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jueves, 4 de enero de 2018

Hora Tres, una auspiciosa iniciativa, por Germán Cáceres

Se trata de la aparición del libro Hora Tres, Historietas, Antología 2017 (Buenos Aires, 2016, 200 páginas). Su equipo es el siguiente: factótum: Julián Blas Oubiña Castro; consultor: Alfredo Grassi; gráfica: Julia Rodriguez; portada: Franco Martín Viglino. En «Sobre el proyecto» se aclara: “Es una publicación cultural que no necesariamente persigue fines de lucro, pero sí de difusión y divulgación del arte narrativo y secuencial, de homenaje a la tradición de la historieta argentina, y de búsqueda de una síntesis de pensamiento frente a la historia, evolución y dinámica del medio”. Además, advierte que el sello Ray Collins Syndicate que figura en la tapa es un tributo al consagrado guionista Eugenio Zappietro.




En la publicación  aparecen numerosas ilustraciones (hasta en las tapa y contratapa) de Reina (una de las novias del Sargento Kirk), como homenaje “…a la historieta de mayor bondad y candidez que tuvimos.”, apunta Oubiña Castro en una suerte de prólogo. Los autores son Franco Martín Viglino, Fátima Fuentes, Marcelo Sosa, Jok, Paula Andrade, Laura Gulino, Derlis, Kundo Krunch, José Muñoz, Lea Caballero, Martha Barnes y Hernán Luis Castellano.



En El gato y la memoria (guión y dibujos de Luis García Durán) predominan los contrastes entre el blanco y los detalles en negro puro. Utiliza los textos para señalar el intento de su protagonista, el gángster Frank, de recordar lo ocurrido, ya que mientras se está  recuperando de un desmayo descubre que se encuentra herido. El resultado es un conjunto de imágenes vigorosas que ilustran un guión que mantiene el suspenso y la intriga sobre un asalto que tuvo complicaciones. Bukowski, del mismo artista, se inicia con dos poemas del gran exponente del realismo sucio norteamericano. Uno de ellos finaliza así: “…mis manos muertas/mi corazón muerto/silencio/adagio de rosas/el mundo en llamas/eso es lo mejor/para mí.” En la historieta García Durán narra con seguridad y ágil planificación el derrotero de un perdedor. La última viñeta concluye con una de cita del mencionado escritor y se transcriben también otros dos  poemas. Según Oubiña Castro, ambas historietas fueron realizadas para el mercado italiano.



Hernán Luis Castellano (dibujo) y Oubiña Castro (guión) emprenden en Los actos de codicia un western que presenta un tiroteo entre bandidos, cuyo motivo recién se conoce al final. El guión atrapa y el dibujo se luce con el entrelazamiento de viñetas. El mismo dúo es responsable de El revés de la trama –con un grafismo y un guión sólidos muy diferentes al anterior– y de Ubi Sunt, en la que abunda la sugerencia. En Möbius Crux, a Oubiña Castro lo acompaña Fernando Brancaccio, que aporta dibujos trabajados con filigranas sobre páginas negras acerca de una historia fuera del tiempo y del espacio terrestre, en la que impera el horror y los actos de violencia. El otro espejo reflexiona sobre la muerte y la inmortalidad, y es Laura Gulino quien da imagen a textos de Oubiña Castro basados en el primer emperador de China.


Trampa cósmica, con guión de Alfredo Grassi, relata el descenso de un espacionauta y de un robot-humanoide en Fobos, un diminuto satélite de Marte que carece de dimensiones. El texto propone un desarrollo formidable y da pie para posibilitar una versión literaria. Notable el trazo de Ernesto Melo, hecho de oposiciones de  blancos y negros. Imaginativo el diseño de viñetas sin marcos y cuya composición se libera de toda normativa. El prólogo aclara que fue publicada en Skorpio, y que “La versión actual ofrece un diferente tratamiento estético, pero respeta a rajatabla el grafismo original”.


Perché lo fai?/José Muñoz en primera persona es un autoreportaje que tiene una extensión de treinta y seis páginas a tres columnas y en cierta forma constituye un recorrido por la historieta nacional, en el cual se añora las viejas publicaciones (“El blanco y negro, el papel berreta con que se hacían las revistas, inclusive la impresión aproximativa con los colores que Stefan Strocen ponía en la tapa de Misterix, casi siempre corridos, todo aumentaba el encanto”).  Los agudos y sensibles comentarios del artista están acompañados por sus dibujos, la mayoría de Alack Sinner. También hay trabajos de Hugo Pratt y de Ramón Columba y fotos de José Muñoz junto a Alberto Breccia, Pablo Pereyra, Solano López. Se cita a Milton Caniff, Art Spiegelman, John Cullen Murphy, Frank Robbins, y aparecen fragmentos de las charlas de Muñoz con Breccia, Solano, Pratt y Oesterheld. Esta especie de monólogo interior posee un tono melancólico, tan argentino como porteño. Respecto a su colaboración con Carlos Sampayo, sobre Alack Sinner opina: “Como personaje nos empezó a ayudar; y después, cuando se volvió persona, se volvió amigo y compañero.” Más adelante comenta: “El dibujo, la narración historietística, el arte secuencial, la literatura dibujada, la figuración narrativa, los papelitos, los manchones, etc., me sirven de calmante, me ensueñan, me predisponen para trabajar sentimientos colectivos ante el público, ante mí y ante los famosos otros”. El escrito está fechado en Buenos Aires, Confitería Saint Moritz-2013.


La extraña historia de mi lápiz (2014), con guión de Roberto Barreiro y dibujos de Edu Molina, a quienes Oubiña Castro considera “…dos de los más destacados actores de la escena independiente de los 90”, expone una gráfica estilizada, como si fueran simples bocetos hechos de líneas. Al fin de cuentas su narración se centra en un dibujante y su lápiz.
Al servicio de la impunidad, por N.N. –quien “es casi un anónimo en el medio independiente…”, afirma en dicho prólogo– es un original planteo visual y narrativo. En Una historia…, el mismo autor sostiene que la política argentina nunca dejó de reprimir, cualquiera fuera el gobierno de turno. Es el texto que narra a través del testimonio de un personaje del cual sólo se ve la cara demacrada por el sufrimiento y la edad avanzada. Los dibujos no funcionan como cuadritos sino que son ilustraciones de torturas y otros atropellos.


La nota Las lecturas infantiles y la masividad de la historieta argentina, de Ricardo de Luca y Oubiña Castro, plantea que las historietas publicadas por Columba durante sus años de mayor masividad no eran para chicos sino para adultos, mientras que en Editorial Columba y la cultura argentina, dos momentos de intervención, ambos autores distinguen dos acepciones de la palabra cultura: aquella que solo considera cultas a las personas que saben apreciar las obras de arte superiores, y la otra, llamada antropológica, más amplia y abierta, que está relacionada con las maneras de sentir, pensar y actuar de las sociedades. De la historieta argentina al cómic nacional, por Oubiña Castro, reseña una historia de la historieta argentina y señala las relaciones de la evolución política y económica (inflación, devaluaciones, deuda pública, déficits fiscal y de la balanza de pagos, fuga de capitales, crisis financieras) en la dinámica de la Editorial Columba –a la cual no deja de alabar– y en el mercado de la historieta nacional. La nota es extensa (alcanza las veinte páginas de triple columna) y otorga una especial atención a los fanzines. Da pena leer la recapitulación de las numerosas revistas de historietas que dejaron de aparecer a partir de 1991.


Excelente y emotiva la trama de Un lied para el soldado muerto, con guión de Jorge Morahin, complementado por el arte de Gianni Dalfiume, que emplea expresivos contrastes de blancos y negros. Muy meritoria la planificación. La tragedia de la guerra aparece con una intensidad digna del Ernie Pike, de Oesterld-Pratt. El texto inferior de su último cuadrito dice así: “¡No lloréis! ¡Oh, no lloréis, camaradas!/ ¡Oh, camaradas! ¡No lloréis en el campo de batalla!”. En el prólogo se aclara que fue realizada para la revista Turay, que dejó de salir en 1975, en su Nº 4.
Boiled muestra expresivos dibujos de Renzo Podestá que refieren acciones dinámicas con audaces angulaciones. Utiliza siluetas blancas sobre fondos de negro pleno. Su guión es una mezcla de actos sangrientos con elementos de ciencia ficción. Oubiña Castro opina que Podestá “puede ser considerado el artista más interesante –y terrible– de la escena independiente argentina”.
El material de HORA TRES es sumamente valioso y –tal como anuncia el título de esta nota– constituye una auspiciosa iniciativa para potenciar la historieta argentina.



Germán Cáceres  

miércoles, 1 de noviembre de 2017

VALDIVIA, EL DISCÍPULO BOLIVIANO, por Germán Cáceres

(Víctor Valdivia, Potosí, 1897-1967)


Dos épocas de Valdivia


Debido a una beca que le concedió el gobierno de su país, fue alumno en el período 1918-1922 del gran Pío Collivadino en la Academia de Bellas Artes de Buenos Aires, de la que egresó como Profesor Superior de Dibujo. Se dedicó al periodismo y a la ilustración. Colaboró en Última Hora, Plus Ultra y, principalmente, en la mítica revista Caras y Caretas, de la cual fue Jefe de Dibujantes. En 1939, para el diario El Día de La Plata, adaptó en historieta la novela Los caranchos de la Florida, de Benito Lynch. Retornó a Bolivia en 1967. Poco se sabe acerca de su trayectoria como pintor, salvo que expuso su obra en Buenos Aires, Rosario, La Paz, Oruro, Cochabamba, Potosí y Sucre, y que Carlos Salazar Mostajo en 1989 escribió: “En uno de sus viajes a La Paz trajo una exposición que fue una demostración de su gran talento pictórico para la interpretación del paisaje potosino. Nunca se había pintado el ambiente atmosférico de esa tierra con tanta convicción, con tanto realismo.



En Caras y Caretas hay historietas de humor gráfico muy originales, en las cuales homenajea a Carlos Gardel, Azucena Maizani y Francisco Canaro. Utiliza doce viñetas con diálogos, pero debajo de ellas un texto mínimo desarrolla una narración. El mismo procedimiento lo repite en otros trabajos de cuadro único que podrían calificarse de cartoons,  algunos de los cuales no contienen globos. En estos sus figuras son sumamente sintéticas, casi boceteadas, como las que integran la serie «A punta de lápiz».



También ilustró tapas sobre obras literarias, demostrando en algunas su formación académica en el tratamiento del color y la representación de la figura humana (p.e. en Hoguera de amor, de Edmundo Montagne; El camino de las llamas, de Hugo Wast). Otras de esas tapas optaron por la caricatura, como La casaca roja, por Manuel Komroff; El combate de las fieras, por A.E. Coppard; El hombre que no sonreía, por Heriberto Shaw; El agregado, por Benito Lynch. Y algunas las realizó en blanco y negro: El especialista en divorcios, por Víctor Juan Guillot; El candidato invisible, por J. Jacquin.



Las caricaturas de periodistas (entre ellos Juan José de Zoiza Reilly) son joyas artísticas. La del presidente uruguayo Dr. Gabriel Terra está influida por el respeto a su investidura y es más convencional. La del Dr. Adriano Díaz Cisneros, Administrador de Impuestos Internos, tiende más al estilo burlón como asimismo la del enviado plenipotenciario de Portugal, Dr. Fernando Quartin D´Oliveira Bastos.


Poéticas y estilizadas son las caricaturas de «Nuestras escritoras» (Alfonsina Storni, Victoria Ocampo, Luisa Israel de Portela, Mercedes Moreno, Delfina Bunge de Galvez y Carmen S. de Pandolfini). En «Nuestros escritores» es menos refinado pero sus trazos rezuman calidad (Alberto Gerchunoff, Enrique Banchs, Enrique Méndez Calzada, Arturo Cancela, Constancio C. Vigil y Roberto Giusti). Los mismos lineamientos los aplica en «Nuestros pintores»: Fernando Fader, Césareo Bernaldo de Quirós, Jorge Soto Acebal, Pío Collivadino, Carlos P. Ripamonti, Emilio Caraffa.


Es autor de ocurrentes caricaturas políticas, como los seis hombres enfrentados con armas y que representan a otros tantos países: España, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Bélgica. O la de funcionarios de la Capital Federal sentados a una mesa y dispuestos a engullirse glotonamente los platos de comida que llevan el nombre de nuestras provincias.




Caricaturizó a personajes de nuestro campo que provenían de la series radiales «Chispazos de Tradición», creada por Andrés González Pulido, y «Bajo la Santa Federación», de Carlos Viale Paz y Héctor Pedro Blómberg. Salvo las enormes cabezas, los cuerpos son proporcionados y sus vestimentas sumamente precisas.




Una bella imagen de una pareja de gauchos –hay una mujer con porte de heroína–, muestra su dominio técnico de la composición en diagonal y una magnífica armonía de complementarios hecha de gradaciones de verdes y rojos difuminados. Tanto los personajes como los respaldos de las sillas y un farol se orientan verticalmente y hacen juego con las líneas horizontales que aparecen en el poncho de la mujer y en el chiripá del hombre. La grafica en negro pleno funciona como ornamentación. Se puede considerar tanto una ilustración, una estampa o  un cuadro digno de exhibirse en una galería o en un museo.


Otra maravilla de su maestría en el manejo del color lo proporciona la escena en la cual una india se retira de una mesa después de servir a dos parroquianos. Es exquisita la estilización que plantea en una reunión elegante en la página que titula « ¡Nochebuena!». Otro ejemplo de exquisitez y refinamiento lo transmite la ilustración de una pareja besándose sentada en un sillón. Recurre a una armonía monocolor: el verde en diferentes tonalidades se embellece con ornatos distribuidos en los círculos estampados del vestido de la mujer y en las flores y plantas de una maceta.


Merece destacarse que ilustró el libro Cajita de música: texto de lectura para primer grado superior (Buenos Aires, Estrada, 1954). Se trata de buenos dibujos que destilan inocencia e ingenuidad, propios para chicos de ese nivel escolar. Los colores sobresalen por su delicadeza.


 Resulta oportuno repetir los conceptos que emitió el diario La Razón en 1929: “Porque en Valdivia uno de los aspectos más simpáticos de su obra lo constituye la espontaneidad, tanto como la sencillez, a cuyas cimas es posible llegar mediante una técnica largamente practicada, y, desde luego, con un sentido de apreciación que sólo se halla al alcance de grandes artistas.”




Germán Cáceres


Bibliografía

-historietapatagonica.blogspot.com.ar: «Rincón retro. Grandes ilustradores del pasado: Víctor Valdivia, Chispazos de Tradición, 1933».
-http://elias-blanco.blogspot.com.ar:«Diccionario Cultural Boliviano: Víctor Valdivia».
-http://www.museodeldibujo.com: «Valdivia, Víctor».
-https://luisalberto941.wordpress.com: «TOP-COMICS: América y sus dibujantes en la historieta argentina».

-Lipszyc, Enrique: El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas. Editado por la Escuela Norteamericana de Arte, Buenos Aires, 1953.

jueves, 28 de septiembre de 2017

ZAVATTARO, el luchador. Por Germán Cáceres

No se va analizar uno de los tantos filmes que llevan este título, sino a un gran artista plástico que, además, practicaba lucha grecorromana profesionalmente en el Teatro Casino. Y si le preguntaban qué le gustaba más, afirmaba que luchar porque recibía aplausos del público. En cambio, como ilustrador nadie lo alentaba.


Nos estamos refiriendo a Mario Zavattaro, llamado por León Benarós «…el ilustrador paradigmático del Martín Fierro».
Nació en Génova en 1876, se radicó a los veintitrés años en Buenos Aires (o sea en 1899) y falleció en 1932. Colaboró en los diarios Crítica y La Nación, y en las revistas El Hogar, Plus Ultra, P.B.T. y, sobre todo, en Caras y Caretas, donde fueron sus compañeros de trabajo José María Cao y Manuel Mayol. Realizó trabajos a lápiz, tinta, gouache, óleo, pero sobre todo sobresalió como acuarelista. Así ilustró tapas de las revistas citadas y, en Caras y Caretas, retratos, escenas camperas, caricaturas y soldados europeos de la Primera Guerra Mundial.


Trabó amistad con el músico Ángel Villoldo (compuso El choclo), el actor Enrique Muiño, el director cinematográfico Mario Gallo y los escritores Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones. Así, es el autor de la tapa de la primera edición de La crencha engrasada, de Carlos de la Púa.
Fue admirador del gran Charles Dana Gibson (1867-1944), creador del primer tipo de belleza femenina norteamericana, y cuya impecable técnica asimiló.


Su obra cumbre son las treinta y seis acuarelas que ejecutó para el Martín Fierro, que fueron reproducidas por la firma Alpargatas para sus almanaques de 1937, 1938 y 1939 y, además, con destino a álbumes. Concretó esta genialidad documentándose en las ciento veinte fotos del campo y de la gente bonaerense que había tomado el doctor Francisco Ayerza entre 1885 y 1890. Asimismo pudo acceder al manuscrito de La vuelta de Martín Fierro. También recorrió personalmente la zona.


En 1997, la Cámara Argentina de Publicaciones premió a Francisco Montesanto por su edición del Martín Fierro, que reivindicó sus acuarelas.
En las ilustraciones del nombrado poema, de colorido intenso y vital, Zavattaro transmite la sensación de movimiento. Tanto los registros de las escenas a plena luz solar como las nocturnas evidencias su oficio. El retrato que plasmó de José Hernández es un homenaje a su grandeza de escritor: atrás suyo se ve a un recio gaucho a caballo y a una diáfana y bella mujer que bien puede sugerir a una musa. Su figuración es fiel al realismo, dado que registra todos los detalles de la vestimenta del hombre de campo, los arreos de cuero, y los paisajes de ranchos, pulperías, pajonales, ganados y aguadas. Su talento para dibujar bellas mujeres y caballos remite a un artista   más cercano, el portentoso José Luis Salinas (1908-1985).


Sus caricaturas, plenas en armonía de colores y estudiada composición, no pueden menos que evocar al genio de Toulose-Lautrec: eran obras maestras, dignas de formar parte de una pinacoteca. Había en ellas perspicacia psicológica, satirizaba al personaje deformando su cara y, a la vez, lo estilizaba estéticamente. Algunas (como las de Federico Pinedo, hijo, y el doctor Julio Méndez) parecen fotografías retocadas dada la autenticidad que transmiten sus trajes.



Según Enrique LipszycSus dibujos inconfundibles, sus cabezas femeninas, sus magníficas acuarelas e ilustraciones, aquellas caricaturas de intención aguda, donde la elocuencia surgía espontánea de la expresión de la figura, estaban animadas, íntimamente, por el soplo del verdadero arte.”











Germán Cáceres



Bibliografía

-https://ilustración.fadu.uba.ar: «Mario Zavattaro/Archivo de la ilustración argentina».
-https://www.clarín.com.ar: «El artista que ilustró el Martín Fierro con 36 acuarelas”.
-https://www.google.com.ar: «Mario Zavattaro».
-http://www.lanacion.com.ar:«El pintor del Martín Fierro», por Fernando Sánchez Zinny.
-http://www.lanacion.com.ar: «Viejos retratos del Martín Fierro», por León Benarós.
-http://www.museodeldibujo.com: «Biografía de Mario Zavattaro».
-https://www.taringa.net: «Mario Zavattaro – Ilustraciones del Martín Fierro».
-Lipszyc, Enrique, El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas. Editado por la Escuela Norteamericana de Arte, Buenos Aires, 1953.

miércoles, 30 de agosto de 2017

RESCATE DE ALFREDO FERRONI, por Germán Cáceres

Fue una persona maravillosa, pura bondad y, por supuesto, un gran artista. Sus dibujos fueron graciosos, bien plantados y personales. Pasaron muchos años y al venir a mi memoria me emocioné…Eso es lo que nos dejan las muy buenas personas.

Martha Barnes




Nació en la Argentina en 1919 y falleció en 1983, a los sesenta y cuatro años, según los datos de Siulnas que Carlos Martínez aportó en una nota (ver bibliografía).
Su padre, un inmigrante italiano, era dibujante y fue el primero que le enseñó los rudimentos de este género gráfico. Más tarde recibió lecciones de dibujo artístico y publicitario por parte de un profesor.
Publicado en Dártagnan 272, julio de 1972. 


Lo suyo era el humor de cuadro único y, además, una profesión abandonada por el avance tecnológico: la de letrista. Realizó los títulos de numerosas historietas y diseñó letreros luminosos. También se dedicó a la publicidad (fundó una agencia junto con un hermano y creó avisos para firmas importantes como Brancato y Droguería La Estrella).
Se destacó su sentido humanitario al ejecutar dibujos «relámpago» en escuelas, y también los hizo para enfermos y personas desamparadas en hospitales e instituciones de bien público.
Publicado en D´Artagnan 361, septiembre 1975.

Su carrera profesional comenzó en 1936 colaborando en la revista Figuritas, dirigida al mundo escolar. Luego trabajó para Editorial Tor y en las publicaciones Racing, Cascabel, Rico Tipo, Pilucho, Tío Vivo, Tipote, Loco Lindo, TV Guía, Chistosis, La Revista Dislocada, María Bizca y Esquiuú. En 1944 se relacionó con Ramón Columba y empezó a dibujar en su Editorial (revistas Páginas de Columba, Intervalo, El Tony, Fantasía, D`Artagnan, OptimismoY Puntos de vista). Muchas veces firmaba graficando un sombrero mejicano (algunos creían que era de esa nacionalidad).

Publicado en D´Artagnan, noviembre de 1972.

Estuvo a cargo de las series Rulito, el gato atorrante y Pecoso y su pandilla. Entre sus personajes se destacan Chicote, Martín Lata, Astronauta diplomado, Hercusansonacho y Bronca Ley.
Sus viñetas de humor  se agrupaban en una página, a veces dentro de una temática. De trazo seguro y armonioso, era original en la composición gráfica de los personajes. En algunos cuadritos muestra un tinte surrealista. Por ejemplo, hay uno muy logrado sobre la magia, en la que el marido se despierta de una pesadilla y le comenta a la esposa: “Soñé que un mago me transformaba en caballo” y precisamente ella observa que él ya tiene cabeza de caballo. Sus chistes, aunque hoy resultan ingenuos, evidenciaban una notable inventiva. Muchos de los textos se debían a Inés Vilaboa.

Publicado en Fantasía 236, enero de 1974.


En otro cuadrito un señor con un diente en la mano le pregunta si es suyo a un boxeador noqueado con medio cuerpo fuera del ring. En una página dedicada a «La esgrima» resulta desopilante cómo una esposa utiliza un florete para ensartar chorizos y asarlos en la parrilla, mientras otra emplea la rejilla protectora como colador de fideos. En la dedicada a los presidiarios, el director de la cárcel le dice a uno de ellos: «Ud. se queja porque tiene que estar cinco años. ¡Yo hace veinte que estoy aquí!».

Publicado en Fantasía Color 40, marzo de 1979.

Resulta gracioso cómo graficaba a las mujeres: las jóvenes lucían hermosas y de curvas pronunciadas, en tanto las mayores eran voluminosas por su sobrepeso. Los fondos los representaba con simples líneas, pero en algunos (como el de un chico mirando los objetos de un cuarto de trastos y el de un hombre en camiseta que está leyendo un diario en la cama) toda la escena está representada con sumo esmero caligráfico.

Publicado en El Tony 307.

Sucede que –salvo casos de vigencia excepcionales– los lectores se olvidan por completo de los historietistas. Es que cuesta apreciar las creaciones del pasado; en la actualidad el público se halla aprisionado por las pautas del presente. Parece que no se tiene en cuenta la sentencia de Ernst Fischer: «Toda lectura tiene su fecha». El lector debe aplicar con sabiduría este concepto para gozar las virtudes de una obra ubicándose en la época en que fue concebida.  Algo parecido ocurre con la literatura y las demás expresiones artísticas. Pero los museos operan como memoria de las artes plásticas y los conservatorios, teatros líricos y salas de conciertos con la música. La literatura se resguarda en las academias y en las universidades (Lucho Olivera opinó que «Hoy es casi imposible leer fuera de los ámbitos universitarios novelas como el Ulises de Joyce o El Quijote de Cervantes.»). La historieta pudo ingresar a esos claustros después de una larga y dura lucha, de modo que debería consolidarse  esta tendencia para que no se pierda la producción de estos grandes historietistas que tanto predicamento tuvieron en su momento.  
Publicado en El Tony 420, marzo de 1979.

Nada mejor para finalizar esta nota que recurrir a la palabra autorizada de Gerardo Canelo:
«Sobre Alfredo Ferroni como artista digo que pertenece a una época de humor limpio, elegante, no agresivo ni en sus dibujos ni los textos. Un dibujante que fue evolucionando  y no quedándose en el tiempo. Siempre buscando actualizar sus monos.
 Como letrista, solamente conocí sus letras para títulos. Él pertenecía a una época en que se dibujaban hasta los titulares de las tapas de los diarios. Las variaciones en las tipografías de esa época eran muy reducidas, por eso las más variadas revistas utilizaban títulos dibujados. La publicidad hacía lo mismo y el ser letrista era motivo para tener trabajo en diversas aplicaciones dibujadas. Ferroni creo que, por estar cercano a todo lo referente al dibujo gráfico, era distinguido por los editores para esa tarea. Y lo hacía muy bien acompañando letras más viñetas con las que ambientaba la historieta.



Y, como persona, era maravillosa.  Muy humano, muy cordial con sus saludos y sé que también lo era en su vida familiar. Su bondad se ve con claridad en sus dibujos.
Lo lamentable para mí fue que siendo un amigo de mucho tiempo en Columba, cuando falleció, sus compañeros nos enteramos mucho después. Había tenido una intervención quirúrgica cardíaca bastante seria, pero había salido aparentemente bien. Hay notas de Siulnas que pintan la calidad de Ferroni como persona solidaria y destaca que iba asiduamente a los hospitales a dibujar para entretener a chicos enfermos.
Vivía en Santos Lugares y era hincha de Huracán.»



Germán Cáceres


Bibliografía

–laduendes.blogspot.com.ar: «Los maestros olvidados: Alfredo Ferroni».
–Martinez, Carlos R.: «Alfredo Ferroni, la sonrisa de Columba/Top- Comics», https://luisalberto 941.wordpress.com.

–siulnas-historiador. blogspot.com.ar: «Un día como hoy…».