jueves, 3 de abril de 2014

Presentación del libro ¡¡FACUNDO!!, de José Massaroli


La historieta biográfica sobre el célebre caudillo riojano que pasó a la leyenda como El Tigre de los Llanos, defensor incansable del federalismo, escrita y dibujada por José Massaroli en el año 1984, fue publicada originalmente en el diario La Voz a lo largo de 205 páginas diarias. 
Hoy, la editorial la Duendes presenta un nuevo libro con la historieta completa rediagramada, en 96 páginas a gran tamaño. 
Habrá una charla con los autores del prólogo y la nota de presentación del libro, el historiador Pablo J. Hernández (miembro de los institutos Juan Manuel de Rosas y Manuel Dorrego), el bien conocido historietista Silvestre "Frank" Szilagyi, y el autor, con la coordinación del investigador Felipe Ávila. Luego, brindis y firma de ejemplares.

El evento se desarrollará el 7 de abril en la Biblioteca Nacional, Aguero 2502, CABA. Sala Juan L. Ortiz, a las 19 horas.

martes, 1 de abril de 2014

Entrevista: Tati (segunda parte), por Germán Cáceres

 Entrevista de 1994. 
Todas las páginas que ilustran la entrevista fueron publicadas en la primera época de Fierro.


Héctor Omar Martín (Tati) nació el 27 de diciembre de 1957, en Santos Lugares, Provincia de Buenos Aires. Nunca se mudó de barrio.
Completó sus estudios secundarios recibiéndose de técnico mecánico, sin haber adquirido conocimiento alguno. Es que faltando tres años para recibirse descubrió que su vocación era hacerles caricaturas a sus profesores y no aprender lo que ellos enseñaban. De ese período sólo recuerda a sus compañeros y el discurso humorístico que escribió y dijo en la fiesta de graduación.
Hizo cursos de Dibujo de la Figura Humana, Ilustración Publicitaria y Dibujo Humorístico. También concurrió a talleres de guión de historietas, guión cinematográfico y dramaturgia. Paralelamente, compró libros de dibujo e inició en forma autodidáctica la búsqueda de “su estilo”. Pero nada fue tan importante en su desarrollo como los conocimientos que le transmitió el profesor Frank Szilagyi en el curso de historietas organizado por la Asociación de Dibujantes de la Argentina.
Comenzó a publicar en Fierro -primera época- al sacar una mención especial en el rubro historieta integral (guión y dibujo), en un concurso realizado por esa revista. En otro certamen convocado por la misma publicación, y en el cual votaban los lectores, una de sus historietas obtuvo el 2º puesto entre los dibujantes nuevos. Sacó una mención especial en un curso de historietas sobre SIDA Y MAL DE CHAGAS, organizado por la Federación de Clínicas y Hospitales Privados.
Participó de varias exposiciones colectivas, entre ellas: la Bienal del Humor y la Historieta Argentina en la Provincia de Córdoba. En 1990 recibió el 1er. Premio de historieta del ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana) y en 1993 el 1er. Premio Ilustración de Cuentos Infantiles de la Editorial Colihue.




G.C.: Yo diría que tu humor hace digerible la amargura.
Tati: Todo se originó viendo teatro nacional. Así, en las obras de Roberto Cossa y de Oscar Viale, yo sentía que había un humor terrible que brotada de más adentro, que provocaba una risa diferente.

G.C.: ¿Te referís a La Nona, de Cossa?
Tati: Sí, pero más a No hay que llorar, del mismo autor, que versa sobre una familia que termina matando a la madre para heredarla. Suscita risa con una tragedia: es un humor liberador que torna comprensibles a los personajes.

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G.C.: En tus historietas está presente el sexo en forma desenfadada. Por momentos, hay una clara alusión a los órganos genitales, y las copulaciones se registran con desparpajo. Asimismo, existe una actitud irreverente hace los símbolos religiosos. ¿Por qué esta postura provocativa?
Tati: Yo me expreso con las posibilidades que tengo, no me censuro. Por tanto, no veo motivo para no utilizar el sexo como cualquier otro objeto o situación. Mi temática sexual hay que ubicarla dentro del contexto general de mis historietas.

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G.C.: Pero, sin embargo, se nota un énfasis en materia sexual: abundan los incestos, el lesbianismo, la homosexualidad, la impotencia y hasta cierto exhibicionismo.
Tati: Es un modo de sincerar un medio de expresión, en este caso la historieta. No se observa la misma disposición en el cine o en la televisión, porque no se sinceran y existe más hipocresía. El sexo es cosa de todos los días, y aunque no parezca yo lo trato con inocencia.

G.C.: ¿Tus historietas satirizan a algún sector social?
Tati: En ellas hay maldad, pero no apruebo la división entre buenos y malos. No encuentro entonces un sector al cual golpear. En varias de mis historietas aparecen burlas a la iglesia católica, pero no constituyen un ataque contra ella. Si existen chistes sobre gallegos y opas, ¿por qué no puedo hacer chistes sobre religión? Si algunos se sienten molestos y se sensibilizan, ya no es problema mío. Uno incorpora los temas que se le presentan a diario. Pese a no tener demasiada “vuelta” de lo que hago, he recibido cartas donde se me acusa de ser irrespetuoso con la religión. No estoy de acuerdo y pongo un ejemplo. Si un católico canta en la Argentina el famoso estribillo: “Tengo una vaca lechera/ no es una vaca cualquiera/ me da leche merengada/ hay que vaca tan tarada”, no va a tener problemas. Pero de cantarlo en la India, como allí la vaca es un animal sagrado, ¿debería ser considerado irreverente? No creo que haya que cruzar la frontera de un país para interpretar de distinta manera los símbolos.


G.C.: ¿Vivimos en una sociedad prejuiciosa?
Tati: Exacto. Y yo utilizo la historieta como si fuera una columna periodística para expresar mis ideas, y entre ellas figura combatir el prejuicio.

G.C.: ¿Nunca probaste hacer humor gráfico de un solo cuadro?
Tati: Todavía no hallé la forma de expresarme en un solo cuadro, pero me agradaría y tal vez desemboque en ello, pues es una forma rápida y directa de verter ideas.

G.C.: ¿Dónde estudiaste dibujo?
Tati: No estudié dibujo clásico porque no me gustaba. Empecé interesándome por el dibujo humorístico y cuando salió la revista Superhumor, que comenzó a dar cabida a artistas con personalidad, capaces de realizar obra de autor, resolví estudiar dibujo de historietas y humorístico.


G.C.: ¿Aprendiste dibujo por correspondencia?
Tati: Adquirí cursos completos por correspondencia, pero los utilicé como libros de consulta. Yo compraba el curso y no mandaba las lecciones; sólo dibujaba algunas.

G.C.: ¿A qué escuela fuiste?
Tati: A la Asociación de Dibujantes de la Argentina, donde los mismos profesionales transmiten sus conocimientos. Allí tuve un gran maestro: Frank Szilagyi. Él me enseñó composición, es decir, el dibujo invisible de lo que se ve, la faceta oculta del trabajo; en otras palabras, las innumerables líneas que necesito para pergeñar en los bocetos. Es una manera de emblocar el dibujo, de diseñarlo. A Szilagyi le debo poder disfrutar la tarea. Su ascendencia fue tal, que yo también tengo ganas de enseñar, de algún día ser profesor, de transmitir lo que aprendí.



G.C.: ¿No emana de tus trabajos un fondo de desolación?
Tati: Es muy posible que sean muy críticos y bajoneantes, hasta trágicos. Me he preguntado yo también por su sentido, por su falta de religiosidad. Es que para mí la vida concluye con la muerte, no hay otra oportunidad. El momento para decir lo siento es éste; no habrá un más allá con una vida eterna. Y creo que todo lo que guiono o dibujo está vinculado a ese pensamiento. Si no poseo otra vida, no puedo dejar de abordar el tema sexual porque existan prejuicios sociales. A las contradicciones fundamentales “Liberación o dependencia” y “Democracia o dictadura”, agregaría “Vida eterna o gusanos”.  Porque nos van a terminar comiendo los gusanos. Frente a este futuro tan terrible, resulta imperativo aprovechar el trozo de vida que tenemos. En eso encajan mis ganas de vivir, las que intento expresar a través de la historieta humorística.

De Así se lee la historieta, de Germán Cáceres (Beas Ediciones, Buenos Aires, 1994, 168 páginas). 

martes, 25 de marzo de 2014

NAVARRITO de Ricardo Barreiro y Alberto Dose. Por Germán Cáceres

(La Duendes editora, Comodoro Rivadavia, 2013, 82 páginas)




Esta historieta se publicó originalmente en 1986 en la revista Fierro, primera época.
El relato transcurre entre el otoño de 1930 y mayo de 1931. Enrique Navarro (Navarrito) es un cronista de la sección Policiales del diario Crítica, en cuya Redacción aparece el gran Roberto Arlt frente a su máquina de escribir.

AlbertoDose exhibe su capacidad artística ilustrando el Buenos Aires de esos años con viñetas de exquisita belleza no exentas de un aire decorativo. A veces predomina el blanco con dibujos a pura línea, y otras, el negro pleno que se distribuye en vestimentas, edificios y automóviles. Su grafismo es tan estilizado que posee un sesgo humorístico y clásico a la vez, que lo emparientan tanto con Roy Crane  como con Milton Caniff y Harold Foster (o Sanyú, según la apreciación de Andrés Valenzuela en Página/12). El artista se documentó a fondo sobre el aspecto de la ciudad en esa época (se ven afiches de Gardel y de Chaplin), que a la distancia al lector le resultará encantador y pintoresco, pero, sin embargo, entonces reinaba la absoluta exclusión social, la expoliación de prostitutas en infames prostíbulos y el golpe militar del 6/9/30 que derrocó a Yrigoyen e instaló una brutal represión. En el prólogo, el guionista Eduardo Mazzitelli opinó que “Todo para que el dibujo de Dose (el estilo de Dose) demuestre que no solamente es estético y descriptivo, sino también funcional al relato”. Este dibujante, que reside en Estados Unidos, declaró en la entrevista que forma parte del libro y le realizó Alejandro Aguado “que la historieta es lo único que hago todavía en papel, al menos el lápiz, luego todo lo demás en la Cintiq (es una tableta de arte digital). Antes había explicado que “No era para mí difícil cambiar de estilo, en realidad, es el tema lo que me sugiere el estilo”.


Por su parte, Ricardo Barreiro (1949-1999) –uno de los mejores guionistas que tuvo el país- no deja de asombrar con su inventiva para dotar de giros a la trama. Sus diálogos son contundentes, utiliza el racconto para darle dinamismo a la historia y desliza reflexiones constantemente (“La necesidad de creer está por encima de cualquier desconfianza”/ “De algunas circunstancias podemos extraer como enseñanza cuán dominante resulta ser todavía la animalidad en nuestra especie”). Además, como es su costumbre, fustiga a los poderosos, a la institución de la iglesia católica y a los militares.

Los diálogos van en cursiva y los textos explicativos en letra de imprenta porque pertenecen a la máquina de escribir que aparece en la parte inferior del cuadrito, ya que es la bella doctora Ema Kazinsky la que escribe este relato que titula “El caso de Rodolfo A.”, un asesino serial al que Navarrito persigue (“Al menos Ricardo rinde homenaje a los viejos clásicos de la novela negra”, observa Mazzitelli), ayudado por la médica que es portadora de una sexualidad desbordante, tan presente en la obra de Barreiro.


La  reedición de Navarrito permite acceder a uno de los logros más importantes del género en la Argentina.





Germán Cáceres

jueves, 20 de marzo de 2014

Entrevista: Tati (primera parte), por Germán Cáceres

LA MALDICIÓN DE LOS GUSANOS

 Entrevista de 1994. 
Todas las páginas que ilustran la entrevista fueron publicadas en la primera época de Fierro.

Héctor Omar Martín (Tati) nació el 27 de diciembre de 1957, en Santos Lugares, Provincia de Buenos Aires. Nunca se mudó de barrio.
Completó sus estudios secundarios recibiéndose de técnico mecánico, sin haber adquirido conocimiento alguno. Es que faltando tres años para recibirse descubrió que su vocación era hacerles caricaturas a sus profesores y no aprender lo que ellos enseñaban. De ese período sólo recuerda a sus compañeros y el discurso humorístico que escribió y dijo en la fiesta de graduación.
Hizo cursos de Dibujo de la Figura Humana, Ilustración Publicitaria y Dibujo Humorístico. También concurrió a talleres de guión de historietas, guión cinematográfico y dramaturgia. Paralelamente, compró libros de dibujo e inició en forma autodidáctica la búsqueda de “su estilo”. Pero nada fue tan importante en su desarrollo como los conocimientos que le transmitió el profesor Frank Szilagyi en el curso de historietas organizado por la Asociación de Dibujantes de la Argentina.



Comenzó a publicar en Fierro -primera época- al sacar una mención especial en el rubro historieta integral (guión y dibujo), en un concurso realizado por esa revista. En otro certamen convocado por la misma publicación, y en el cual votaban los lectores, una de sus historietas obtuvo el 2º puesto entre los dibujantes nuevos. Sacó una mención especial en un curso de historietas sobre SIDA Y MAL DE CHAGAS, organizado por la Federación de Clínicas y Hospitales Privados.
Participó de varias exposiciones colectivas, entre ellas: la Bienal del Humor y la Historieta Argentina en la Provincia de Córdoba. En 1990 recibió el 1er. Premio de historieta del ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana) y en 1993 el 1er. Premio Ilustración de Cuentos Infantiles de la Editorial Colihue.


Germán Cáceres: Lo primero que llama la atención en tus historietas, es la geometrización con que representás la figura humana y su entorno. ¿Influyó en vos el cubismo?
Tati: Mis dibujos son geométricos, pero no cubistas. Frutos de un intenso trabajo, lo que más importa en ellos es el diseño final. El dibujante Miguel Rep me ha dicho que son como cajitas que se unen.

G.C.: ¿Te inspirás en alguna personalidad gráfica o son sólo la expresión de tu mundo personal?
Tati: Quien me gustó mucho como dibujante humorístico fue Saul Steinberg. Ahora los dibujantes de historietas que me atraen no tienen nada que ver con mi estilo. Me interesa la temáticas de Carlos Jiménez, sobre todo la de Paracuellos, y también la de Gérard Lauzier. Otros artistas que admiro son Serge Clerc, Alberto Breccia y Mandrafina.


G.C: La puesta en escena de Mandrafina en Peter Kampf lo sabía, con guión de Carlos Trillo, es una maravilla.
Tati: Me encantaría escribir un guión para que él lo dibujara.

G.C.: O sea que también querrías guionar para otros dibujantes.
Tati: En especial series largas; dada mi lentitud me parece difícil que pueda llegar a dibujarlas.

G.C.: ¿Qué me podés decir de Saul Steinberg?
Tati: A mí me fascinaba Garaycochea, y sabía que él reconocía la influencia de Steinberg, que rompió con un tipo de dibujo humorístico blando y lleno de círculos. Lo que me afectó fue cierta tendencia a la recta y a la dureza que descubrí en sus dibujos.

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G.C.: ¿Qué procedimientos seguís para dibujar una historieta?
Tati: Antes de publicar dibujé mucho para mí, y en esa práctica y en esa exploración gráfica nació mi estilo. El primer paso es el guión y me tomo mi tiempo. Dejo que las ideas decanten y vengan solas. Mi cabeza trabaja sin que yo la ponga en funcionamiento y así a veces germinan las ideas.

G.C.: Es como si las mandases al inconsciente y esperaras su floración.
Tati: Sin necesidad de esforzarme, las ideas y soluciones vienen solas. Por eso mi método de trabajo es lento: el guión es de hierro y lo respeto, no lo modifico mientras dibujo. Después, creo los personajes, y la búsqueda de la imagen geométrica que revele su carácter y psicología también me lleva mucho tiempo. Luego hago un boceto de toda la historieta y, por último, la calco en una hoja.

G.C.: ¿No la pasás encima del boceto?
Tati: En mi dibujo las líneas están relacionadas; por ejemplo, un cuadrado se puede continuar en otro, o en un triángulo; hay prolongaciones, como cierto ritmo que me obliga a delinear un boceto muy sucio que no puedo entintar, y entonces lo calco.

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G.C.: ¿Con qué materiales trabajás?
Tati: Con Rotring. Antes utilizaba pincel, pero no podía lograr las líneas derechas que demandaba mi dibujo geométrico. Ahora incluso empleo regla y pistolete.

G.C.: ¿Cómo hacés con los colores?
Tati: La forma geométrica de los dibujos presenta planos que no responden a una coloración realista; en consecuencia, por cada uno de ellos aplico un tono.

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G.C.: ¿Con qué coloreás los planos?
Tati: Con témpera y para eso sí utilizo el pincel. Mi sistema reclama perder todo tipo de ansiedad, porque hasta que coloco el último color no se ve el dibujo. Si hago uno de los costados de la nariz de un personaje de un color, pinto luego todos esos costados. No completo un cuadrito y después paso al siguiente, sino que cada cuadrito se va formando poco a poco.

G.C.: ¿Qué te lleva a concebir estos personajes deformes?

Tati: Están de acuerdo con las historias que cuento: se trata de desamparados, de pobres tipos que deambulan penosamente por la vida. Esa tristeza a veces resalta porque las historias las cuento con humor, y allí surge el grotesco.

La próxima semana la segunda parte.

lunes, 10 de marzo de 2014

ALBERTO CÉSAR SALINAS, por Germán Cáceres

(Buenos Aires, 1.11.1932/27.11.2004)


Diego Aballay y Alberto Salinas (foto gentileza Aballay)


Debutó como historietista el 19.8.1952 en la revista Superhombre con Capiango, un justiciero criollo que usa máscara y que lucha en Salta a principios del siglo XIX contra la ocupación española, pues está a favor de Güemes y sus guerrillas gauchas. Su  verdadera personalidad es la del aristócrata y estanciero Santiago Linares, un melómano refinado que simula simpatizar con los realistas. Los guiones pertenecen a Edgardo Pareto (luego fue reemplazado por Luis Lanús), y el personaje entraña casi un calco del famoso El Zorro, creado en 1919 por Johnston McCulley. El dibujo en blanco y negro participa del estilo ilustración de su padre, José Luis Salinas, el prominente artista de Cisco Kid, en la que Alberto colaboró. Ya en Capiango su plumeado es superlativo y magistrales las aplicaciones de pincel que destacan la figura del héroe, vestido totalmente de negro. Abundan escenas nocturnas de composición impecable y notable calidad plástica –con impactantes siluetas-. El dibujante comienza a exhibir magníficas tomas en picada (que empleará en Dago, su obra cumbre), y el primor estético de su línea. Su representación de caballos asombra, sobre todo cuando está galopando el Moro. El guión de Pareto no abusa de los textos, pero expone los pensamientos y planes del protagonista, que no deja de emitir comentarios humorísticos acerca de sus hazañas. Salinas la dibujó hasta 1953, cuando fue reemplazado por su primo, Carlos Vogt, otro grande. Toni Torres comentó que “si bien no deja de ser una copia de Don Diego de La Vega (El Zorro), nuestro personaje se nos hace bastante argentino, rodeado de gauchos y tomando mate”.   
Capiango, en revista Superhombre, 1953. 

Antes Salinas había trabajado en publicidad (realizó una tira llamada Las aventuras de Odolito). En 1953 empieza a colaborar con la editorial Columba (crea Safari argentino, con guión propio) y con Fleetway Publications, de Gran Bretaña. Para Europa gestó la historieta Kit Carson, que fue reproducida luego en revistas argentinas. En 1961 dibujó para la editorial italiana Eurostudio las historietas de molde histórico Spartaco, La batalla de Lepanto, La silla de Malta y Rurik el vikingo. Entre 1966 y 1969 dibuja Thierry la Fronde, una adaptación de una serie televisiva francesa. En los años setenta grafica Moira la esclava de Roma, publicada por la revista portuguesa Jurnal de Cuto, y para la editorial Record (Argentina) con textos de Alfredo Julio Grassi, El continente negro, Hombres de la Legión, Los voortrekkers y Los vikingos.
Página de Safari Argentino, en Pif Paf

Siempre en blanco y negro,  Los vikingos exterioriza un salto impresionante en el estilo de Alberto Salinas: mayor seguridad en el trazo, nivel de composición audaz y ritmo arrollador en las luchas cuerpo a cuerpo y en los movimientos de los personajes. Recurre a la línea curva para diseñar los cuadritos y muchos de éstos se ensamblan entre sí. Las indumentarias y armas de los vikingos están plasmadas con un soberbio despliegue gráfico. Hay un plano general de una flota de naves frente a Constantinopla de extrema belleza. El guión de Grassi se adapta con solvencia a los códigos del relato de aventuras, que incluye un inevitable romance entre Eric, el vikingo, y Odyle, la hija de su enemigo. En algunas páginas de acción y dramatismo de Hombres de la Legión, Salinas elimina los marcos de las viñetas. Como siempre, su gráfica se exhibe meticulosa y refinada en los detalles. Acude a una amplia gama de manchas y rayas para representar el ropaje y el entorno de los personajes. La escritura de Grassi propone una visión amarga de la Legión Extranjera: “pensó en la dorada leyenda y en la sucia realidad que entreveía”.

Página de Rurik el vikingo, en El Tony

A partir del 23 de junio de 1981 comienza a dibujar Dago en Nippur Mágnum Todo Color Nº 1, con textos de Robin Wood, que llegó a salir hasta el 2000, en que aparecen los últimos ejemplares de la Editorial Columba, y cuyo cierre definitivo se produce el año siguiente. Dago fue un suceso internacional ya que la editorial Eura la publicó en Italia, y su éxito perdura hasta la actualidad, con el arte de Carlos Gómez, que acompaña con suma maestría a Wood. Éste también formó equipo con Alberto Salinas en Drácula –una derivación (spin off) de Dago-, Chaco, Los Borgia y La hermandad filibustera (que se conoce, además, como Morgan el pirata).

Página de Dago

La historia de Dago se inicia en el siglo XVI en la República de Venecia, que estaba en guerra con los turcos, y narra la venganza de César Renzi, el único sobreviviente de una aristocrática familia que fue brutalmente asesinada porque descubrió el complot que tramaban varios miembros de la nobleza con el Sultán del Imperio Otomano. A César Renzi lo apuñalan con una daga y lo arrojan a los canales de la ciudad, pero lo rescata un grupo de piratas y lo convierte en esclavo. A partir de allí, se transforma en Dago debido al arma con que fue herido, y se lanza a intensas aventuras tanto dentro del ámbito islámico como del europeo, y llega a codearse con el rey Francisco I de Francia. (Notable el trabajo que concretó Ariel Avilez reseñando el argumento de esta serie).

Publicidad de Dago, ilustrada por Salinas.

Dago es un prodigio de narración aventurera. Robin Wood siempre alardeó de su condición de infatigable lector. Por lógica debe haber abrevado en los grandes clásicos del género, como Alejandro Dumas, Emilio Salgari, Rafael Sabatini, la Baronesa de Orczy, Julio Verne, Karl May, Gustavo Aimard, Maine Reid, Zane Grey, James Fenimore Cooper, Jack London, Rider Haggard y la lista sería interminable. Por supuesto, que deben añadirse las versiones cinematográficas de las obras de estos escritores. Algunas de estas influencias determinan que el relato contenga un clima de exotismo, varios elementos folletinescos y un giro romántico, como en el capítulo donde una hermosa joven se desfigura el rostro por amor.

Página de Drácula

Tal vez una clave significativa se encuentre en Salgari, dado que varias de sus novelas versan sobre el ansia de reparación que experimenta un héroe por el asesinato de un familiar y el patológico amor que siente hacia la bella hija de su mortal enemigo (Honorata de Wan Guld en el Corsario Negro, y Mariana en Sandokán). Pero el modelo por antonomasia lo aporta, sin duda, El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, en el que Edmundo Dantes, adoptando el nombre del citado conde, materializa una fanática venganza contra quienes lo encarcelaron injustamente. Además, a lo largo de la saga de Dago suele haber odios irreparables entre padres e hijos que sólo concluyen con la muerte cruel de uno de ellos. Dago piensa como un escéptico, pese a no despreciar ningún  placer terrenal ni los romances con mujeres, pero su anhelo de represalia es ilimitado: “Tú no crees en nada ni en nadie ¿eh, Dago? En las venas, en lugar de sangre, tienes veneno”, le espeta un jenízaro.

Página de Dago

De allí que en los textos explicativos y en los diálogos de Dago impera una prosa literaria (“El mar azul se cierra sobre la patética isla humana que se disuelve en sangre y nieve…”/ “Y los marinos evocaron en las inmensas tormentas y el blanco vuelo de las gaviotas la visión de un rostro de mujer en algún muelle lejano…”/ “La noche fue helada y lenta y se arrastró con una larga viscosidad de serpiente…”). Por ello se disparan reflexiones sobre la condición humana: un personaje abyecto no duda en proclamar que “No me hables de justicia, renegado. Soy un hombre adulto y sé que la justicia es un caballo de muchas monturas”. En cada capítulo aparece una nueva figura que suele contar su peculiar historia, cuyo desenlace ocurre al final, de modo que aquél funciona como si fuera autoconclusivo. Y a muchos tipos queribles les llega la muerte, de manera que ésta se arroga el derecho de constituirse en una protagonista adicional.


Alberto Salinas demuestra que el cuerpo humano carece de secretos para su oficio. El físico musculoso de Dago evoca las mejores expresiones del clasicismo grecorromano, y resplandece majestuoso con el atuendo que le vale el título de “El jenízaro negro”. Su cara es angulosa, de rasgos marcados y cejas espesas que acentúan su firmeza de carácter. La línea se torna primorosa al referir la vestimenta de los personajes, o sea los diversos uniformes, las lujuriosas prendas que lucen las cautivas del harén y los atavíos de los visires, y revela una ardua labor de documentación de su parte. Los escenarios son superlativos, se trate de ciudades, palacios o humildes viviendas. Con la representación de bellas mujeres alcanza la exquisitez, y pese a los ornatos de su grafismo, no duda en mostrar cabezas decapitadas clavadas en picotas. Los desfiladeros y las montañas rocosas lo exhiben como un virtuoso y su planificación es insuperable.

Página de Dago

Tanto Alberto Salinas como Robin Wood han captado con inteligencia el montaje de los textos y viñetas de los episodios para que cierren con inusual unidad. Y ambos utilizan sólo las onomatopeyas y líneas cinéticas necesarias, sin abusar de ellas.
El último trabajo de Salinas fue Los signos oscuros, con guión de Ricardo Ferrari, y los años finales de su vida los dedicó a la pintura. En 1997 recibió el premio Yellow Kid, que terminó de consagrarlo como uno de los más sobresalientes dibujantes de este arte.


Germán Cáceres


Bibliografía

-Avilez, Ariel, “Dago”, en http://robinwoodcomics.org.
-Cáceres, Germán, La aventura en América. La palabra mágica, Buenos Aires, 1999.
-Gociol, Judith, y Rosemberg, Diego, La historieta argentina/Una historia. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.
-http://comic-historietas.blogspot.com.ar: “Alberto Salinas. Una del ´Oeste´”.
-http://es.wilkipedia.org: “Alberto Salinas”.
-http://rebroteorganizandoeventos.blogspot.com.ar: “Pequeña biografía de grandes historietistas: Alberto Salinas”
-https://luisalberto941.wordpress.com.: “TOP-COMICS/ Thierry la Fronde por Alberto Salinas”.
-http://universalmedios.com.ar: “Alberto César Salinas”.
-Martinez, Carlos R., “Salinas, Alberto”, en http://milpluminesargentinos.wordpress.com.
-Telloli, Paolo, “Alberto Salinas”, en http://www.jorgevila.com.ar.

-Torres, Toni, “Capiango, el tigre de la quebrada”, en la publicación homónima, Buenos Aires, 2010.

lunes, 3 de marzo de 2014

EXPOSICIONES

OSVALDO LAINO
Entre el 21 de marzo y el 10 de abril expondrá dibujos de OSVALDO LAINO en la Casa Suiza, ciudad de Rosario. Integran la muestra “Un recorrido de ayer a hoy”, los trabajos del libro del mismo nombre.






Historietas por la identidad


Covers

martes, 25 de febrero de 2014

Releyendo El Negro Blanco, de Carlos Trillo y Ernesto García Seijas

A veces sucede que  luego de releer una historieta se puede tener la fortuna de decir “que bueno que compré  los libros y los guardé”. Ese es el caso de los diez tomos de El NegroBlanco, de Carlos Trillo en los guiones y García Seijas en el dibujo. Fueron publicados por Ivrea entre 2008 y 2009, compilando las tiras que se publicaron a diario en la contratapa de Clarín entre 1987 y 1993. 


Los lectores memoriosos recordarán que esta historieta cargó con el gran peso de reemplazar en la contratapa de Clarín  a El loco Chávez, de Trillo y Horacio Altuna. Tremendo compromiso porque El Loco… se había transformado en un ícono que quedó en el corazón y la memoria de generaciones de lectores.  Es por ello que en la concepción de El Negro Blanco estuvo presente una cierta idea de continuidad, tal vez para que el cambio no resultara tan abrupto. De allí que las comparaciones sean inevitables, sobre todo porque el guionista era el mismo. El personaje que le da nombre también es periodista, se desempeña en el mismo medio y en la trama se colaba la realidad argentina. Mientras en una se hacían presentes los duros tiempos de la Dictadura Militar de los setenta y el renacer democrático de los ochenta, la nueva historieta registró aspectos del profundo cambio social que significaron los años noventa en el país.



En El Locolas mujeres tenían un papel importante, pero también las aventuras puras, motivadas por su profesión, que lo llevaban a realizar investigaciones periodísticas  y a protagonizar variadas situaciones. En cambio, en El Negroel leitmotiv son las mujeres, que a su vez desencadenan sus acciones. Todo gira en torno a ellas y las dos principales son Chispa, una atractiva arquitecta rubia de pelo corto, y la morocha Flopi, inspirada en la modelo y actriz Araceli González, de pleno apogeo mediático en la década del noventa. La identificación de Flopi con la actriz sex symbol de la época, hizo que la tira fuera muy comentada en los medios de comunicación y a nivel popular. El éxito de este personaje motivó que los autores crearan, aparte de la tira diaria, unitarios para publicar en revistas. El dibujo de García Seijas resultó más que apropiado, porque las dibujaba de modo atractivo, las volvía “deseables”. El Loco era un mujeriego “moderado”, mientras El Negro…  era abiertamente mujeriego. Aunque este último estaba enamorado de las dos protagonistas, con las que alternativamente rompía o retomaba la relación, no perdía oportunidad de vivir incidentes con otras. Pero al lado de los personajes aún más mujeriegos, como el de Marccuci y el de su padre, El Negro… era “un nene de pecho”.

El Negro... y sus mujeres

A través de Flopi, periodista de un noticiero sensacionalista, es donde se hacen más presentes los años noventa: en la frivolidad y la llamada televisión “basura” –surgida en esa década- que inventaba noticias y recurría (y sigue haciéndolo) a mostrar miserias humanas para sumar rating. Allí se exhibían personajes que no eran tan visibles en décadas previas. Badaraco, el inescrupuloso y corrupto productor del programa y el dueño del canal, apodado “El todo poderoso, El Supremo, Rey de Reyes”, que porta el rostro de  Alejandro Romay, dueño de Canal 9 en los años noventa. Las escenas donde aparece aportan cuotas de surrealismo y delirio.

Flopi en un episodio independiente, publicado en 1996 en la revista Meridiana

Tampoco falta el episodio donde se muestra a un político que se soborna y frivoliza, en coincidencia con el apogeo que tuvieron durante esa década las investigaciones en torno a la corrupción política, que  hasta entonces nunca había sido tan descaradamente manifiesta , y  su referencia no podía faltar en la tira.


Al igual que en El Loco Chávez, los amigos de El Negro tienen un papel importante, resultan entrañables, queribles. El más peculiar es Marcucci, inspirado en un individuo real, que sufría el acoso de centenares de mujeres, motivado por su encanto varonil. Es el personaje más simpático de la historia por las situaciones disparatadas que protagoniza.
El grafismo de García Seijas es hiperrealista y de estética preciosista. Cuando asumió la realización del dibujo de la tira ya era un profesional de extensa y reconocida trayectoria. Su mayor éxito previo, en el país, lo representó la serie Helena, que realizó con guiones de Robin Wood para la revista Intervalo, que también transcurría en Buenos Aires.

El Negro y los decorados de la ciudad de Buenos Aires.

Por ello, al analizar su arte se evidencia a un autor de amplios y riquísimos recursos técnicos, a los que se arriba después de la experiencia de incesantes años de trabajo. Por ejemplo, se destacan las numerosas escenas nocturnas, en las que combina plenos negros prolijos y perfectamente definidos (paredes, autos), líneas moduladas y manchas a pincel (en las vestimentas) y tramas de diferentes grosores para dar idea de luz y sombra y volúmenes en los personajes, calles, cielo, etc. Todos recursos que hacen a la riqueza visual, tanto para crear “climas”, como para “sugerir” o “mostrar” con sentido documental.

El personaje Marcucci y un ejemplo de su éxito con las mujeres.

Mención especial merecen sus escenografías, porque el nivel de detalles y verosimilitud es asombroso. Las escenas de “calle” donde se mueven los personajes permiten reconocer detalladamente la ciudad y su arquitectura en sus aspectos atractivos, y se diría que en este punto Seijas se asume como costumbrista. Cabe suponer que el artista se basó en una abundante documentación fotográfica. Algo similar sucede con las escenas del diario, los interiores de las viviendas, los vehículos y la indumentaria.
El dibujo de Seijas está realizado con sumo cuidado, en donde cada elemento surge de una debida planificación. Pero cuando se observa en detalle las figuras humanas y sus ropas, se observa que emplea un estilo suelto, abierto. Por ejemplo, esas líneas no marcan las formas de los pliegues de la ropa, sino que los sugieren. La gráfica de García Seijas es la de un virtuoso del dibujo realista.



Esta tira cargó con el compromiso de reemplazar la exitosa El Loco Chávez, que aún hoy no se puede dejar de citar como antecedente. Pese a ello consiguió definir una identidad propia, aunque en su momento no llegó a trascender con el mismo peso en cuanto a repercusión masiva.  Su final fue abrupto y la historia quedó inclusa. El libro diez incluye los episodios que la hubiesen continuado, en los que tomaba nuevos rumbos. Se nota que El Negro Blanco podría haber tenido más vida de haber continuado su publicación. Fue reemplazada por la tira El Nene Montanaro, de Horacio Altuna, el dibujante de El Loco Chávez.
El Negro Blanco también gozó de una excelente repercusión en Italia, donde se publicaba en las revistas de la editorial Eura.

Almanaque de la italiana editorial Eura, donde se aprecia al Negro Blanco con la camiseta de las selecciones de fútbol Argentina e Italia.  Una muestra de la penetración que tuvo en aquel país. Gentileza L. Lorenzon

Tal vez hacía falta releer  la historieta y dejar que el tiempo diera su veredicto. Se puede decir, transcurridos veinte años, que fue un notable trabajo tanto del guionista como del dibujante, con muchos aportes elogiables. Es de lectura divertida, por momentos atrapante, con aventuras urbanas o de amor al estilo telenovela, cuotas de delirio y humor y un dibujo de calidad exquisita, visualmente disfrutable.

Respecto de los autores, lo triste es que hoy Trillo no se encuentra entre nosotros, y para apreciar los trabajos más recientes de García Seijas, hay que conseguir publicaciones italianas, país donde es inmensamente valorado.