1996, con 64 páginas impresas a todo color en papel ilustración. Continuaba las líneas de Record y Columba, con notables profesionales de ambas editoriales. Un aspecto poco positivo fue que los textos de las historietas estaban realizados con una tipografía tipo máquina de escribir, con lo cual se transmitía una imagen fría e impersonal.



De la revista “Hacha” aparecieron unos pocos números entre 1997 y 2000 a los que se suman algunas ediciones especiales. La integraban autores profesionales en la línea de Record, con una propuesta de alto nivel.

De El Tripero se editaron sólo algunos números, básicamente adscripta a una corriente de experimentación. Integrada por los alumnos del taller de Alberto Breccia, el material mostraba una evidente influencia del maestro.

Otro editora de fines de los 90 fue Comic Press, con títulos publicados en formato comic book, como El Eternauta odio cósmico, historia que en su momento causó cierto revuelo por considerársela “pirata; El ojo Blindado –de enorme calidad gráfica-; Zonda; Mark 2 (personaje este creado en Editorial Columba); El reino de los dioses, entre otros. También, desde esta editora, en 1998 hicieron un intento de reflotar Skorpio.

Algunos títulos de Comic Press, entre ellos la reedición de Skorpio.

Asimismo, una nueva generación de autores comenzó a asomar por todo el país a través de numerosos fanzines, que constituyeron la segunda oleada después de la del los 80.
Una revista impresa en formato pequeño, a todo color y orientada a un lector joven, sobresalió a fines de los 90: Ultra. Mediante una propuesta donde prevalecía la excelencia, con una gráfica y guiones modernos, logró gran aceptación, pero la crisis económica truncó el proyecto. Su propuesta fue innovadora y parte de su material la trascendió, publicándose en el exterior o compilándose en libro con la llegada del nuevo siglo. 



El gran éxito de la década fue la historieta “Cazador”, editada en comic book a cargo de La Urraca y orientada a un lector joven, con una tirada de alcance masivo. Tal vez entre sus principales características, las que le hicieron ganar el favor de los lectores, fue la transgresión, la violencia excesiva, parodias llevadas a extremos grotescos y un humor chabacano. Reflejaba una sociedad decadente, violenta y corrupta. En cierto modo funcionó como un espejo con el que identificarse y, a la vez, como catalizador del descontento y desconcierto que se vivía por los profundos cambios sociales.  


La próxima semana la segunda parte con las conclusiones.

jueves, 3 de abril de 2014

Presentación del libro ¡¡FACUNDO!!, de José Massaroli


La historieta biográfica sobre el célebre caudillo riojano que pasó a la leyenda como El Tigre de los Llanos, defensor incansable del federalismo, escrita y dibujada por José Massaroli en el año 1984, fue publicada originalmente en el diario La Voz a lo largo de 205 páginas diarias. 
Hoy, la editorial la Duendes presenta un nuevo libro con la historieta completa rediagramada, en 96 páginas a gran tamaño. 
Habrá una charla con los autores del prólogo y la nota de presentación del libro, el historiador Pablo J. Hernández (miembro de los institutos Juan Manuel de Rosas y Manuel Dorrego), el bien conocido historietista Silvestre "Frank" Szilagyi, y el autor, con la coordinación del investigador Felipe Ávila. Luego, brindis y firma de ejemplares.

El evento se desarrollará el 7 de abril en la Biblioteca Nacional, Aguero 2502, CABA. Sala Juan L. Ortiz, a las 19 horas.

martes, 1 de abril de 2014

Entrevista: Tati (segunda parte), por Germán Cáceres

 Entrevista de 1994. 
Todas las páginas que ilustran la entrevista fueron publicadas en la primera época de Fierro.


Héctor Omar Martín (Tati) nació el 27 de diciembre de 1957, en Santos Lugares, Provincia de Buenos Aires. Nunca se mudó de barrio.
Completó sus estudios secundarios recibiéndose de técnico mecánico, sin haber adquirido conocimiento alguno. Es que faltando tres años para recibirse descubrió que su vocación era hacerles caricaturas a sus profesores y no aprender lo que ellos enseñaban. De ese período sólo recuerda a sus compañeros y el discurso humorístico que escribió y dijo en la fiesta de graduación.
Hizo cursos de Dibujo de la Figura Humana, Ilustración Publicitaria y Dibujo Humorístico. También concurrió a talleres de guión de historietas, guión cinematográfico y dramaturgia. Paralelamente, compró libros de dibujo e inició en forma autodidáctica la búsqueda de “su estilo”. Pero nada fue tan importante en su desarrollo como los conocimientos que le transmitió el profesor Frank Szilagyi en el curso de historietas organizado por la Asociación de Dibujantes de la Argentina.
Comenzó a publicar en Fierro -primera época- al sacar una mención especial en el rubro historieta integral (guión y dibujo), en un concurso realizado por esa revista. En otro certamen convocado por la misma publicación, y en el cual votaban los lectores, una de sus historietas obtuvo el 2º puesto entre los dibujantes nuevos. Sacó una mención especial en un curso de historietas sobre SIDA Y MAL DE CHAGAS, organizado por la Federación de Clínicas y Hospitales Privados.
Participó de varias exposiciones colectivas, entre ellas: la Bienal del Humor y la Historieta Argentina en la Provincia de Córdoba. En 1990 recibió el 1er. Premio de historieta del ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana) y en 1993 el 1er. Premio Ilustración de Cuentos Infantiles de la Editorial Colihue.




G.C.: Yo diría que tu humor hace digerible la amargura.
Tati: Todo se originó viendo teatro nacional. Así, en las obras de Roberto Cossa y de Oscar Viale, yo sentía que había un humor terrible que brotada de más adentro, que provocaba una risa diferente.

G.C.: ¿Te referís a La Nona, de Cossa?
Tati: Sí, pero más a No hay que llorar, del mismo autor, que versa sobre una familia que termina matando a la madre para heredarla. Suscita risa con una tragedia: es un humor liberador que torna comprensibles a los personajes.

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G.C.: En tus historietas está presente el sexo en forma desenfadada. Por momentos, hay una clara alusión a los órganos genitales, y las copulaciones se registran con desparpajo. Asimismo, existe una actitud irreverente hace los símbolos religiosos. ¿Por qué esta postura provocativa?
Tati: Yo me expreso con las posibilidades que tengo, no me censuro. Por tanto, no veo motivo para no utilizar el sexo como cualquier otro objeto o situación. Mi temática sexual hay que ubicarla dentro del contexto general de mis historietas.

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G.C.: Pero, sin embargo, se nota un énfasis en materia sexual: abundan los incestos, el lesbianismo, la homosexualidad, la impotencia y hasta cierto exhibicionismo.
Tati: Es un modo de sincerar un medio de expresión, en este caso la historieta. No se observa la misma disposición en el cine o en la televisión, porque no se sinceran y existe más hipocresía. El sexo es cosa de todos los días, y aunque no parezca yo lo trato con inocencia.

G.C.: ¿Tus historietas satirizan a algún sector social?
Tati: En ellas hay maldad, pero no apruebo la división entre buenos y malos. No encuentro entonces un sector al cual golpear. En varias de mis historietas aparecen burlas a la iglesia católica, pero no constituyen un ataque contra ella. Si existen chistes sobre gallegos y opas, ¿por qué no puedo hacer chistes sobre religión? Si algunos se sienten molestos y se sensibilizan, ya no es problema mío. Uno incorpora los temas que se le presentan a diario. Pese a no tener demasiada “vuelta” de lo que hago, he recibido cartas donde se me acusa de ser irrespetuoso con la religión. No estoy de acuerdo y pongo un ejemplo. Si un católico canta en la Argentina el famoso estribillo: “Tengo una vaca lechera/ no es una vaca cualquiera/ me da leche merengada/ hay que vaca tan tarada”, no va a tener problemas. Pero de cantarlo en la India, como allí la vaca es un animal sagrado, ¿debería ser considerado irreverente? No creo que haya que cruzar la frontera de un país para interpretar de distinta manera los símbolos.


G.C.: ¿Vivimos en una sociedad prejuiciosa?
Tati: Exacto. Y yo utilizo la historieta como si fuera una columna periodística para expresar mis ideas, y entre ellas figura combatir el prejuicio.

G.C.: ¿Nunca probaste hacer humor gráfico de un solo cuadro?
Tati: Todavía no hallé la forma de expresarme en un solo cuadro, pero me agradaría y tal vez desemboque en ello, pues es una forma rápida y directa de verter ideas.

G.C.: ¿Dónde estudiaste dibujo?
Tati: No estudié dibujo clásico porque no me gustaba. Empecé interesándome por el dibujo humorístico y cuando salió la revista Superhumor, que comenzó a dar cabida a artistas con personalidad, capaces de realizar obra de autor, resolví estudiar dibujo de historietas y humorístico.


G.C.: ¿Aprendiste dibujo por correspondencia?
Tati: Adquirí cursos completos por correspondencia, pero los utilicé como libros de consulta. Yo compraba el curso y no mandaba las lecciones; sólo dibujaba algunas.

G.C.: ¿A qué escuela fuiste?
Tati: A la Asociación de Dibujantes de la Argentina, donde los mismos profesionales transmiten sus conocimientos. Allí tuve un gran maestro: Frank Szilagyi. Él me enseñó composición, es decir, el dibujo invisible de lo que se ve, la faceta oculta del trabajo; en otras palabras, las innumerables líneas que necesito para pergeñar en los bocetos. Es una manera de emblocar el dibujo, de diseñarlo. A Szilagyi le debo poder disfrutar la tarea. Su ascendencia fue tal, que yo también tengo ganas de enseñar, de algún día ser profesor, de transmitir lo que aprendí.



G.C.: ¿No emana de tus trabajos un fondo de desolación?
Tati: Es muy posible que sean muy críticos y bajoneantes, hasta trágicos. Me he preguntado yo también por su sentido, por su falta de religiosidad. Es que para mí la vida concluye con la muerte, no hay otra oportunidad. El momento para decir lo siento es éste; no habrá un más allá con una vida eterna. Y creo que todo lo que guiono o dibujo está vinculado a ese pensamiento. Si no poseo otra vida, no puedo dejar de abordar el tema sexual porque existan prejuicios sociales. A las contradicciones fundamentales “Liberación o dependencia” y “Democracia o dictadura”, agregaría “Vida eterna o gusanos”.  Porque nos van a terminar comiendo los gusanos. Frente a este futuro tan terrible, resulta imperativo aprovechar el trozo de vida que tenemos. En eso encajan mis ganas de vivir, las que intento expresar a través de la historieta humorística.

De Así se lee la historieta, de Germán Cáceres (Beas Ediciones, Buenos Aires, 1994, 168 páginas). 

martes, 25 de marzo de 2014

NAVARRITO de Ricardo Barreiro y Alberto Dose. Por Germán Cáceres

(La Duendes editora, Comodoro Rivadavia, 2013, 82 páginas)




Esta historieta se publicó originalmente en 1986 en la revista Fierro, primera época.
El relato transcurre entre el otoño de 1930 y mayo de 1931. Enrique Navarro (Navarrito) es un cronista de la sección Policiales del diario Crítica, en cuya Redacción aparece el gran Roberto Arlt frente a su máquina de escribir.

AlbertoDose exhibe su capacidad artística ilustrando el Buenos Aires de esos años con viñetas de exquisita belleza no exentas de un aire decorativo. A veces predomina el blanco con dibujos a pura línea, y otras, el negro pleno que se distribuye en vestimentas, edificios y automóviles. Su grafismo es tan estilizado que posee un sesgo humorístico y clásico a la vez, que lo emparientan tanto con Roy Crane  como con Milton Caniff y Harold Foster (o Sanyú, según la apreciación de Andrés Valenzuela en Página/12). El artista se documentó a fondo sobre el aspecto de la ciudad en esa época (se ven afiches de Gardel y de Chaplin), que a la distancia al lector le resultará encantador y pintoresco, pero, sin embargo, entonces reinaba la absoluta exclusión social, la expoliación de prostitutas en infames prostíbulos y el golpe militar del 6/9/30 que derrocó a Yrigoyen e instaló una brutal represión. En el prólogo, el guionista Eduardo Mazzitelli opinó que “Todo para que el dibujo de Dose (el estilo de Dose) demuestre que no solamente es estético y descriptivo, sino también funcional al relato”. Este dibujante, que reside en Estados Unidos, declaró en la entrevista que forma parte del libro y le realizó Alejandro Aguado “que la historieta es lo único que hago todavía en papel, al menos el lápiz, luego todo lo demás en la Cintiq (es una tableta de arte digital). Antes había explicado que “No era para mí difícil cambiar de estilo, en realidad, es el tema lo que me sugiere el estilo”.


Por su parte, Ricardo Barreiro (1949-1999) –uno de los mejores guionistas que tuvo el país- no deja de asombrar con su inventiva para dotar de giros a la trama. Sus diálogos son contundentes, utiliza el racconto para darle dinamismo a la historia y desliza reflexiones constantemente (“La necesidad de creer está por encima de cualquier desconfianza”/ “De algunas circunstancias podemos extraer como enseñanza cuán dominante resulta ser todavía la animalidad en nuestra especie”). Además, como es su costumbre, fustiga a los poderosos, a la institución de la iglesia católica y a los militares.

Los diálogos van en cursiva y los textos explicativos en letra de imprenta porque pertenecen a la máquina de escribir que aparece en la parte inferior del cuadrito, ya que es la bella doctora Ema Kazinsky la que escribe este relato que titula “El caso de Rodolfo A.”, un asesino serial al que Navarrito persigue (“Al menos Ricardo rinde homenaje a los viejos clásicos de la novela negra”, observa Mazzitelli), ayudado por la médica que es portadora de una sexualidad desbordante, tan presente en la obra de Barreiro.


La  reedición de Navarrito permite acceder a uno de los logros más importantes del género en la Argentina.





Germán Cáceres

jueves, 20 de marzo de 2014

Entrevista: Tati (primera parte), por Germán Cáceres

LA MALDICIÓN DE LOS GUSANOS

 Entrevista de 1994. 
Todas las páginas que ilustran la entrevista fueron publicadas en la primera época de Fierro.

Héctor Omar Martín (Tati) nació el 27 de diciembre de 1957, en Santos Lugares, Provincia de Buenos Aires. Nunca se mudó de barrio.
Completó sus estudios secundarios recibiéndose de técnico mecánico, sin haber adquirido conocimiento alguno. Es que faltando tres años para recibirse descubrió que su vocación era hacerles caricaturas a sus profesores y no aprender lo que ellos enseñaban. De ese período sólo recuerda a sus compañeros y el discurso humorístico que escribió y dijo en la fiesta de graduación.
Hizo cursos de Dibujo de la Figura Humana, Ilustración Publicitaria y Dibujo Humorístico. También concurrió a talleres de guión de historietas, guión cinematográfico y dramaturgia. Paralelamente, compró libros de dibujo e inició en forma autodidáctica la búsqueda de “su estilo”. Pero nada fue tan importante en su desarrollo como los conocimientos que le transmitió el profesor Frank Szilagyi en el curso de historietas organizado por la Asociación de Dibujantes de la Argentina.



Comenzó a publicar en Fierro -primera época- al sacar una mención especial en el rubro historieta integral (guión y dibujo), en un concurso realizado por esa revista. En otro certamen convocado por la misma publicación, y en el cual votaban los lectores, una de sus historietas obtuvo el 2º puesto entre los dibujantes nuevos. Sacó una mención especial en un curso de historietas sobre SIDA Y MAL DE CHAGAS, organizado por la Federación de Clínicas y Hospitales Privados.
Participó de varias exposiciones colectivas, entre ellas: la Bienal del Humor y la Historieta Argentina en la Provincia de Córdoba. En 1990 recibió el 1er. Premio de historieta del ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana) y en 1993 el 1er. Premio Ilustración de Cuentos Infantiles de la Editorial Colihue.


Germán Cáceres: Lo primero que llama la atención en tus historietas, es la geometrización con que representás la figura humana y su entorno. ¿Influyó en vos el cubismo?
Tati: Mis dibujos son geométricos, pero no cubistas. Frutos de un intenso trabajo, lo que más importa en ellos es el diseño final. El dibujante Miguel Rep me ha dicho que son como cajitas que se unen.

G.C.: ¿Te inspirás en alguna personalidad gráfica o son sólo la expresión de tu mundo personal?
Tati: Quien me gustó mucho como dibujante humorístico fue Saul Steinberg. Ahora los dibujantes de historietas que me atraen no tienen nada que ver con mi estilo. Me interesa la temáticas de Carlos Jiménez, sobre todo la de Paracuellos, y también la de Gérard Lauzier. Otros artistas que admiro son Serge Clerc, Alberto Breccia y Mandrafina.


G.C: La puesta en escena de Mandrafina en Peter Kampf lo sabía, con guión de Carlos Trillo, es una maravilla.
Tati: Me encantaría escribir un guión para que él lo dibujara.

G.C.: O sea que también querrías guionar para otros dibujantes.
Tati: En especial series largas; dada mi lentitud me parece difícil que pueda llegar a dibujarlas.

G.C.: ¿Qué me podés decir de Saul Steinberg?
Tati: A mí me fascinaba Garaycochea, y sabía que él reconocía la influencia de Steinberg, que rompió con un tipo de dibujo humorístico blando y lleno de círculos. Lo que me afectó fue cierta tendencia a la recta y a la dureza que descubrí en sus dibujos.

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G.C.: ¿Qué procedimientos seguís para dibujar una historieta?
Tati: Antes de publicar dibujé mucho para mí, y en esa práctica y en esa exploración gráfica nació mi estilo. El primer paso es el guión y me tomo mi tiempo. Dejo que las ideas decanten y vengan solas. Mi cabeza trabaja sin que yo la ponga en funcionamiento y así a veces germinan las ideas.

G.C.: Es como si las mandases al inconsciente y esperaras su floración.
Tati: Sin necesidad de esforzarme, las ideas y soluciones vienen solas. Por eso mi método de trabajo es lento: el guión es de hierro y lo respeto, no lo modifico mientras dibujo. Después, creo los personajes, y la búsqueda de la imagen geométrica que revele su carácter y psicología también me lleva mucho tiempo. Luego hago un boceto de toda la historieta y, por último, la calco en una hoja.

G.C.: ¿No la pasás encima del boceto?
Tati: En mi dibujo las líneas están relacionadas; por ejemplo, un cuadrado se puede continuar en otro, o en un triángulo; hay prolongaciones, como cierto ritmo que me obliga a delinear un boceto muy sucio que no puedo entintar, y entonces lo calco.

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G.C.: ¿Con qué materiales trabajás?
Tati: Con Rotring. Antes utilizaba pincel, pero no podía lograr las líneas derechas que demandaba mi dibujo geométrico. Ahora incluso empleo regla y pistolete.

G.C.: ¿Cómo hacés con los colores?
Tati: La forma geométrica de los dibujos presenta planos que no responden a una coloración realista; en consecuencia, por cada uno de ellos aplico un tono.

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G.C.: ¿Con qué coloreás los planos?
Tati: Con témpera y para eso sí utilizo el pincel. Mi sistema reclama perder todo tipo de ansiedad, porque hasta que coloco el último color no se ve el dibujo. Si hago uno de los costados de la nariz de un personaje de un color, pinto luego todos esos costados. No completo un cuadrito y después paso al siguiente, sino que cada cuadrito se va formando poco a poco.

G.C.: ¿Qué te lleva a concebir estos personajes deformes?

Tati: Están de acuerdo con las historias que cuento: se trata de desamparados, de pobres tipos que deambulan penosamente por la vida. Esa tristeza a veces resalta porque las historias las cuento con humor, y allí surge el grotesco.

La próxima semana la segunda parte.

lunes, 10 de marzo de 2014

ALBERTO CÉSAR SALINAS, por Germán Cáceres

(Buenos Aires, 1.11.1932/27.11.2004)


Diego Aballay y Alberto Salinas (foto gentileza Aballay)


Debutó como historietista el 19.8.1952 en la revista Superhombre con Capiango, un justiciero criollo que usa máscara y que lucha en Salta a principios del siglo XIX contra la ocupación española, pues está a favor de Güemes y sus guerrillas gauchas. Su  verdadera personalidad es la del aristócrata y estanciero Santiago Linares, un melómano refinado que simula simpatizar con los realistas. Los guiones pertenecen a Edgardo Pareto (luego fue reemplazado por Luis Lanús), y el personaje entraña casi un calco del famoso El Zorro, creado en 1919 por Johnston McCulley. El dibujo en blanco y negro participa del estilo ilustración de su padre, José Luis Salinas, el prominente artista de Cisco Kid, en la que Alberto colaboró. Ya en Capiango su plumeado es superlativo y magistrales las aplicaciones de pincel que destacan la figura del héroe, vestido totalmente de negro. Abundan escenas nocturnas de composición impecable y notable calidad plástica –con impactantes siluetas-. El dibujante comienza a exhibir magníficas tomas en picada (que empleará en Dago, su obra cumbre), y el primor estético de su línea. Su representación de caballos asombra, sobre todo cuando está galopando el Moro. El guión de Pareto no abusa de los textos, pero expone los pensamientos y planes del protagonista, que no deja de emitir comentarios humorísticos acerca de sus hazañas. Salinas la dibujó hasta 1953, cuando fue reemplazado por su primo, Carlos Vogt, otro grande. Toni Torres comentó que “si bien no deja de ser una copia de Don Diego de La Vega (El Zorro), nuestro personaje se nos hace bastante argentino, rodeado de gauchos y tomando mate”.   
Capiango, en revista Superhombre, 1953. 

Antes Salinas había trabajado en publicidad (realizó una tira llamada Las aventuras de Odolito). En 1953 empieza a colaborar con la editorial Columba (crea Safari argentino, con guión propio) y con Fleetway Publications, de Gran Bretaña. Para Europa gestó la historieta Kit Carson, que fue reproducida luego en revistas argentinas. En 1961 dibujó para la editorial italiana Eurostudio las historietas de molde histórico Spartaco, La batalla de Lepanto, La silla de Malta y Rurik el vikingo. Entre 1966 y 1969 dibuja Thierry la Fronde, una adaptación de una serie televisiva francesa. En los años setenta grafica Moira la esclava de Roma, publicada por la revista portuguesa Jurnal de Cuto, y para la editorial Record (Argentina) con textos de Alfredo Julio Grassi, El continente negro, Hombres de la Legión, Los voortrekkers y Los vikingos.
Página de Safari Argentino, en Pif Paf

Siempre en blanco y negro,  Los vikingos exterioriza un salto impresionante en el estilo de Alberto Salinas: mayor seguridad en el trazo, nivel de composición audaz y ritmo arrollador en las luchas cuerpo a cuerpo y en los movimientos de los personajes. Recurre a la línea curva para diseñar los cuadritos y muchos de éstos se ensamblan entre sí. Las indumentarias y armas de los vikingos están plasmadas con un soberbio despliegue gráfico. Hay un plano general de una flota de naves frente a Constantinopla de extrema belleza. El guión de Grassi se adapta con solvencia a los códigos del relato de aventuras, que incluye un inevitable romance entre Eric, el vikingo, y Odyle, la hija de su enemigo. En algunas páginas de acción y dramatismo de Hombres de la Legión, Salinas elimina los marcos de las viñetas. Como siempre, su gráfica se exhibe meticulosa y refinada en los detalles. Acude a una amplia gama de manchas y rayas para representar el ropaje y el entorno de los personajes. La escritura de Grassi propone una visión amarga de la Legión Extranjera: “pensó en la dorada leyenda y en la sucia realidad que entreveía”.

Página de Rurik el vikingo, en El Tony

A partir del 23 de junio de 1981 comienza a dibujar Dago en Nippur Mágnum Todo Color Nº 1, con textos de Robin Wood, que llegó a salir hasta el 2000, en que aparecen los últimos ejemplares de la Editorial Columba, y cuyo cierre definitivo se produce el año siguiente. Dago fue un suceso internacional ya que la editorial Eura la publicó en Italia, y su éxito perdura hasta la actualidad, con el arte de Carlos Gómez, que acompaña con suma maestría a Wood. Éste también formó equipo con Alberto Salinas en Drácula –una derivación (spin off) de Dago-, Chaco, Los Borgia y La hermandad filibustera (que se conoce, además, como Morgan el pirata).

Página de Dago

La historia de Dago se inicia en el siglo XVI en la República de Venecia, que estaba en guerra con los turcos, y narra la venganza de César Renzi, el único sobreviviente de una aristocrática familia que fue brutalmente asesinada porque descubrió el complot que tramaban varios miembros de la nobleza con el Sultán del Imperio Otomano. A César Renzi lo apuñalan con una daga y lo arrojan a los canales de la ciudad, pero lo rescata un grupo de piratas y lo convierte en esclavo. A partir de allí, se transforma en Dago debido al arma con que fue herido, y se lanza a intensas aventuras tanto dentro del ámbito islámico como del europeo, y llega a codearse con el rey Francisco I de Francia. (Notable el trabajo que concretó Ariel Avilez reseñando el argumento de esta serie).

Publicidad de Dago, ilustrada por Salinas.

Dago es un prodigio de narración aventurera. Robin Wood siempre alardeó de su condición de infatigable lector. Por lógica debe haber abrevado en los grandes clásicos del género, como Alejandro Dumas, Emilio Salgari, Rafael Sabatini, la Baronesa de Orczy, Julio Verne, Karl May, Gustavo Aimard, Maine Reid, Zane Grey, James Fenimore Cooper, Jack London, Rider Haggard y la lista sería interminable. Por supuesto, que deben añadirse las versiones cinematográficas de las obras de estos escritores. Algunas de estas influencias determinan que el relato contenga un clima de exotismo, varios elementos folletinescos y un giro romántico, como en el capítulo donde una hermosa joven se desfigura el rostro por amor.

Página de Drácula

Tal vez una clave significativa se encuentre en Salgari, dado que varias de sus novelas versan sobre el ansia de reparación que experimenta un héroe por el asesinato de un familiar y el patológico amor que siente hacia la bella hija de su mortal enemigo (Honorata de Wan Guld en el Corsario Negro, y Mariana en Sandokán). Pero el modelo por antonomasia lo aporta, sin duda, El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, en el que Edmundo Dantes, adoptando el nombre del citado conde, materializa una fanática venganza contra quienes lo encarcelaron injustamente. Además, a lo largo de la saga de Dago suele haber odios irreparables entre padres e hijos que sólo concluyen con la muerte cruel de uno de ellos. Dago piensa como un escéptico, pese a no despreciar ningún  placer terrenal ni los romances con mujeres, pero su anhelo de represalia es ilimitado: “Tú no crees en nada ni en nadie ¿eh, Dago? En las venas, en lugar de sangre, tienes veneno”, le espeta un jenízaro.

Página de Dago

De allí que en los textos explicativos y en los diálogos de Dago impera una prosa literaria (“El mar azul se cierra sobre la patética isla humana que se disuelve en sangre y nieve…”/ “Y los marinos evocaron en las inmensas tormentas y el blanco vuelo de las gaviotas la visión de un rostro de mujer en algún muelle lejano…”/ “La noche fue helada y lenta y se arrastró con una larga viscosidad de serpiente…”). Por ello se disparan reflexiones sobre la condición humana: un personaje abyecto no duda en proclamar que “No me hables de justicia, renegado. Soy un hombre adulto y sé que la justicia es un caballo de muchas monturas”. En cada capítulo aparece una nueva figura que suele contar su peculiar historia, cuyo desenlace ocurre al final, de modo que aquél funciona como si fuera autoconclusivo. Y a muchos tipos queribles les llega la muerte, de manera que ésta se arroga el derecho de constituirse en una protagonista adicional.


Alberto Salinas demuestra que el cuerpo humano carece de secretos para su oficio. El físico musculoso de Dago evoca las mejores expresiones del clasicismo grecorromano, y resplandece majestuoso con el atuendo que le vale el título de “El jenízaro negro”. Su cara es angulosa, de rasgos marcados y cejas espesas que acentúan su firmeza de carácter. La línea se torna primorosa al referir la vestimenta de los personajes, o sea los diversos uniformes, las lujuriosas prendas que lucen las cautivas del harén y los atavíos de los visires, y revela una ardua labor de documentación de su parte. Los escenarios son superlativos, se trate de ciudades, palacios o humildes viviendas. Con la representación de bellas mujeres alcanza la exquisitez, y pese a los ornatos de su grafismo, no duda en mostrar cabezas decapitadas clavadas en picotas. Los desfiladeros y las montañas rocosas lo exhiben como un virtuoso y su planificación es insuperable.

Página de Dago

Tanto Alberto Salinas como Robin Wood han captado con inteligencia el montaje de los textos y viñetas de los episodios para que cierren con inusual unidad. Y ambos utilizan sólo las onomatopeyas y líneas cinéticas necesarias, sin abusar de ellas.
El último trabajo de Salinas fue Los signos oscuros, con guión de Ricardo Ferrari, y los años finales de su vida los dedicó a la pintura. En 1997 recibió el premio Yellow Kid, que terminó de consagrarlo como uno de los más sobresalientes dibujantes de este arte.


Germán Cáceres


Bibliografía

-Avilez, Ariel, “Dago”, en http://robinwoodcomics.org.
-Cáceres, Germán, La aventura en América. La palabra mágica, Buenos Aires, 1999.
-Gociol, Judith, y Rosemberg, Diego, La historieta argentina/Una historia. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.
-http://comic-historietas.blogspot.com.ar: “Alberto Salinas. Una del ´Oeste´”.
-http://es.wilkipedia.org: “Alberto Salinas”.
-http://rebroteorganizandoeventos.blogspot.com.ar: “Pequeña biografía de grandes historietistas: Alberto Salinas”
-https://luisalberto941.wordpress.com.: “TOP-COMICS/ Thierry la Fronde por Alberto Salinas”.
-http://universalmedios.com.ar: “Alberto César Salinas”.
-Martinez, Carlos R., “Salinas, Alberto”, en http://milpluminesargentinos.wordpress.com.
-Telloli, Paolo, “Alberto Salinas”, en http://www.jorgevila.com.ar.

-Torres, Toni, “Capiango, el tigre de la quebrada”, en la publicación homónima, Buenos Aires, 2010.