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viernes, 11 de septiembre de 2009

Los historietistas como personajes

Una serie de viñetas en las que son los autores de historietas (guionistas y dibujantes) los que aparecen como personajes. Estos son sólo algunos de los tantos ejemplos que se pueden encontrar.


Alberto Breccia dibujado por su hijo Enrique, en "El Sueñero".


Alberto Breccia, Carlos Trillo y Enrique Breccia (ancianos), dibujados por Enrique Breccia, en "Los Enigmas del Pami", publicada en Súperhumor 3, 1980.


El guionista Ricardo Barreiro dibujado como personaje (centro) por Walter Taborda, en "El Eternauta. Odio cósmico", de Pablo Muñoz y Walter Taborda.



Tres autorretratos-caricaturas realizadas por Enrique Breccia. La primera corresponde a "El Sueñero" y la segunda a "Marco Mono".


Los dibujantes Cacho Mandrafina y Macagno, dibujados por Horacio Altuna en la serie "El Loco Chávez", de Carlos Trillo y Horacio Altuna.


José Muñoz y Carlos Sampayo, autores de "Alack Sinner", dibujados por Muñoz. Revistas Tótem (España) y Fierro (primera época)


Autorretrato de José Muñoz.


Enrique Breccia y el guionista Guillermo Saccomanno, dibujados por Enrique Breccia, en la serie "Marco Mono", de Carlos Trillo y E. Breccia.


Guillermo Saccomanno dibujado como el personaje "Malone", por Horacio Altuna, en la serie "El loco Chávez", de Carlos Trillo y H. Altuna.



Carlos Trillo dibujado por Enrique Breccia, en la serie "Marco Mono", de Trillo y E. Breccia.


Carlos Trillo y Alberto Breccia, dibujados por Alberto Breccia, en unitario aparecido en la revista Súperhumor 4, de 1981.

Rarezas en historietas para niños
Otra peculiar historieta publicada en la revista para niños “Afanancio” Nº 181, de octubre de 1981. En este caso se trata del personaje Galaxio de Las Estrellas, que se publicó sin firma del autor. Como podrán apreciar, lo llamativo es el chiste del final y más si se tiene presente que estaba dirigida a un lector infantil y aún bajo el contexto de censura que imperaba durante la última Dictadura Militar de Argentina. Hoy en día resulta sumamente inocente, pero no por aquellos años.


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jueves, 6 de agosto de 2009

El largo vuelo de Lúpin - Recordando a Guillermo Guerrero

Por E.H. Edmunds

El señor Guillermo Manuel Guerrero nació el 26 de Julio
de 1923 en el barrio porteño de Villa Urquiza.
Tempranamente demuestra a través de su entusiasmo por el dibujo, su atracción por los aviones.
Una pasión revela la otra, y es así como la revista Caras y Caretas publica en uno de sus números en la sección "las páginas de los niños" un dibujo de aviones enviado por el pequeño de tan sólo 7 años titulando el trabajo "Ejercicio aéreo". Al doblar esa edad Guerrero ya estaba ayudando al mítico Lino Palacio pasando a tinta sus conocidos personajes, Ramona y Don Fulgencio, y con quien seguiría trabajando y aprendiendo el oficio durante 9 años.

En 1940 publica en el diario La Razón "Villa Mosquete", una parodia de los 3 mosqueteros de Alejandro Dumas.
En 1941 Walt Disney visita la Argentina y Guerrero conserva de él una afectuosa carta.
Hacia 1949, Toño Gallo lo recomienda a Divito para que ingrese al staff de la revista Rico Tipo y en la que trabajaría durante 25 años. Allí compartiría gratos momentos junto a su futuro socio Héctor Sídoli, Abel Ianiro, Ángel Cotta y Pedro Seguí entre otros.
Hacia 1954 se hace socio del Aeroclub Argentino y en el ´55 recibe sus alas de piloto civil.
Es por esa época, hacia 1959, que Adolfo Mazzone al frente de su mítica revista “Capicúa” le encarga a Guerrero un nuevo personaje, y éste se decanta por un piloto bajito y narigón. Inicialmente de nariz alargada, los rasgos se van ajustando hasta terminar en aquella nariz aguileña tan característica, como bien lo explicaría el propio personaje en el aniversario 25 de la revista Lúpin.







Lúpin, con el acento bien remarcado, bien dibujado en la "u"(aunque en realidad no debería escribirse). Una adaptación a nuestra lengua de la palabra inglesa "looping"(de loop: vuelta pronunciada, curva) y que hace referencia directa a la acrobacia aérea donde el avión realiza un giro completo de 360 grados en pleno vuelo para volver, finalmente, a su posición inicial.
Guerrero coloca esa acentuación con la clara intención de asegurar la correcta pronunciación,
aunque no siempre lo logra, y mucha gente, erróneamente, acentúa la "i".
(Irónicamente, mientras pongo orden a estas notas, le pregunto al mozo que me acerca el café
si recuerda "la revista Lúpin", pareciera no recordarla, hasta que le menciono los planitos y entonces sin dudarlo exclama:
-Ahh, sí …¡¡La Lupín!!)
En realidad Lúpin el piloto no es otro que el propio Guerrero, que vuela a través de su personaje
hacia mil aventuras. Lúpin no es ni más ni menos que una auto caricatura.
Cuando uno lo conocía personalmente no quedaban dudas, uno estaba conversando con el Lúpin de verdad.
Como revista, el primer número de la Lúpin ve la luz en febrero de 1966 editada por ediciones G.D.S.( las siglas de los tres socios, Guerrero, Divito, Sídoli) a un precio de 25 pesos de la época.
Cuando Divito muere trágicamente en 1969 en un accidente de tránsito en Brasil, Guerrero y Sídoli compran a los herederos la parte de Divito.
El 2 de diciembre de 2005 se llevó a cabo en la Universidad de Palermo el homenaje por los 40 años de existencia de la revista Lúpin por la comisión organizadora del Museo de la Caricatura Severo Vaccaro (MCSV).
(En la foto, de izquierda a derecha vemos a Guerrero, Julio Lagos y Héctor “Tito” Sídoli en dicha reunión)
Ante la pregunta del periodista Julio Lagos, conductor del evento, de cómo nació la revista, Guerrero decía:
"La revista nació porque junto con Abel Ianiro, ya hace años fallecido, teníamos la idea de hacer una revista de historietas y le íbamos a poner de nombre "Aventurietas" pero después Ianiro se echó un poco atrás porque él era muy amigo de Mazzone.
Y Mazzone en esa época publicaba “Capicúa” donde nosotros publicábamos nuestras historietas también.
Y bueno...quedó ahí, no pasó más nada...
Hasta que un día se nos ocurrió a él (por Sídoli) y a mí, ver si podíamos hacer una revista.

Entonces Divito se enteró y nos llamó, y nos ofreció ser socios.
En ese momento, bueno, aceptamos porque disponíamos de oficinas, imprenta, que era todo de Rico Tipo...teníamos las facilidades esas. Y bueno, entonces entre los tres nos reunimos y la sacamos. Barajamos algunos nombres, Divito quiso que se llame Lúpin y bueno, ahí quedó..."

"...desde ese momento empezamos a sacar, al principio era quincenal, sólo historietas y después empezamos a poner los planitos porque sabíamos que eso iba a traer un poco más, y bueno, fue así que empezaron a salir cada vez más planitos tanto de aeromodelismo como de electrónica..."


Acompañaban a Lúpin inaugurando ese primer número: Resorte, Bicho y Gordi, Piedrito y Saurito, Johnny Retruenos , Hercu Sansonacho (Herculacho en Rico Tipo, por Ferroni) y Purapinta (Ianiro).
En la revista se desarrollarían además de las aventuras del piloto, las de Al Feñique, "gángster o policía a ratos perdidos", las de Mosca Kid, campeón absoluto en su categoría, que paradójicamente gastaba gruesas gafas (esto proveniente quizás de aquella frase: "no le vas a pegar a un tipo con anteojos", o derivado de la simple contradicción de que un boxeador llevara lentes) y siempre acompañado por su fiel amigo Hollín, Piedrito y Saurito, un jovencito de la época de las cavernas y que tiene por mascota un gran saurio.
Y al hablar de los personajes de Guerrero es imposible no mencionar a Jopo, Manija el camarógrafo, Volantín, el gatito Juanchi y Saltapones, de Sídoli su socio por más de 40 años.




Felizmente a Guerrero se le rindió homenaje en vida, algo que debería hacerse más frecuentemente con la gente que de una forma u otra con su trabajo diario contribuye a definir nuestra identidad cultural.
Además del ya mencionado homenaje organizado por el MCSV, (donde allí también el Aeroclub Argentino condecoró a su socio de tantos años con una de las medallas especiales hechas en 1947 con los restos de un avión accidentado y que tiene la particularidad de que están numeradas y se entregan sólo a personalidades importantes vinculadas con la aviación), con muy buen tino, la legislatura de la Ciudad autónoma de Buenos Aires lo declara, el 18 de noviembre de 2005, persona ilustre de la cultura, acto que se lleva a cabo en el salón dorado del palacio legislativo. Su querido barrio de Villa Urquiza también lo homenajea colocando una placa frente a su hogar el 01/12/2007.
Guerrero hizo honor a su apellido hasta el fin.
Cuando la mañana del 30 de diciembre de 2006 falleció su amigo y socio Héctor Sídoli (Tito Sol, Dol) él queda al frente de la revista que estaba por ese entonces a un par de números del nro. 500.
pero lamentablemente por motivos legales no pudo continuar con ese nombre, por lo que "la Lúpin" sólo llegó al nro. 499.
Sin embargo Guerrero a sus 83 años decide seguir adelante, no baja los brazos y es así que ese
tan ansiado número 500 se transforma en el nro. 1 de la "Pinlu" nombre que corresponde al primo de Lúpin.

La nueva revista posee el mismo espíritu de la anterior, con historietas y planitos, pero esta vez, sólo con los personajes de Guerrero y sin los dibujos de Dol, aunque después de varios números, en el nro. 15, de agosto de 2008, vuelven a incorporarse en una suerte de homenaje al entrañable "Tito" con la aventura de "Jopo el repórter" en la aventura titulada" esquiando".
Lo dicho, Guerrero trabajó hasta último momento.
En la última de las tiras mensuales que dibujaba para el diario de su barrio con el que colaboraba, Lúpin llega al aeroclub con muchas ganas de volar pero no puede usar su avioncito porque el mecánico Tornillo se lo niega y le dice a su pesar: "Lo siento Lúpin hoy no podrás volar, lo tengo en reparación".


Pero pareciera que Lúpin quiso despegar igual.
Guerrero falleció poco después de dibujarla, no llegó a entregarla, nos dejó el 25 de Junio de 2009.
Todos quienes tuvimos oportunidad de conocerlo, quienes leíamos la revista y lo admirábamos, cuando nos enteramos de su partida nos pusimos muy tristes; tristes porque en ese último y largo vuelo también se va parte de nuestra infancia.
Se fue el Señor Lúpin, y junto a él se fue el chico de Villa Urquiza al que tanto le gustaban los dibujos y los aviones.

E. H. Edmunds - 26/07/2009




jueves, 16 de julio de 2009

Video sobre Alberto Breccia y las tapas de Fierro de Ignacio Noé

Entrevista video Alberto breccia
El siguiente es un video que muestra a Alberto Breccia trabajando y opinando sobre su obra. El video, de diez minutos de duración, al parecer fue filmado en 1991.
Por ejemplo, se ve cómo entintaba utilizando hojas de afeitar (de las viejas), con lo que lograba su particular trazo.
Un lujo.


Para ver el video

Rescates
Las tapas en la vieja Fierro, realizadas por Ignacio Noé

Ignacio Noé es uno de los grandes dibujantes-ilustradores de Argentina, que realiza su trabajo de forma silenciosa pero contundente. Se inició en los años 80 en el suplemento Oxido de la vieja Fierro y de a poco fue creciendo, para sumar historietas unitarias a la revista y dejar su marca personal a través de las tapas.

Tapa Nº 57
De allí dio el salto internacional y desde entonces canaliza la mayor parte de su trabajo para publicaciones del exterior, de Italia, España, Estados Unidos, México, Alemania, Turquia, Francia, Holanda, Suiza, Inglaterra y Bélgica. Asimismo, cada tanto los lectores argentinos podemos disfrutar de su trabajo en las principales editoriales del medio, como diferentes publicaciones de los diarios La Nación y Clarín. Para el exterior, en su curriculo se pueden inventariar las principales editoriales y revistas del mundo de la historieta, como por ejemplo: Lancio Store, Comic Art , L'Eternauta, Kiss Comix, Penthouse Comix, Editorial Delcourt, Editorial Casterman, etc., etc.


Tapa Nº 59
La repercusión de su trabajo ha sido notable, comprobado por ejemplo en España, a través de la votación de lectores sobre las mejores series del año. En varias ocasiones su obra fue votada como la mejor.
También colaboró con varios de los principales guionistas de Argentina (que también lo son del mundo), entre los que se cuentan nombres ilustres como Carlos Trillo y Ricardo Barreiro.
Con ustedes, varias de las ilustraciones de tapas que realizó para la vieja Fierro, en los años 80. Que lo disfruten.

Tapa Nº 62

Retiración interna de tapa Nº 72

Tapa Nº 80
Tapa Nº 83

Tapa Nº 49

Tapa Nº 97

viernes, 10 de julio de 2009

Rescates: las ilustraciones de El Péndulo y Oski

Editorial La Urraca, del recientemente fallecido Andrés Cascioli, siempre se caracterizó por ser innovadora en todo sentido. Entre sus publicaciones más logradas se cuenta El Péndulo, una revista-libro que pasó por varias etapas. Estaba dedicada a la ciencia ficción, género muy en boga en los años 80. El Péndulo, además de los textos de ciencia ficción, publicaba algunas historietas de autores como Enki Bilal (allí también nació Las Puertitas del Sr López, de Trillo-Altuna), un poco de humor gráfico e ilustraciones. Como podrán ver en este primer rescate (habrán más), las ilustraciones eran notables. Pero no es de extrañar la excepcional calidad de los trabajos, si se observan las firmas de los autores: varios de los mejores dibujantes de la época y la actualidad.


Tapa del Nº 1 (segunda época), ilustrada por Fortín.


Ilustración de Andrés Cascioli.

Ilustración de Enrique Breccia.

Ilustración de Fortín.


Ilustración de Limura.


Tapa doble ilustrada por Fortín.


Ilustración de Carlos Nine.


Ilustración de Sanyú.


Ilustración de Scafati (por entonces firmaba Fati)
OSKI en su tinta.
Oski (Oscar Conti), fue uno de los grandes humoristas gráficos argentinos, admirado por otros grandes como Fontanarrosa, Crist o Caloi.
Fue uno de esos innovadores, entre cuyos méritos se cuenta el inventar una forma propia de mirar el mundo y el ser un gran dibujante, pese a la apariencia infantil de sus trabajos. En sus trabajos, en la forma de abordar los temas, interesaba lo humano, el sentido y el destino.
Las siguientes viñetas fueron publicadas en los años 50 en la mítica revista de humor Rico Tipo, compiladas en en España en 1975, en el libro “Oski en su tinta”.



martes, 23 de junio de 2009

Recuerdos comiqueros: SUPERHUMOR

Súperhumor
Historietas en la tradición de “la realidad aventurable”
Por Alejandro Aguado

La revista de historietas Súperhumor se comenzó a publicar en julio de 1980, con periodicidad trimestral, para luego transformarse en mensual desde el número 5. Como su nombre lo indica, nació como una extensión de la revista Humor, publicación que por entonces era un éxito de ventas. Presentar en la tapa el nombre “Humor”, era el gancho que aseguraba su venta.

El contenido de los textos de la revista resultaba muy original por lo poco acostumbrado en la época. Presentaba entrevistas a grandes autores nacionales de las artes plásticas, a dibujantes de historietas para adultos y del humor gráfico, hoy míticos. Como así también incluía notas sobre diversos personajes y temas relacionados con la historieta (nacional) a cargo de Juan Sasturain y una sección llamada “Lo bueno, lo malo y lo feo” (hasta el número 9) donde se criticaba sin piedad a libros, cine e historieta. Las críticas hacia las historietas que editaba la competencia (editoriales Columba y Record) eran sumamente ácidas y descarnadas, y no se salvaban ni personajes míticos como Nippur de Lagash. Entre las notas y entrevistados se cuentan los autores y artistas José Luis Salinas, Alberto Breccia, Carlos Alonso, Horacio Altuna, Limura, o personajes y temas como Mafalda, Ernie Pike, la oficina como tema en el humor gráfico, Inodoro Pereyra, etc.


En el plano historietístico y del humor gráfico, desde el prólogo del número uno la revista se presentaba inscripta en la tradición de las viejas revistas de Oesterheld (época de oro de la historieta nacional: años 40 a 60). La línea de la revista, como se lo aclaraba en el prólogo, era “la realidad –nacional- como materia aventurable”. En las páginas de Superhumor, esa premisa se cumplió y de un modo magistral, al menos durante los primero veinte números, dado que la gran mayoría de las historietas estaban ambientadas en el país y de un modo que resultaba natural y atractivo, nunca forzado. Hasta las historietas ambientadas fuera de los límites nacionales, se presentaban con una mirada netamente argentina. El humor gráfico, tradicionalmente atado a la realidad, también seguía dicha línea, aunque muchas de las historias estuvieran ambientadas en mundos ficticios, cuyo propósito era disimular las referencias a la realidad nacional. Se debe tener presente que Súperhumor se editó durante la última Dictadura Militar, por lo que los autores debían agilizar el ingenio para sortear la feroz censura que imperaba por aquellos años.

Vista en el tiempo, Superhumor fue un lujo por el staff que la integraba y el material que presentaba. En sus páginas se destacaban los guionistas Carlos Trillo, Guillermo Saccomanno y Carlos Sampayo, los dibujantes de historietas para adultos Horacio Altuna, Enrique Breccia, Patricia Breccia, Alberto Breccia, José Muñoz, Solano López, Sanyú, Trigo, Cacho Mandrafina, Macagno, Dose, Saborido, Dalfiume, Garibaldi, Oswal, Juan Jiménez, Zoppi, Peiró y los humoristas gráficos Limura, Fontanarrosa, Tabaré, Ceo, Ferro, Grondona White, Fortín, Colazo, Marín y Cilencio, entre otros, o el ilustrador Scafatti. Los humoristas gráficos provenían del staff de Humor. En Superhumor también dio sus primeros pasos Carlos Nine, autor hoy reconocido a nivel mundial.
También contaba con material extranjero, de franceses y españoles: Claire Bretecher, Tardi y Carlos Gimenez. Los textos, notas, relatos, estaban a cargo de autores como Juan Sasturain, Carlos Trillo, Fontanarrosa y Alejandro Dolina, entre otros.



Series
Por sus páginas pasaron series memorables, hoy algunas consideradas clásicos de la historieta nacional:
“Un tal Daneri”, de Trillo (guión) y Alberto Breccia (dibujos), una historia oscura, dura, ambientada en el barrio de Mataderos.
Una serie de historias cortas sobre la Conquista del Desierto, de Enrique Breccia, realizada con una estética de grandes contrastes entre negros y blancos, visualmente muy impactante. En la actualidad fueron compiladas en libro. Es una obra magistral.
“Los enigmas del Pami”, de Trillo y Enrique Breccia (dibujos), una serie de tono humorístico – fantástico, que era protagonizada por los propios autores, dibujados como ancianos. En este caso, el dibujo de Enrique Breccia es de línea clara y sintética, mostrando la gran variedad de registros en los que el dibujante se mueve con naturalidad.
“Buscavidas”, de Trillo y Alberto Breccia (dibujos), es una serie dibujada con grandes claroscuros, en un estilo grotesco, en la que el personaje principal se dedica a coleccionar historias que le cuenta la gente. Esta serie fue compilada en los años noventa en dos fascículos.
“Los misterios de Ulises Boedo”, de Trillo y Mandrafina (dibujos), es una serie de aventuras fantásticas ambientada en las noches de Buenos Aires. Se trata de un gran trabajo de la dupla, pero poco recordada. Se podría inscribir en la tradición de lo fantástico inserto en el ámbito urbano, estilo que seguiría Alejandro Dolina en sus textos de “Crónicas del ángel gris”.




Una serie de historietas mudas, precursora en su tipo en el país, de Trillo – Mandrafina. Algunas de las historias de la serie fueron compiladas en libro.
“Merdichesky”, de Trillo y Horacio Altuna (dibujos), una sátira de las series policiales norteamericanas, donde su protagonista es un joven enclenque, torpe y medio cobarde. Fue compilada en libro a fines de los años 80 por editorial La Urraca.
“Sol de noche”, de Saccomanno (guión) y Patricia Breccia (dibujos), una serie que podría catalogarse de tono existencial – psicológica, donde el personaje principal es una mujer que vive sus historias de noche, en la calle Corrientes de Buenos Aires.
“Triste Solitario y Final”, se trata de una gran adaptación realizada por Sanyú, de la novela de Osvaldo Soriano, serie que quedó trunca y que fue terminada por el autor hace pocos años, para ser compilada en libro.
“Charlie Moon”, de Trillo y Altuna (dibujos), es la historia de un adolescente en la sociedad racista del sur de Estados Unidos, en los años 30-40. Se trata de un gran trabajo de la dupla que daría vida al memorable Loco Chavez.
“Bosquivia”, guionada alternativamente por Saccomanno – Trillo y dibujada por Tabaré – Fortín, con un dibujo humorístico que disimulaban guiones que eran una reflexión del contexto político del momento (dictadura militar – transición democrática)
El clásico y magistral “Boggie el Aceitoso”, de Fontanarrosa.
“Fuerte Brigitte”, de Limura. Se trataba de una serie humorística, publicada de a cuatro páginas individuales, ambientada en un fuerte de La Legión extranjera, durante el contexto de la guerra con los árabes. Pese a ello, los guiones hacían referencia a temas y formas de ser del argentino. Un gran trabajo, tanto en dibujo como en guión.
También se incluyeron episodios aislados de grandes series publicadas en otras revistas, o que se continuarían en otras como Fierro, tal es el caso de “Marco Mono” de Trillo y Enrique Breccia, “El último recreo” de Trillo y Altuna o “Evaristo”, de Sampayo (guión) y Solano López (dibujos).



Por una desavenencia con el director de la editorial, el jefe de redacción de Superhumor, Juan Sasturain, abandonó la revista en el número 10. Entre los números 11 y 16, Laura Linares fue la jefa de Redacción, cargo que luego ocupó Carlos Trillo.
Al alcanzar la veintena de números, la revista comenzó a presentar en sus tapas una estética cercana a su hermana mayor, la revista Humor. A su vez, la realidad política del momento, año 1983, comenzó a colarse a través de una cada vez mayor número de notas periodísticas. La revista de historietas, como tal, comenzó a desvirtuarse y Carlos Trillo abandonó el cargo de jefe de redacción. Entre los números 25 y 40 (junio de 1984), la historieta comenzó a ocupar un segundo plano y la revista dejó de ser exclusivamente del género. Hacia el final de su existencia, Súperhumor era una especie de revista Humor, pero con algo más de historietas.
Ese mismo año, Sasturain regresó a la editorial para dar vida a una nueva revista de historietas, la que marcaría un antes y un después en la historieta nacional: Fierro a Fierro. Hoy Súperhumor es considerada la precursora de lo que sería la revista Fierro. Si Súperhumor no trascendió más en la memoria se debe posiblemente a que nunca fue una revista de grandes ventas, como lo fue Humor, su revista madre. Sin embargo, por sus páginas pasaron obras de una calidad excepcional, con historietas cuyas tramas eran netamente nacionales y muy diferentes a lo que se publicaba en revistas tradicionales del género y en diarios.

jueves, 23 de abril de 2009

Escribir guiones – dibujar guiones

Guionistas y dibujantes profesionales, de renombre, se refieren al "guión": cruce con literatura y cine, el oficio de escribir y dibujar, la relación entre guionistas y dibujantes.

A través de Oceanía. Guión: Carlos Albiac, dibujos: Lito Fernñandez. Skorpio Extra.

Carlos Albiac
- ¿Volcaste a la historieta tu experiencia en cine y en televisión?
- Siempre pensé en imágenes. De chico era el que dibujaba bien en el colegio. En las indicaciones para los dibujantes (eso que va entre paréntesis en los guiones), hago un trabajo escenográfico. No creo en la documentación, a la que considero una mentira.
- ¿Querés valorar la ficción narrativamente?
- Exacto. Fijate en los cuadritos de Tardi: no hay fondos, sino que forman parte de lo dramático, de lo que está sucediendo. Casi no uso textos superiores. Cuando los empleo me parece que estoy cayendo en la literatura. En el guión pueden haber frases hermosas, pero en cuanto incursiones en lo literario, te fuiste al otro lado.
- ¿Tu guión es de hierro, como los proponía Pudovkin para el cine?
- Al contrario, como prácticamente carece de superiores, el dibujante goza de amplia libertad. Más que poner indicaciones, charlo con el artista sobre lo que pienso acerca de los personajes, pero por supuesto él puede efectuar cambios.
(…)
- El humor es una de las constantes de la literatura de este siglo. Además de lo que escribís entre paréntesis en el guión ¿vos conversás personalmente con los dibujantes?
- Con algunos si, por ejemplo Oswal, del que soy amigo. A veces llama por teléfono y me dice que ciertas cosas no le gustan. Cada uno cuenta con una concepción ética que se conecta con su idea del mundo. No hablo de la ideología, que está comprendida dentro de esa visión que hace andar a los personajes. Cuando alguien que escribe ficción comenta que su personaje empieza a caminar solo, es que se sacó un fantasma de adentro. Comencé a escribir historietas con el guionista Alvares Cao, el que me dio tres consejos de los cuales olvidé dos, supongo porque deben estar interiorizadas.
- ¿Cuál es el tercero?
- El lector de historietas nunca vuelve atrás. El asunto necesita mostrar claridad (que no es simpleza). Si exhibe un barroquismo innecesario, donde irrumpen personajes que no juegan realmente en la trama, se malogra. Yo primero barrunto un embrión de una idea, y luego le busco razones. Y ahí voy para atrás, indagando por qué y desinteresándome de la pura peripecia. Uno llega a plantear situaciones límite.
(Fierro 71 –primera época-, junio 1990)
Carlos Albiac, además de trabajar en cine, es autor de varias series de la historieta nacional: Alamo Jim y Perdido Joe (con dibujos de Casalla), Aventuras de Oceanía (Skorpio Extra) y Doctor Fogg con Lito Fernández (Fierro), Lord Jim con dibujos de Lalia, Los aventureros con dibujos de García Seijas, etc.

Carlos Sampayo
- En 1972 te vas a vivir a Europa. ¿Habías escrito alguna historieta hasta ese momento?
- No, trabajaba en publicidad, ése era mi medio de vida. No era mi vocación, sino un recurso para vivir. Pero sospeché que no era lo mío ni siquiera como un medio de vida. Es un trabajo muy absorbente. Apenas me fui a Europa traté de establecer otro trabajo. A partir del encuentro con José (Muñoz) descubro que la historieta es un medio donde podía expresarme.
- Hasta ese momento no te había interesado…
- Ni siquiera sospechaba que había una historieta para adultos. Recuerdo una Bienal que organizó Oscar Masotta (la Bienal Internacional de historieta, que se hizo en el Instituto Di Tella en 1968) y que a mí me parecía una extravagancia. Oscar Steimberg, que es mi amigo, había hecho un trabajo sobre Patoruzú y también era para mí una extravagancia. Recuerdo haber visto una exposición de Guido Crepax, que me pareció una impostación de páginas, “demasiado cinematográfico” pensé, “para eso está el cine”. Esa era mi mirada sobre la historieta, hasta que José me facilitó ese espacio. Al principio se juntaron mi impericia con mi necesidad de expresión y de trabajo (…)
- La figura del guionista suele ser ambigua, poco reconocida, casi invisible. ¿Cómo te encontrás en ese lugar?
- A nivel público la diferencia con el dibujante es enorme. El reconocimiento del público es totalmente inferior. Es un sistema ingrato. Pero reconozco el valor de mi trabajo. Yo sé el peso que tiene mi trabajo.
(Pablo De Santis, “Carlos Sampayo en Buenos Aires. Un oficio Secreto, en Fierro 94 –primera época- junio 1992)
Carlos Sampayo
es ampliamente conocido por formar una dupla con el dibujante José Muñoz, con el que crearon el hoy clásico Alack Sinner; un policial del género negro.


Leonardo Wadel
- (…) También me marcó de pibe su famosa Vito Nervio, con dibujos de Alberto Breccia
- Fue una sensación. Salió durante quince años, más o menos desde 1946 hasta 1960. Hasta se habó de llevarla al cine y a la radio. Pero estos proyectos no se concretaron.
- ¿Se documentó para guionar Vito Nervio?
- Siempre me documenté a fondo. Por ejemplo, un episodio de Vito Nervio lo extraje de la revista «Worldwide», que abundaba en detalles sobre un ferrocarril real que cruzaba la selva de Siam, y que era atacado por elefantes salvajes, tigres y panteras. Esta aventura de enorme éxito reflejó mi punto de vista como guionista: «utile e dolce», como decían los antiguos romanos. En lo posible traté que mis trabajos fuesen útiles y agradables a la vez. O sea, no quería escribir aventuritas banales; en Jastinapur el lector aprendió mucho de la India, así como conoció cosas de Siam en esta peripecia de Vito Nervio.
(Entrevista de Germán Cáceres. “Leonardo Wadel, el primer guionista profesional de la Argentina”, en Fierro 85 –primera época- septiembre 1991).
Según Alberto Breccia, Wadell fue el inventor en Argentina de la profesión de guionista.


Leonardo Wadel en 1991.

Oswal
- Esta reatroalimentación me recuerda a John Dewey, que decía que la vida debe entrar en el aula. Además, por otras charlas nuestras sé que te apasiona la literatura.
- La historieta está íntimamente ligada con la literatura, lo único que practica es reemplazar cierta cantidad de palabras por imágenes, pero en el fondo está narrando, contando una historia. Por tanto, son los grandes de la literatura los que nos enseñan en qué orden debemos ofrecer las cosas, cómo presentar un personaje, cómo definir un epílogo o describir un paisaje. Si dibujo un escenario, en mi interior lo estoy pensando como si fuera un escritor. A veces me dicen que mi condición es ser narrador.
- ¿Por qué no escribís guiones ahora?
- He escrito mis propios guiones, por ejemplo Sonomán y Mascarín, y pienso volver a hacerlo: me lo ha impedido la cantidad de trabajo. Hoy día tengo muchas historias que quiero sacar, y en la primera de cambio lo hago. Pero no debemos confundirnos: si sos narrador o escritor y te combinás con un guionista, es difícil que aceptes que una editorial te de un texto de fulano o de mengano para dibujar. No porque sean buenos o malos, sino porque no hay coincidencias.
- Art Spiegelman me dijo en una entrevista que el dibujante tiene que escribir sus guiones. Al citarle a Muñoz-Sampayo, me contestó que ambos piensan como si fueran uno.
- Cuando tomo el guión de una persona es porque la estimo y admiro lo que relata, y puedo agregar cosas sin alterar su mensaje.
(Entrevista de Germán Cáceres. “Oswal. De Sonomán hasta hoy”, en Fierro 70 –primera época-, mayo 1990)

Oswal, refiriéndose a varios guionistas
- Trabajaste con muy buenos guionistas, como Oesterheld, Trillo, Howard, Albiac, Grassi, Barreriro, Yaqui y otros. ¿Qué podés decirme de ellos?
- Para hablar de alguien debo conocerlo muy bien, y eso sólo puedo decirlo en el caso de Albiac y Yaqui. De Oesterheld recuerdo que me asombraba la facilidad que tenía para escribir sus guiones. Muchas veces hallaba a su secretaria, en la época de «Hora Cero», pasando a máquina lo que él había grabado y que oía a través de auriculares. Una vez que caminábamos con Héctor por Florida, de pronto recordó que debía entregar un guión. Subió a una oficina de gente conocida, pidió prestada una máquina y en pocos minutos lo escribió. Luego seguimos caminando y conversando.
De Trillo, creo que tiene una imaginación fervorosa; alguna vez le he dicho que de tener yo una empresa lo emplearía como creativo que me brindara ideas, que luego pasaría a otros guionistas para su desarrollo.
Howard tiene el concepto de lo que debe ser una historieta y buen diálogo.
Albiac es inigualado en su capacidad de imagen; ilustrar sus guiones brinda un placer inimaginable porque él tiene la condición de inspirar al dibujante: sus palabras no cierran la cosa, sino que impulsan a sumar ideas a las de él. Para mí, él es de primer nivel en el consenso mundial.
Con Grassi trabajé poco y nada.
Barreiro es profesional ciento por ciento, y sus tramas son bien trabajadas porque domina los tiempos que maneja. Posee gran fantasía y es detallista. Te repito que fue un gran placer dibujar su obra «Buenos Aires Las Putas y el loco» En general no trabajé con otros guionistas salvo muy poco con Abulí en España. Me asombró el profesionalismo que poseen sus guiones, así como su capacidad creativa; es uno de los grandes.
(Entrevista realizada por Francisco Legaristi, en Trix 8, noviembre 1989, Tucumán)




Ricardo Barreiro
- El cine que ves, ¿influye en tus guiones?
Sólo en las estructuras. Hay un fenómeno de retroalimentación. Vemos que el cine emplea no sólo los argumentos, sino los recursos de la historieta. En Allien, los trajes espaciales los diseñó Moebius y el make up lo realizó Gigier. Y viceversa. Recuerdo que cuando se conocieron las primeras películas de Sam Pecknipah con muertes en cámara lenta, los dibujantes empezaron a simular ese efecto mediante un desfazaje de cuadros. Lucho Olivera utilizó ese procedimiento.
- ¿Considerás a algún guionista como maestro de tu generación?
- Oesterheld es el maestro de todos los guionistas argentinos, de los que lo aceptan como maestro y de los que no lo aceptaron. Robin Wood tiene talento, pero disiento ideológicamente con sus héroes invulnerables que están por encima de la acción.
- ¿Y cuál sería tu historieta preferida?
- Si duda, El Eternauta, de Solano López –Oesterheld. Pero hay una historieta medio rara que me encanta: Flash Gordon, pero no la de Alex Raimond, sino la dibujada por Dan Barrym, de cuyos guiones fue responsable un prodigioso escritor de ciencia ficción, Harry Harrison, un tipo progresista. Las historias eran imaginativas y los dibujos de las naves muy funcionales. Habría que rescatar esta época de Flash Gordon.
- Ricardo, para redondear tu concepción del guión ¿vos serías un manipulador de estructuras más que de palabras?
- No soy un buen escritor y sufro con esta limitación. Más bien me siento un narrador. Me identifico con el tipo que aparece contando junto al fuego en Historias Asombrosas, de Spielberg.
- Algunos agoreros anuncian la desaparición de la historieta ¿Coincidís con este pronóstico?
Para nada. La historieta tiene una gran ventaja como la de poder dar marcha atrás y, además, elegir tu propio tiempo de lectura. En el cine, el tiempo lo impone el director. Y el libro carece de la riqueza visual de la historieta. Fijate otra cosa: hay argumentos que sería imposible plasmar en la pantalla por los costos de producción. Es más, como en el cine se mueven intereses económicos demasiado importantes, las restricciones ideológicas son más férreas y la libertad creadora es menor que en la historieta.
(Entrevista de Germán Cáceres. “Ricardo Barreiro. Ciborgs en Parque Chas”. Fierro 63 –primera época- 1989)
Ricardo Barreiro
es autor de obras claves de la historieta nacional: Ciudad, Warr III, As de Pique, Estrella Negra (todas con dibujos de Juan Jiménez), Bárbara, Nueva York Año Cero (dibujos de Juan Zanotto), Slot Barr (dibujos de Solano López), Parque Chas I y II (dibujos de Eduardo Risso), El Hombre Subterráneo (dibujos de Ignacio Noé), entre otras.



Juan Gimenez
¿Preferís trabajar solo o con guionista?
- Me gusta cambiar. Sin querer, al hacer uno la propia historia se la termina haciendo a medida. Con guionistas se hacen cosas que provocan nuevas situaciones.
- Además de la posibilidad de discutir la historia y enriquecerla…
- Si, en esencia si, pero provoca otro tipo de cosas. Si hacés siempre el guión caés en la tentación de hacer siempre lo que más conocés.
- ¿Con cuál guionista trabajaste mejor?
- Trabajé con varios, la mayor cantidad del tiempo con Ricardo Barreiro. Hicimos un muy buen equipo y ahora, con la perspectiva del tiempo, me atrevería a decir que él, a través de sus guiones y yo a través de mis dibujos, impusimos ciertas normas en la historieta. Quizá suene un poco pretencioso, pero creo que ha habido una corriente en el cómic que nos ha seguido en cierta medida.
(Entrevista en Fierro 78, febrero 1991 –primera época-)




Juan Zanotto
- Trix: A lo largo de tu carrera te relacionaste con diversos guionistas ¿Alguno es especial?
- J.z.: No tengo guionista preferido, me gustan varios. Trato de cambiarlos luego de cada serie para no anquilosarme en un estilo y tener nuevas propuestas y desafíos.
Trix: ¿Qué opinás de Gianni Zanotto como guionista?
Jz.: Escribir un guión me apasiona. Es un poco encontrar la llave de esa caja de Pandora que uno lleva adentro y dejar salir toda esa fantasía de la que hablábamos al principio. Lo difícil luego es escribirlo.
(Entrevista de Francisco Legaristi a Juan Zanotto, en Trix 6 – sin fecha edición, 1988, aprox.-, Tucumán)


Nota: En este raconto de testimonios no entró Carlos Trillo porque poseemos una entrevista inédita realizada al mismo, que se subirá próximamente.