Mostrando entradas con la etiqueta critica libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta critica libros. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de abril de 2018

ESPECIAL HISTORIAS DE PATAGONIA, por Germán Cáceres


de AA.VV.

(La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2018, 98 páginas)




La tapa de Viginia Nahuelanca y la contratapa de Pablo Burman aluden al sentido telúrico de las historias contenidas en el libro.
En La luna que ilumina el tiempo. Cautivos, conquistas y venganzas en la Patagonia, 1820-1890, el guión de Alejandro Aguado señala con pequeños y certeros diálogos estos sucesos de luchas intensas, y se luce, a través del trabajo de planos, el dibujo a pluma de Esteban Resano.


Daniel E. Varela (guión y dibujo) desarrolla en La pasto verde un valioso rescate de la vida de Carmen Funes de Campos (“Doña Carmen”), una mujer ejemplar que se caracterizaba por su sentido humanitario y aventurero: gracias a que encontró kerosene en el agua, se descubrió petróleo en la región y se realizaron en 1915 las primeras perforaciones en Plaza Huincul.


Un dibujo de amplias viñetas de fondo gris y sentido decorativo traza Stani (también responsable del guión) para plasmar un dulce y poético relato: La leyenda de Koonek.


Un viaje solidario –guión de Alejandro Aguado y arte de Lisandro Pejkovich–, aunque despliega extensos globos de texto, se apoya en cuadritos mudos para ofrecer situaciones lindantes con lo demoníaco. Sugestivo el guión por sus constantes  alusiones, y convincente la gráfica de fuertes contrastes de blancos y negros.


Muy original Florencia Paccela (texto y dibujo) al presentar con Igual existo breves historias sobre un posible extraterrestre y la famosa luz mala.


Encuentro en Cholila (Chubut) plasma un homenaje a los historietistas Carlos Casalla y Hugo Pratt al hacer intervenir a los personajes Cabo Savino, Corto Maltés y Rasputín  en una aventura junto a tres integrantes de la famosa banda Wild Bunch (Butch Cassidy, Sundance Kid y su novia Ethel Place). José Massaroli vuelve a demostrar su maestría tanto en los textos como en la gráfica. 


Dante Giovanni, que trabaja como animador, desarrolla en Dinos (de la que es responsable en su totalidad), una página humorística sobre los dinosaurios.


Turismo mitológico describe un paseo de dos parejas por la zona patagónica, en la que se van evocando historias de la región: Los hermanos Pincheira, el cacique teuhelche Casimiro, el famoso marino Luis Piedrabuena y los senderos recorridos por malones con sus cautivas. Gezzio recurre a siluetas negras para enriquecer el creativo guión de Oenlao.


Alejandro Aguado (texto y arte), con un estilo de dibujo emparentado con el humorismo, revela en Historias breves de Patagonia reseñas jugosas, únicas y sorprendentes, como si las hubiera extraído de un libro que bien podría titularse Las mil y una noches patagónicas.



El Don Casimiro. Episodios que abordan Alejandro Aguado (guión) y Juan Dalfiume (dibujos) es Casimiro Szlápelis, entre otras virtudes un pionero de la aviación. Hay calidad en el grafismo límpido y fulgurante de Dalfiume, mientras que Aguado difunde con solidez narrativa distintos episodios de la multifacética trayectoria de esta personalidad que realizó proezas como piloto, fundó varios aeroclubes, y habilitó y explotó una mina de cobre y hierro. Inteligente el uso de la planificación y soberbias las viñetas mudas.




Germán Cáceres 

sábado, 10 de marzo de 2018

PASIONES de Martha Barnes. Por Germán Cáceres


(Los libros de Rebrote, Buenos Aires, 2017, 84 páginas)




Comienza con un elogioso prólogo sobre la trayectoria de Martha Barnes a cargo del prolífico guionista de historietas Armando S. Fernández. También hay una presentación de Marcelo Bukavec que enumera las virtudes de la artista en las cinco historietas que componen el libro.

Día siniestro en Bombay (1966), adaptación de Kurt Singer y Jane Sherrod, muestra interiores de intensos negros que contrastan con pequeños fondos blancos. Muy sólido este guión de espionaje: se trata de una historieta en la cual la función gráfica consiste en ilustrar la narración de los textos superiores, inferiores y laterales.
En Stella Maris (1981), versión de Rafael Dante, su trazo ágil otorga ritmo y vibración al relato. Asimismo se luce en el empleo de grises. El guión sigue la orientación didáctica de la revista católica que la publicó: Esquiú.

De los famosos Cuentos del Emir se seleccionó el episodio Nº 39: «Una vez, un maestro» (1996), con textos de José Luis Arévalo. Abunda en ornatos que aparecen en las vestimentas árabes, en los cortinados de las habitaciones y en las mantas que cubren los lomos de camellos y dromedarios. Resulta audaz la planificación así como la composición de página. El guión exhibe un romanticismo propio de las revistas femeninas edulcoradas, pero está bien estructurado.


A Virginia Lang (seudónimo de Armando Fernández) pertenece el guión de Pasional, 1993. En el episodio Nº 1, «Cuando encontré a Favio», la belleza femenina es un pilar; hay, además, planos audaces que se ensamblan, hermosas filigranas, refinadas aplicaciones de grises y una inteligente distribución de diálogos en off. Es también una convencional historia de amor, pero, sin embargo, el guionista se ingenia para que atrape. En el episodio 2 de idéntica serie, «No pienses en mañana», los desnudos están plantados con soltura. Los planos alejados de la pareja besándose son magníficos; cada viñeta es una bella imagen. En «De los cuerpos y las almas», episodio Nº 3, llega el esperado final feliz.


Una sorpresa la constituye Crónicas de una policía argentino en Nueva York, episodio 1: «Balas que matan el Alma» (1987). Lo interesante es que fue dibujada para Estados Unidos, pero sus textos se perdieron, y el Grupo Rebrote urdió un ingenioso guión en 2014. La dibujante  abandona las fiorituras para brindar un estilo despojado.
Se trata de un libro para disfrutar el arte de Martha Barnes.


Germán Cáceres

viernes, 16 de febrero de 2018

General Ingeniero ENRIQUE MOSCONI Una historia de novela, de Alejandro Aguado. Por Germán Cáceres

(Editorial Universitaria de la Patagonia, Comodoro Rivadavia, 2017, 92 páginas)




Instructivo y emotivo el prólogo del Doctor Alberto Ayape, Rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
Alejandro Aguado (guión y dibujo), en una suerte de advertencia a esta segunda edición, informa que la gráfica se orienta al realismo para reflejar la ambientación del período en que Mosconi (1877-1940) tejió su histórica epopeya. Y en la introducción comenta: “La historieta, al combinar textos e imágenes, presenta la ventaja de resultar más atractiva que un texto extenso. Por eso también se la conoce como “el cine barato”`.


Debe destacarse la intensa investigación realizada por el autor acerca de la carrera militar de Mosconi  y sus programas industriales en su carácter de ingeniero civil, así como de su férreo pensamiento nacionalista. Para ello diagrama una imaginativa página en cuadritos que se despliegan en abanico.


También subraya las conversaciones que mantuvo con el pionero de la aviación Jorge Newbery, cuyas opiniones  tanto influyeron en  su ideología (“Estoy convencido de que se debe desarrollar una industria nacional. A la vez, desde el Estado, se debe cuidar que en el país no se formen monopolios de empresas privadas extranjeras.”) Y, más adelante, un globo de diálogo de Mosconi afirma: “Estoy convencido que no habrá emancipación económica de Argentina sin la de América Latina.”


Aguado impregnó a sus dibujos de un toque de humor gráfico y mezcló en las viñetas personajes famosos de esta vertiente, como el Coronel Cañones, Don Fulgencio, Lupin, Fallutelli, Don Nicola, Agapito, Maneco, Sarrasqueta, Carbajo y Evaristo (este último es de historieta). Más allá de la versación y calidad visual del libro, su lectura resulta sumamente agradable.




Una viñeta página da cuenta de sus proyectos innovadores respecto a la aviación y otras dos explican las transformaciones económicas que trajo aparejada la explotación de petróleo en la Argentina. Además, se mencionan las distintas comisiones directivas, hasta que, en 1922, al crearse YPF, se lo nombró Director General.


Aguado utilizó su arsenal de recursos gráficos para ensalzar la figura relevante de Enrique Mosconi. Así, es excelente la recreación de época, especialmente los automóviles que en cierta forma decoran los cuadritos. Son muy eficaces los negros plenos y notables las representaciones de las edificaciones, de las destilerías (en especial las de La Plata y de Comodoro Rivadavia), de las torres de perforación y de la red de surtidores de aquel momento.


Lograda por su dramatismo es la sucesión de viñetas –en su mayor parte mudas– que dan cuenta del golpe de estado del 6/9/1930, que llevó al poder a José Félix Uriburu.


Al final se acompaña una bibliografía sobre Mosconi y la temática petrolera, a la que en el futuro deberá agregarse este valiosísimo aporte de Alejandro Aguado.



Germán Cáceres 

jueves, 4 de enero de 2018

Hora Tres, una auspiciosa iniciativa, por Germán Cáceres

Se trata de la aparición del libro Hora Tres, Historietas, Antología 2017 (Buenos Aires, 2016, 200 páginas). Su equipo es el siguiente: factótum: Julián Blas Oubiña Castro; consultor: Alfredo Grassi; gráfica: Julia Rodriguez; portada: Franco Martín Viglino. En «Sobre el proyecto» se aclara: “Es una publicación cultural que no necesariamente persigue fines de lucro, pero sí de difusión y divulgación del arte narrativo y secuencial, de homenaje a la tradición de la historieta argentina, y de búsqueda de una síntesis de pensamiento frente a la historia, evolución y dinámica del medio”. Además, advierte que el sello Ray Collins Syndicate que figura en la tapa es un tributo al consagrado guionista Eugenio Zappietro.




En la publicación  aparecen numerosas ilustraciones (hasta en las tapa y contratapa) de Reina (una de las novias del Sargento Kirk), como homenaje “…a la historieta de mayor bondad y candidez que tuvimos.”, apunta Oubiña Castro en una suerte de prólogo. Los autores son Franco Martín Viglino, Fátima Fuentes, Marcelo Sosa, Jok, Paula Andrade, Laura Gulino, Derlis, Kundo Krunch, José Muñoz, Lea Caballero, Martha Barnes y Hernán Luis Castellano.



En El gato y la memoria (guión y dibujos de Luis García Durán) predominan los contrastes entre el blanco y los detalles en negro puro. Utiliza los textos para señalar el intento de su protagonista, el gángster Frank, de recordar lo ocurrido, ya que mientras se está  recuperando de un desmayo descubre que se encuentra herido. El resultado es un conjunto de imágenes vigorosas que ilustran un guión que mantiene el suspenso y la intriga sobre un asalto que tuvo complicaciones. Bukowski, del mismo artista, se inicia con dos poemas del gran exponente del realismo sucio norteamericano. Uno de ellos finaliza así: “…mis manos muertas/mi corazón muerto/silencio/adagio de rosas/el mundo en llamas/eso es lo mejor/para mí.” En la historieta García Durán narra con seguridad y ágil planificación el derrotero de un perdedor. La última viñeta concluye con una de cita del mencionado escritor y se transcriben también otros dos  poemas. Según Oubiña Castro, ambas historietas fueron realizadas para el mercado italiano.



Hernán Luis Castellano (dibujo) y Oubiña Castro (guión) emprenden en Los actos de codicia un western que presenta un tiroteo entre bandidos, cuyo motivo recién se conoce al final. El guión atrapa y el dibujo se luce con el entrelazamiento de viñetas. El mismo dúo es responsable de El revés de la trama –con un grafismo y un guión sólidos muy diferentes al anterior– y de Ubi Sunt, en la que abunda la sugerencia. En Möbius Crux, a Oubiña Castro lo acompaña Fernando Brancaccio, que aporta dibujos trabajados con filigranas sobre páginas negras acerca de una historia fuera del tiempo y del espacio terrestre, en la que impera el horror y los actos de violencia. El otro espejo reflexiona sobre la muerte y la inmortalidad, y es Laura Gulino quien da imagen a textos de Oubiña Castro basados en el primer emperador de China.


Trampa cósmica, con guión de Alfredo Grassi, relata el descenso de un espacionauta y de un robot-humanoide en Fobos, un diminuto satélite de Marte que carece de dimensiones. El texto propone un desarrollo formidable y da pie para posibilitar una versión literaria. Notable el trazo de Ernesto Melo, hecho de oposiciones de  blancos y negros. Imaginativo el diseño de viñetas sin marcos y cuya composición se libera de toda normativa. El prólogo aclara que fue publicada en Skorpio, y que “La versión actual ofrece un diferente tratamiento estético, pero respeta a rajatabla el grafismo original”.


Perché lo fai?/José Muñoz en primera persona es un autoreportaje que tiene una extensión de treinta y seis páginas a tres columnas y en cierta forma constituye un recorrido por la historieta nacional, en el cual se añora las viejas publicaciones (“El blanco y negro, el papel berreta con que se hacían las revistas, inclusive la impresión aproximativa con los colores que Stefan Strocen ponía en la tapa de Misterix, casi siempre corridos, todo aumentaba el encanto”).  Los agudos y sensibles comentarios del artista están acompañados por sus dibujos, la mayoría de Alack Sinner. También hay trabajos de Hugo Pratt y de Ramón Columba y fotos de José Muñoz junto a Alberto Breccia, Pablo Pereyra, Solano López. Se cita a Milton Caniff, Art Spiegelman, John Cullen Murphy, Frank Robbins, y aparecen fragmentos de las charlas de Muñoz con Breccia, Solano, Pratt y Oesterheld. Esta especie de monólogo interior posee un tono melancólico, tan argentino como porteño. Respecto a su colaboración con Carlos Sampayo, sobre Alack Sinner opina: “Como personaje nos empezó a ayudar; y después, cuando se volvió persona, se volvió amigo y compañero.” Más adelante comenta: “El dibujo, la narración historietística, el arte secuencial, la literatura dibujada, la figuración narrativa, los papelitos, los manchones, etc., me sirven de calmante, me ensueñan, me predisponen para trabajar sentimientos colectivos ante el público, ante mí y ante los famosos otros”. El escrito está fechado en Buenos Aires, Confitería Saint Moritz-2013.


La extraña historia de mi lápiz (2014), con guión de Roberto Barreiro y dibujos de Edu Molina, a quienes Oubiña Castro considera “…dos de los más destacados actores de la escena independiente de los 90”, expone una gráfica estilizada, como si fueran simples bocetos hechos de líneas. Al fin de cuentas su narración se centra en un dibujante y su lápiz.
Al servicio de la impunidad, por N.N. –quien “es casi un anónimo en el medio independiente…”, afirma en dicho prólogo– es un original planteo visual y narrativo. En Una historia…, el mismo autor sostiene que la política argentina nunca dejó de reprimir, cualquiera fuera el gobierno de turno. Es el texto que narra a través del testimonio de un personaje del cual sólo se ve la cara demacrada por el sufrimiento y la edad avanzada. Los dibujos no funcionan como cuadritos sino que son ilustraciones de torturas y otros atropellos.


La nota Las lecturas infantiles y la masividad de la historieta argentina, de Ricardo de Luca y Oubiña Castro, plantea que las historietas publicadas por Columba durante sus años de mayor masividad no eran para chicos sino para adultos, mientras que en Editorial Columba y la cultura argentina, dos momentos de intervención, ambos autores distinguen dos acepciones de la palabra cultura: aquella que solo considera cultas a las personas que saben apreciar las obras de arte superiores, y la otra, llamada antropológica, más amplia y abierta, que está relacionada con las maneras de sentir, pensar y actuar de las sociedades. De la historieta argentina al cómic nacional, por Oubiña Castro, reseña una historia de la historieta argentina y señala las relaciones de la evolución política y económica (inflación, devaluaciones, deuda pública, déficits fiscal y de la balanza de pagos, fuga de capitales, crisis financieras) en la dinámica de la Editorial Columba –a la cual no deja de alabar– y en el mercado de la historieta nacional. La nota es extensa (alcanza las veinte páginas de triple columna) y otorga una especial atención a los fanzines. Da pena leer la recapitulación de las numerosas revistas de historietas que dejaron de aparecer a partir de 1991.


Excelente y emotiva la trama de Un lied para el soldado muerto, con guión de Jorge Morahin, complementado por el arte de Gianni Dalfiume, que emplea expresivos contrastes de blancos y negros. Muy meritoria la planificación. La tragedia de la guerra aparece con una intensidad digna del Ernie Pike, de Oesterld-Pratt. El texto inferior de su último cuadrito dice así: “¡No lloréis! ¡Oh, no lloréis, camaradas!/ ¡Oh, camaradas! ¡No lloréis en el campo de batalla!”. En el prólogo se aclara que fue realizada para la revista Turay, que dejó de salir en 1975, en su Nº 4.
Boiled muestra expresivos dibujos de Renzo Podestá que refieren acciones dinámicas con audaces angulaciones. Utiliza siluetas blancas sobre fondos de negro pleno. Su guión es una mezcla de actos sangrientos con elementos de ciencia ficción. Oubiña Castro opina que Podestá “puede ser considerado el artista más interesante –y terrible– de la escena independiente argentina”.
El material de HORA TRES es sumamente valioso y –tal como anuncia el título de esta nota– constituye una auspiciosa iniciativa para potenciar la historieta argentina.



Germán Cáceres  

martes, 13 de junio de 2017

MALVINAS El sur, el mar, el frío de VVAA, por Germán Cáceres

(Editoriales de la Universidad Nacional de Rio Negro y de Villa María, Viedma, 2016, 96 páginas).



Nueve historias desgarradoras acerca de un hecho bélico que, según el prólogo de los editores, ocasionó la muerte de  “…907 personas, 649 eran argentinos. Se estima que luego del conflicto –no hay datos oficiales – unos 500 excombatientes se suicidaron”.  
Mind the gap se podría considerar una microficción: en pocas viñetas se describe el sentimiento de culpa que perseguirá hasta la muerte al soldado inglés que mató a un argentino desarmado. Texto y dibujo están ensamblados en una historieta donde priman una síntesis inteligente y las imágenes mudas. Y todo sucede en una única escena. (Guión: Mariano Antonelli/ Arte: Oscar Capristo).


Hay cosas que no se te olvidan nunca tiene una gráfica original, con un bello juego de blancos, grises y negros que apela a la esencia de la historia en tanto los diálogos optan por el sobreentendido. (Guión: Sofía Cunha/ Arte: Rodrigo Luján).


Soldados es un emotivo relato sin textos, solo cuadritos mudos. Resulta difícil que un argentino no se sienta conmocionado ante esta tragedia tan tremenda como injusta, una impresión que trasmite la totalidad  del libro. (Guión y arte: Eduardo Molina).


En Jugar a la guerra, Fer Calvi (guión y arte) despliega, a través de su técnica de reportaje historietístico, los testimonios recopilados por Francisco de Zárate y realiza una contundente denuncia sobre una guerra que hizo tanto daño a la Argentina.


Asesinos exhibe dibujos crudos y realistas para narrar este suceso de horror que hace pensar que la vida carece de sentido. (Guión: Mariano Antonelli/ Arte: Diego Aballay).


Chelo Candia (guión y arte) en Meen a Casilda se permite plasmar un logrado juego simbólico de alucinaciones, en el cual un soldado muerto parece venir del más allá.


En Recuerdos de la guerra, Alejandro Aguado (guión y arte) propone un original relato que exhibe el terror de los habitantes de Comodoro Rivadavia ante la posibilidad de un bombardeo británico. También se permite deslizar una nota de comicidad dentro de un estilo gráfico emparentado con el dibujo humorístico.


Una sugestiva ficción onírica alusiva a la soledad y a la muerte que desembarcaron en las islas Malvinas plantea en El número más bajo Mariano Antonelli (guión y dibujo).


En Viaje a la línea, Kristian Rossi (guión y arte) expresa gráficamente, mostrando el vuelo de las gaviotas, la belleza natural de las islas, pero también refiere que de ese mismo cielo caen las bombas que dan muerte al soldado que narra los acontecimientos.


Malvinas, el sur, el mar, el frío es un libro conmovedor. Los editores aseveran en el citado prólogo: “Como tampoco es posible disociar las islas de la guerra de abril de 1982. Como tampoco es posible desmembrar la guerra de la dictadura que comenzó del 24 de marzo de 1976…”.


Germán Cáceres

domingo, 23 de abril de 2017

LA VANGUARDIA PERDIDA de Osvaldo Aguirre, por Germán Cáceres

(Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2016, 240 páginas)



Este libro de inusual calidad impresiona en primer lugar por su lujosa edición. Luego está el brillante y erudito prólogo de Juan Sasturain que afirma que “es una maravilla  (…) y que “lo habíamos soñado”. Esta exaltación preliminar no es gratuita, sino la celebración del rescate de un período del humor gráfico argentino realmente innovador, y totalmente olvidado.
La vanguardia perdida se refiere a tres publicaciones: 4 Patas, Gregorio y La Hipotenusa, que en su esencia eran más bien revistas literarias con abundante contenido de humor gráfico. Lo afirma el mismo Sasturain: “Lo suyo era en líneas generales, la escritura a secas. La ficción, la poesía”.


Aguirre hace una inteligente y valiosa selección de material gráfico y de textos de las revistas citadas, y ofrece un análisis nutrido de abundante información sobre el nacimiento y el final de cada una de ellas.
4 Patas apareció en abril de 1960, con la dirección de Carlos del Peral, como desprendimiento de Tía Vicenta, de Landrú, de la que aquél había sido jefe de redacción. Del Peral justificó su alejamiento alegando que Landrú no había protegido a un integrante de su staff detenido por la policía. Claro, eran los célebres sesenta, que se caracterizaron principalmente por la proscripción del peronismo, el golpe de Onganía y las primeras señales de rebelión popular (con el Cordobazo a la cabeza). Pero también había una ebullición artística y literaria que anhelaba cambiar todos los parámetros estéticos –como, por ejemplo, la cinefilia y la Nouvelle vague, el Instituto Di Tella y La Menesunda de Marta Minujín, en la que se celebraba todo lo original y distinto. El autor de esta meritoria investigación opina: “Pero el nuevo humor no se abastece solamente de las referencias del género. Lo que lo distingue son sus cruces con la literatura, el arte y el ámbito cultural en sentido amplio, y también con la política.”


Ante todo debe señalarse que las tres publicaciones ejercían un humor inteligente y en cierto sentido experimental, no sólo en los textos (inclusive los puramente literarios como cuentos y crónicas) sino también en el grafismo. Recurrían al absurdo, el disparate, la ocurrencia lunática, la paradoja, los juegos de palabras y la estilización de las imágenes, que no eran simpáticas como las que se exhibían en la revista Patoruzú. En resumen, era una vanguardia no carente de su dosis de esnobismo, que por supuesto no atrajo al público y al cuarto número 4 Patas debió cerrar por sus bajas ventas. Colaboraron en ella (entre muchos otros) figuras de la talla de Miguel Brascó, Copi, Daniel Giribaldi, Alberto Vanasco, Noé Jitrik, Aldo Camarotta, Jordán de la Cazuela, César Bruto, Beatriz Guido, y también Quino, Oski, Kalondi, Catú, Siulnas y Siné.


Gregorio, dirigida por Miguel Brascó, surgió en febrero de 1963 como un suplemento de la revista literaria Leoplán. En ella hay obras –además de las de algunos de los colaboradores de 4 Patas – pertenecientes a Rodolfo Walsh, César Fernández Moreno, James Thurber, Henri Michaux, Ambrose Bierce, Macedonio Fernández, Carlos Marcucci, Ezra Pound, Chejov, Carlos Drummond de Andrade, Arthur C. Clark, y dibujos de Juan Fresán y de Napoleón. Asimismo, hubo una sección «Humor extranjero» que publicó trabajos de Loriot, Ronald Searle, Manzi, Sempé, Gerard Hoffnung y Mikklos Knezy. Allí apareció por primera vez Mafalda., pues su creación deriva de una publicidad para una empresa de electrodomésticos. Brascó aclaró que “Gregorio no es un suplemento cómico sino un suplemento de humor, su intención no es hacer reír, sino hacer reflexionar con una sonrisa en los labios“. Leoplán cerró en septiembre de  1965, pero Gregorio pudo continuar como suplemento de La Hipotenusa a partir de abril de 1967, fecha en que nació esta nueva publicación  –bajo la dirección de Luis Alberto Murray y con Daniel Giribaldi y Juan Fresán, como jefes de redacción y de arte, respectivamente–, la cual sólo llegó a publicar catorce números.


A varios integrantes  de 4 Patas y Gregorio, se añadieron dibujantes como Garaycochea, Faruk, Lorenzo Amengual, Bróccoli, Páez, Sanzol, Grondona White, Vilar. Y escritores de la talla de Javier Villafañe, Horacio Verbitsky, Arturo Jauretche, César Tiempo, José María Rosa, José Gobello, Enrique Wernicke, Roberto Santoro, Osvaldo Lamborghini y cuentos no reeditados de Bioy Casares.


Acerca del número final de La Hipotenusa, Aguirre sentencia: “Y con ella se cerró una etapa donde el humor gráfico argentino experimentó nuevas formas y se extendió a temas antes inexplorados, en un contexto de represión y censura”.


Pero tanto en las batallas como en las revoluciones las vanguardias son las primeras en caer para ser rápidamente olvidadas, y sin embargo muchas victorias se deben a su valentía. Lo mismo ocurre con las vanguardias artísticas: pierden vigencia, envejecen, y no se las recuerda. No obstante, subrepticiamente, a partir de su ocaso las estéticas se vivifican y adquieren nuevos rumbos enriquecedores.




Germán Cáceres