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martes, 22 de enero de 2013

Entrevista a Leonardo A. Wadel, por Germán Cáceres


A LA CONQUISTA DE LA AVENTURA



Según Alberto Brecciaestá injustamente olvidado y (...) fue aquí el inventor de la profesión de guionista”. Como el mismo Wadel declara, hizo su debut en 1936 con Kharu, el hombre misterioso. Más tarde vinieron A la conquista de Jastinapur, Paul de Bernis, Vito Nervio, Turbion, Duval y Gordon.
Tadujo libros de la serie Sexton Blake y  -para la revista Patoruzito- Flash Gordon, Rip Kirby, Capitán Marvel, Cisco Kid.
Adaptó numerosas obras de la literatura universal, entre ellas El Libro de la Selva, con dibujos de José Luis Salinas.
Fue director de las revistas Rojinegro, Fabián Leyes y El Huinca, estas dos últimas con historietas de temas nacionales.


Germán Cáceres: No puedo dejar de emocionarme al recordar A la conquista de Jastinapur, una de las historietas que más me atrapó cuando era chico.
Leonardo Wadel: Jastinapur deriva del sánscrito y es el nombre de una ciudad. Me inspiré en las famosas epopeyas hindúes el Mahabharata y el Ramayana. Ésta relata “Las hazañas de Rama”, que lucha contra una especie de demonio para liberar a su esposa. Rama protagoniza prodigiosas aventuras, en una de las cuales lo ayuda un ejército de monos. El Mahabharata –que significa “Relato de la gran guerra de los Bharata”·- es extensísima: si uno deseara leerla tardaría una vida, pues tiene unos cien mil dísticos. Narra las guerras que libran por el trono de Hastinapura dos familias descendiente de Bharata: los pandavas y los kauravas. De estas dos obras extraje las fabulosas acciones que ocurren en la historieta. El episodio en que los héroes se juegan un reino a los dados esta tomado del tramo del Mahabharata en que un personaje pierde así su fortuna y sus dominios, y es condenado al exilio. Me pareció un buen recurso para que los héroes corriesen aventuras por el mundo. Al cabo de tres años los hice regresar.

En revista Patoruzito, 1946

G.C.: ¿Cómo se llamaban los héroes?
L.W.: Asoka era el más joven y ágil y Kairaba el más fornido. En los relatos de aventuras esta combinación ha repercutido favorablemente entre los lectores. Un alto empleado de una importante editorial de historietas me confesó que la mayor parte de la producción se basaba en A la conquista de Jastinapur. Además, hay que reconocer que el dibujo de Emilio Cortinas fue extraordinario. Era un miniaturista que trabajaba con amor.

G.C.: Usted se nutrió del Ramayana y del Mahabharata en cuanto al asunto, pero ¿qué modelo utilizó para la estructura de la historieta?
L.W.: Yo me había adaptado al público. Procuré darle vigor y fuerza a los textos y los novelicé.

En revista Chaupinela, 1974

G.C.: Claro, porque era una historieta sin globos.
L.W.: Respecto al estilo de escritura no recibí ninguna influencia. Todo fue mío.

G.C.: Usted además se ocupó del folletín cuando dirigió la mítica revista Rojinegro.
L.W.: Y traduje unos cien episodios de Sexton Blake, de la editorial Tor. Incluso escribí algunos a su pedido porque al iniciarse la Segunda Guerra Mundial dejaron de enviarlos.

En revista El Huinca, década del 70.

G.C.: También me marcó de pibe su famosa Vito Nervio, con dibujos de Alberto Breccia.
L.W.: Fue una sensación entre los lectores. Salió durante quince años, más o menos desde 1946 hasta 1960. Se habló de llevarla al cine y a la radio. Pero estos proyectos no se concretaron.

G.C.: ¿Se documentó para guionar Vito Nervio?
L.W.: Siempre me documenté a fondo; por ejemplo, un episodio de Vito Nervio lo extraje de la revista Worldwide, que abundaba en detalles sobre un ferrocarril real que cruzaba la selva de Siam, y era atacado por elefantes salvajes, tigres y panteras. Esta aventura de enorme éxito reflejó mi punto de vista como guionista: “utile e dolce”, como decían los antiguos romanos. En lo posible traté de que mis trabajos fuesen provechosos y agradables a la vez. O sea, no quería escribir aventuritas banales; en Jastinapur el lector aprendió mucho de la India, así como conoció cosas de Siam en esta peripecia de Vito Nervio.

En revista `Patoruzito, 1959.

G.C.: Una historieta que gustó mucho fue Duval y Gordon, con gráfica de Enrique Vieytes.
L.W.: La escribí para la revista Pimpinela de Editorial Codex, y con una orientación completamente popular.

G.C.: ¿Qué otra historieta desea mencionar?
L.W.: Una de las cosas que me brindó mayores satisfacciones fue la dirección de las revistas Fabián Leyes y El Huinca, con historietas que relataron la campaña del desierto. Allí escribí innumerables guiones, y hubo trabajos magníficos, como los dibujos de Enrique Rapela. La conquista del desierto tuvo la misma grandeza y monumentalidad del Far-West. Tribus enteras fueron asesinadas y se cometieron cualquier clase de horrores, pero al margen de tanta monstruosidad e injusticia abundaron actos heroicos que pienso volcar en un libro que llamaría Cuentos del Sur o Cuentos de fortines.

En revista Patoruzito, 1961.

G.C.: ¿Recuerda algún suceso?
L.W.: Sí, el de un fortín de la provincia de Buenos Aires, que, al quedar sin soldados, fue defendido por un grupo compuesto de inválidos, enfermos y prostitutas.

G.C.: ¿Nunca abordó el cuento o la novela?
L.W.: Mi único libro fue En el umbral del gran enigma, sobre cuestiones vinculadas con el esoterismo, una de mis chifladuras.

En revista Pàtoruzito, 1959.

G.C.: ¿Qué piensa de la historieta como arte, usted que la vivió tan de cerca?
L.W.: Creo que últimamente a los historietistas se les han subido los humos a la cabeza. A toda costa pretenden considerar la historieta un arte. No sé si lo es. Puede serlo por el dibujo o por el guión. Para mí se trata de un simple entretenimiento.


De El dibujo de aventuras, de Germán Cáceres (Editorial Almagesto, Buenos Aires, 1996, 200 páginas).

miércoles, 9 de enero de 2013

ABEL IANIRO (1919-1962), por Germán Cáceres


Para hacer un buen dibujo no basta gustarlo, hay que sentirlo (...) Mis mejores chistes humorísticos han sido sacados de la vida real.
Abel Ianiro



Nació y falleció (a los cuarenta y tres años) en Buenos Aires. Fue humorista, dibujante publicitario y caricaturista. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la revista La Cancha, y luego en Patoruzú, Cascabel, Cara Sucia, Rico Tipo, Chicas, Chabela, Leoplán, Canal TV y Tía Vicenta.
En Leoplán creó en la década del cuarenta tres historietas: Tóxico y Biberón, Casanova Conquistador y Purapinta.

En Rico Tipo 94, 1946

Tóxico y Biberón (1944) formaban un dúo de padre e hijo. El primero era pequeño y dañino y el segundo un gordo grandote y cándido que impedía que las maldades paternas se concretaran: el humor de la tira jugaba con esta oposición. Gráficamente, Ianiro gestó algo así como un desorden planetario con sus grises y negros plenos, sus enfoques y perspectivas forzados, y sus planos lejanos de personajes y objetos de tamaño diminuto.
En revista Leoplán, 1946.

Purapinta, que se publicó desde 1944 en Rico Tipo, posee un físico portentoso y ostenta una pose envarada y fanfarrona, muy similar a la del genial Dr. Merengue, de Guillermo Divito. Con un pecho descomunal, propio de un boxeador, se comporta como un guapo, pero a la primera reacción del rival se acobarda y evita la pelea. Por boca de Ianiro, en 1953 y en la revista Atelier, Purapinta declaró: “Sucede que me gusta imponerme a la gente, pero sin hacerle daño. Claro que no siempre me comprenden y muchas veces reaccionan desfavorablemente. Es entonces que pienso: ¿Para qué pelear? ¡Si le pego lo mato!”  La única vez que se envalentona y asusta a ladrones de escasa monta es cuando se convierte en policía uniformado. En una oportunidad, tras su bravata de “¡No lo aguanto más!”, se limita a quitarse el pull-over que lo estaba molestando. En otra, se encuentra sentado tomando mate en un banquito de una habitación con la puerta abierta, lo que le permite oír los gritos de una mujer que está pidiendo socorro. Se levanta y parece dispuesto a defenderla, pero sólo da un portazo y exclamar “¡Listo!”. Y en una tira le está propinando una paliza abrumadora al adversario, pero en el último cuadrito se lo ve en la cama y la voz en off de la madre le grita “¡Arriba Purapinta” en tanto él le contesta “Ufa, mamá! ¡Me despertaste en lo mejor!”. La historieta continuó republicándose en la revista Lúpin.

En revista Leoplán, 1948.

En 1957 empezó a salir en “El suplemento del Doctor Merengue” de Rico Tipo, un nuevo perdedor, pero en el amor. Se trata de Tito Faldas, personaje que intenta ser un seductor, pese a que siempre fracasa en forma bochornosa. Es más estilizado y delgado que Purapinta, se viste impecablemente y usa un cuidado bigote.

En revista Rico Tipo, 1946.

A partir de 1945 Marmolín se publicó en Rico Tipo. Es una estatua en actitud solemne sobre un pedestal ubicado en una plaza, que porta bajo el brazo un libro enorme. Da la sensación de ser un prócer civil de fines del siglo XIX  (en una tira se aclara que se recibió de abogado y que nació en 1875). El personaje cobra vida de acuerdo a lo que sucede a su alrededor. Por ejemplo, un hombre se encuentra parado leyendo un diario de espaldas a la estatua, y ésta aprovecha para a su vez leerlo de reojo. Cuando el tipo –sin abandonar la lectura- comienza a caminar, Marmolín lo sigue. En una ocasión se burla de dos observadores que permanecieron horas vigilando si se movía. Ni bien se retiran defraudados, se arroja al suelo para reírse hasta las lágrimas. En otra está absorto estudiando un libro de magia y desaparece el pedestal, pero él se mantiene suspendido en el aire.

En revista Leoplán, 1950.

Mujer al fin y Dedalina fueron historietas de su producción, y realizó, además, un sinnúmero de tiras aisladas, sin protagonista.
Pero principalmente sobresalió como caricaturista, uno de los mejores de la década del cincuenta y de toda nuestra historia. En 1950 obtuvo la Medalla de Oro del Quinto Salón Anual de la Asociación de Dibujantes y el primer premio en la categoría Dibujo Humorístico en la Tercera Exposición de Arte de Propaganda. Por su parte, Luis Ordoñez  manifestó el 30 de junio de este año 2012 que “La caricatura fue mi pasión siempre y me llegó por contagio de un gran dibujante, para mí el mejor caricaturista argentino, que fue Abel Ianiro. (...) me llamaba la atención cómo se podía deformar tanto a una persona y mantener el parecido...

En revista Rico Tipo, 1950.


Dibujó caricaturas de grandes actores en colores y también en blanco y negro. En éstas últimas, sus sombreados son espectaculares y revelan un avanzado criterio plástico. En la de Carlos Thompson, se muestra imaginativo empleando grises y buscando cierta intencionalidad artística. Captó la imagen del actor a través de su infaltable pipa, su abundante cabellera y sus ojos rodeados de cejas y párpados gigantescos, como si una criatura fantástica se hubiese posado sobre su rostro. La de Raf  Vallone logra que la cara sea la prolongación de su físico de luchador. En la de Dick Bogarde se observa la sutileza de la línea y el deslumbrante toque de aguada, técnica en la que descolló. Peter Lorre parece haber sido fotografiado mientras se contemplaba en un espejo deformante. Resulta increíble el dinamismo que irradia la caricatura en primer plano de Amedeo Nazzari, intérprete de tantos papeles dramáticos, cuya personalidad supo volcar con profundidad. Con David Niven optó por poner el acento en los ojos, como con Carlos Thompson y, aunque éste fue un galán y el primero más bien un comediante, de ambos emana una mirada melancólica.

En revista Rico Tipo 1947.

Respecto a las caricaturas en colores que salieron en las tapas de Canal TV, es tan imaginativa y original la de Dolores del Río que se está ante una imagen que no admite comparación: es un mundo gráfico en sí mismo. Se destaca por su movimiento, su composición y las incontables curvas (las cejas, las pestañas, los carnosos labios y esas manos pequeñas que parecen pájaros a punto de volar). La amplia y característica sonrisa de Nat “King” Cole parece reflejarse en el teclado del piano y contar con vida propia, como si intentara salirse de la tapa. Juan D´Arienzo está enfocado con un plano americano en tanto marca el ritmo. Johnny Wesmuller y su mona Chita transmiten la sensación de ser dos modelos para un filme de animación. Sammy Davies Jr. asoma en toda su gestualidad para lo cual Ianiro no temió distorsionar sus facciones al máximo. Carmen Sevilla no deja de ser bonita: cabello, manos, vestido y rostro se articulan en una espléndida armonía visual. Por su parte, Pedrito Rico impresiona como si pretendiera enroscarse en forma de caracol. Lograda la peculiar sonrisa compradora de Fernando Lamas, equiparable a la del mismo Gardel, y Tita Merello es pura síntesis y simplicidad. La de Narciso Ibáñez Menta bordea la pintura estilo ilustración, con rasgos representados con suma discreción. Detrás del plano medio del actor se insinúa una silueta oscura que evoca a Mr. Hyde.

En revista Rico Tipo, 1950.

Después de recorrer con admiración y alegría estos soberbios trabajos, sólo cabe repetir que Abel Ianiro fue un artista gráfico impresionante, tanto en la caricatura como en el humor. O sea, ¡un grande!


Germán Cáceres



Bibliografía

-Accorsi, Andrés, “Abel Ianiro”: http:/www.comiqueando.com.ar
-Cinelli, Juan Pablo, “El dibujante que es una marca registrada de la caricatura nacional”: http://tiempo.infonews.com.
-Gociol, Judith, y Rosemberg, Diego, La historieta argentina/Una historia. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.
-http://barriletevirtual.blogspot.com.ar: “¿Quién fue ABEL IANIRO?”
-http://es.wilkipedia.org: “Purapinta”.
-http://www.museodeldibujo.com: “Ianiro, Abel”.
-http://www.pacoduqueypipamania.com.ar: “Abel Ianiro”.
-Oche, Califa, La Argentina que ríe: el humor gráfico en las décadas de 1940 y 1950. Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2007.
-Sanguiliano, Héctor Sanyú, 100 años de historieta en el mundo/La historieta en la historia argentina. Aiglé Ediciones, Buenos Aires, 1997.
-Siulnas, Aquellos personajes de historieta (1912-1959). Punto Sur Editores, Buenos Aires, 1987.
-Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo, Historia de la historieta argentina. Ediciones Record, Buenos Aires, 1980.

martes, 18 de diciembre de 2012

JOSÉ LUIS SALINAS -1908-1985- (segunda parte) Por Germán Cáceres


Cisco Kid posee varios antecedentes. En primer lugar nace en un cuento de O´Henry, The caballero´s way (El camino del caballero, 1907). Pero como testimonia el guionista (jamás conoció personalmente a Salinas) este supuesto héroe era un delincuente, y con el propósito de corroborarlo transcribe el comienzo del relato de O´Henry: “Mataba por gusto -porque tenía un temperamento fuerte– cualquier motivo que se le ocurriera era suficiente.” Y refiere que Sylvan Bick, el editor de la tira, le advertía que Cisco Kid siempre tenía que ser “el Bueno”. “Ya sabes, Rod, en la historia original, él era un verdadero hijo de perra”.

Fragmento de página de Cisco Kid en versión italiana

El personaje inició su recorrido en el cine y siguió en la televisión. La primera película se llamó En el viejo Arizona (1929), dirigida por Raoul Walsh e Irving Cummings, y lo encarnaron varios actores, entre los cuales el más famoso fue Gilbert Roland, un mexicano de origen español (Luis Alonso), que intervino en seis filmes.

Ilustración publicada en el libro "El dibujo según el temperamento de 150 famosos artistas", 1945.

Como ya señaló Francisco Tadeo Juan en el epígrafe, hubo pocos artistas que dibujaran con semejante talento los caballos y plasmaran tan bellas y dulces mujeres. Cómo buen amante latino –tal el giro que se le dio a la tira- Cisco Kid es buen mozo y siempre está impecablemente vestido de negro con sus camisas de bellos bordados y su sombrero de charro. En el episodio inicial, “Lucy Baker”, le dice a ésta: “¡No puedo encontrar palabras para expresar la música celestial que resuena en mi corazón al contacto de tus manos!”. Salinas no sólo ostenta un sólido conocimiento de la anatomía artística sino también del rostro humano, pues los personajes muestran rasgos bien diferenciados que registran todo tipo de expresiones. Las secuencias vertiginosas que despliega son propias de un filme. El fiel compañero del protagonista, Pancho, es simpatiquísimo y se lo suele asociar con Sancho Panza. Los paisajes del Oeste - por su hermosura y excelencia- recuerdan los grandes westerns de la pantalla. Los saloons, con sus infaltables peleas, son magistrales, como así las diligencias, los trenes, los característicos pueblos, las luchas contra los pieles rojas, las carretas, las persecuciones a caballo, el acarreo de ganado. Y, además, su destreza en el claroscuro y en las escenas nocturnas. A tramos puede considerarse a Cisco Kid -por su rigor documental- como una enciclopedia acerca de este ámbito legendario. Como afirmó Oscar Masotta...sus planos generales abiertos, los matices de grises obtenidos con los finos trazados de una pluma jamás igualada, cuya calidad, se ha dicho, supera a la de Alex Raymond”.

Página de Dick, el artillero en revista Gunga Din, 1980.

Hacia 1969 realiza ilustraciones de episodios históricos en la revista Tell Me Way, de la editorial inglesa Fleetway. Asimismo colabora en otras editoriales, entre ellas las de Manuel García Ferré. Produjo alrededor de trescientas láminas, en su mayor parte sobre uniformes militares, personajes de fantasía y la historia del traje.

Página de Hernán El corsario, en revista Patoruzú 184, 1941.

Para King Features Syndicate dibuja de 1971 a 1972 Dick el artillero, con textos de Alfredo Grassi, que en la Argentina apareció en el diario La Prensa y en la revista Gunga Din. Aunque el protagonista es un jugador de fútbol, en los sucesivos episodios la historieta se abre a otros rumbos aventureros y –en las palabras del guionista- termina siendo “policíaco-deportiva”. Fue continuada por otro maestro, Luis Olivera.

Página de Ellos, en revista Patoruzú 198, 1941.

Después, Salinas se dedicó por completo a otra de sus grandes pasiones: la pintura de temas camperos. Llevó a cabo dos exposiciones en Londres.
En 1976  recibió el prestigioso premio Yellow Kid por su trayectoria, en el festival Lucca XII.
En 1984 fue declarado Ciudadano Ilustre por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Ilustración para la revista Anteojito, 1980. 

Comienza a dibujar La batalla de Vitoria para la editorial vasca Ikusager, pero su delicado estado de salud no le permite terminarla.
Falleció el 10 de enero de 1985.
Resulta oportuno citar una frase de Sasturain: “Neruda es a Pratt lo que Vallejo es a Breccia, y tras ellos se definen las líneas fundamentales de la narración gráfica más creativa de los últimos treinta años. ¿Y Salinas? Salinas está en la base, debajo y atrás: Salinas es Rubén Darío...” Sucede que su obra es tan inmensa y contundente que ningún elogio parece suficiente.


Germán Cáceres


Bibliografía

-Albertoni, Carlos W., Santas Historietas. Catálogos, Buenos Aires, 2004.
-Cáceres, Germán, La aventura en América. La palabra mágica, Buenos Aires, 1999.
-Deskartes Mil: “Las ilustraciones de José Luis Salinas”. http://deskartesmil.blogspot.com.ar.
-Gociol, Judith, y Rosemberg, Diego, La historieta argentina/Una historia. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.
-Horn, Maurice: “Realismo y relevancia en los comics”, en Historia de los cómics, dirigida por Javier Coma. Toutain Editor, Barcelona, 1982-1983.
-http://www.historieteca.com.ar: “José Luis Salinas”.
-http://es.wilkipedia.org: “José Luis Salinas”.
-Juan, Francisco Tadeo, “José Luis Salinas. La maestría congénita”, en Cisco Kid Nº 2, Colección Héroes de Siempre. Ediciones Eseuve, Madrid, 1989.
-Lipszyc, David, “Argentina, comics hasta los años 40”, en Historia de los cómics, dirigida por Javier Coma. Toutain Editor, Barcelona, 1982-1983.
-Lipszyc, Enrique, El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas. Escuela Norteamericana de Arte, Buenos Aires, 1953.
-Masotta, Oscar, La historieta en el mundo moderno. Ediciones Paidos. Barcelona, 1982.
-Parés, Diego, “José Luis Salinas”: http://eloficiodelplumin.blogspot.com.ar.
-Reed, Rod, “Habla el guionista de Cisco Kid”, en Cisco Kid Nº 5, Colección Héroes de Siempre. Ediciones Eseuve, Madrid, 1990.
-Salinas, José Luis, Grandes novelas de aventuras. Ediciones Record, Buenos Aires, 1976.
-Sasturain, Juan, El domicilio de la aventura. Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1995.
-Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo, “Cuarenta años de historieta”, en Hernán el corsario. Ediciones Record, Buenos Aires, 1976.
-Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo, Historia de la historieta argentina. Ediciones Record, Buenos Aires, 1980.

martes, 11 de diciembre de 2012

JOSÉ LUIS SALINAS -1908-1985- (Primera parte) Por Germán Cáceres


“Pocos supieron, en mi opinión, pintar a la mujer como él, ni lograr captar en una viñeta toda la belleza de una puesta de sol, la perfecta anatomía de un caballo o una panorámica naturalista de un accidentado paisaje.”
Francisco Tadeo Juan


José Luis Salinas en 1945

Nació el 11 de febrero de 1908 en el barrio de Flores, Buenos Aires. Fue un autodidacta que sólo cursó en el bachillerato los tres primeros años de dibujo. Decía que éste “no se aprende, es algo que viene con uno”.
Su inició como profesional publicitario –que tanto lo ayudó a forjar su técnica historietística- en la agencia Exitus, desde 1929 hasta 1939. Previamente había realizado ilustraciones en 1928, para la Editorial Columba, en El Tony y en Páginas de Columba.

Hernán el corsario en revista Patoruzú 184, 1941

En 1936, Dante Quinterno le pidió una historieta de piratas, cuyo protagonista fuera un joven, con el fin de competir con Quique, el niño pirata, de Luis Cazeneuve, que salía en el diario El Mundo. El resultado fue Hernán el corsario, que apareció hasta 1942, en el mensuario Patoruzú, con un intervalo desde el 15 de marzo de 1938 al 18 de marzo de 1940, debido que la revista primero pasó a quincenal y luego a semanal y el dibujante necesitaba adaptarse a esa nueva modalidad de trabajo y acumular material para publicar.

Ilustración publicada en el libro "150 famosos artistas, de la escuela Norteamericana de Arte", 1945.

José Luis Salinas tenía como modelo ejemplar al Harold Foster de Tarzán (1929) y de El Príncipe Valiente (1937). De éste último abrevó en las planchas dominicales, y no en las tiras, para contar con una mayor libertad expresiva al recurrir a cuadritos de diferentes formatos. (“En Foster vi el estilo que había soñado toda mi vida”, afirmó). Hay bastante también del Flash Gordon (1934), de Alex Raymond, historieta que admiraba (“me gustaba el despliegue, el dinamismo, de la aventura interplanetaria, la magnificencia”).

Cisco Kid en versión italiana, en la revista Il Mago, 1974.

Hernán el corsario es una historieta plena de movimiento y de acción, y muy cinematográfica por su ritmo, sus ángulos y enfoques. Sorprende su pericia técnica, el uso del negro pleno, los grises a pincel seco, el plumeado a rayas, la notable composición de página y la planificación. En la lucha del protagonista contra el pez martillo evoca por su calidad al nombrado título de Raymond, cuando su rubio héroe combate contra un pulpo. Salinas ya posee un dominio total de todas las facetas del dibujo, no sólo de la historieta. Asombra cómo maneja la perspectiva, sobre todo en las tomas en picada. Tanto el mar como los barcos constituyen primores de belleza. Otro de sus méritos es el maravilloso registro de la fauna de la selva. Sin dudas, se está ante un ilustrador de la talla de Charles Dana Gibson. La serie transmite exaltación y alegría, propias de las clásicas novelas de aventuras.

Ilustración para la revista Anteojito, 1972.

Desde 1937 empieza a colaborar en la revista El Hogar, ejecutando adaptaciones de importantes libros. Se suceden en el siguiente orden: 1938: El Capitán Tormenta, de Emilio Salgari, y Miguel Strogoff, de Julio Verne; 1939: Los Tres Mosqueteros, de Alejandro Dumas; 1940: La Costa de Marfil, de Emilio Salgari; 1940/41: Ella, de Henry Rider Haggard; 1941/42: El último de los mohicanos, de Fenimore Cooper; 1942/44: Ayesha, de Henry Rider Haggard; 1944: La Pimpinela Escarlata, de la Baronesa de Orczy; 1945/47: Las minas del Rey Salomón, de Henry Rider Haggard, y El Libro de la Selva, de Rudyard Kipling.

Página de El último de los Mohicanos

El procedimiento para emprender estas adaptaciones era completamente original. Primero Salinas elegía los títulos y luego las escenas que consideraba más destacadas para dibujarlas. Entregaba estos trabajos al crítico literario José de España, que se encargaba de los guiones. Por supuesto que prevalecía la impronta gráfica sobre la escritura, que solía ser demasiado extensa.

Página de Hernán el corsario en revista Patoruzito, 1946.

Hernán el corsario había hecho alardes de agrupar numerosos personajes en una viñeta: en El Capitán Tormenta el dibujante repite esa hazaña. Miguel Strogoff se destaca por la sabia utilización del gris, de las siluetas negras y de los encuadres en picada. Y resaltan esos jinetes tártaros, que, al galope, blanden sus espadas. En la Costa de Marfil y El libro de la Selva (su historieta preferida), la desmesura del follaje selvático y de los animales salvajes resultan propicios para que el arte de Salinas vuele a sus anchas. A tramos los cuadritos se exhiben imponentes y cargados de exotismo. Abundan las logradas escenas de luchas cuerpo a cuerpo como en El último de los mohicanos, en el cual su clasicismo adquiere frescura y espontaneidad al dejar en blanco parte de varios cuadritos. En La Pimpinela Escarlata su grafismo es mucho más contenido, como respondiendo a las pautas de una novela en la cual se imponen los interiores.

Página de Dick, el artillero, en revista Gunga Din, edit. Record,  1980.

En 1945 aborda la historieta humorística Ellos para Patoruzú (a veces la firma como Joseph Louis). Antes la habían dibujado Rodolfo Claro y Castrillejo.

Página de Ellos, en revista Patoruzú 185, 1941.

En 1949 viaja a Estados Unidos para mostrar sus trabajos, y en 1951, el mítico King Features Syndicate le encarga la historieta Cisco Kid, con textos de Rod Reed, un guionista de la plantilla, para lo cual se establece en New York con su familia. Nueve meses más tarde regresa a la Argentina porque su hijo Alberto podía ser reclutado para la guerra de Corea, dado que eran residentes. Pero siguió dibujando la historieta desde Buenos Aires, hasta que ésta se interrumpió el 10 de agosto de 1968. Cisco Kind se publicó en trescientos periódicos de todo el mundo; en la Argentina apareció en el diario La Razón y en la revista Patoruzito, con adaptaciones a cargo de Leonardo Wadel. Salinas fue el primer argentino que trabajó entre los grandes maestros norteamericanos. Es una historieta que sigue las pautas de los globos de diálogo, en oposición a Hernán el corsario y a sus ilustraciones de novelas en las que predominaba el texto.

Continúa la próxima semana

jueves, 22 de noviembre de 2012

HUGO D`ADDERIO, por Germán Cáceres


Poco se ha escrito sobre este valioso maestro. Sólo algunas breves referencias en Internet y  esporádicas citas en libros de la historia del género, con excepción de la nota que se encuentra en esa joya documental debida a Enrique Lipszyc El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas (1953).

D`Adderio

Nació en Rosario, Provincia de Santa Fe, el 17 de noviembre de 1921, y de chico se radicó en Buenos Aires, donde estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano hasta tercer año. Este aprendizaje académico dejó una marca indeleble en su obra historietística, que inició a los diecisiete años en un diario vespertino de la Capital Federal.


Su trabajo más meritorio lo realizó en la revista Intervalo de la Editorial Columna, para cual compuso, además, numerosas tapas de Fantasía. En los años setenta colaboró en las publicaciones Fabián Leyes y El Huinca, de Cielosur Editora. Participó en Billiken desde 1959 ilustrando capítulos didácticos y la sección “El niño y la música”. Fue en 1952 uno de los primeros profesores de la Escuela Norteamericana de Arte, precursora de la emblemática Escuela Panamericana de Arte. Es autor de un notable libro: Lecciones de Dibujo Artístico.

Ilustraciones para la revista Cuarta Dimensión

Entre las  numerosas tapas de Fantasía puede citarse la que ilustra la historieta El León de Francia, de sugerente colorido y un encuadre moderno y audaz. También la de Robin Hood, que brilla por su registro de acción y ritmo. Idénticas virtudes pueden hallarse en sus portadas para las nombradas Fabián Leyes y El Huinca. Y asimismo sobresalen las ilustraciones que realizó con el seudónimo de Hacde en la revista La Sombra y luego –utilizando su verdadero nombre- en su continuadora El Fantasma -ambas editadas por Edmal (Lainez)-, sobre el célebre personaje creado en 1936 por Lee Falk (su primer dibujante fue Ray Moore). 

Ilustraciones de tapas de la revista Cuarta Dimensión

En la historieta El señor gobernador en un indio (1974), que se publicó en Fabián Leyes Nº 69, con un guión de LeonardoWadel que abunda en extensos textos, sus dibujos más que narrar ilustran esa prosa que se limita a explicar situaciones, pero en cambio es casi cinematográfico en los enfoques. Se destaca en el trazo a pluma con el que plasma un entramado gris, y en su sabia utilización del pincel. Aparece un cuadro final con la figura del cacique misionero guaraní  Andrés Guacurari –ahijado del caudillo Artigas- orlado por siluetas de palmeras que remiten al mejor Hogarth.

Ilustraciones para la revista Cuarta Dimensión

También escribió Wadel –con un mayor dinamismo y énfasis narrativo- Ni español, ni portugués...,¡tupinambá!, que salió en la revista El Huinca Nº  66. Otra vez en el registro de la selva misionera se evocan reminiscencias del citado dibujante de Tarzán. En las escenas de acción, D´Adderio emplea asiduamente tomas en picada. Tanto en los textos como en su representación gráfica predominan escenas de extrema crueldad. La última viñeta ocupa casi una página para la cual el artista ejecutó una suerte de collage.


En ese mismo número, en la sección “Miscelánea Criolla”, que refiere un atentado contra Sarmiento ocurrido en agostos de 1873, una ilustración suya impresiona por su plumeado y por el efecto luminoso que otorga al estallido de un trabuco.

Ilustraciones para la revista Cuarta Dimensión

Pero donde descuella su virtuosismo es en sus adaptaciones para Intervalo. Son célebres las de obras maestras de la literatura universal como Miguel Strogoff, de Julio Verne; Crimen y Castigo, de Feódor Dostoievsky; Los miserables, de Víctor Hugo; Hamlet y El Rey Lear, de William Shakespeare; Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand; Los Novios, de Alessandro Manzoni; Rojo y Negro, de Sthendal; y La ajorca de oro, de Gustavo Adolfo Bécquer. En muchos de estos trabajos, el historietista emplea un procedimiento conocido como “dibujo al lavado”, una variedad de la aguada hecha con un solo color.


Historietas publicadas en las revistas Fabián Leyes y El Huinca
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En la novela Úrsula Mirouet, de Honorato de Balzac, que apareció en diciembre de 1951, los protagonistas adhieren a las ideas sobre magnetismo animal del médico alemán Franz Antón Mesmer y al pensamiento del filósofo y místico sueco Emanuel Swedenborg. La adaptación sigue las pautas de la revista: se eliminan los globos y la acción se narra con textos largos –en su mayoría inferiores- donde los diálogos se pautan con el clásico guión que utiliza la narrativa literaria. La escritura ocupa prácticamente el mismo espacio que las imágenes. Aquí el artista se vale de la mencionada técnica del “dibujo al lavado”, y concreta una maravilla gráfica, para cuyo análisis resulta apropiado –en lugar de acudir a grandes maestros de historietas- observar el ejemplo de una larga lista de famosos ilustradores, ninguno de los cuales puede omitirse, y cuya obra se aconseja rever: Charles Dana Gibson, Robert Riggs, Carlos y Emilio Freixas, Anders Zorn, Frederick Remington, Norman Rockwell, Howard Pyle, James Montgomery Flagg. Andrew Loomis, John H. Crosman y Llorenç Brunet.

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Su paso por el Bellas Artes se patentiza en los cuidados paisajes, en el vestuario y en los rostros de los personajes, de expresiones y perfil psicológicos registrados con agudeza. En estos magníficos dibujos su apego al realismo es incondicional. En última instancia, se está ante una novela ilustrada mediante viñetas con planificación historietística. Como diría Oscar Masotta, se trataría de una auténtica muestra de Literatura Dibujada, en la cual Hugo D´Adderio diseña todos los contornos y detalles, como si intentara eliminar el carácter bidimensional de la página para representar a rajatabla los volúmenes. Dado que la historia transcurre principalmente en interiores, predominan los primeros planos, los medios y los americanos, que el artista busca combinar en forma constante sin llegar a la audacia ya que el guión resume las escenas y no las desarrolla. La enorme viñeta final registra el casamiento de los amantes en la iglesia a través de un  bello refinamiento visual. Curiosamente, entre estas imágenes de acento académico se intercalan avisos de página entera que utilizan la síntesis gráfica y los globos de diálogo propios del noveno arte.

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En diciembre de 1953, salió L´Arrabbiata, uno de los más famosos relatos de Paul Heyse, escritor alemán que en 1910 ganó el Premio Nobel. Este autor es poco conocido en nuestro país y su elección demuestra el encomiable papel de divulgación que cumplía Intervalo.

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Una hermosa viñeta de pescadores napolitanos que amarran las embarcaciones inicia la historieta. Aquí se reitera su recurso favorito “del lavado” en unos dibujos de rostros que se destacan por su nitidez y precisión.

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Sin duda, Hugo D´Adderio es uno de los mayores exponentes en la Argentina de la historieta estilo ilustración, dentro de la línea de Príncipe Valiente (1937), de Harold Foster, y logró enriquecer esa estética con la técnica del “dibujo al lavado”, que dominó a la perfección.
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Bibliografía

http://historietas-cine-teatro-pordao.blogspot.com.ar : “Siguiendo con la indiada...”
http://milpluminesargentinos.wordpress.com :”Biografía/Hugo D´Adderio”.
http://www.museodeldibujo.com :”D´Adderio, Hugo”.
http://www.museodeldibujo.com: “Tapa de la revista Fantasía por Hugo DÁdderio”.
Lipszyc, Enrique, El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas, editado por la Escuela Norteamericana de Arte, Buenos Aires, 1953.
Martínez, Carlos R., “D´Adderio, Hugo”, en http://milpluminesargentinos.wordpress.com.
Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo, Historia de la historieta argentina, Ediciones Record, Buenos Aires, 1980.

Nota: se agradece a Sergio Castro por el aporte de imágenes.

jueves, 13 de septiembre de 2012

RAMÓN COLUMBA. Por Germán Cáceres (segunda parte)


Qué es la caricatura es un ensayo escrito por Columba que comienza con su definición: “es un destello, una chispa que busca iluminarnos el alma”. Aclara que la palabra es de origen italiano y que la inventaron a fines del año 1500 los pintores Carracci, de Bolonia. Más adelante sostiene que “El retrato es la reproducción exacta del modelo, sin excluir detalle alguno del mismo (...) La caricatura, por el contrario, cuanto más escasa de líneas, vale más.”/”El retrato hasta puede resultar la caricatura de un instante; en cambio, la caricatura es el retrato eterno. ”  Desde entonces la caricatura ha recorrido un largo y variado camino y hoy resulta difícil intentar una nueva definición. Más aún, se ha nutrido del cartoon y del humor gráfico –incluso de la pintura-, y las expresiones y estéticas de todas estas vertientes suelen confluir. Sin embargo, las reflexiones del autor siguen siendo válidas y, además, están enriquecidas por abundantes datos sobre la historia gráfica y el aporte de los grandes creadores. En los trabajos que presenta el libro, en general Columba sigue los principios que expuso en la entrevista, y las caras son casi bosquejos que captan la expresión y los rasgos del eventual modelo. Pero también se encuentran algunos obras en las que subvierte la realidad y recurre a la sátira, como en el caso de la “Exposición Rural”, cuyo público está formado por animales que contemplan el desfile de seres humanos, entre ellos el ex presidente Arturo Frondizi. También hay caricaturas no exentas de sarcasmo, como la de Winston Churchill convertido en perro bulldog.


En 1907, con sólo quince años, es nombrado taquígrafo del Senado de la Nación; en 1927, asciende a director y se retira en 1946. Esa extensa permanencia dio lugar a innumerables caricaturas que reunió en los tres tomos de El Congreso que yo he visto, del cual Juan Pablo Echagüe opinó: “Ningún testimonio como éste, emanado de un testigo directo, podrá dar a los investigadores del futuro una noción tan viviente y tan amena de lo que fueron las costumbres parlamentarias, las ideas y los hombres del período que él abarca.” 

Páginas del libro "Qué es la caricatura", de Ramón Columba

Estos volúmenes están acompañados por abundantes textos y numerosas fotografías. En cuanto a las caricaturas,  en general son sintéticas, realistas, de simples líneas, pero en varios trabajos se acerca a la ilustración por la utilización del gris y una línea espontánea y ágil (por ejemplo, en las de José Evaristo Uriburu y de Antonio de Tomaso;  en la estilizada silueta de perfil de Tomás de Anchorena, o en el bello rostro de Alfonsina Storni).


Asimismo emplea la sátira, como en la composición en la que se ve a Figueroa Alcorta poniendo el candado a una especie de maqueta del Congreso; o al estudioso Del Valle Iberlucea al borde de ser sepultado por libros. Muy frecuentemente Hipólito Irigoyen aparece llevando un caparazón de peludo a sus espaldas. Y llega al sarcasmo en la boda entre Repetto y Palacios, con Enrique Dickman que oficia de monaguillo y les dice: “Qui sian filices”. Ramón Columba confiesa que en este último veía “el político que más ´atractivos´  ofrecía a mi lápiz irreverente de caricaturista”. Y lo deformaba sin piedad: a veces parecía un mono y otras, un batracio. Este diputado interviene en “Políticos en remojo”, ilustración cercana a la estampa humorística.


En Marcelino Ugarte se aproxima al retrato, y en “La lección de Anatomía, por Rembrandt” alcanza un magnífico logro plástico, en donde se ve -en un claroscuro de fuertes contrastes- a Hipólito Irigoyen en la mesa de operaciones rodeado por los golpistas. En la representación estilizada de Mario Bravo (con “su chambergo, su melena y su aburguesado bastón”, como lo describe Columba), sobrevuela un aura de clasicismo.

Respecto a la escena que muestra las paredes de una calle de Buenos Aires colmada de propaganda de Estanislao S. Zevallos, se podría decir que emplea la estética de una viñeta de página entera, como la que presenta un salón de la Casa Rosada en el que Sáenz Peña preside una reunión de ministros que bailan entre ellos.

Página del libro "El Congreso que yo he visto", de Ramón Columba

La caricatura de Alfredo Palacios es de un simbolismo magistral: un sombrero de mosquetero, con su enorme pluma blanca, chato y negro que oficia como una especie de lámpara, y unos imponentes bigotes colgados de su soporte.
En Juan B. Justo, quien soporta estoicamente las molestias ocasionadas por una pierna enyesada, obtiene una representación gráfica de excepción, en la que intervienen el ornato y la textura.


Los tres tomos abarcan un período que va desde 1906 a 1943: eran décadas en las cuales los hábitos y convenciones cotidianos estaban desbordados por la inocencia y la ingenuidad, y ese espíritu se aprecia en todas estas caricaturas, que son parte indiscutible de nuestra historia política, que, a pesar del nombrado candor, no escatimaba ni la crueldad ni la traición. Porque, como afirmaba Columba en Qué es la caricatura, cuando ésta “comenzó a hacer incursiones en el terreno de la política, a fines del siglo XVIII, elevó su estatura y se convirtió en un arma incisiva y rebelde”.

Germán Cáceres

Página del libro "Qué es la caricatura", de Ramón Columba

Bibliografía

 -Columba, Ramón, El Congreso que yo he visto. Editorial Columba, Buenos Aires, 1978.
-Columba, Ramón, Qué es la caricatura. Editorial Columba, Buenos Aires, 1959.
“Editorial Columba y la Historieta Sudamericana”, http://comicscolumba. blogspot.com.ar.
-“El Tony”, en http:// www.historieteca.com.ar.
-Sanguiliano, Héctor Sanyú, 100 años de historieta en el mundo/ La historieta en la historia argentina. Aiglé Ediciones, Buenos Aires, 1997.
-Siulnas, Aquellos personajes de historieta (1912-1959). Puntosur Editores, Buenos Aires, 1986.